Monday, November 27, 2017

Crónicas de Invernalia

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Hennos aquí, como Sansa Starck volvimos a Invernalia, después de un largo periplo y con no pocas resistencias. Claro que no queríamos volver al frío y a la dureza de este lugar de la Mancha, después de haber hecho el nido en Altojardín, frondoso y verde, cálido y risueño. Claro que no queríamos volver, a recoger los errores del pasado y transformarlos en aprendizajes rutilantes. Claro que no queríamos dejar amigos y amigas de los cuatro reinos: mineral (rocas que fueron nuestro suelo), vegetal (¡ay mi Robinia! ¿cómo estarán tus ramas a estas horas, de dónde te estará dando el sol, habrán salido a bailar ya tus hojas por los laberintos de Almodóvar?, animal (ovejas y golondrinas), y grandes afectos humanos de cucos y cucas con bellas sonrisas y ojos como luceros.

No queríamos volver al dibujo en carboncillo, pero ¿qué nos encontramos? ¡Luz, señoras y señores! ¡Acuarela! Mucha luz de colores fluyendo sin parar. Un espacio amplio, limpio, lleno de aire. Un jardín con muros que lo conectan con muchos otros jardines. Campos de girasoles, valles escondidos, monasterios encumbrados, alfombras de lavanda, charcas y patos, encinas maravillosas y un rinconcito para nosotros que con los meses se ha ido llenando de regalos.

Los encuentros también han sido preciosos. Da calorcito al corazón reencontrarse con viejas caras y viejos brazos que se llenan de sonrisa y cariño al rodearnos. Y da mucho gusto también descubrir caras nuevas, venidas de todos los rincones del mundo. Aquí no somos una familia muy rara, sólo somos una familia más, aunque hayamos venido de otros continentes y hablemos otros idiomas y comamos cosas muy extrañas, y recemos como rezamos y hayamos saltado de nido en nido durante años.

Queridos lectores, hemos vuelto a casa. El verano nos regaló paseos en bicicleta, chapuzones, nuevos amigos, ratos largos con nuestra familia de corazón. Y sí, la amenaza del invierno, que aquí en Invernalia siempre está llegando, aunque este año venga con retraso.

El otoño ha ido penetrando en los días con mucho sigilo. Las hojas no han querido mudar su vestido ni emprender el viaje hasta hace muy poquitas semanas. Pero ahora ya hay montañas de leones dorados sobre la acera, que rujen su furia cuando los tocan nuestros pies. En el ascenso a nuestra meseta los árboles se han transformado en oro, como si Midas los hubiese acariciado. Sus hojas doradas le cantan a otro árbol dorado que baila dentro de mí. El viento sopla frío y sano. El cielo extiende sus azules brazos, algunos rebaños de ovejas vaporosas se pasean por ahí.

Y hoy, finalmente ¡las hadas del hielo han llegado! Han dejado sus velos de cristal sobre las hojas, han teñido con su danza el césped del jardín. ¡Todo brilla con el sol recién levantado! Así que "el invierno se acerca", pero aquí en Invernalia, esa es una buena noticia. Mantenemos encendida la caldera de casa, y en el corazón hay mucha brasa para acompañar la magia de este invierno que va a llegar.