
El tiempo se detuvo en octubre
Los octubres son para mí brechas en el tiempo desde que murió mi madre. Y éste además era especial. Mi madre murió en octubre con 40 y yo llegué a los 40 en septiembre. Era un octubre de esos en los que el tiempo y el espacio se curvan de manera extraña y abren puentes. Ya sabía que a los 40 tendría que sucederme algo importante, una especie de iniciación o "reinicio" que me diera una nueva perspectiva de la vida, que me permitiera reconocer el peldaño en que me encontraba para comenzar a actuar desde allí con consciencia. Pero nunca imaginé lo que iba a suceder.
La Vida me trajo un regalo tal, que me sentí el ser humano más feliz sobre la tierra. Comprendí lo que pudo haber sentido María cuando el ángel le anunció que de su vientre vendría tanta luz a la vida. Mi felicidad era absoluta, tan absoluta que ninguna sombra la podía empañar. Me sentí repleta de amor, fuerte, poderosa, me sentí tocada por el dedo de Dios, llevada por alas de ángeles. Y después, de manera igualmente inesperada, aquél regalo desapareció. Y no desapareció de manera fácil. Tenía que irse, eso estaba claro, pero algo en mí se aferró de tal manera que las cosas se complicaron. Y desde el cielo de mi felicidad absoluta me precipité al abismo. Creo que nunca me había sentido más sola, más triste, más desamparada. Quién me manda ser tan intensa, a la gente le pasan cosas todos los días y yo no veo ángeles cayendo del cielo ni demonios transmutándose en seres de nácar a mi alrededor.
Durante los cuatro meses que duró aquélla experiencia efectivamente recordé todo lo importante que he aprendido a lo largo de mi vida. Y no solo lo recordé sino que tuve que ponerlo en práctica para seguir adelante. Una buena lección. Hubo en ese proceso encuentros que han cambiado mi vida y algo de esos encuentros es lo que creo que vale la pena compartir, lo demás es puro reborujo de emociones y ¿para qué contaminar?
El encuentro con mi voz
Hace cuatro años empecé a trabajar con la voz. Ser maestra de primaria Waldorf me obligó a reconocer mi voz como un instrumento de trabajo, no sólo en la escuela, sino en la esfera del mundo y en la esfera de mi interioridad. Tuve la suerte de encontrar a una maravillosa bruja que desde entonces me acompaña, porque no es una simple profesora de canto, sino un ser humano con la capacidad de reconocer aquello que la voz expresa, las raíces en las que la voz se asienta y sus ramas más altas, la dulzura de sus frutos. Por lo tanto, puede dar pautas para cultivar la voz, que se convierten en pautas para cultivarse a sí mismo.
En este momento de crisis profunda, llegué a un punto en el que no veía ninguna salida. Ya había escrito, rezado, meditado, visualizado, bailado, llorado. Tenía que poner en marcha uno de mis órganos, hablo de una cuestión puramente fisiológica, y no había manera. Se me ocurrió entonces sentarme en silencio y preguntarle qué necesitaba y cómo le podía ayudar. Estaba tan triste que se encontraba paralizado. Recordé que el cuerpo físico funciona como funcionan los niños y me pareció que cuando un niño se siente muy triste necesita que lo arrullen un poco. Así que cerré las ventanas de mi casa, y comencé a cantar una nana.
Aquella canción de cuna no tenía letra, era pura eMe, puro sonido mmmmmm, puro murmullo. Luego se fue transformando como si tuviera vida propia. Fue llanto, y luego respiración y luego vinieron otros sonidos: gruñidos, rugidos, As muy abiertas. El volumen subía o bajaba, la voz iba remontando hasta esferas muy altas y luego bajaba de nuevo hasta lo más profundo. No se desarticulaba, era un canto, aunque un canto desconocido. Cuando terminó, mi querido órgano atascado se puso a trabajar.
¡Vibración! La voz es vibración y la vibración de mi voz había sido capaz de movilizar físicamente algo en mí, de iniciar un proceso de salud que ninguna otra cosa había podido iniciar. Ahí está la musicoterapia, los kirtans, el diker, una cantidad de prácticas terapéuticas y espirituales que nos informan que el sonido transforma, pero yo nunca había vivido en mi carne el milagro de que un sonido nacido dentro de mí tuviese un efecto tan claro sobre el mundo físico. ¡SubhanAllah! Tenemos la llave en la mano y no recordamos cómo se usa.
Tengo claro que parte del trabajo que hay que hacer ahora, para mantenernos sanos y para sanar nuestra vida (también la vida amplia de allí afuera) es necesario cantar. Cantar belleza, cantar amor, cantar consuelo, cantar luz, cantar lo que sea que traigamos dentro. Darle a nuestro cuerpo la oportunidad de resonar, de ser catedral, caja de música, de aportar su sonido único a ese gran canto que es la Vida.
El encuentro con la Madre
Yo me quedé huérfana de madre a lo 16, pero creo que mi sensación de orfandad viene de mucho antes, a lo mejor incluso de antes de esta vida. La cuestión es que esa sensación de desamparo (infundado, claro está, porque si algo he tenido en esta vida ha sido protección y cuidados) fue creciendo a lo largo de mi vida.
Esto de ser extranjera, de casarse con alguien aún más extranjero, de no tener una familia de sangre cerca me ha dado una sed inagotable de ternura y de familia. Por eso voy siempre buscando la tribu y gracias a Dios siempre la encuentro. Después de tantos años fuera de casa ya tengo una constelación de hermanos y hermanas, padres y madres, padrinos y madrinas que nos hemos elegido y aceptado y abrazado mutuamente.
Y aún así, el gusano del desamparo me seguía carcomiendo, como si fuera la propia Vida la que me hubiese abandonado. Bueno, pues, hubo en estos días de pruebas una noche muy oscura. Sabía que finalmente tendría que ir al hospital a terminar de curar mi cuerpo físico y la idea no me gustaba nada. Yo siempre pienso que me voy a morir (cuando viajo, cuando me separo de mis hijas, cuando me voy a dormir), pero desde luego ir al hospital le daba MUCHA fuerza a ese miedo. Llamé a una de mis hadas madrinas en busca de ayuda y lo que me dijo (como el encuentro con mi voz) le dio la vuelta a mi consciencia, puso una nueva mirada dentro de mis ojos.
No recuerdo con exactitud sus palabras, sé que fue algo sumamente sencillo porque ella siempre habla con palabras sencillas. En resumen me dijo que no estaba sola, que estaba acompañada y protegida, que sólo tenía que mantenerme atenta para notarlo en todo momento. Y estas palabras que pueden parecer trilladas, me hicieron abrir los ojos. De pronto comencé a sentir la vida como Amor de Madre (al-Hanan, dicen los sufis), un amor tan presente y claro que sólo le faltaba cuerpo físico. Ella se situó junto a mí, me envolvió con su abrazo y no me soltó ni un instante en aquellas horas. Mis miedos tomaron forma física, pero logré mantenerme atenta. Fue como atravesar un túnel negro envuelta en las alas de un ángel. Me daba cuenta de que las cosas no estaban yendo bien exteriormente, pero al mismo tiempo, dentro de mí sentía una gran paz y una gran confianza, la Madre me llevaba de la mano y no me iba a soltar, pasara lo que pasara.
Cuando fui consciente de eso se disolvió el miedo de irme de este mundo y dejar a mis hijas sin madre. Si yo tengo esta maravillosa Madre que SIEMPRE me acompaña y me cuida (que siempre ha estado allí aunque yo no me diera cuenta), mis hijas también la tienen. Más que eso, yo no soy su madre, ninguna somos madres, la única Madre es la Vida (esa fuerza de amor, protección, ternura, pujante vida que las distintas tradiciones espirituales llaman de distintas formas). Yo, únicamente, hago de oficiante. Yo soy sacerdotiza de la Madre, yo estoy aquí en mi rol de mamá y de maestra, solamente como canal, como mero cable, para transmitir la vida y para arropar a estos seres con las cualidades de la vida.
¡Qué revelación! Si yo desaparezco de este plano, la Madre seguirá comunicándoles su amor y su protección por medio de una, o de muchas, sacerdotizas distintas, como lo ha hecho conmigo. Y si yo tengo que emprender mi camino, Ella estará conmigo. Saber esto es tremendamente liberador. Eso no significa que lo tenga presente siempre, estoy tan acostumbrada a mis vicios del pensar y del sentir que tengo que hacer un esfuerzo de voluntad por recordarlo constantemente, pero ya tengo la llave. Cuando me veo caer de nuevo en el papel de huerfanita, hay una sonrisa dentro de mí que me dice: "no chata, no era por ahí". Y me regreso.
Luego, como ya se imaginarán, todo fue bien. El cuerpo se quedó un poco molido, o simplemente necesitaba más tiempo del que yo quería para terminar de integrar todo lo vivido, pero por fin puedo renacer con esta primavera. Bendito sea Dios que nos da experiencias para aprender lo que necesitamos.
La tribu perdida
Uno de mis sueños recurrentes es encontrarme en una fiesta, en casa de alguien de la familia, en la que están todos mis seres queridos: mi familia mexicana, el clan de la Gente Pájaro, las amigas de Azuqueca, la tribu sufi, los libios, la banda Waldorf, etc. Últimamente se han incorporado los almodovarenses, que para colmo llevan sobrenombre de ave: cucos.
Los últimos meses sueño que estamos en la casa Ayaguara, será porque es cruce de caminos. Algunas veces estamos sentados en un porche por el que entra un colibrí de luz. Otras veces estamos celebrando bodas o cumpleaños. Hace dos o tres noches un querido amigo me decía: ahora llevo el pelo corto, pero antes lo llevaba largo y en la melena traía enredada tu imagen, desde antes de venir a la vida. Por eso, cuando llegué tenía tantas ganas de verte.
¡Cuándo cariño desparramado por el mundo! ¡Cómo me gustaría poder encontrarme con las personas que amo, como en mis sueños, y acariciarlas, ahogarlas a abrazos, bailar con ellas, reírnos bebiendo cosas! La vida les da mares para llorar, montañas escarpadas y yo quisiera estar ahí para secar sus lágrimas o para llorar con ellos, para acompañarlos en la escalada, pero sólo tengo palabras. Son como constelaciones, estrellas errantes que reaparecen en mis cielos nocturnos y me regalan su brillo.
Esta primavera vuelvo a nacer. Tenía la esperanza de que el 2017 trajera pura facilidad y lo que parece es que el trabajo de alquimista no conoce descanso. Transformar la piedra en oro es un trabajo constante y arduo, aunque ciertamente bello.
Un gran abrazo a la tribu errante, mi tribu hecha de tribus, tan diversa y hermosa. Gracias a tod@s.