Saturday, May 16, 2009

Antojos

En el remoto caso de que alguien venga de México para acá o que alguien encuentre un servicio postal que permita mandar antojitos de un continente a otro, les voy a hacer mi lista de los reyes magos (total, soñar no cuesta nada):

Unas enchiladas potosinas de la Rosa Náutica (con cebolla)
Un elote de la Purísima
Una caja de tostaditas Salmas
Un par de botes de chamoy para hacer chamoyada, o en su defecto unas cuantas bolsitas de chamoys con caldito
Unos nopales frescos para asar con tomate y quesito
Tortillas de maíz de las amarillas de tortillería (2 kilos)
Chayotes
Tamales de los del Trigo Limpio pa que no tengan manteca de puerco
Salsa de aguacate de Meche
Tacos de papa
Flautas y sopes congelados
Jícamas
Mango manila
Queso panela
Frijolitos refritos
Preparado para hacer michelada
Chiles poblanos (o ya que pedir no empobrece pues que sean en nogada)
Papas de carrito, o mejor, de las de la Fac
Conchitas con crema y salsa
Ah, unas conchas con chocolate para el desayuno y bisquets con matequilla y mermelada de fresa
Hamburguesa de Carls Junior
Tamal de elote
Un molito negro (del dulce)
Tacos de barbacoa
¡Ah! Un durito de los que venden a la salida con frijolitos, crema, repollo, salsita y todo lo demás.
Paleta helada de pepino con chilito y limón
Paleta helada de chamoy
Una bola de tamarindo Bokados

Y creo que ya.

Thursday, May 07, 2009

Centrifugado intensivo, 90 grados, blanco muy sucio

Últimamente me siento dentro de una lavadora emocional. Lo más frustrante es que cuando el chocolate ya se ha ido y pienso que me puedo poner mi nuevo yo, reluciente y limpiecito, sale la mancha de grasa de debajo. Y así again and again. Claro que hay dos maneras de verlo: "el cuento de nunca acabar" o "siempre se puede estar mejor".

Lo bueno es que cuando logro que la mugre (viejas tristezas, pleitos añejos, enfados caducos)realmente desaparezca me quedo más ligerita y más contenta, y seguro que hasta más guapa. Ahora mismo estoy de pleito con mi yo adolescente del pasado, cargador de responsabilidades que no le tocaban, acumulador de estrategias de chantaje malignas (digna herencia de madre, abuela, bisabuela, tatarabuela), sufridor de a madre. Mientras las niñas de mi edad se divertían, salían, ligaban, hacían tonterías, yo me cargué con la obligación de cuidar de mi mamá y de mi hermana (y eso que había un papá y un marido y unas cuantas amigas y un par de tías protectoras y un grupito de taller literario bien chido). Ahora ya sé por qué me cuesta tanto pedir y recibir ayuda (de tal madre...), y por qué me siento una madre incompetente (claro está: la primera hija se me murió y la segunda sólo tenía un año nueve meses menos que yo, ¿qué podía hacer?)

Así que he tenido que asumir a fuerza de espumarajos y revoltijos que a mí no me tocaba cuidar de mi mamá (ni de mi hermana) y que es un tristeza, pero una tristeza pasada, que no me haya sentido cuidada en ese momento de la vida. Y que AHORA SÍ soy la mamá pero ÚNICAMENTE de Halima (bueno y del/la que viene en camino). Que ahora sí tengo la edad, la madurez, las herramientas para ser la mamá más chingona posible de MIS hijitos y que ADEMÁS, aun siendo La Mamá, SÍ TENGO quién me ayude y me apoye y me cuide también a mí.

Dicen que algunos detergentes hacen que después del lavado los colores brillen más que antes, y uno de esos colores que ahora estoy disfrutando más que nunca es el color de la hospitalidad. Sí, suena muy cursi. Pero he descubierto que ese color le da sentido a mi vida desde hace mucho. ¿Qué hubiera sido de mí sin la hospitalidad de los Lobatón? ¿qué hubiera pasado con nosotras si José no hubiera querido dejar su cuarto para irse a no sé dónde o si a mis primas les hubiera dado muchísima flojera compartir su cuarto y su vida con nosotras, o si a mi Tía Yvonne le hubiera pesado cargar con la manutención de tres bocas más, o si mi Tía Chela y familia le hubieran hecho ascos a meterse con nosotras en una casita pequeña y reinventarse el destino en una nueva ciudad?

Afortunadamente después no estuve nunca obligada a compartir casa con quien no quería, ni nunca un compañero/a de casa me secuestró el hogar, ni nada por el estilo. Así que lo de recibir y visitar, proteger en mis dominios y refugiarme en las cuevas de otros se me quedó con un acontecimiento feliz, un regalo, una descarga, una bendición. Tenemos un depa grande porque aunque somos tres (y medio) nuestras visitas "viven" con nosotros. Tenemos una sala enorme (ok, grandecita) decorada con alfombras, cojines y colchonetas para que puedan venir 12 personas sin previo aviso (pero con saco de dormir) y encuentren un sitio. Tengo una cocina gigantesca (bueno, más grande de lo habitual) y ollas XL (además de un talento innato, también hay que decirlo) para poder ofrecer una buena sopa a viajantes y visiteros. Y nos da igual apretujarnos, perder la intimidad por unos días, y estar obligados a organizarnos con otros por el placer de recibir (que, dicho sea de paso, nos gusta más que visitar). Curioso cómo esta predisposición vital encaja perfectamente en la tradición sufi para la cual ofrecer hospitalidad es sagrado. ¡AlhamudiliLah!

Y tooooooooodo este ciclo de lavado lleva el patrocinio de mi hermana. Será porque es más chingona que yo, o porque le tocaron los tortazos más tiernita, o porque fue a terapia más oportunamente. Será el sereno, pero aprendió a poner sus límites y no abusar de sí misma y sus necesidades "en favor" (y pongo comillas porque ahí está el busilis de la cuestión hereditaria chantajera) de nadie (o por lo menos así parece desde este lado del mar). Una mancha necia que todavía tengo que tallar un poco más y un músculo (el músculo respetador de los propios límites) que acabo de descubrir y tengo que ejercitar. Lo único que lamento es que a los más cercanos les toca siempre la salpicadera del agua sucia. Pero con el producto adecuado y un poquito de paciencia seguro que las manchitas que deja también se pueden quitar sin maltratar la prenda.

A ver si con todo esto logro dejarle a mis hijos una conciencia más limpia y una capacidad de ser felices, de amar y amarse más eficaz. ¡Ay Dios mío! ¿Todo esto será consecuencia del embarazo o de haberme topado en la vida espiritual con el auténtico Maestro Limpio?