lechuzadelosmares

Cambio el cuaderno de notas y la libreta con dibujitos por la página electrónica. Experiencia, experimento, experimiento. La libreta de mis sueños la seguiré guardando en mi cajón, pero aquí trazaré (trataré) la crónica de mis ensueños.

Wednesday, May 25, 2005

El interlocutor o De tobillos y besos

Si hay algo que valoro en este mundo es un buen interlocutor. Ciertamente son un bien escaso e incluso llegué a pensar que eran un lujo que no podía costearme. Luego encontré a Toño Ramos, el interlocutor maravilla. Cuando está hablamos largo y tendido, cuando no está, están siempre sus letras. Tener un Toño en la vida es ejercer felizmente de lector-escritor, de ser dialogante, de conversador, es tener un pretexto maravilloso para afinar mente y corazón, para dar ocasión a la alquimia de la palabra.
Cuando creo que no tengo nada que decir miro el blog de Toño y siempre encuentro algo de mí. Hoy encontré tobillos y besos. Los tobillos son la onda, lástima que muchos no reconozcan esta verdad universal. Andar, bailar, flotar, dirigirse, acariciar. Todo eso hace un tobillo. Tobillo brújula, tobillo capullo, tobillo serpiente, tobillo enredadera. Quede como apunte para un texto futuro.
Dos se besaban en el metro de Madrid, de Sol a Atocha, ella parecía una princesita y él Pancho Pantera con cabello de estilista profesional. El beso duró lo justo para que no se le agotara el aura de belleza y al final la chica se volvió para mirarme y me sonrió con una complicidad maravillosa. Algunos besos generan ese tipo de burbujas ajenas a la realidad, por eso la gente los ve con envidia. Parece ser que esa noche yo llevaba un salvoconducto para compartir, de alguna manera, ese espacio de hogar y de paraíso que tienen algunos besos.

Monday, May 16, 2005

Ser escritor

Creo que la pregunta del millón es ¿qué es ser escritor? y la del medio millón: ¿qué es triunfar como escritor? Como dice el famoso proverbio: si un árbol cae en medio de la selva sin que nadie lo escuche ¿el árbol cae? o bien: ¿basta escribir maravillosamente para ser escritor, o hace falta también ser leído para ser escritor? ¿existe realmente una literatura del norte o del sur, una literatura mexicana, latinoamericana, etcétera, etcétera e infinitamente etcétera? ¿o existen simplemente los motivos, los temas, los tópicos, los paisajes (geográficos, culturales, personales, imaginarios)? Y eso por no preguntar ¿existe realmente la literatura? No es simple retórica, pregunten si no a los teóricos de la literatura comparada para que les contagien un poco de su angustia ante el desplazamiento de las definiciones y el derribo de los sistemas de clasificación literaria.

El lugar de enunciación, he ahí el dilema, el temor de ser “provincianos” (bastante provinciano, por cierto), la repulsa a la candidez, a la rusticidad, la huída del margen. “¿Para ser escritor es necesario irse a vivir al DF?” Afirmo que para ser escritor es necesario irse a vivir, así, a secas. Es decir, la experiencia es algo ineludible, estés donde estés. Pretender escribir sin sentir (sin haber sentido) es un camino cerrado. Si nos decantamos por el lado de la escritura per se (es decir: para ser escritor basta con escribir maravillosamente) me parece que se escribe igualmente bien entre cualquier par de meridianos, aunque hay que reconocer que unos serán más estimulantes que otros según para quién. Lo que se necesita para escribir maravillosamente se lleva dentro, te muevas o no por la circunferencia terrestre. Si preferimos eso de que para ser escritor hay que ser leído, definitivamente algo habrá que acercarse a los centros de difusión de la literatura, físicamente, pero también en tema, tono, género y otro largo etcétera.

¿Por qué los escritores del norte buscan el centro? ¿porque les falta literatura? No: porque les falta infraestructura: lectora, editora, difusora, crítica, académica. “Donde empieza la carne asada se acaba la civilización” dijo el que todos sabemos. ¿Se constituirá el norte en ese “tema emergente en las letras mexicanas” del que habla Minerva Reynosa? Tijuana tal vez, pero Monterrey no creo. No mientras la “ciudad del conocimiento” siga pensando desde sus jerarquías que la cultura no produce nada, que la literatura sirve para que las señoritas tengan tema de conversación, y que es posible generar conocimiento ignorando deliberadamente amplios segmentos de la realidad. Lo que quiero decir es: podrá haber maravillosos escritores regiomontanos, norteños, maravillosamente leídos, pero de ahí a que el norte se convierta en una fuerza literaria hay una grandísima distancia. Aunque también puede ser que Minerva Reynosa no se refiriera a eso.

(Para coger el hilo vea la página de Antonio Ramos)

Friday, May 13, 2005

la jornada de hoy

Saber escuchar el aire, virtud de los graniceros para manipular el tiempo
Invocaciones al Señor de Chalma para atraer la lluvia y atajar las tormentas y el granizo


''Forman parte de una compleja tradición heredada'', expresan investigadoras

JOSE CARLO GONZALEZ

Amado Hernández, saudino de San Pedro Techuchulco, estado de México, besa la piedra del pescadito del cerro del Toro, lugar donde se efectúa el ritual para pedir que llegue la lluvia para beneficio de la siembra y que se aleje el granizo que la daña FOTO José Carlo González
Saudinos, quiapequis, graniceros, tiemperos, atajadores, especialistas en rituales de herencia prehispánica. Hay muchas maneras de nombrarlos.

Saben manejar la lluvia, el viento, la tormenta y el granizo. También saben curar los males que esos fenómenos provocan.

Adquieren su don alcanzados por un rayo, o bien en el más profundo sueño o bien por la ingestión de plantas sagradas.

Estamos en San Pedro Techuchulco, en el estado de México. El temporal ha comenzado.

Para convocar a la lluvia y controlar al viento, la tormenta y el granizo, en la zona sur de Toluca y en las comunidades de las faldas del volcán Popocatépetl se han llevado a cabo las ceremonias tradicionales de pedimento de lluvia que cada 2 y 3 de mayo convoca a su vez a los especialistas en rituales de herencia prehispánica.

Los saudinos habitan en la población de San Pedro Techuchulco, mientras los quipequis en los pueblos de Morelos, todos colindantes al volcán. Su nombre común es graniceros.

Las investigadoras Johanna Broda y Beatriz Albores lo han documentado así: ''Son especialistas en rituales de origen prehispánico y forman parte de una compleja tradición heredada".

Según las creencias y costumbres, los graniceros saben manipular los fenómenos atmosféricos y también curar los males que causan la lluvia, el granizo, las tormentas, el viento, debido a que los atributos de estos hombres y mujeres coinciden con las funciones de los curanderos.

En su libro Graniceros, cosmovisión y meteorología indígena en Mesoamérica, Broda y Albores especifican:

''Los graniceros adquieren su don por varios medios, entre los que se encuentra el ser alcanzados por un rayo, los sueños y la ingestión de plantas sagradas. Sus conocimientos se transmiten de generación en generación para ocuparlos en fines benéficos de las comunidades agrícolas, tales como atajar el granizo que perjudica las cosechas, o traer el agua que engorda el maíz."

Adoración de las cruces

Las ceremonias del 2 y 3 de mayo de 2005 transcurrieron así en la población de San Pedro Techuchulco:

Con sus 82 años a cuestas, don Felipe Siles marca el paso a su sobrina y a sus dos nietas. Muy temprano, caminan por una terracería hacia las últimas milpas. Su destino es El torito, piedra sagrada del cerro Olotepec, donde se realizará la ceremonia de adoración de las cruces.

El recorrido es largo. Más de dos horas y media por brechas empinadas. Lo hacen con un propósito muy claro y sencillo: ''acompañar por gusto a los atajadores", participar en la limpia y preguntar cómo vendrán las aguas, que por estas fechas aún no han caído en la zona.

Los saudinos salieron más temprano por otra ruta, a caballo. Coinciden todos cuando llegan al cráter. En una de las orillas hay seis cruces, tres arriba del altar y tres debajo.

Cuatro graniceros se hincan ante ellas y saludan: ''ya llegamos", les dicen y comienzan sus rezos invocando primero al Señor de Chalma, pidiendo su ayuda ''para el trabajo de este temporal".

Limpian y barren las hojas secas para luego ''vestir" las cruces con un ''mantito" verde para el reverdecer del campo. Enfloran el lugar y colocan una ofrenda de fruta partida y acompañada de galletas de animalitos y dulces. Todo el tiempo arde copal en un sahumerio, donde también se queman en las brasas las hojas de laurel benditas.

Pasan todos a la compuerta, que es la salida de una cueva en la negra espalda del cráter. Es el momento más importante de la ceremonia, advierte don Angel Franco, el mayor de los saudinos.

Para realizar el pronóstico del temporal, golpean tres veces con la palma de la mano abierta sobre la piedra mayor del acceso a la cueva. Acercan el oído para escuchar el aire, para saber si será bueno o malo el que vendrá con este temporal. ''Viene bien", será el consenso adusto horas más tarde.

Enseguida realizan una ceremonia, restringida, para ''abrir la compuerta y dejar salir el agua de dentro del cerro".

En esta ocasión hubo una señal de alarma: solicitaron a sus acompañantes dos botellas más de agua bendita. ''Cuando hay mucha lluvia -nos explica un saudino- solo rociamos poca agua en la cuevita". No fue este el caso.

Es el momento de bajar a La joya: el centro del cráter, por una pendiente casi vertical.

El descenso lo hacen los mayores en cuclillas, como si disfrutaran de una resbaladilla. Saludan al Torito, la piedra grande, brillante, que asemeja al animal echado en tierra dentro de un círculo.

Los saudinos le avisan a la piedra de su presencia, se persignan, oran, solicitan su auxilio en sus labores.

Escarban a los costados del animal pétreo para sacar el copal que enterraron el año pasado y dejar ahora el que extraerán el venidero.

Caricias a la piedra

Angeles Castañeda, a quien la comunidad la recibió apenas el año pasado como nueva saudina, se topa en su escarbar con una salamandra negra con el dorso rojo, que estaba escondida bajo la piedra.

"Son malas", comentan las voces en derredor. Parece otro augurio.

Se hincan entonces todos y circundan con sus cuerpos el lomo de la roca negra. Le pasan las manos por encima y se tocan la cara, los ojos y el cuerpo, para limpiarse de dolores. Cuando terminan, "ra-mean" con una palma el lugar que antes acariciaban "para que el rumiante no baje al campo, para que no les haga el mal llevando el granizo a la siembra", nos explica don Amado Hernández, uno de los mayores.

Recorren el ritual repetido en otras piedras, la última de las cuales la llaman El pescado, donde ponen flores rojas. En cada estación, en cada piedra, repiten las oraciones, los adornos con flores, las caricias a la piedra y los ramazos sobre de ellas, la ofrenda de fruta partida y el rocío de agua bendita.

Para terminar, los asistentes se turnan frente a las cruces para hacerse una limpia con ramas verdes. Luego de aliviar así su cuerpo dan paso al convivio. Comparten los alimentos que han llevado todos.

Arturo Lara, recién iniciado en las labores de atajar el granizo, expresa así su impresión de la ceremonia que acaba de culminar:

''Esta tradición debe ser preservada como raíz cultural. Aunque no tiene comprobaciones científicas, es evidente que tiene un gran manejo de energía".

Este ritual se hace tres veces al año: el 2 de mayo, luego el 14 de agosto, que es el día de la Virgen de la Asunción, para celebrar que ya están las lluvias, y finalmente el 2 de noviembre, para agradecer el final del ciclo agrícola.

En el camino de regreso, don Felipe Siles, quien ha vivido esta ceremonia durante sus 82 años de vida, pasa a ver su milpa. Está impaciente porque no han llegado siquiera las lloviznas y el calor es tremendo. Una vez que celebró la ceremonia su rostro está tranquilo: "si me va bien, con este terrenito sembrado de elotitos y dos parcelas de haba que sembré allá arriba, sacaría unos 10 mil pesos para toda la temporada".

Así concluye la jornada del 2 de mayo.

Al día siguiente nos trasladamos a Tepetixpa, también en el estado de México, donde don Alejo Usbaldo, el quiapequi mayor de Atlatlauca, Morelos, encabeza la ceremonia de pedimento de lluvia en la cueva de Canaltitla.

''Venimos a este templo -habla don Alejo Usbaldo--porque aquí nos enseñaron a pedir agua en el temporal". Y hace su diagnóstico: "sí va a llover. No mucho. Pero vamos a tener buena cosecha".

Este pequeño nicho natural está casi escondido en los límites de los estados de México y Morelos, en las faldas del volcán. El templo-cueva-nicho-Meca está a unos cuantos metros de la carretera federal que une Amecameca con Cuautla y a un costado de un campo de cultivo de maíz.

Los quiapequis están desconcertados. Manos anónimas retiraron las cruces de madera que habían depositado en la cueva y las quemaron junto a unos candelabros de barro. Sólo quedan cenizas y aún sale humo.

Preparan el enfloramiento. Encienden los sahumerios. Elaboran otras cruces con ramas de cuilote.

Ya el quiapequi mayor hace la llamada. Se hacen dos filas. Todos cargan arreglos de flores. Entran al templo. El mayor invoca por su nombre a los antiguos graniceros, así como otros lugares sagrados y por fin, realiza el pedimento:

''Señor de Chalma, venimos aquí a pedirte buen temporal para nuestros sementeros. Te pedimos nos socorras. Venimos a cumplirte porque es nuestro deber". Cantan y rezan.

Pétalos de rosa para ''glorear'' el lugar

Don Alejo Usbaldo guía todo el tiempo la ceremonia. Debido a su avanzada edad relega funciones a don Jesús Soto y a don Timoteo Linares, quienes acompañados por sus familias pasan a poner las cruces en el nicho, les colocan listones blancos, las enfloran y prenden velas.

Invocan: ''regresemos su espíritu al lugar donde nos han protegido de las tempestades y los grandes temporales".

Todos se forman en círculo y golpean con palos hacia los cuatro puntos cardinales.

Ahora pasan, siempre en fila, a la gran ofrenda: fruta, pan, mole con pollo, atole de atole. Se nombra a cada uno de quienes aportan ''los dulces alimentos", rezan y ofrecen los platos a los cuatro puntos cardinales antes de depositarlos sobre un mantel de plástico frente a la cueva.

Don Jesús Soto sube a la entrada del nicho y avienta pétalos de rosa para "glorear" el lugar.

Timoteo Linares, médico tradicional a quien la comunidad acaba de recibir como nuevo quiapequi, dice a manera de epílogo:

''Estamos en contacto con la tierra. Somos sacerdotes tiemperos porque fuimos elegidos por el tiempo.

Thursday, May 12, 2005

Mar Blanco

Así se llama el Mediterráneo en árabe. Yo lo llamo Mar Intermedio.

Thursday, May 05, 2005

¿Que hace un avión de combate sobre mi casa?

¡Ruido!

Wednesday, May 04, 2005

Sentimentalismo futbolero o You'll never walk alone

Después de 20 años, el mítico Liverpool está de nuevo en la final de Europa. Ayer noche Anfield se estremecía con el canto de los aficionados: you’ll never walk alone. Curioso himno para un equipo de futbol. Pero es que este no es cualquier equipo.

Poco o nada sé de futbol, pero algo sé de las personas, de los sueños y de las esperanzas. Y sé que los que se reúnen entorno al Liverpool son soñadores natos, porque son capaces de transformar un simple juego en un acto de fe, de amor y de deslumbrante heroicidad (y a las poetas en cronistas deportivas, diría mi papá).

“Make us dream” dice alguna manta en rojo vibrante de las que ostenta la grada. Esta temporada el Liverpool no sólo los ha hecho soñar, también se ha atrevido ha hacer sus sueños realidad.

Sin duda alguna es inspirador: así hayan pasado 20 años hay que meterle gol a la vida y defender la portería hasta el final.

When you walk through a storm
Hold your head up high,
And don't be afraid of the dark.
At the end of a storm,
There's a golden sky,
And thesweet silver song of a lark.
Walk on through the wind,
Walk on through the rain,
Though your dreams be tossed and blown...
Walk on, walk on, with hope in your heart,
And you'll never walk alone,
You'll never walk alone.
Walk on, walk on, with hope in your heart,
And you'll never walk alone...
You'll never walk alone.

Sunday, May 01, 2005

Nota roja

Ayer tiraron la casa que me gustaba. Estaba a la orilla del camino. Era vieja. Por sus ventanas se asomaban flores y manojos de hierba despeinados, verdes y amarillos enloquecidos por el aire. Entre el desierto de naves industriales y fierros nuevos era el único atisbo de pasado que nos quedaba. Parecía hecha por el hombre, ladrillo sobre ladrillo, casi con cariño. Tenía vigas fuertes de madera sosteniendo el techo de teja. La garra de una máquina enorme la destrozó a zarpazos mientras le apuntaba con la luz de una electricidad desoladora. No pudo hacer nada para defenderse, ni yo tampoco. Esta mañana encontramos sus restos sobre el campo de amapolas en el que descansaba.