
Nuestra llegada a Playa del Carmen fue sumamente feliz, con prima querida, adorado padre y adorada mearrastra asesina en el aeropuerto; hotel feliz, patrocinado por el padre y la Gungui, coche feliz, cortesía de los primos, asesoría y acogida feliz y amorosa de prima y familia.
Y la tierra ¡qué puedo decir de la tierra! Selva, arena
blanca, mar color turquesa, gente AMABILÍIIIISIMA, viento, nubes, sol, pura
vida. Todavía me tambaleo entre el acento que fue mío de origen y el que he
utilizado para comunicarme durante diez años en España. La espontaneidad elige
a veces uno y a veces otro, y otras veces mezcla los dos, vosotros saben…
Muy feliz ha sido también el reencuentro con sabores y
olores de antes (¿por qué importarán tanto las papilas???) Tamales, tostadas,
taquitos, tortillas, toneladas de aguacates y frutas tropicales, salsas
exquisitas (ahora mismo me estoy zampando unas tostadas de aguacate con salsita
y un té verde con jazmín, mmmhhhhhhhh).
Lo que sí yo no esperaba era reencontrarme con una personita
que tenía bastante olvidada: la Mariana que se fue hace diez años. Y peor, la
Mariana que he sido en este país desde que nací. No es que yo no me caiga bien,
al contrario, creo que soy de lo mejorcito que hay (jaja) ¡mi trabajo me ha
costado!!!! Es sólo que no estaba preparada para reencontrarme con mi pasado de
manera tan brutal, y sin embargo, era obvio ¿verdad?
Hace dos días en el supermercado me saltan a la yugular unos
huahuzontles (hierbajos en racimo) ¡esos mismos huahuzontles que hacían saltar
de gusto a mi mamá la rara ocasión en que podía encontrarlos en Monterrey!,
aunque después la cajera tardara mil años en cobrárselos porque no sabía lo que
eran. ¡Mi mamáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Mi mamá que ya no está! ¡Mi mamá que
no vino a recibirme! ¡Mi mamá a la que no voy a poder llamar con mi tarifa de
teléfono sea la que sea ni con ninguna aplicación de smartphone, no importa
cuál compre! Mi mamá a la que no voy a poder pedirle su receta de salsita, ni
invitarla a comer tacos de papas fritas a la barra de mi casita nueva, mi mamá
a la que no voy a poder llevarle a sus nietas, a la que no voy a ir a recoger
nunca al aeropuerto, la que no se va a tomer un cafecito con Mahmud, a la que
no voy a poder enseñarle muerta de risa la versión RAAAAAAAAAAAAAAM que inventó
mi hermana el otro día por Skype. BUUUUUUAAAAAAAAAAAAAAA QUIERO A MI
MAMAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
La suerte (consolémonos puésn) es que estos años de magias
me han enseñado a encontrarme con mi mamá en un espacio atemporal (¡ah
verdad!!!!) en que puedo sentir todo, toditito su amor y su presencia entera.
Pero es que, como decía mi terapeuta ¡la quiero con chongo! (¿cómo podría
decirse en castellano??? Cuando no te conformas con lo que tienes por más bueno
que sea…). Otra suerte muy suertísima es que tengo a mi papá, mi mearrastrita y
un montononón de amores (amigos y familiares) a dos horitas de vuelo ¡y a mi
hermana a sólo dos horas de diferencia horaria para platicar y platicar!!!!
De pronto me encuentro aquí, en el mismo lugar (vale, nunca
había vivido en este preciso rincón del país pero qué más da) sólo que con dos
retoños, un marido, un Maestro, un doctorado trunco y obsesiones de más (por
ejemplo, los petroquímicos en la cosmética y los aditivo alimentarios). ¿Y ESTO
CON QUÉ SE COME? Es como si se me fuera la señal, como si me fallara la memoria
reciente y mi aparato respondendor no tuviera
con qué contestar a los estímulos. Las respuestas de hace diez años a
preguntas simples como: ¿qué cenamos?, no aplican, y las de hace diez días,
tampoco.
Todo ese proceso de ajuste por el que pasan las personas
normales (o sea, sedentarias) con sus seres queridos cuando se comprometen, se
casan, tienen hijos, van eligiendo nuevos caminos…pues eso no lo tuve yo, o lo
tuve a distancia…muy edulcorado.
Empiezo a soñar y a extrañar a las personas que formaban
parte de mi vida cuando me fui, y no sólo a las personas sino a las cosas que
hacía y que tenía o creía tener, como una graaan libertad de movimientos,
diversión, ocupaciones interesantes. Era parte de una tribu y esa tribu aquí y
ahora no está ¡y cómo me hace falta!!!!
Por lo demás, nos encontramos de nuevo como hace nueve
meses: en una casa vacía, pero nuestra; sin nuestras pertenencias, pero con la
posibilidad de hacernos con nuevas; extrañando mucho a los amigos y familia
(¡tataaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas)!, pero con mucha ilusión de los que aquí
encontraremos, y con el “colchoncito” de ese pasado, de esa tribu que un
poquito sí que alcanza a abrazarnos.
Ora seí, ya llegamos.
Seguiremos informando.