Monday, May 31, 2010

Mamás poderosas parte II: el diker
















El miércoles depués del Festivalito, celebramos un pequeño diker de mujeres en casa. Desde hacía tiempo quiería compartir la experiencia con mis amigas del Azuquekistán. Sencillamente porque para mí es de las cosas más maravillosas que he experimentado, y así como les vivo pasando recetas de muffins y galletas, también quería que probaran lo que es para mí la máxima dulzura, la dulzura del diker.


Coincidió que está por España Súper Khairía, una antigua discípula de Mawlana Sheik Nazim. Khairía, además de vivir desde hace muchos años en Chipre, muy cerquita de Mawlana, tiene la virtud de hacer unos dikers PRECIOSOS. Es una virtuosa de la guitarra, canta como los mismos ángeles y le sale del pecho un amor potente y contagioso.

La primera vez que estuve en Chipre llegamos justamente a la hora del amanecer. Nos instalamos en la mezquita de la Guest House para no andar revolviendo entre la oscuridad. Khairía ya guiaba la oración, y parecía que los mismos ángeles habían bajado del cielo a rezar el fayer entre nosotras.
Para quien no lo sepa, el diker es una de las prácticas sufis más conocidas. Consiste en la repetición de los atributos o nombres divino (la Luz, el Amor, la Paz, la Belleza, aunque en árabe, por supuesto), precedidos de algunas formulitas, oraciones, súplicas, bendiciones. Diker significa recuerdo, y se trata de recordar lo Divino, de recordad el estado de Unidad del que todos emergimos y de recuperar nuestro vínculo con eso: con lo eterno, con lo verdadero, con nuestra propia alma, y regresar aunque sea por unos instantes a ese sitio en el que todos estamos juntos y en paz.

El sabor de cada diker depende de muchas cosas, el estado personal de cada uno, la combinación de presencias, el lugar donde se celebra, la persona que lo guía. Mi experiencia del diker naqshbandi es que siempre resulta potente, aunque no te sepas las palabras, aunque no conozcas el significado literal ni profundo de los cantos, es una melodía que te llega, que te traspasa, que te abre, te limpia, te alivia, te aligera, te deja azúcar en los labios y alegría en el corazón.

Así que el miércoles sucedió algo que es siempre un sueño para mí: juntar a todas las personas que amo. Y ese día tenía en casa a muchas de las personas a quienes más cariño les tengo: mis amigas sufis (unas poquitas en representación de muchas más), y mis amigas mamás de Azuqueca. ¡Delicioso! Para mí fue un verdadero regalo. Y creo que para todas. Todavía estoy dando gracias por haber vivido ese momento tan bonito y pidiendo para que se repita.
Podría decir más cosas pero como tengo que irme corriendo por Hali prefiero poner algunas fotos.

Friday, May 28, 2010

Mamás poderosas parte I
















Todavía tengo cosas maravillosas qué contar del viaje a Chipre, como la experiencia de ver a Mawlana o el reencuentro con la familia de Libya. Pero ahora mismo lo que me salta es contarles los eventos de los últimos días: El festival de Lactavida en Azuqueca y el diker de mujeres que hicimos en casa.

Yo soy grande, pero juntas TODAS somos más grandes

Eso es lo que aprendí con el invento del festival. No sé muy bien cómo surgió, si fue idea de Mercedes Serrano (nuestra matrona estrella) o de alguna de las chicas del grupo de los miércoles. Cuadrar la fecha fue una historia y configurar lo que queríamos hacer también. Lo logramos entre reclamos de los niños, merendolas de pie o en bancos del parque, pañuelos con mocos y bebés a la teta (así es nuestra vida). También a lo largo de cadenas de mails y contramails. Al final definimos (o definieron, tampoco lo sé muy bien) tres talleres, una vendimia de galletas y horchata y el rincón mágico de los cuentos que, por supuesto, me tocaba a mí.

Antes de irme a Chipre cumplí, según yo, con mi tarea: marcar la línea para el cartel que debia, también según yo, estar repartido, pegado, entregado, publicado para el 12 de mayo, 10 días antes del festival. Cuando llegué, oh susto mundial, ¡no había cartel! Y lo peor, tampoco estábamos ni en la revista ni en el programa de fiestas de Azuqueca.

No les contaré el resto de los vericuetos en los que nos metimos y de los que salimos airosas. Sólo les diré que cada una tuvo un trabajo ARDUO que hacer, no nada más "pa' fuera", sino más bien "pa' adentro". Creo que todas nos enfrentamos con situaciones que nos hicieron agarrarnos los ovarios (la fuerza creadora) y sacar adelante el proyecto común. De ahí salió el Festival.

La idea era dar a conocer la asociación ahora que tenemos un grupo de trabajo in situ. ¿Y qué hace nuestra asociación? Pues el cartel oficial dice que es un grupo de apoyo a la lactancia, pero yo diría que es un grupo de familias (más mamás que papás, también hay que decirlo) que buscamos un modo de crianza más feliz, más natural, más amoroso que el que marca la sociedad occidental actual. En eso justamente entronca con mi otro rollo: el tema sufi. Mawlana dice, por ejemplo: eviten las ecografías en el embarazo, y da una explicación totalmente en la línea de lo espiritual. Luego escucho a Mercedes decir lo mismo con una explicación en la línea de lo físico-emocional, consulto un montón de bibliografía recomendada y al final llego a la misma conclusión: lo que ya había dicho Mawlana "endenantes" me cuadra, cuadra con lo que quiero para mí.

Preparativos, sustos y carreras

Pero volvamos al festival. Tres días antes tuvimos la reunión final, en la que descubrimos que no teníamos casi nada: ni respuesta del ayuntamiento, ni presupuesto, ni materiales, infraestructura (electricidad, básicamente). Y lo que sí teníamos eran 500 volantes repatidos por Azuqueca, Villanueva, Alovera y toda la zona. Ya no había vuelta atrás. Ideamos el plan B en caso de que no llegara la ayuda del Ayuntamiento.

A mí me preocupaba otra cosa: nuestro cartel decía niñ@s de 1 a 6 años ¿y que actividad teníamos para los bebés? ¡Ninguna! Ni siquiera en el rincón de los cuentos porque con ese margen tan amplio de edades era más fácil juntar a los de 2 con los de 6 y los cuentos que elegí eran para este rango. Recordé lo frustrante que fue para mí andar con mi bebé buscando actividades felices que nos permitieran coincidir con otros pasando un ratito agradable y no encontrarlas. No me apetecía que se acercara a nuestra fiesta alguna mamá solitaria y le pasara lo mismo.

Lo que se nos ocurrió en ese momento fue poner un rincón de lactancia: unas sillitas con respaldo y cojines de lactancia, unas mantas sorbre el césped, juguetes adecuados para los más pequeñitos. Loquito ¿verdad? Una asociaciación que apoya la lactancia y no habíamos pensado en ningún espacio específico para mamás ni para bebés lactantes. Maldita costumbre de dejarnos a nosotras mismas y nuestras necesidades para el final. Los niños con actividades varias y nosotras NADA. Como de todas maneras podemos dar la teta de pie con los críos colgados, como estamos acostumbradas a llevarlos a cuestas todo el rato...Pero qué bueno fue tener una sillita con respaldo para darle de comer a Fatimona y qué bien poder sentarla a jugar con la tita Saída mientras yo contaba cuentos.

¡Triunfamos!

Todavía no hacemos la "evaluación" todas juntas, pero creo que quedamos muy satisfechas. En cuanto a mí, me dio muchísima satisfacción idear una forma de trabajar poesía para bebés en el rincón de los cuentos, me encantó. Salió hasta mejor que los cuentos de los mayores (en la última sesión Hali se dedicó a sabotear el cuento, grrrr).

Vino mucha gente, se formó un ambiente muy bonito, los talleres estuvieron de lujo, tuvimos colaboradores estrella como una pareja que trajo información sobre cosmética natural y cositas para vender; Cristina la profe de Hali que presentó un teatrillo, Carmen de Lupiana que llegó a última hora con bizcocho casero y una tonelada de nocilla casera (¡quiero la recetaaaaaa!). La gente se veía contenta y relajada. Creo que logramos montar un verdadero espacio para compartir.

Me gustó mucho ver a los papás de nuestros hijos acompañándonos y apoyándonos, y sobretodo me gustó haber trabajado con las chicas y haber logrado juntas algo tan pero tan bonito. Me hubiera gustado ver también al resto de las chicas de la asociación, a las de Cabanillas, Guadalajara, que hubieran compartido con nosotras nuestro primer evento público. Seguro que habrá más ocasiones para invitarlas a nuestro "rancho".

Creo que nos quedamos con la ganancia de habernos acercado más entre nosotras, de ser un poquito más amigas que antes. Y, claro está, con muchos aprendizajes prácticos para futuras ocasiones.






El diker de mujeres lo cuento en el próximo post para ponerles ahora algunas fotitos.

Sunday, May 23, 2010

COMIDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA


La primera vez que fui a Lefke era todavía intolerante a la leche. Y me dio por ahí. Me bebía como un litro de leche cada día. Era llegar de cada oración, abrir la nevera de la Guest House y servirme vasos gigantes de leche con azúcar. No tuve ni un sólo retortijón ni corre-que-te-alcanza.

La comida en Lefke está llena de bendiciones (baraka). Hablo, por supuesto, de la comida que viene de casa de Mawlana. Claro que los kebabs a las brasas y demás gusguerías turcas también están riquísimos (pregúntenle a Hali por los helados de pistacho). Pero la comida del Sheik es otra cosa.

Para empezar viene toda de huertas locales. Llega por cajas al patio central de la casa desde donde se distribuye a la mezquita, a la casa de las mujeres y a la de todos los demás naqshbandis del pueblo. Mawlana provee a todo el mundo. Comemos lo de la estación. Esta vez fueron coliflores, deliciosas, cocinadas de todas las maneras imaginables e inimaginables. A veces resultaba increíble que aquéllo también fuera coliflor por el sabor y consistencia que habían logrado darle. Todo se aprovecha. Para ello hay mil recetas y maneras de hacer.

Luego está la preparación. Antes, cuando vivía Hajja Amina la mujer de Mawlana, ella misma cocinaba para todo el mundo (qué regalazo). Ahora siguen cocinando un puñado de mujeres muy especiales. Hay un montón de pequeñas enseñanzas sufis sobre el momento de cocinar: estar en estado de ablución, recitar (canturrear como hago yo) nombres divinos o pequeñas oraciones melódicas, revolver siempre en contra de las agujas del reloj, usa la mano derecha. Quizá por eso el tiempo se detiene mientras saboreas una sopa en el patio de Mawlana o sentada en un sofá de la Guest House.

Y finalmente viene la forma de comer: siempre con agradecimiento ( y eso quiere decir comerlo TODO sin remilgos lo cual pone de nervios a unos cuantos), despacio, poniendo atención a la comida, haciéndole honor. Siempre se reza al comenzar y al terminar, y se toman unos granitos de sal en recuerdo del Profeta (la paz sea con él), que enseñaba que ese simple gesto nos protege de 70 enfermedades. Yo le creo.

Mawlana dice que comer nos quita muchísima energía (y cualquiera que ayune puede comprobarlo), por eso en Lekfe se come dos veces al día: un gran, GRAN desayuno a media mañana y una buena, BUENÍSIMA cena después de la oración del crepúsculo. Se empieza siempre por sopa en la que se echa el pan duro, y luego siguen guisos de verduras, a veces con un poquito de carne para saborear; pasta, arroz, bulgur u otro cereal, ensalada (una vez comí una que era puro cilantro fresco con limón, sal y aceitito ¡SUCULENTA!) y si hay suerte una probadita de postre.

Por lo general el desyuno se hace en la Guest House y la cena en casa del Sheik. Se montan tantas mesas como haga falta bajo los soportales del patio y ahí se acodan turcas y alemanas, americanas, europeas, asiáticas, africanas a presenciar el milagro de los panes y los peces una noche tras otra. ¡Subhan'Allah! Yo me sé el secreto: antes de servir cada cucharón hay que decir BismiLah a Rahman i Rahim. Magia: la sopa que habías hecho para 15 alcanza para 25 y a lo mejor hasta sobra.

Halima se comió toda la sopa que en casa no quiere ni ver. Y yo ni les cuento. Cuando estoy ahí me entra una voracidad impresionante. Sólo comparable a la de los primeros meses de embarazo. Puedo comer y comer y COMER. No me canso. Es como si mi cuerpo (y mi alma) quiseran aprovechar todas las bendiciones de la comida, todo el alimento físico y espiritual que tiene.

De este viaje volví con unos cuantos rollitos de más. Y es porque ADEMÁS de las suculencias del Sheik, tuvimos las suculencias de la abuela, que un día sí y otro también nos preparaba deliciosa comida libia, especiada, picantita. Un día se salía a recoger hojas de parra con Halima y al día siguiente nos las servía rellenas de arroz. Un día volvía de casa de Mawlana con alcachofas y, ya saben, el día de después tremendo guiso (luego les pongo la receta en el blog de cocina).
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Durante los días que estuvimos en Lefke no tuve necesidad de vitaminas, hierro, algas ni ninguna de las mugritas nutricionales que me tomo en casa. Nada más llegar a Azuqueca tuve que atorarle otra vez a las pastillitas porque me caía. La comida de aquí no alimenta. Será que está genéticamente alterada, será que le falta la baraka. Será el sereno pero yo llevo 10 días muriéndome de hambre. Nada tiene el sabor de Lefke.

Este relato continuará...

Monday, May 17, 2010

Lefke, el lugar de mis nostalgias









Por fin, Lefke y la vida lefkiana
Y volvimos de Chipre. Hacía por lo menos dos años que no iba y tenía ya una sed tremenda de encontrarme con ese lugar y esas personas. Sobretodo con Mawlana Sheik Nazim, nuestro maestro.

Lo preparamos todo con mucho cariño y mucha precaución, previendo todas las situaciones posibles, lo que dio lugar a CUATRO maletas y tres mochilas de mano entre regalos, ropa, botiquín, cosas de aseo, etc. Lo divertido es que llegamos nosotros pero nuestras maletas no. JAJAJAJAJAJAJAJA. Gracias a Dios que entre las mochilas había un cambio de ropa para cada una. Al día siguiente nos duchamos, nos pusimos EL cambio de ropa y a lavar el usado, a mano, en el jardín de casa de Naíma y Malika donde nos hospedamos. ¿Angustia? No ¿Frustración? No ¿Pereza? No ¡Liberación!

¿Que no tengo desodorante? Pues limoncito en las axilas. ¿Que con qué nos lavamos el pelo? Con jabón de manos. ¿Que cómo sustituímos el antibichos? Nos untamos con aceitito de oliva de la cocina. ¡Oh felicidad! Denme un barreño y una cuerda de tender con harto sol y jardín de por medio y puedo hacer maravillas. Viva la vida sencilla, viva hacer las cosas con mis pripias manos y mis propias piernas, viva involucrar a mis pitufas en mis actividades esenciales y no estarme quebrando el coco con actividades específicas para niños.

Claro que luego llegaron las maletas y también me dio gusto ponerme mis garritas y aderezarme con mis cosas. Pero se me quedó la sensación de que si quiero una vida más sencilla, más modesta, más sana, más fácil, más real, no me hace falta irme a vivir a un pueblito sin servicio básicos, lo que necesito es empezar por acomodar mi casa y mi forma de vivir a ese estilo, al estilo "lefkiano". Insha'Allah.

Encuentros y hadas cantarinas
Lefke es un sitio de encuentros maravillosos, porque en el fondo, cada uno va a encontrarse consigo mismo, con su ser más profundo (porque Dios permanece como un tesoro oculto en el corazón del hombre, en este caso, de la mujer). Las personas, situaciones, circunstancias que se presentan están ahí para que cada uno pueda hacer ese trabajo.

Llegan y se van todos los días personas de todo el mundo. Esta vez había gente de Sudáfrica, Argentina, Turquía (las turcas son famosas por su contundencia), Alemania, Italia (divinas, tan afines a las españolas pero con su saborcillo particular), Rusia, y una buena panda de españolas, entre ellas Samia y Saída que vieron nacer a Fatimuchis. Nosotros íbamos en familia a encontrarnos también con mi suegra y mi cuñada Amal.

Esta vez, para facilitar la cosas y tener un espacio de intimidad familiar, no nos quedamos en la Guest House (la casa de las mujeres)sino una casita de alquiler con un jardín que parecía el paraíso: una huerta virgen que explorar y disfrutar.

Hace seis años, cuando estuve por primera vez, me impactó especialmente la imagen de una mujer bellísima, alemana, que mientras preparábamos algún desayuno acodadas en una mesa baja cantaba una melodía punzante por su belleza y suavidad (all I ask is be with me, be with me while I still alive, love, love, mmmmmm, mmmmmm). Había estado casada con un pakistaní y había vivido veinte años en Pakistán.

De pronto, mientras tomaba un té con menta del jardín en el patio de casa, la vi aparecer. Era como un sueño. Con sus ojos azules y su sari blanco. Su misma voz, su misma expresión amorosa. Me levanté inmediatamente para saludarla y aunque me parecía ridículo le conté que nos habíamos encontrado allí hacía seis años, que en aquél entonces yo me acababa de casar y que ahora tenía estas dos niñas. ¡Se acordó de mí! Nos abrazamos con mucho gusto y tuvimos ocasión de hablar más veces porque resultó que una de sus hijas se hospedaba en nuestra casa. A partir de ahí estuve todo el tiempo tarareando la cancioncilla y su hija recordó habérsela oído a su madre (no pueden imaginarse la belleza de esa chica mitad pakistaní mitad alemana). Otra noche, tomando juntas una té, le pedimos a la mamá que nos la volviera a cantar. Hacía años que no lo hacía. Pero nos cantó y fue hermosísimo, emocionante hasta las lágrimas ver el camino andando desde entonces y la felicidad que nos ha traído. Masha'Allah.

Entre las ramas ardían las ascuas de las narajas (A. Reyes)
Para mí Lefke es la tierra de mi renacimiento. Y me maravilla lo mucho que llega a parecerse a la tierra de mi nacimiento, a mi Monterrey. El vínculo mágico son las naranjas. Lefke está lleno de naranjos y limones. Yo me acerco a uno y me acerco a todos, el naranjo se me volvió el árbol de la añoranza porque los de Chipre son iguales a los de Nuevo León, y una huerta en Lefke me transporta a otra en Allende o Villa de Santiago.

El Chipre turco tiene montañas resecas, de matorral, aceras inclementes, soleadas hasta su madre, palmeras esporádicas, terrenos baldíos; es áspero. Pero luego tiene esos oasis como los que tiene Nuevo León.

Cuando estoy ahí me siento en casa. No sólo que me sienta cómoda, sino que mi corazón está en paz, está en su sitio. Siento la casa de Mawlana como sentía la casa de mi abuelita eMe: mía, propia, como si tuviera toda mi información kármica, genética, energética grabada en sus ladrillos, entre sus cimientos, colgada de sus vigas. No es mía mía, hay que andar con respeto. Es el lugar de la veneración, de admirar lo que soy y amar lo que soy y ver con amor y esperanza lo que puedo llegar a ser.

A veces me resulta incomprensible esa dualidad: ser de un clan genéticamente y de otro espiritualmente ¿cómo, dónde se junta mi mexicanidad, mis montañas, mi maíz, la voz de mi madre, los brazos de mi padre con la luz y el mar de Chipre, con los pasos de Mawlana, con sus enseñanzas y las de sus maestros, con ese amor y esa luz intensa que sale de su casa? Los maestros de nuestra tariqa se me aparecen en el corazón como abuelos: soy del daghestán, de siria, de irak, de uzbequistán así como soy de monterrey, de méxico, de pachuca, de yucatán, de francia, de españa.

Este post se hace muy largo y Fátima despierta, así que luego sigo con la crónica. A ver si logro ponerles unas fotos.