
Hay un mar que no está lejos de nosotros. Es invisible, pero no está oculto. Está prohibido hablar de él, pero, al mismo tiempo, es un pecado y un indicio de ingratitud no hacerlo. Mawlana Rumi
Hace dos noches tuvimos una maravillosa reunión de mujeres. Velitas, música, cenita, ¡magia! Una maravillosa ocasión para la "sincronicidad". Era la ocasión perfecta para compartir una "llave" que estamos aprendiendo a utilizar algunas de nosotras. Esa llave se llama "el anclaje" y no es más que el principio (como toda llave) de muchas cosas que se abren a continuación.
Es muy difícil enseñar a otros algo que aún no se domina, pero sentimos que es necesario compartir esta llave con todo el mundo, así que me pregunto si el oficio de las palabras puede servirme para compartir con quienes siguen este blog lo poquito que he aprendido sobre esta materia, y lo mucho que he sentido ya.
El primer trabajo es cambiar el pensar por el sentir. Ponte cómod@, respira, cierra los ojos. Si la cabeza te da mucha lata echa mano de algún mantra que te guste, cualquier palabra o afirmación bella puede servir, casi cualquier verso auténtico. A mí me gustan mucho la ilaha illa Allah, o BismiLah ar Rahmn ir Rahim, o AlhamduliLah wa ShukrliLah.
Ahora hay que buscar dentro del pecho el mejor sentimiento que puedas encontrar. Marian lo llama "la nobleza": la sencillez. Para mí eso es muy abstracto. Hay que convocarlo: la ternura que siento cuando miro a mis hijas, el amor absoluto que me llena cuando recuerdo a mi maestro, la alegría honda que me da la sonrisa de mis amigas, el agradecimiento de estar viva. Mi amiga Leticia dice: "siente lo buena persona que eres". Es como encontrar un rincón de paz ahí mismo, a la altura de la tercera costilla. Justo destrás del esternón está el septum, el lugar de donde brota la luz, la casa del amor.
Una vez que logres asir ese sentimiento (o sensación) sólo tienes que abrir el grifo, y dejar que el manantial empape en todas direcciones formando una esfera. Es cálido, es húmedo y va empapando tu cuerpo capa a capa, crece hasta llenarte y te quedas en el centro de esa bola que llega más allá de la cabeza, los pies y los brazos abiertos. Si se entromete alguna imagen, idea, sensación que te distraiga solamente empápala con ese mismo sentimiento y siente cómo se disuelve. Coge tu corazón con las dos manos como si fuera un pajarillo, cubriéndolo con cuidado. Ahora abre las manos y siento cómo se expande. Cuando estamos ahí nada puede pasarnos, estamos conectados con nuestro verdadero ser y protegidos por el Amor.
Suena quizá como un ejercicio trivial, pero una vez que logras entrar cada vez que quieres en ese espacio de luz hay muchas cosas que puedes hacer con él: observar, percibir, comprender, sanar, limpiar, transformar, ayudar...
Yo estoy en pañales, pero tratar de estar "anclada" el mayor tiempo posible ya es un regalo maravilloso. Porque cuando estoy ahí no hablo de más, no me llevan los demonios porque Hali no se ponga las botas, no me tortura el silencio de Mahmud, siento todo lo bello que me rodea y puedo empapar aquello que no corresponde con el amor: el miedo, la rabia, la desazón. "Convierto el veneno en medicina". Como menos pero estoy más satisfecha. Duermo menos, pero tengo más energía. Noto el amor de los demás.
Es algo que todos tenemos dentro, que todos hemos sentido (porque todos tenemos amor en nuestras vidas) pero empieza a ser necesario hacerlo de manera consciente. Es hora de "ejercer" el amor.
Cuando encuentres ese sentimiento y puedas acceder a ese rincón de paz, a ese fuente de energía (cada un@ lo siente de un modo distinto) trata de observar, sin ponerle nombre a las cosas. Si es muy difícil da un paso atrás, retírate un poco y trata de imitar la mirada de un bebé.
Dejémoslo aquí por ahora. Y por favor, si a alguien le late intentarlo, ¡cuénteme lo que sintió! Insha'Allah, cuando la luz se enciende en un sitio, todo se ilumina a su alrededor.

