lechuzadelosmares

Cambio el cuaderno de notas y la libreta con dibujitos por la página electrónica. Experiencia, experimento, experimiento. La libreta de mis sueños la seguiré guardando en mi cajón, pero aquí trazaré (trataré) la crónica de mis ensueños.

Tuesday, March 29, 2005

Ella sigue de viaje o Mamá: ¿Mariana existe?

(Reseña ficcionada, ¿ese género existe?)

“Lloraba en Paseo de la Reforma y tuve la certeza de que estaba harto de partir, de siempre ser recuerdo, de dejar atrás a las personas que amo.” dice el protagonista de Luis Felipe Lomelí en Ella sigue de viaje (Tusquets, México 2005), un recorrido de norte a sur del continente americano donde todos parecen forzados a dejar atrás lo que aman.

Yo también, dijo una voz dentro de mí cuando terminé de leer el párrafo. Yo también estoy harta de dejar atrás lo que amo, de que mi familia sea una voz en el teléfono, de que los olores, los sabores de mi vida sean un mero recuerdo, de poder sentir la textura del aire sólo con la memoria, de no poder acariciar mi acento y mis palabras, de tenerlas encerradas dentro.

Vivo en un país de 3 millones de inmigrantes. Me sentía feliz dentro del gueto latino: Cuba, México, Colombia son identidades plenamente ejercidas en la distancia. Ahora que estoy integrada en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, puede conmigo la nostalgia.

Una noche antes de irse a la cama, Jorgito el hijo menor de mi mejor amiga le preguntó: “Mamá ¿Mariana existe?” Existo, pero vivir aquí es como vivir en un sueño, como ser una amiga imaginaria, una hermana, una hija imaginaria.

Yo también estoy harta de dejar a los que amo.

Monday, March 21, 2005

Aurora

En un libro maravilloso, una pequeña joya, Marguerite Yourcenar ha cifrado 33 nombres de Dios en pequeñísimos poemas cargados de fuerza. Hoy, mi abuela cumple 93, número mágico por excelencia, así que al estilo de la Yourcenar, quiero rendirle un pequeño homenaje:

Habiba
Mujer amada

Hermosa
En tu cara
toda la luz
de las estrellas

Bendición de los cielos
Las alas asoman
entre tu vestido de rosas

Abuelita boreal

al alba

Manos suaves
¿Se verán las mías
como las tuyas
cuando acaricie a mis nietos?

Flor del desierto
Entre las pitayas
se abrió tu belleza

Oasis
Entre el asfalto salvaje
te alzas como un palacio

Nogalera
A tu sombra, abuelita,
a tu vera

Fuente de mi sangre
Tu sonrisa corre por venas

Soplo de vida
Cada vez, seis veces
Dios sopló sobre tu vientre

Corazón de azúcar
Vestido en papel de cera
moreno de fuego
amasado entre tus dedos

Corazón de higo
A fuerza de sentarte
a la sombra de la higuera

Corazón de nuez
Fruto guarecido
entre la madera

Higuera de mis tesoros
Bajo tus ramas siembro mis sueños

Princesa amanecer
En tu jardín
todas las flores despiertan

Raíz infinita
Vamos de tu nombre
hasta el principio del tiempo

Reina de los caminos de arena
Tus risas de niña
dejaron huella

Señora cabellos de nube
Cuando apareces
el cielo se acerca

Abuelita transhumante
De un lugar a otro
de la frontera

Casa viajera
Aquí en mi corazón
allá en mi tierra

Paloma
de los secretos,
mensajera

Corazón permanente
Tu amor no duda
nunca se mueve

Añoranza
Vuelve siempre a mí
el olor de tu casa

Manos de larga magia
Como las de mi padre
y mi hermana

Voz en la tormenta
Sabes ser el trueno
cuando hace falta

Dadora de vida
Fiat –dijiste-
y se abrieron las rosas

Fundadora
En ti comienza nuestra historia

Brillo entre la noche
Blanca luna
de mis amores

Inspiración
Tu voz
en el fondo el alma

Libro abierto
Entre tus venas
la clave de los cielos

Camino de azúcar hasta Dios
Sube hasta la Fuente
tu amor de caramelo

Alita de ángel
Buena y suave
caricia de pan tierno

Primera luz
Aurora

Friday, March 18, 2005

En Lisboa

A Luz

Por el pasillo que bordea el enorme jardín me topé inesperadamente con la tumba de Pessoa. El sol caía en todo su esplendor sobre el monasterio de los Jerónimos. Desde la planta alta las gárgolas y los garigoles de la época permanecían expectantes como estatuas de sal, como si en el último instante, ya puestos en movimiento, se hubieran vuelto a mirar atrás. El claustro, abierto al cielo limpio del verano, aparecía inundado de turistas con sus cámaras, sus pantalones cortos y sus conversaciones multilingües.

Pero en ese momento todo cesó. Se hizo el silencio más hondo y yo de piedra ante el pequeño obelisco. En cada una de sus caras, una de sus caras: Reis, de Campos, Caeiro. Alcancé el muro enano que delimita el pasillo del claustro y de donde nacen las columnas que se doblan en arco bajo el peso del corredor de arriba. Sabía ¿cómo no? que Pessoa estaba muerto. Pero siempre lo había sentido vivo entre las páginas de sus libros. Sus latidos en Alcínoo, sus paseos por Lisboa no eran los pasos, los latidos de un muerto. Yo lo ví fumar con la boca de de Campos, me senté con Reis y con Lidia a la orilla del río, con los ojos de Caeiro descubrí a Dios durmiendo.

En un mismo segundo lo encontré y lo perdí de nuevo. Nos topamos de frente, pero él ya se había ido. Yo me quedé con el desasosiego.

Wednesday, March 16, 2005

El agua caliente

Hace una semana que no tengo agua caliente. Eso me hace recordar los lejanos y saludables días en que me bañaba con hielos como terapia para el cuerpo y para el corazón. Digan lo que digan una cosa es cierta: da tanto frío que no queda lugar para la tristeza. Así sobreviví a mi primera catástrofe amorosa.

Hoy, sin embargo, he cambiado de estrategia. Estoy convencida de que el mejor remedio para la tristeza es llorar y llorar, como dice la canción, hasta sacarlo todo y luego parar. Porque claro, cuando se trata de ser Madame Bovary casi cualquier pretexto es bueno para hacer el lagrimeo infinito. Y después a otra cosa mariposa: bailar salsa, hacer tai-chi, unirse a un grupo de meditación, crear un blog.

Estos días caliento grandes cantidades de agua en la olla de cuscús, la deposito en la cubeta y la llevo resignadamente hasta el baño donde me baño con una jarrita. Pero eso sí, cuando vuelva a funcionar la caldera, abriré toda la llave del agua caliente y bajo la ducha me sentiré muy muy feliz de que los días del baño con hielos se hayan ido para siempre.

Monday, March 14, 2005

De lunes a diciembre

De lunes a diciembre

Friday, March 11, 2005

Divagaciones sobre el 11-M

La más vívida experiencia de los atentados del 11 de marzo de 2004 son las ganas de llorar. Primero de miedo, hace un año, porque subirse al tren o al metro nunca volvería a ser lo mismo. Luego de dolor, por tantas vidas perdidas, por tantas heridas abiertas, por las personas que se encontraban en esos trenes, por los españoles, por los inmigrantes: africanos, latinoamericanos, europeos del este, que vinieron a España soñando una vida mejor y se toparon con esto. Y finalmente de indignación porque un puñado de locos sea capaz de hacernos sufrir este horror, pero además que lo haga en nombre de Dios.

Quien conozca un poco el Islam sabrá que un verdadero musulmán no puede ser terrorista. Y quien conozca un poco el mundo en el que vivimos sabrá también que sobran intereses de orden no-religioso para manipular a la gente y que sobra violencia en nuestro “orden mundial” para engendrar este tipo de locuras.

La espiral continúa donde se manipula, una vez más (otra vuelta de tuerca), para erigir villanos abominables y tapar el sol con un dedo. En este caso: árabes, musulmanes, inmigrantes, pobres. Es decir, los “otros”, los incómodos al Poder.

Si el “moro” nunca ha sido especialmente bienvenido en estas tierras (y como muestra simplemente la negación de su pasado andalusí), a partir de los atentados ser árabe es prácticamente ser el enemigo. Alquilar un piso, conseguir un trabajo, hacer trámites, incluso circular libremente se ha vuelto un asunto complicado para muchos. Los primeros días después del 11 de marzo las mujeres marroquíes eran agredidas por la calle o en los andenes de tren y de metro. Pero la comunidad marroquí también tuvo que llorar a sus muertos.

A la fecha hay veintidós detenidos por su participación en los atentados. Cinco de ellos son españoles, pero cuando en las noticias ubican la procedencia de los terroristas en el mapa, España no aparece.

Hoy volví a llorar, pero no me atreví a ir a los 5 minutos de silencio en la estación de tren de Azuqueca y si hubiera tenido que tomar el tren me hubiera resultado enormemente duro. Uno hace su vida, vuelve a tomar el tren, hace lo que tiene que hacer, se encomienda a sus ángeles de la guarda, se empeña en pensar que cuando le toca le toca. Pero sí nos pasó, a quienes vivimos en España y fue terrible y duele recordarlo.

Dicen los sabios sufis que el mejor camino hacia la paz es conquistar la paz interior. Y dice mi brujo de cabecera (singular chamán norteño) que cuando uno encuentra la armonía interior, lo exterior se armoniza. Parece una verdad universal que sólo la luz disuelve la sombra. Así que a trabajar y a disfrutar que el mundo se va a acabar.

Los interesados en sabiduría sufi pueden consultar: www.naqshbandi.org y www.naqshbandi.org.es

Tuesday, March 08, 2005

Amores anfibios

Hay amores que las circunstancias hacen anfibios, viven entre la tierra y el mar, respiran agua y aire, nadan y caminan para hacer juntos un solo camino. Sus sueños surcan las olas, se zambullen sin miedo a los tiburones, cruzan de ida y vuelta las aguas.

Tengo unos amigos muy valientes que han decidido quererse más allá de los tópicos, de los trámites, de las fronteras, de los mares. Pensando en ellos rescato este poema del cajón y lo arrojo con alegría como una botella al mar.

Transoceánico

Si los lazos que nos unen
pudieran verse
el mar luciría cobijado
por una red interminable.

De costa a costa los barcos
se descubrirían envueltos
en una niebla deshilachada
en una nube de hebras
finas y brillantes
de sal y agua,
se revolverían inquietos
como los atunes
y sus cascos brillantes
a la luz del sol
se llenarían de escamas.

En las islas
los monos saltarían entre palmeras
colgados de nuestros lazos,
los puertos se llenarían
como los días de feria
de papeles de colores
dispuestos en tiras.

Las mujeres de la costa
nos agradecerían
y pondrían a secar su ropa
en nuestros alambres.

Para volver a casa los pescadores
impulsarían sus barcas
siguiendo la guía de hilos con sus manos.

Y entre sueños
sentiría con tu aliento
una brisa de peces voladores
la respiración pluvial de las ballenas.