Wednesday, June 19, 2013

¿A qué me dedico?

Adivina adivinador, a partir de lo que hice el día de hoy:

Esta mañana, como todos los días, entonamos cantos para saludar al sol, a la tierra, al viento, al agua y a todos los seres. Recitamos poemas para empezar el día y practicamos nuestras alabanzas al glorioso Apolo. Revisamos temas de historia antigua, botánica, geografía y geometría. Marinamos peces, ayudé a encender un fuego maravilloso para cocinarlo todo. Ensayamos una pieza teatral. terminé la carita y aprendí a hacer el pelo de un muñeco precioso con aguja y gancho. Participé en un fantástico banquete. Terminé mi cuento de la Princesa Jabón y su amiga Cuchicuchi en el Taller de Escritores.

Elige de entre las siguientes opciones:

1. Sacerdotiza maya
2. Sierva de Apolo
3. Cocinera en un castillo perdido en el tiempo
4. Institutriz
5. Artesana
6. Escritora
7. Todas las anteriores: ¡maestra de primaria Waldorf!

¡Acertaron! Empieza una nueva vida para mí: formación, trabajo, selva, arte, aprender, enseñar, crear y recrear. Cerquita de mis hijas, vecina de un mar turquesa, entre gente maravillosa. ¡GRACIAS GRACIAS GRACIAS!

Me esperan muchas lecturas apasionantes y muuuchos retos. Muchas risas, seguro que también muchas frustraciones y esfuerzo. Habrá que reformular tooodas las dinámicas familiares, reinventar nuestras relaciones, descubrir hasta dónde llegan nuestra creatividad y nestras fuerzas. Le doy la bienvenida con los brazos abiertos. AlhamduliLah wa shukrliLah y que Diosito nos ampare. ¡Cantos, gritos, saltos de felicidad! ¡Voy a ser maestra Waldorf!!!!!!!!!

Thursday, June 06, 2013

Cuentos sin Aspavientos




El Hombre necesita de imágenes: para conocer su lugar en el mundo, para explicarse lo que sucede dentro de sí y a su alrededor, para alcanzar lo Icongnoscible. Para ello ha de valerse de la Imaginación, que gracias a Ibn Arabi sabemos que es un órgano de percepción, y gracias a los antiguos relatos sufis, sabemos que se asienta, igual que el Intelecto, en el corazón (al principio Dios creó el intelecto, y para albergarlo, creó el Corazón).

Por ello el papel de los cuentos, narraciones, cantos, poemas, el papel de la literatura oral y escrita es esencial: faculta al Hombre para utilizar su Imaginación, es decir, para concebir sus propias imágenes interiores a partir de las formas primordiales que va transportando la tradición. Y no hablo sólo de leyendas, mitos, tradiciones. Como bien sabemos, la literatura contemporánea también se inscribe, es heredera de una larga tradición lingüística de la que forma parte.

Tengo una nueva pregunta en mi vida: ¿cómo contar cuentos a niños sobreestimulados, de manera capten su atención sin ser exagerados, chillones, saturados, es decir, sin ser sobreestimuladores a su vez? ¿cómo contar cuentos de una forma sencilla y bella que permita que la Imagen contenida en cada cuento brille por sí misma, ante niños que están tan saturados de imágenes que serán incapaces de permanecer el tiempo necesario re-creando interiormente las imágenes que les ofrece una historia por sí misma?

Uno de los pasos es abrir y cerrar el tiempo del cuento de manera ritual, situar la narración dentro del “tiempo sagrado” que necesariamente se aparta del tiempo cronológico puesto que se inscribe en otro orden de cosas. Pongamos por ejemplo: el diker. Cada vez que hacemos diker usamos las mismas palabras, los mismos gestos, los mismos cantos que se han usado durante siglos. Cada diker escapa del tiempo y asume el suyo propio: su propio inicio, su propio desarrollo, su propio fin. Y cuando termina, el tiempo cronológico continúa. No son las nueve, es la hora de dedicar bendiciones, no son las nueve y diez, es la hora de recitar los hermosos versos del Corán, no son las nueve treinta y cinco, es el momento de abrir el corazón a los Bellos Nombres de Dios e invitarlos a mirarse en nuestro espejo, no son las diez, es el momento de agradecer el milagro de estar reunidos en espíritu con nuestros Maestros…

Así cada sesión de cuentos debería tener su propio ciclo mágico, desplegar su propio momento definido por una bienvenida, una preparación, un canto, una invocación, una luz que se enciende, una narración que se entreteje con silencios para que el público tenga espacio para imaginar, para sentir, para escuchar los ecos que forma el cuento dentro de sí, para darle el sentido único sólo él le puede dar. Quizá un poco de música podría ayudar a entrar y salir de esta mágica inmersión en el Océano de las Historias, este Ganges primigenio en el que Hombre, Palabra y Símbolo se encuentran, en el que la Imagen tiene ocasión de renacer para cada uno y así hacernos renacer.

¿Y cómo danzan en esta ceremonia lo sagrado con la alegría, con la risa, con la sorpresa, con la espontaneidad? ¿Cómo hacer para que abarque el tiempo cronológico necesario para que la gente lo tome en cuenta, le haga hueco en los vaivenes de su vida? ¿Cómo se reconduce a niños acostumbrados a recibir una cantidad brutal de imágenes prefabricadas por segundo, a contemplar el nacimiento de una imagen dentro de sí mismos, a mirar para adentro? ¿Cómo? ¿Gradualmente, poco a poco? ¿Les damos primero muletas, algún soporte visual o auditivo además de la palabra? ¿Les pedimos que usen su cuerpo para ayudar a conducir la historia? ¿Y será que, al final, las historias para niños pueden contarse desnudas del todo, sólo la palabra?

¿Cómo aplicar mis descubrimientos antroposóficos (que entroncan con una serie de decubrimientos que empezaron hace 10 años) a esto que me ENCANTA hacer: contar historias?

He aquí una aventura más para esta Lechuza de los Mares.