Sixty pater
Cuando pienso en mi papá me lo imagino sobrevolando el Sahara, cruzando el Atlántico, arreglando un avión en medio de las montañas, mirando una única rosa, gritando su edad en un cuartel de policía, dibujando un borreguito.
No es que me crea hija de nuestro querido Antoine, sino que al situarme en el mundo de los sueños y las letras, en el mundo del corazón, mi papá parece tan semejante: un valiente piloto capaz de oír el canto de las estrellas, de acariciar los cielos, de vencer las nieves, de desafiar las tormentas llevando palabras de amor de un continente a otro. Un tipo fiel a sus principios, encariñado con sus años, apto para desentrañar cualquier mecanismo. Un hombre ingenioso, dulce, apegado a la belleza, pero más apegado a los afectos, a los amigos, a los hombres, en el sentido del género humanos. Alguien que reconoce lo divino, porque lo ha visto, a quien esta visión lo hace sentirse más cerca de las personas. Un mago capaz de aparece en una simple hoja de papel un borreguito.
Puede ser porque las historias que Antoine contó nos las contó mi papá. O tal vez la realidad sea que este hombre que describo no sea más que mi papá y que sus cualidades se hayan quedado pegadas a la figura de Antoine mientras mi papá nos leía o nos platicaba las andanzas de su alter ego.
Con las palabras de Saint X, y con todas las que hiciera falta, mi papá nos hizo princesas, nos llevó de viaje, nos enseñó a mirar lo que no ven los ojos, a acariciar las rosas y a escuchar la risa de las estrellas.
Mi papá es un zorrito entre un campo de trigo, y también, cuando hace falta, una serpiente que nos muestra la realidad desescamada. Cierto que hay por ahí muchos papás, pero para mí, como la flor del Principito, es Único en el mundo porque me ha domesticado en toda la extensión de la palabra.
¡Gracias papito y feliz cumpleaños! Cuando tenga tu edad yo también quiero seguir creciendo y haciéndome como tú, más persona.