Soy un corazón tendido al sol
Como si el horno estuviera para bollos o el agua para chocolate, Alyia se levanta esta mañana, y pone en su grabadora milenaria "Mucho más que dos": esa compilación de canciones, ¿qué digo? de HIMNOS entonados por voces que son como de la familia: la tía Ana Belén, el compadre Sabina y etc.
Yo me meto en la máquina del tiempo y viajo en un coche con Rocío y el Ratón, en el tiempo en el que mi hermana estaba enamorada de un cantante de ópera y yo de un pintor, o de uno tras otro. Y luego muchos años más atrás, en otro coche con una pequeña Lucía y mi mamá cantarina y feliz y Cuc al volante y seguramente todos a coro "uuuuuuuuuu su boca". Mi mamá sonriendo con todos sus dientes que tanto me gustan, mirándome desde el asiento del copiloto y cantando: niiiiiiña deaaaaaaaaaaaagua. Para llenar la copa de mi nostalgia vienen todas las canciones que ya sabemos y entre ellas Mediterráneo. "Nadie que no haya nacido en el Mediterráneo puede entender esta canción" dice Aliya que es igual que yo. Pero nadie puede entender que para mí esa canción es mi papá y el destino que me separa (aunque sólo sea geográficamente) de mi papá y sus bienamadas alitas.
Menos mal que entre el disco también está eso de: aunque soy un pobre diablo... especialmente cuando: si no fueeeeera porque creo en ti. Y en ese momento me he dado cuenta de que aunque yo también hay días que tiraría todos los versos que he escrito tengo un "ti" muy grande en el que creo, un Ti cósmico e infinito, originador, amante; un "ti" sapientísimo y protector, un "ti" de raíces y alas, muchos "tis" en mi pasado y en mi presente, y un "ti" que me digo al espejo y en el que creo con toda sinceridad.
Dice mi hermana que eso de sentirse alegre y triste al mismo tiempo no está tipificado psiquiátricamente, pero qué más dá. Yo le llamaría el síndrome de Navidad o de Cumpleaños Feliz. Debe ser la voracidad del alma de quererlo todo al mismo tiempo, todo el amor de toda la vida y de todas las vidas junto en un mismo momento.
En fin, que ya gasté mis horas de escribir y todavía no empiezo con mi chamba de Ecocentro. Pero quería decir que los extraño, que pienso en cada uno y cada una de mis amigas, que me hacen mucha falta y que daría cualquier cosa por una tamaliza familiar y una noche de contar y cantar, de bailar y pendejear fodongamente por cualquier vía láctea o cable de la luz. En México, eso sí.









