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Friday, May 06, 2016

Mayo florido y hermoso

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"Marzo ventoso, abril lluvioso: mayo florido y hermoso" dicen aquí, y así ha sido la partida del invierno y la llegada de la primavera. El campo luce sus más bellos verdes y espléndidas flores asoman por doquier. Los vecinos de Almodóvar pintan sus casas, vacían sus armarios, se ocupan en sendas limpiezas de primavera.

Para mí la" limpieza de primavera" va siendo, más bien, una "limpieza del mes de Rajab", en consonancia con el universo. Hace unas tres semanas empezó el mes de Rajab y llegó con el disolvente y el estropajo en ristre. ¿O serán las prácticas especiales que estamos intentando hacer en casa? La cuestión es que el armario de las emociones viejas está dando mucho que limpiar, las estanterías del agradecimiento están siendo renovadas y la casa del corazón se va quedando más ordenada.

Como hace muchos meses que no escribo (que no escribo el blog, porque he estado escribiendo otras cosas) recapitulo:

Marzo: Diario de un ama de casa desquiciada
Es penúltimo libro de Club de Lectura de la Biblioteca de mi pueblo, al que tuve el acierto de apuntarme hace unos meses.

El título no era muy inspirador, pero saqué mi disciplina de antigua estudiante de letras y me lancé a la lectura: una mujer cuyo rol de ama de casa le da motivos para quedar atrapada en la ansiedad y la angustia. ¿Y EN QUÉ MOMENTO ME CONVERTÍ YO EN ELLA???? Pensé con verdadera preocupación. ¡Ah sí! En el momento en que dejé de ser maestra Waldorf en el Caribe para encerrarme en mi idílico retiro andaluz.

No se pueden imaginar el horror (y el alivio) de sentirme identificada con la protagonista: sus esfuerzos heróicos para conseguir logros tan estúpidos como comprar la caja de cereales que les gustan a sus niñas o teminar de lavar y guardar la ropa de la temporada anterior; sus sudores fríos al tener que lidiar con amenzadoras mujeres de la limpieza o señores de mantenimiento; los escenarios de su propia muerte que se le aparecen sólo por sentarse en la silla del dentista o tomar un taxi; sus multitud de miedos.

¡Ah! ESO es lo que me pasa, solo necesito encontrar un nuevo equilibrio y darle un sentido nuevo a mi vida. ¡Menos mal! Después de tanta mudanza he descubierto que cumplir seis meses en un sitio es un momento peliagudo. Las reservas de cariño y seguridad de la situación anterior ya se han terminado, la maravilla del asombro constante ya no opera, y aún queda todo por construir: amistades profundas (la red de salvación), actividades que le den sentido a estar aquí en este momento, proyectos que inyecten entusiasmo a la vida diaria.

Así que a la pregunta de ¿De verdad vine desde México para terminar encerrada en mi casa haciendo el aseo???? Me respondí: ¡Pues no! Desde luego que una de las razones de volver a España era no vernos obligados a estar ambos fuera de casa trabajando a tiempo completo para sostener a nuestra familia, pero me lo imaginaba más como un periodo sabático que como una vuelta al trabajo peor reconocido del mundo: el de ama de casa. Estar en casa es una bendición, pero depende cómo.

De manera que tuve que darle la vuelta, preguntarme realmente qué quería hacer con mi tiempo: conectar conmigo misma, recuperar mi faceta de escritora, buscar la manera de aportar algo a la comunidad donde vivo y al mismo tiempo hacerme mi propia comunidad: descubrir gente afín. Bastante más interesante que "hacer la compra", "cocinar", "guardar la ropa limpia".

Así que me hice un horario para limpiar, comprar, cocinar y me dejé un buen hueco cada día para escribir (que algunas semanas se convirtió, felizmente, en la actividad principal de la mañana). Concebí un par de proyectos que me permitan colaborar con mi comunidad y poner en práctica mis saberes y como broche de oro, me uní a un par de hadas para participar en la Feria Medieval.

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Abril: Una mujer medieval
Cada año, Almodóvar celebra el Zoco de la Encantá, recordando una antigua leyenda del tiempo de los moros, en la que una princesa se tira de las torres de NUESTRO (jeje) castillo, al saber que su amado ha muerto en la batalla contra los almorávides.

La explanada del castillo se transforma en mercado, el cerro se convierte en campo de tiro al arco, la gente se disfraza. Halima cantó en el pasacalles y yo junto con Flora y Fauna monté un puestecillo en el mercadito.

En el pasacalles descubrí que las mujeres de Almodóvar no saben ulular. Con tantas semejanzas como tiene la sociedad andaluza con la musulmana, estaba segura de que al lanzar mi grito ¡LULULULULULULÚ! todas las almodovareñas corearían con furor. Pero no, todos los almodovareños guardaron silencio y todas sus miradas se dirigieron al sitio de donde había salido aquél aullido. ¿Cómo es posible que las mujeres del pueblo no sepan ulular???? Me quejé amargamente a mi vecina unas calles más adelante. ¡Así que eras tú!! Se rió con ganas. Yo sí sé, me dijo, pero me pillaste desprevenida. Y me contó que durante una larga temporada, su familia recibió a una niña saharahui que venía a a pasar las vacaciones con ellos, y le enseñó. No es la única familia que ha recibido a lo largo del tiempo a niños saharahuis que vienen a pasar "vacaciones de paz" a España y eso me parece muy bonito.

Otro descubrimiento fue que, en realidad, soy una mujer medieval. Mi "disfraz" para el mercadillo, no fue sino mi ropa de sunna, mis pantalones bombachos y mis pañuelos de rezar. Yo me vestí como si estuviera en Chipre visitando a mi maestro, con todo y el turbante. JA. Es una maravilla que el medievo andaluz sea un crisol de culturas: judío, cristiano y esplendorosamente musulmán.

Me divertí mucho cosiendo y hablando con mis dos hadas cómplices. Me encantó participar en la fiesta popular. Se me ocurrieron un millón de ideas de actividades qué organizar con niños para aprovechar la riqueza cultural de este sitio. Saldo positivo.

El regalo de abril es la reunión de mujeres de los jueves. Algunas veces hemos sido dos, otras veces hemos sido hasta seis, pero el número de asistentes no importa. Lo maravilloso es tener un día en mi semana para preparar mi casa y dedicarle un par de horas a alimentar el corazón con cantos y oraciones. Es una suerte increíble tener tan cerca a más mujeres musulmanas dispuestas a reunirse con el mismo fin. De verdad, una delicia.

Mayo florido y hermoso
Ya va despertando ese furioso sol cordobés, aunque todavía alguna nube lo devuelve a su siesta. El cielo está lleno de golondrinas. El ciclo escolar ya declina (gracias a Dios), muy pronto estará aquí Ramadán y, con ello, cerramos nuestro ciclo lunar. Un año lunar de haber dejado México para trasladarnos de nuevo a España.

Ya no sueño cada día con nuestra escuelita de la selva y nuestros amigos, pero extraño mucho, muchísimo, mi tierra. Como antídoto mayo me ha regalado (hasta ahora, ¡y eso que va empezando!) reencuentros hermosos con personas de mi corazón.

El calendario avanza cumpliendo los ciclos y yo tengo muchas ganas de ver los momentos del año que nos falta conocer por aquí. De todas formas, ya estoy segura de que este es un buen sitio, alhamduliLah.

Imégenes tomadas de florespedia.com y localpaperalmodova.es

Sunday, November 08, 2015

Crónicas de Al Mudawar

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Verde que te quiero verde, te quiero verde mar
De la antigua ciudad de Cördoba hacia Almodóvar se extiende una cadenita de cerros y lomas, como un largo verso escrito en caligrafía árabe. Sus trazos suben y bajan, sus acentos son nubecitas, cigüeñas en vuelo, casas entre el verdor.

Desde allí, desde las inmediaciones de esos versos de árboles y roca, Almodóvar no parece un cerro, sino una isla surcando un verde mar, especialmente si la mañana tiende un manto de niebla sobre el valle. Ahí está la isla, con sus casitas blancas y sus tejados rojos, ahí se yergue el castillo en toda su fortaleza.

Este mar de olivos es de una belleza sosegada y persistente. Todavía no descubrimos los alrededores, pero sabemos que hay sendas de campo por dónde pasear, que hay cabreras y lecheros a la antigua, que hay huertos donde comprar las verduras frescas.

Soprendentemente en Córdoba, a 150 km de la costa, hay un Club Náutico. ¡Y está en mi pueblo! (risas). Porque pertenece a mi pueblo el Embalse de la Breña. El otro día tuvimos el placer de conocer a los patos que viven ahí y de encontrarnos con un rebaño de ovejas que no tenían empacho en alzarse sobre sus patas traseras para alcanzar las hojas de las encinas.

Almodóvar es como un laberinto, o mejor dicho, como un Juego de la Oca, todo subidas y bajadas, escaleras, rincones, pasadizos. Todo está a la mano: pescadería, panadería, heladería, cafetería, carnicería, frutería, tienda de abarrotes, bazar, papelería.Y debe ser el lugar más bendito de la Tierra porque toda la gente que nos hemos encontrado hasta ahora es AMOROSA. Los niños son nobles y saben jugar, los vecinos son abiertos y acogedores. Será el carácter andaluz o será nuestra buena suerte, en todo caso estamos muy agradecidos.



La Tribu
En el valle hay un castillo, junto al castillo hay un olivar, en el olivar hay una mezquita, en la mezquita hay un poeta, en el poeta hay una luz.

Con este cuento de hadas nos encontramos cada viernes, para la oración comunitaria, alhamduliLah. Y además del poeta que nos acaricia con sus palabras en el Jutba, hay toda una constelación de seres mágicos que flotan alrededor de la mezquita y confluyen también para el yumma. Seres capaces de materializar la Belleza en más de una forma: desde hacer "rosas" de manzana y hojaldre, hasta sembrar estrellas en un suelo de mosaico,  trabajar el metal y la piedra para convertirlo en joya,  contar cuentos con el cuerpo y tejer danzas para duendes pequeños y grandes, o sembrar los versos del Corán en el corazón de los niños y regarlos para que florezcan.

Yo no sabía, que en esta país no se reconoció el derecho de elegir libremente qué religión practicar hasta el 78. ¡Hasta el 78!!!! Amparados en ese nuevo derecho, un grupo de gente que en busca de la utopía había encontrado el islam, se reunió para ejercer su elección de vida de la manera más amplia y comprensiva posible. Para ello han trabajado y siguen trabajando con una entrega admirable por difundir las bondades del islam en España. Esos son nuestros vecinos.

Hasta este preciso momento el islam había sido para mí una cuestión totalmente íntima, de crecimiento y reconexión personal, en la que me encontraba con otros rastreadores de la Luz. Para mí el trabajo consistía únicamente en transformarme a mí misma, en la confianza de que eso ya impactaba de manera positiva en el lugar donde me encontraba y en las personas que me rodeaban. ¡Pero hay otra dimensión!

El último fin de semana de octubre (¡oh puerta de los mundos!) se celebró en mi pueblo un encuentro de mujeres musulmanas. Y ahí descubrí algo que se llama:

La Declaración de Orán
(http://www.webislam.com/articulos/96452-declaracion_de_oran_congreso_internacional_femenino.html)

Una mujer muy joven nos compartió este texto que es el resultado de un encuentro donde mujeres musulmanas de todo el mundo describen la situación actual y abren caminos que podemos andar desde nuestra espiritualidad para ayudar a sanar a toda la comunidad.

Es un documento completo e inteligente, propositivo y comprometedor donde resuenan las bases de un trabajo que me interesa desde hace muchos años: difundir, educar, recordar, cooperar, asociarse, trabajar desde la sociedad civil, trabajar cada una en el sitio donde está y con los demás. Y todo ello partiendo del trabajo personal: equilibrio interior, paz interior, salud interior, para poder procurar el equilibrio, la paz y la sanación de nuestras comunidades. ¡Bingo! Un enfoque integrador. Eso me da muchas esperanzas y me abre nuevos caminos.

De hecho estar en un sitio donde convivimos y compartimos con musulmanes de diferentes culturas y estilos me hace aprender muchísimo. Estar aquí, con esta gente, es una bendición.



El Sacrificio de Abraham
La última fiesta que celebramos en Madrid con nuestra familia sufi fue el Eid del Hajj, en el que se recuerda el sacrificio de Abraham. Quizá soy demasiado bovariana, pero para mí el hecho de venir aquí estuvo marcado por esa imagen: Abraham, el amigo íntimo de Allah, requerido para entregar a su propio hijo.

Así más o menos me sentí al tomar la decisión de llevar a mis hijas al cole nuevo. ¿Por qué tanto? Pues porque para mí significa depositarlas en manos extrañas, en un lugar desconocido, a sabiendas de que lo que se hace ahí con los niños no es bueno (no en este cole en particular, sino en las escuelas donde se trabaja desde los parámetros de la educación tradicional) ni para ellos como individuos en crecimiento ni para la sociedad. Sí, así de peleada estoy con la educación tradicional. Pero claro, son tiempos de integración, así que ¿qué nos va a traer la Vida más que lo opuesto, para que hagamos el trabajo de integrarlo?

Me puse, pues, a buscarle lo bueno al cole. Lo bueno desde luego son los individuos que lo constituyen. Personas de buena voluntad que (hasta donde hemos podido ver) aman su trabajo y se interesan genuinamente por el bienestar de los niños, y familias que aman al cole, muchas de las cuales han estado allí a lo largo de generaciones. También es muy positivo para las niña tener un ritmo diario que no está sólo marcado por mamá o papá, y de coincidir con otros niños de su edad. Es una ventaja asimismo, que se trate de un cole chiquitín de manera que mis hijas tienen amigos de todos los grados, algunos más pequeños que las ven con admiración y otros más mayores que las ven con ternura y las arropan. Desde luego también está el hecho de poder ejercitar su capacidad de adaptación y su habilidad de desenvolverse en el mundo sin su mamá (¡en algún momento hay que hacerlo, qué remedio!). Ni qué decir de la gran oportunidad para esta madre de aprender otras formas y desapegarse de su rígido discurso, abrir su mente y su corazón y darle una oportunidad, de verdad y desde el fondo, a lo nuevo con sus bondades y sus dificultades.

No voy a invertir mucha literatura en describir mi sentir trágico. Nada más voy a decir que en estas tres semanas de ver a las niñas ir y venir, de retorcerme escuchando algunas cosas y tratar de adaptar la vida en casa para contrarrestar los efectos nocivos de la educación tradicional (jeje), entendí finalmente de qué se trata el sacrificio de Abraham.

¿Por qué, pensaba yo, Allah que es todo Amor y Bondad, iba a pedirle algo así a un hombre de fidelidad probada como Abraham? ¿Por qué y de dónde habrá sacado Dios esta peregrina idea? ¿Qué debemos aprender las personas, y especialmente las personas con hijos, de este mandato? Y de pronto al ver mi situación, me di cuenta: uno no puede ser sólo padre o madre toda la vida. No hemos venido al mundo sólo a procrear, también hemos venido a co-crear, a re-crear.¿Cuántos años llevo dedicada casi en exclusiva a la crianza? ¿Y los dones que he recibido, son para el exclusivo disfrute de estas dos niñas?

Así pues, me di cuenta de que mis hijas tienen su propio destino y, ese, no está en mi mano. Una tremenda declaración para una mamá-gallina coruquienta como yo, que daría todo por tener a mis pollitas bajo las alas aunque les pase todos mis corucos.  Y que, más bien, ya es hora de invertir más tiempo y energías en las otras tareas que tengo en el mundo.

Es decir, que llegado el momento, cada ser humano debe estar dispuesto a entregar aquello que más ama en favor de su deber más alto en esta vida: su vínculo con su Señor. La suerte es que luego el Señor no te lo quita, sino que te lo cambia por algo más llevadero.

Total, que no renuncio a mi rol de madre. Seguiré procurando a mis hijas una dieta sana, un ritmo sano, un hogar cálido y ordenado donde puedan recargar su corazón y ordenar su espacio interior, cercanía, apapachos, cuentos, galletas, paseos. Pero sí renuncio a intentar elegir todas las experiencias que les toque vivir, renuncio a angustiarme por cada vuelta que dan sus vidas, renuncio a querer controlar todas las situaciones a las que se enfrentar. Elijo entregarlas, y que la Sabiduría trace para ellas el camino que necesitan. Por ahora se levantan diciendo que no quieren ir a la escuela pero vuelven contentas, contando todas las aventuras del día. Y el día que le dije a Halima que no iba al cole porque estaba mala, dijo que nanai ¡que ese día tenía gimnasia! Y tan contenta se largó.

También he renunciado a pedirle peras al olmo. En el cole ya no van a aprender la reverencia, el agradecimiento, la conexión consigo mismas y con lo sagrado como lo hacían en la escuela Waldorf. Ahora la tarea es mía. Y el camino es integrar todo eso en mí, vivir con la mayor plenitud posible la reverencia, el agradecimiento y la conexión, para poder transmitírselo a ellas en cada gesto y en cada palabra, ¡inshaAllah!

Ya veremos lo que se puede ir compartiendo y transformando a nuestro alrededor conforme vaya pasando el tiempo aquí en el Mar de los Olivos.

Tengo una sonrisa en la cara y en el corazón. El sol de noviembre es un regalo.

Wednesday, September 23, 2015

Mamá monstruo se lanza a la escuela en casa: Schooling, homeschooling, unschooling

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El inicio del curso escolar nos encontró sin saber dónde nos habíamos de establecer,  y por lo tanto, dónde deberían entrar las niñas a la escuela. Como pensamos que sería cosa, a lo más, de un par de semanas, decidí valientemente hacer escuela en casa y preparar a mis niñas para el cambio de una escuela Waldorf a una escuela normal.

Debo hacer aquí un apunte sentimental. Saber que mis hijas no van a poder continuar en una escuela Waldorf me parte el corazón. Después de conocer la belleza de un entorno Waldorf donde absolutamente todo está hecho con el máximo cuidado, buscando que el alma de los niños se sienta alegre y en paz, invitada a descubrir los secretos de la vida, me cuesta mucho trabajo. Imaginarme a mis hijas en un salón verdoso, adornado con dibujos feos sacados de series de la tele, con sillas y escritorios de plástico y alumino, frías, con niños gritones, y profesores ajenos e impositivos me estruja el corazón.

Aquí las niñas no pueden ir a escuela Waldorf, las dos tienen que entrar a primaria (eso también me descorazona porque a la pequeña le queda un año para tener dispoción de sus fuerzas vitales para terminar de contruir sus órganos, en vez de usarlas para aprender con la cabeza), y en España sólo hay primarias Waldorf a las afueras de Madrid. Son muy caras, están muy lejos del lugar donde podríamos vivir, y de todas formas, llevamos unas cuantas semanas con el pie en el estribo, esperando emigrar.

Total que preparé mi primera semana de clases, con temas para una niña de 3ero y otra niña de 1ero. Historias para cada una, actividades de hacer, pensar y sentir para cada una, combinaciones con salidas y cosas para hacer en casa. Me aprendí el verso y la canción de inicio, conseguí una velita para reproducir el ritual de inicio de clase de primaria que hacíamos en Ak Luum.

Arrancamos muy bien, pero después de dos semanas llegué a la conclusión de que el homeschooling no funciona para nosotros. Supongo que en parte es porque yo sí creo en la escuela.

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Schooling
Yo sí creo en la escuela. Creo que es sano para los individuos y para la sociedad que los niños aprendan en compañía de otros niños y (también) en compañía de adultos que nos son sus padres. Desde luego creo que hay condiciones para que la educación escolar sea verdaderamente sana:

El proceso de aprendizaje debe ser activo, es decir, el que aprende debe participar activamente con su cuerpo, su mente y sus sentidos en la construcción de su aprendizaje. Somos seres humanos, en consuecuencia seres creativos, por ello tenemos la capacidad de CONSTRUIR conocimiento, no somos simples botes donde echar información para su almacenaje. Quien DESCUBRE, tiene un vínculo personal con lo descubierto, porque a la hora de desvelar su misterio ya lo ha hecho suyo para siempre.

No sólo se aprende con la cabeza, también con las manos y el corazón. Para que un aprendizaje sea completo debe involucrar tres esferas: el hacer, el pensar y el sentir. Si el hacer y el sentir no se ejercitan al momento de aprender, el aprendizaje se queda cojo, hay dos tercios de lo que se quiere “aprehender” que se nos escapa. Y nosotros nos quedamos cojos también, como quien ejercitara solamente una pierna en lugar de ambas.

Se enseña y se aprende a través del amor. Los adultos que acompañan a los niños a aprender deben estar permanentemente en estado de amor y conexión. Hasta los siete años o incluso los ocho, los niños aprenden por imitación. Todo aquello que haga el adulto lo hará el niño. Todo aquello que viva dentro del adulto, aunque intente no expresarlo, el niño lo integrará. A partir de los 8 el niño aprende por amor a su maestro y más tarde, cerca de la adolescencia, por admiración. Si el maestro no es un ejemplo vivo de respeto, de cariño, de alegría, de resposabilidad, de voluntad, orden, todo intento de que el niño integre estas cualidades es vano. Sólo se conseguirá un remedo de ellas por medio de la fuerza, no de la inspiración. Y esto, desde lugo, no arraigará en el alma del niño.

La escuela debe ser suficientemente estructurada para ofrecer a los niños un orden claro que se tranforme en paz interior, y suficientemente flexible o abierta para poder mostrar a los niños la Vida. No se aprende (solo) entre cuatro paredes, se necesita también de la naturaleza y estar en los lugares donde la vida bulle y las cosas suceden, para poder descubrirlas y sentirse en confianza con la realidad.

El espacio donde los niños aprenden y conviven debe ser BELLO. La belleza es la condición natural del ser humano, estamos hechos de belleza, por medio de la belleza conectamos con lo mejor de notros mismos y con lo divino. Los niños (y también los adultos) NECESITAN un entorno bello que les ofrezca calidez y armonía para que esto se refleje y se establezca en su interior.

Las escuelas Waldorf son así o, por lo menos, aspiran a serlo. Los maestros Waldorf saben todas estas cosas y hacen un trabajo de transformación personal permanente para ser el mejor ser humano que pueden ser o, por lo menos, aspiran a hacerlo. Últimamente hay tendencias dentro de la educación Waldorf que sugieren que la escuela se ha rigidizado demasiado, que de seguir por este camino la escuela no será más el nido ideal para esta pedagogía, que hay crear nuevos modelos de revivifiquen los principios en los que se basa y les den nuevas dimensiones y nuevas alas. Puede ser.

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Homeschooling
Luego están lo que opinan que el sitio idóneo para aprender es la casa. Yo digo que depende de la casa. Nuestra experiencia empezó bien pero al cabo de dos semanas el material terminó regado pro el suelo, las niñas llorando, una de ellas trepada en la chimenea y la voz de mando amenazando furibunda “¡como no te bajes de ahí te quedas sin derecho a sacar libros de la biblioteca!!!”. Educar con amenazas, el antiwaldorf total.

La experiencia me llenó de preguntas ¿cómo se hace para motivar a los niños al trabajo cuando no hay otros niños con quienes compartirlo? Ya se sabe que “el trabajo comaprtido se convierte en diversión”, y compartir el trabajo sólo con mamá no es tan divertido, especialmente si mamá tiene que ir de una niña en otra guiando la actividad.

¿Cómo se atienden las necesidades de dos o más niños que deben aprender diferentes cosas con diferentes métodos según las necesidades específicas de su edad, ¡al mismo tiempo!?
¿Cómo se supera la frustración ante el fracaso sin un grupo de niños alrededor que sirva de ejemplo y apoyo: los que tienen las mismas dificultades, los que tienen otras dificultades, los que lo están haciendo sin problemas?

¿Cómo se desarrollan habilidades sociales y sentido de colaboración sin otros niños para jugar, trabajar, pensar, hacer equipo? ¿cómo desarrolla la autorregulación cada niño sin contar con la regulación del grupo (ahora es momento de tejer, y todo tejemos, ahora es momento de comer y todos comemos, etc)?

¿Cómo se contagia de entusiasmo sin otros niños que se entusiasmen al unísino? ¿cómo le das a las cosas su tiempo de entrar y asentarse en la conciencia por medio de la repetición si sólo tienes un niño para repetir las cosas una y otra vez?

Y sobretodo ¿cómo se supera la figura materna y todas sus sombras para convertirse en ese ser de luz que debe ser la maestra? Estando en la escuela es fácil centrarse y pensar que uno va a estar dos horas en su ser más luminoso, consciente y amoroso mientras da su clase. Pero hacer escuela en casa supone que se anulan todos los vicios de la relación casera y se pone en juego una relación más clara y despejada.

Supongo que la cuestión de fondo es, que tratar de estar centrado y en su sitio más luminoso no puede ser como tomar aire y soltarlo dos horas después cuando acaba la clase, sino estar desde un lugar más verdadero, y por lo tanto más cómodo y natural, en nuestra luz (por decirle de alguna manera).

Lo más angustiante es tomar conciencia de una manera tan palpable, que aunque no hagamos homesechooling, las mamás y papás somos los primeros maestros de nuestros hijos, y no sirve de nada tener para ellos palabras ejemplares, es absolutamente necesario que tengamos integrado hasta el tuétano todo aquello que queremos que aprendan e integren. Es mi intención, pero todavía estoy muy lejos de lograrlo.


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Unschooling
Obviamente con tantas preguntas, no podíamos hacer menos que deslizarnos suavemente hacia el “unschooling”. No tenemos programa, no tenemos ritmo fijo, excepto algunos momentos necesarios para el funcionamiento del hogar. Tenemos viajes, tenemos biblioteca, tenemos pequeños proyectos de manualidades como tejer con los dedos, tejer con agujas y ahora coser, tenemos excursiones al bosque, tenemos salidas de patinaje, tenemos clases de caballos.

¿Será ésta la solución de la educación en casa? ¿No proponerse un programa ni un ritmo, no programar actividades ni aprendizajes específicos para cada edad, sino aprovechar el flujo de la vida para que cada niña vaya aprendiendo de cada experiencia? ¿Y eso como se puede “sistematizar” es decir, asentar en la conciencia? ¿O eso tampoco es necesario, tener un producto final, una memoria que te recuerde lo aprendido, que puedas consular en caso de necesidad?

Supongo que si vives en una granja, con toda tu familia extensa, donde los ritmos se marcan de manera natural y el trabajo tiene un sentido concreto (el gallo canta y toca levantarse, la vaca necesita comer y hay que cargar la paja, el corral necesita limpiarse y hay que hacerlo…) los niños van descubriendo y aprendiendo por sí mismos y luego sólo hay que complementar con observaciones concretas que completen su experiencia. Pero yo no vivo en una granja, no tengo tan a mano a mi familia extensa, ni la espiritual  ni la de sangre, y soy una persona demasiado rígida para poder vivir y sentirme satisfecha y en paz con semejante método o des-método.


Finalmente el hecho de llevar a las niñas a una escuela tradicional supone un tremendo esfuerzo de fe. Mi reto es confiar en que si tienen que ir a una escuela feocha (lo siento, para mí todas las escuelas que no son Waldorf son feochas hasta ahora) es porque ahí encontrarán algo que necesitan aprender. Confiar en que aún pasando la mitad de su día en un lugar carente de belleza y armonía serán capaces de descubrir en su propio espacio interior la belleza y armonía de sus almas. Confiar en que quizá, hoy por hoy, lo que todos necesitamos aprender es descubrir la belleza escondida, ahí donde se le pueda encontrar. Confiar en que estarán protegidas y rezar porque, al menos, les toque un profesor o profesora conectado y consciente. Y confiar en que tener que desprendernos de la tan amada pedagogía Waldorf, es una lección de desapego y apertura que necesito aprender. Insha’ Allah.

Wednesday, September 02, 2015

1200 mts sobre el nivel del mar

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Después de ajustar nuestras válvulas para vivir al nivel del mar, las estamos reajustando a 1200 mts de altura, en este precioso pueblo de la Sierra de Madrid que tan amorosamente no ha acogido. El verano español nos pareció demasiado luminoso con su crepúsculo tardío, demasiado frío con los vientos que se levantan por la noche y los días de otoño que se cuelan entre la semana, demasiado distendido con oficinas cerradas, personas ilocalizables y paseantes muy nocturnos, demasiado bello (nunca es demasiado) con sus bosques, fuentes, crestas pedregosas, árboles infinitos, pueblitos de cuento, reencuentros felices y demás aventuras.

Todavía no podemos decir que hayamos recuperado o creado un ritmo, ni siquiera un ritmo vacacional. Vamos tratando de fluir con los tiempos del aquí, de construir una pequeña vida en el espacio estricto del ahora. ¡Pero no es fácil! Nos comen la impaciencia y la curiosidad, a ratos incluso se asoman la ansiedad y la duda ¿y si...y si....? Aunque dentro de nosotros vive un lago de paz y de confianza al que siempre volvemos a sentarnos y pronunciar "todo irá bien, sea lo que sea que suceda sabremos construir algo bueno con ello, con la ayuda del mundo espiritual". Es un buen ejercicio la incertidumbre, el no saber, para anclarse a la fe, mantenerse atento.

La Biblioteca
Muchas cosas nos han hecho sentir en casa desde que llegamos: la avalancha de amigos con los que nos hemos reencontrado, los sabores y olores de la comida (¡qué alegría volver a toparme con mis viejos y queridos ingredientes en las estanterías de un supermercado conocido!), la posibilidad de usar un horno ¡amo los hornos! (imposible antes por el tremendo calor), los conocidos acentos y adornitos del lenguaje, poder compartir los rezos y los cantos que tanto amamos con personas que tanto amamos.

Pero el momento definitivo de decir "estamos en casa" fue la biblioteca. Una hermosa, enorme, luminosa, amorosa biblioteca, con sección de niños y de bebés, con libros nuevos y sorprendentes y otros viejos conocidos, con bibliotecarias simpáticas y muchos usuarios.

Su olor a papel, a tinta, su silencio acogedor...nada más entrar las tres corrimos a los estantes, nos sentamos en el mismo suelo, y nos pusimos a explorar. ¡Hay tantas cosas maravillosas, tantas posibilidades para alimentar el alma con diferentes sabores, colores, sensaciones; tantas historias por contar, personajes por conocer o reencontrar!

Después de vivir tres años sin biblioteca, tener una a la mano a dónde poder ir a descansar nuestros corazones y nutrir nuestros sueños es, simplemente, un regalo del Cielo.

Ya decía Michellle Petit que la lectura nos permite a construir nuestro espacio interior, nos lleva como una linterna en la oscuridad a reconocernos, a ver lo que hay dentro de nosotros y a colocarlo donde mejor esté, a recorrer nuestras experiencias, a atesorar nuestras memorias, a descubrir nuestros anhelos. La biblioteca es el templo de ese encuentro la propia alma que se puede dar en la lectura.

Los Caballos
Otro ingrediente especial de nuestro verano español han sido las clases de montar a caballo a las que van las niñas cada fin de semana. De por sí el mero hecho de montar a caballo es algo especial. En alguna visita de un maravilloso médico antroposófico a la escuelita, nos explicaba lo importante que podía ser para un niño montar a caballo, todo lo que puede llegar a procesar, transformar, aprender en el proceso de cuidar de un caballo y montarlo. Con esta actividad los niños logran integrar su sensorialidad, logran liberar estrés si es que lo tienen, aprenden a dominarse a sí mismos (a su ego, diríamos espiritualmente hablando) al tiempo que aprenden a entenderse con el animal. Desarrolla en equilibrio, hacen ejercicio, respiran aire limpio del campo.

Además, en nuestro caso, los caballos tienen un aliciente extra que es la maestra, una amiga nuestra muy entrañable y querida con la que además pueden compartir este amor por los caballos y pasar un tiempo juntas cada fin de semana. Otro regalazo.

El Otoño y el trabajo
Por aquí ya empieza a pardear el otoño, ya va lloviendo, ya va soplando el viento del norte con más fuerza. El primero de septiembre las cosas empezaron a volver a la normalidad. Y nosotros cumplimos cuarenta días de haber aterrizado. Insha'Allah durante los próximos días ya podamos saber dónde vamos a establecernos y en qué nos va a tocar trabajar.

En este curioso ejercicio de rehacer el currículum en busca de espacios para colaborar o trabajar he encontrado que eso de cocinar es más importante para mí de lo que yo pensaba, tanto así que merece al menos una mención en mi hoja de vida.

Y otro hallazgo: ¡ya sé lo que soy! Tantas vueltas durante tantos años al rededor de las palabras, la cultura, lo social, la estética, la religión, la educación, me habían despistado, pero creo que finalmente tengo un nombre para mi tarea: soy Profesional de la Lectura ¿verdad que se oye bonito? A ver cuánto me dura.

¡Un abrazo general!

Friday, February 22, 2013

Vuelo nocturno

Esta mañana al verter el huevo en la sartén se ha formado una gacela saltando, o un jaguar al acecho, me pareció. Halima dice que es más bien una gacela que quiere saltar mirando hacia atrás.

Me parece que poco a poco voy reconociendo la geografía de mi corazón. Soñé que estaba en la casa de mis tíos de Puerta del Sol en una boda, pero la casa con toda su gente estaba en Barcelona, donde mi prima Beatriz. La tía Yvonne había venido a visitarnos. Cuando por fin estábamos todo listos nos íbamos a la boda que tenía lugar en una mezquita de Chipre. Aquello estaba lleno de mujeres con lujosas túnicas, todas se agolpaban alrededor de una vestida de verde profundo con bordados en oro, y decían que era la hija de Mawlana. Mi cuñada Amal, mi suegra y yo obervábamos desde un rincón.

Cuando terminaba la boda me acordaba que tenía que ir a la clínica del IMSS a preguntar a la doctora algo que se me había olvidado. La clínica estaba en Avenida Colón bajo los pilares del metro, pero al entrar me daba cuenta que me encontraba en el hospital de Benghazi. Lograba explicar a la enfermera en mi árabe mínimo que no tenía cita pero que sólo necesitaba aclarar una cuestión. ando por fin llegaba al consultorio la doctora no estaba ahí, así que decidí bajar a esperar a la plaza conquistadores (¿se llama así esa placita de Playa del Carmen donde vuelan los de Papantla?) a sentarme en una banca.

Tan pronto me sentaba con todo mi cansancio aparecía Chayo con la olla del cuscús de Mabruka, que dada la vuelta nos servía para ponernos a cantar aquel paseo vallenato que dice: una sola mirada nos bastó el primer día para saber que seríamos amantes...Y llegaban más amigos dispuestos a seguir la parranda. Entonces recordaba que Chayo es médico y que a ella también le podía preguntar.

Creo que después cogí mi coche y me fui a dormir a casa, o quizá me quedé otro rato de fiesta en la plaza del hospital.

Por la mañana le conté el sueño a Halima y le enseñé a bailar vallenato en nuestra cocina de la sierra de Madrid. "Y nos dimos con fuerzas un beso, que por siempre uniría nuestras almas" sigue sonando en mi cabeza y revoloteando en mi corazón. Ciertamente mi alma está unida a muchas otras almas en muchos puntos del planeta. El paisaje de mi corazón está lleno de grandes amores que profeso a personas maravillosas que se me han cruzado en diferentes caminos. Y cada uno de esos amores brilla con destellos dorados, como una llamita cálida, o como un incendio en mi interior.

Tuesday, February 19, 2013

Nuestros refugio invernal





Amo la nieve, su blancura, su discreción. Amo verla volar hacia la tierra como la promesa de un abrazo, amo su tacto helado y limpio. La nieve borda todo de quietud, de calma, parece una amable anfitriona que dispusiera un colchón para los sonidos. Sin embargo cruje bajo los pies, adorna las pisadas con ese brillito en los oídos y como la arena se deja dibujar, amontonar, modelar. Amo la nieve.

Aqui estamos




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Monday, February 11, 2013

Finally Spain

Mis últimos días en Benghazi los pase casi enteros en cama. Ahora, ya en España, escribo desde un iPad prestado que me corrige automáticamente la ortografía porque que no tengo idea de donde están los acentos. Tampoco puedo escribir en inglés, como quisiera, para que pudieran leerme mis hermanas libias, pero ya pondremos internet en nuestra computita y vendrá la revancha.

Seis días con Fátima enferma y la mudanza acabaron conmigo. Mientras yo me acurrucaba bajo mis mantas, escuchaba el trasiego del Habibi bajando las últimas cosas de guardar al armario gigante de mi suegra, limpiando, lidiando con las niñas...me levanté para lo esencial, pude irme a despedir de mi querida J y logre estar en pie y aguantar las doce horas de viaje Benghazi-Túnez-Madrid-Cercedilla.

Ahora me siento agotada, pero infinitamente más segura que en Libia. No porque tema ninguna contingencia bélica, honestamente siento grandes esperanzas de que toda la fuerza y emociones que están generando estos dos años de revolución se conviertan en potencia para acelerar los cambios necesarios, en ilusión y energía que alimente un nuevo movimiento de cariño entre las personas y de ganas de poner las cosas en el sitio en el que deben estar. Mi sensación de seguridad obedece a algo mucho más sencillo. En este país puedo resolver por mi misma casi cualquier asunto, emergencia, trámite o antojo. El tráfico no nos come, la basura no nos acongoja, se lo que voy a encontrar en cada supermercado y en cada tienda. España y yo somos viejas amigas y nos entendemos bien.

Hay muchas cosas, sin embargo, que extraño de Libya. A mis hermanas, las Ben Hmeid y la malaya, primero que nada, a mi suegra, a mis sobrinos...extraño el athan volando por el cielo, el mar, la música de la lengua árabe, las visitas inesperadas, la comida, el edificio familiar, los dátiles. Extraño mis postres porque aquí todavía no tengo horno.

Estoy disfrutando mucho, eso si, la suavidad de España, mi tierra adoptiva. Nos ha recibido la nieve, además del calor de nuestra familia espiritual y nuestros amigos y amigas del alma. Estamos disfrutando con muchos sabores que añorábamos, con toda la calidez de la gente que nos rodea, nos mima, nos protege, y también estamos disfrutando como enanas de la nieve. Anoche nuevo sin parar y esta mañana no pudimos ni sacar el coche, así que me fui a dar un paseo con mis hijas, intentamos hacer un muñeco de nieve, se tiraron al suelo ha hacer ángeles.

Al final, como era de esperarse, el Habibi ha caído enfermo. Yo intento que el agotamiento no me traicione, me suele transformar en mama monstruo, y aprovechar este retiro invernal para inventar momentos entrañables con mis niñas: ver revistas, contar cuentos, cantar, jugar, pintar, sentarnos frente a la chimenea. No se sí haber perdido la espontaneidad y la creatividad necesarias para pasar ratos felices con mis hijas, últimamente me siento tan cansada, tan estresada, que huyo de ellas más que acercarme para darle el apoyo que estas transiciones merecen. Me gustaría que sintieran que, pase lo que pasen, tienen a su mamita, pero si no soy dueña de mi misma ¿cómo?

El proceso digestivo esta intenso, porque Libia es toda intensa. Hemos vivido momentos preciosos y otros dignos de dejar atrás. Y aunque la experiencia ha sido en suma un regalazo que la Vida nos dio y el balance claramente positivo, quedan muchas cosas por colocar para poder sacarles el máximo provecho ya las vivimos.

Gracias a Dios estamos juntos y estamos bien. Ahora nos quedan por delante unas semanas de reencuentros, de trámites, de abrazos, de comida rica, de ajustes, y también de mucha añoranza. Libia se ha quedado bien metida en nuestro corazón, y rezamos porque las cosas allí vayan fluyendo hacia el Bien, hacia la Vida, hacia la Alegría. Que Dios proteja a nuestra familia Libia y permita en que en todo el norte de África se instaure de una buena vez La Paz.

Y siento la escritura rara, no se cómo corregir este texto ipadico.  Y las fotos de la blancura invernal se las debo pala próx.