Remedio mágico
Repito con todas las fuerzas de mi corazón "yo creo, sí creo, en las hadas"*. Y espero a que la vida conteste.
*(frase tomada de la película Peter Pan la gran aventura)
Cambio el cuaderno de notas y la libreta con dibujitos por la página electrónica. Experiencia, experimento, experimiento. La libreta de mis sueños la seguiré guardando en mi cajón, pero aquí trazaré (trataré) la crónica de mis ensueños.
Repito con todas las fuerzas de mi corazón "yo creo, sí creo, en las hadas"*. Y espero a que la vida conteste.
Eran las 4:30 de la mañana y estábamos en la calle, Halima, Anisa y yo. ¿Rumbenado? casi. Halima lloraba sin parar desde la una de la mañana, su papá estaba de viaje y después de probarlo casi todo (me faltó abofeterla, encerrarla solita en un cuarto y meterla bajo la ducha con agua fría) decidimos irnos a urgencias, no fuera a ser una apendicitis que acabara por matarla o algo peor. Lo bueno es que la puerta de urgencias es, literalemte, la puerta de enfrente de mi edificio. Nos abrió un guardia de seguridad somnoliento, un enfermero con párpados a media asta nos tomó los datos y un doctor de chocolate nos recibió amablemente en el consultorio número tres (¿a que suena a letra de salsa?). Total que no tenía nada. Le suministró medio litro de paracetamol infantil y si con eso no basta, en una hora al hospital. ¿De dónde es usted, doctor? De Colombia,¿usted también? Casi. Nos dimos una vuelta por el parque y cuando la gordis por fin se durmió, a casa. Eran como las 6. Casi como mis excursiones nocturnas de otro tiempo, de bailar hasta que volviera a abrir el metro y saludar a las chicas de la frutería volviendo a casa. Casi. Básicamente, la diferencia era que ninguna de las tres (ni Halima, ni Anisa, ni por supuesto yo, nos divertimos). Cuando llegué a casa me acosté plácidamente pero al ratito me tuve que levantar otra vez a llamar al médico de Hali, comprar medicinas, etc. En lugar de los churros mañaneros que toman aquí los marchosos o los tan añorados taquitos callejeros, nos pedimos dos cafés bien cargados y un par de napolitanas en la pastelería de la esquina y nos las comimos mientras paseábamos a Hali para que le diera el aire y se le pasara el nuevo ataque dental. Ah, porque al final lo que tenía era un dolor de dientes nuevos asesino y, yo creo que también un poco, que extrañaba a su papá. El papá volvió, la medicina actuó y la mamá otra vez durmió. Y colorín colorado, esta juerga (por ahora) se ha acabado.
Resulta que nuestra Kalthumy es rete buena para eso de la escribidera (¡salió a su madrastra!) y además una apasionada y sesuda seguidora de la fórmula 1. Como resultado empezó un blog cuya dirección les doy, y se presentó a una convocatoria para seguir a Fernando Alonso por las pistas, en plan de reportera, claro está. Este es su video promocional.
En casa de Medina vimos dos películas básicas: Peter Pan (no la caricatura ni la versión de Hollywood sino la película que simplemente se llama así). Expone toda la magia, profunda magia, auténtica magia del cuento. Y Azur y Asmar, del director de Kirikú, un diálogo entre culturas protagonizado por dos hermanos de leche, un moro y un cristiano. Como la imagen no se deja adjuntar va el link (la página de hecho no está nada mal):
Volvimos de un viaje demasiado corto (como siempre) a Barcelona. Hacía un año entero que no estábamos por ahí y aunque fuera rapidito pudimos ver a los amigos y familia de por allá y disfrutar de una Barcelona versión infantil: nada de restaurantes (el único intento lo pagamos caro en frustración, ambas), parque todos los días, reuniones caseras y biblioteca infantil. ¡Que viva el Raval! Unos días en Gavá al lado del mar con fiesta cada tarde, un día por la Dergha con encuentros fugaces pero felices y un súper diker, un mini paseo turístico con Chayo por el gótico (sólo mis lugares favoritos, no hubo tiempo para más). A pesar de la prisa, el viaje me dio mucho qué pensar, colocar y digerir. Muchos encuentros con gente muy querida hacen eso. Muchos espejos dónde mirarme, muchas conversaciones importantes, muchas pistas de cómo estar mejor y ser más feliz con lo que soy y lo que tengo. Espero que esta vez no pase tanto tiempo antes de volver a casa, porque Barcelona, de muchas maneras, sigue siendo mi casa.
En Barcelona me doy cuenta de que las aristas de algún sueño roto me siguen picando. También me doy cuenta, afortunadamente, de que los sueños pueden cambiar de forma. ¿Qué hizo Gaudí sino construir sueños nuevos con retazos de sueños rotos? Y los nuevos son siempre mucho más hermosos, sencillamente porque son reales y están vivos.
Que tengo un libro que se llama Laberinto que espera pacientemente a que me digne darlo a luz. Es una especie de homenaje a la ciudad, una especie de bitácora. Hay rastro de cuando andaba entre los cerros, de cuando vagué por las afueras (que no son más que los adentros), de cuando me convertí al publicismo y pasaba horas escribiendo en un ático. Mientras lo retomo, lo corrijo, escarbo, sopeso, descubro lo que se puede salvar, le comparto estos poemas.