Cinco minutos
Milagrosamente encuentro cinco minutos para sentarme conmigo misma, es decir, sin nadie más. Aprovecho para hacer el balance de mi última lectura significativa: Sendas de Oku, de Basho. Me lo había regalado mi querido manager hace tiempo y no había podido sumergirme en su lectura hasta ahora. Es un maravilloso cuaderno de viaje con la mano transmisora de Octavio Paz de por medio. Como siempre, Paz me pareció excelente poeta como prosista. No es que la poesía excluya la prosa, sino que cuando Paz se dice poeta me resulta...frío. En cambio cuando es lector, ensayista, arde. Su comentario preeliminar es de una inteligencia apasionada, es iluminador en todos los sentidos, especialmente en aquel en que da luz sobre rincones de uno mismo que hasta ese momento permanecían sumergidos en la oscuridad.
En su diario, Basho relata las aventuras de su viaje, describe la belleza de lo que encuentra y acompaña sus relatos con poemas, con relámpagos. Basho se pasea por el límite entre la palabra y el silencio porque se pasea entre la Belleza.
Algunos apuntes del comentario de Paz:
- Lo que Tablada encontró en la poesía japonesa: economía verbal, humor, lenguaje coloquial, amor por la imagen exacta e insólita (yo quiero escribir así).
- La obra de Tablada extendió las fronteras de nuestra poesía: en el espacio, hacia otros mundos; en el tiempo, hacia el futuro (creo que la verdadera poesía es esto).
- Tablada concibe el haikú como la unión de dos realidades en unas cuantas palabras (me sorprende darme cuenta de cuánto me marcó la lectura de Tablada en mi infancia, su poética es casi casi lo que yo considero La Poética).
- Iluminaicón poética: volver al silencio del que partió el poema, sólo que ahora cargado de significación (algo en lo que meditar profundamente).
- Una aventura de veras importante: perdernos en lo cotidiano para encontrar lo maravilloso (apuesto por eso, ¡y con entusiasmo!).