A mis amigas (y primas) mamás
Ahora que soy una de ellas, no deja de asombrarme con cuánta insensibilidad las he visto convertirse y ejercer de mamás. Yo que me creía tan empática, nunca me acerqué siquiera a lo que eso significa. ¿Cómo pudieron ser mamás y seguir siendo mis amigas? ¿Cómo encontraron el tiempo, de dónde sacaron la energía para seguir cultivando los afectos, para seguirle invirtiendo a las amistades? ¿Quién les dio la fuerza para seguir creciendo y convertirse en las maravillosas mujeres que son (ya eran, pero lo son cada vez más) mientras pastoreaban a sus cachorros?
Las he visto tener hijos, incluso perderlos, con una naturalidad que les envidio. Las he visto hacerse madres solas, en el país de los solos. Las he visto dar vida y luego aceptar la muerte, con el mismo amor. Las he visto embarcadas en autobuses transoceánicos surcando los días de sol a sol. Las he visto estudiar sin descanso, bailar sin descanso, amar sin descanso con un niño en cada brazo. Las he visto salir adelante alegremente con parejas volátiles o satelitales. Las he visto domesticando sus mundos internos para que dejen dormir a la bebé. Las he visto parir de a dos y criar de a dos y sobrevivir con una sonrisa al intento. Las he visto afrontar los problemas del cuerpo y saltar sobre ellos y seguir de puntitas sobre la vida. Las he visto luchar por un hijo. Las he visto en salas de espera y en pasillos de hospital. Veo que siguen soñando y floreciendo mientras sus retoños maduran. Veo que son valientes, creativas, creadoras.
Ya las admiraba y las quería, pero ahora las admiro más a conciencia y me siento más cerca.
Estas líneas, con todo mi amor, son un tributo para ellas: Mariam, Rosario, Martha, Vero, Mabya, Ari, Claudia, Paola, Yvoncita, Marieanne, Baty.