Diáfora, Miel y Óscar
Por despiste, o Dios sabe por qué, no había visto sino hasta hoy el libro "Cicatriz sin orillas" de Óscar Efrain Herrera, mejor conocido en mi miscrocosmos personal como mi Mánager.
El libro, tiene la misma factura, pero evolucionada, que Miel. Como siempre, Óscar me pastoreó para que me sentara a escribir lo que tenía que escribir y publicó Miel, un librito con 40 gotas, como aperitivo de la colección Atajos en el 2005. La belleza de Miel está tanto en el texto como en el soporte, en la edición. Y con alto riesgo de sobrepasar el límite de lo cursi, diré que es fruto del amor con que ejercí el oficio de escritora y el amor con el que Óscar y su equipo ejercieron el oficio de edición.
Los Atajos de generación 2007 tienen el mismo espíritu pero con ligeros cambios. Algún colorín por aquí, una fuente más libre y vibrante para el título, una pequeña ilustración por allá, un guiño en la contraportada.
Si Miel es una destilación de viajes, encuentros, sueños de los últimos años (aunque a veces pienso que de toda una vida), Cicatriz sin orillas es la destilación de 10 años de poemas y de cuatro libros; la destilación de una trayectoria. A la vista de estos textos hay una sensación predominante: ESTO ES POESÍA. ¿A qué más podemos aspirar?
Cicatrices, Piezas para un relicario y De la escritura. La vida en carne viva, la vida encarnada que es la memoria, la carne en el texto que es la vida.
Óscar dice:
Habría que llamarle
a esta enfermedad
el síndrome de la rosa.
Tanto trabajo para alcanzar
el reino de lo efímero
y luego marchitarse
en una telaraña
o en el exilio de un florero.
No sé para él, pero para mí "esta enfermedad" es la vida.
Cuando leo:
Al cerrar los ojos
entro en tus ojos.
Veo el Amor en el poema. Cierro mis ojos internos y es inevitable dejarme arrastrar hasta los ojos en los que entro. Esos ojos son los suyos, los míos, los ojos del mundo, los ojos del destino. En esas dos líneas cabe el vértigo y el infinito. A eso debe referirse Huidobro cuando dice "por qué cantais la rosa, oh poetas/ hacedla florecer en el poema"
El libro de Óscar es el libro de los libros. ¿Quién podía saber que todos estos años entre todos estos libros, latía esta cicatriz?
Como colofón a este comentario, unas líneas del maestro Huidobro (creo que siempre me arrepentiré de no haberlo elegido a él para la tesis):
La Poesía es el lenguaje del Paraíso. Por eso sólo los que llevan e lrecuerdo de aquel tiempo, sólo los que no han olvidado los vagidos del parto universal ni los acentos del mundo recién creado, son poetas. Las células del poeta están amasadas en el primer dolor y guardan el ritmo del primer espasmo. En la garganta del poeta el universo busca su voz, una voz inmortal.
(...) El poeta os tiende la mano para conduciros más allá del último horizonte, más arriba dela punta de la pirámide, en ese campo que se extiende más allá de los verdadero y lo falso, más allá de la vda y de la muerte, más allá del espcio y del tiempo, más allá de la razón y la fantasía, más allá del espíritu y la materia.
Allí ha plantado el árbol de sus ojos y desde allí contempla el mundo, desde allí os habla y os descubre los secretos del mundo.
Hay en su gargante un incendio inextinguible.
Hay además ese balanceo de mar entre dos estrellas.
Y hay ese Fiat Lux que lleva clavado en su lengua.
(Altazor, Temblor de Cielo, Catedra, España 2006)
¡AH! El comercial: para los que están en Monterrey, los libros pueden encontrarse en la librería del Parque Fundidora, si bien entiendo. Para los que están en España, los poemas de Miel están reeditados por Manuscritos y a la venta en la web. Y si quieren leer a Óscar habrá que mandar traer los libros desde Monterrey o buscarle un editor que ponga tanto amor en sus publicaciones como el que ponen en Diáfora. Amén.