Entre un bebé de cinco meses y medio moviéndose dentro de mí y una tesina de un año y medio estática fuera de mí, mi energía vital lo tiene bastante claro: gana el bebé. Si alguna vez la idea de hacer (¿o de tener?) un doctorado fue mi proncipal motivación y orientó mis pasos, al día de hoy me descubro pensando que hay cosas más importantes (y eso sólo quiere decir: más importantes para mí). La literatura es la vida, dijimos una vez. Pero la literatura no está encerrada en los libros, ni en las bibliotecas, ni es posesión exclusiva de los escritores. La literatura está en los sueños, en las conversaciones, en el latido de la sangre. Tal vez prefiera hacer de mi vida (o de mi alma, como diría Ananda Coomaraswamy) una obra de arte, antes de dejármela en busca del poema perfecto (escrito, publicado, leído, traducido, reeditado, reconocido, multipremiado, etc). Tal vez baste con seguir los pasos de mi propia aventura sin necesidad de demostrar académicamente que San Bernardo de Clairvaux y Chretien de Troyes dijeron lo mismo y hablaron del mismo amor. Aunque sin duda sería una decepción para los impulsores de "jóvenes talentos". Con la cabeza danzando entre nubes exploro todas las posibilidades. Mientras tanto hay historias, palabras, ¡personas! que me siguen creciendo dentro.