Madrugada
Eran las 3 de la mañana cuando empecé a notar las primeras contracciones. Bueno, las segundas, porque 10 días antes ya había tenido 7 horas de contracciones que luego se fueron a descansar. ¡Qué emoción! ¡Qué alegría! Me levanté llena de entusiasmo y empecé a andar en círculos por el salón. Entonces me di acordé que un parto puede ser, en mi caso, más un triatlón que los 100 metros planos. Así que me regresé a la cama y dormí plácidamente, aunque vigilando el reloj con un ojo de cuando en cuando para comprobar que seguía con contracciones regulares, hasta las ocho de la mañana.
Amaneció soleado y fresquito. Me senté en el sofá con la espalda bien apoyada y llamé a Mercedes. Con cada contracción abrazaba fuerte fuerte a Fátima con músculos y voluntad, cuando iban de salida me ocupaba de abrir abrir abrir relajando todo mi cuerpo y visualizando cómo se abría el cuello del útero, la puerta del nacimiento, y encargándome de “emapapar” bien de aceite. Con cada movimiento respiraba y repetía BismiLah ar Rahman ir Rahim, la llave del libro, la llave de la creación, el ayat o versículo con que comienzan todas las suras del Corán y el diker que me venía al corazón todo el tiempo durante el embarazo.
Debo decir, que esta vez me estuve preparando a conciencia desde los primeros meses. Además del trabajo de limpieza profunda que quedó plasmado en este blog, y el trabajo que hice en cada sesión con Mercedes, me dediqué a expropiar las madrugadas. Cada noche me levanté, hice dos rakats, conecté con mi Maestro y pedí, pedí, pedí hasta el cansancio un parto feliz, a mi medida, que no me sobrepasara, que me dejara viva, fuerte, alegre para cuidar de mi bebé y disfrutar de mi familia. Cada noche visualicé el parto que quería, en el que todo salía bien y Fátima entraba en el mundo nadando como un pez, con total salud.
Tres horas más tarde llegaron Mercedes y Marian. Samia se había llevado a su pequeño Yunus y Halima al parque, y Saída ya estaba por aquí dispuesta a lo que hiciera falta. Marian es nuestra médica de cabecera, pero una médica de medicina tradicional china y cuidado de la salud desde el corazón, es decir, desde la emoción.
Trabajo de parto
¿Y el dolor? Ah, sí, el dolor. Pues el dolor no estaba. Sí, las contracciones molestaban un poco, sobretodo si me distraía o me levantaba, pero estaba tan concentrada en ayudar a mi cuerpo, en colaborar con mi bebé, que el “dolor” pasaba sin hacerme daño, prácticamente irreconocible ¡Oh gran diferencia! ¡Oh bendición!
Mercedes me revisó y en sólo tres horas llevaba ya la mitad de la dilatación y, agregó, el cuello estaba “blandito blandito”. Claro, el efecto aceitito. La bolsa se rompió y el líquido salió transparente y limpio. Otro triunfo, era la mejor señal de que Fátima iba perfectamente. Me senté en mi pelota de parto con un empapador debajo, en cada contracción salía un chorro de líquido que liberaba totalmente la tensión y hacía de colchoncito entre la cabeza de Fatumi y mis huesos ¡Oh bendición! Casi puedo decir que lo estaba disfrutando. Estaba tan concentrada, tan metida en mí misma.
¿Quieres música? Me preguntó Mercedes, y Saída hizo de DJ con los discos que había dejado preparados: cantos sufis de mujeres de indonesia (angelicales), salawats de Sri Lanka (preciosos), música hindú de la que usa Burhanuddin en los seminarios. Para ese momento las contracciones ya venían cada minuto y se hacían más intensas. Marian me ponía las manos en el sacro y la incomodidad desaparecía casi por completo ¡oh bendición!
En ese ambiente de gozo y concentración, de pronto, una isla de tristeza. Vi el makam (la tumba) de Hajjanne, la mujer de Mawlana y me invadió el llanto. Odio el llanto, no sé llorar y no me gusta. Soy muy torpe manejando mis emociones. Pero Mariam es un hacha y me dijo qué hacer con él. Así que la marejada pasó enseguida y volví a mi estado de calma, de sonrisa interior.
En la siguiente entrega: Bienvenida
Cambio el cuaderno de notas y la libreta con dibujitos por la página electrónica. Experiencia, experimento, experimiento. La libreta de mis sueños la seguiré guardando en mi cajón, pero aquí trazaré (trataré) la crónica de mis ensueños.
Sunday, November 29, 2009
Saturday, November 28, 2009
Parir en casa (parte 1 de 5)
¿Por qué y por qué?
¿Por qué una persona como yo, desconectada de mi cuerpo, poco conciente de mis emociones, aprehensiva, con serios atorones en las cuestiones relativas a la salud y a la enfermedad, mujer de poca fe, con un legado materno de ideas negativas respecto al embarazo, parto y lactancia, y gallinísima para el dolor, decide parir en casa?
En primerísimo lugar, porque no estoy en casa. Si estuviera en México, donde siento que tengo el control sobre mi vida, es decir, donde mi siento segura, hubiera hablado con mi maravillosa y ultrarespetuosa ginecóloga, y habríamos organizado un “parto no violento” (ver: Odent, Leboyer, Kitzinger) en cualquier hospital. Y me lo hubiera perdido, el parto verdaderamente “no violento”: el parto en casa (entrecomillo porque creo que ya de por sí el parto es un proceso sumamente violento para el cuerpo y para el alma, aunque en el sentido de fuerte, definitivo, etc).
En segundo lugar, porque estoy en España, el último de la lista en cuanto a atención en el parto en toda Europa junto con Grecia y Portugal. Y no sólo en España sino en Guadalajara, cuyo Hospital Universitario es el peor evaluado (vox populi) de toda Europa en la misma área. En España los médicos se creen que son Dios y que el enfermo es un objeto, no un sujeto. El enfermo, en este caso, es la parturienta y luego también su bebé.
No exagero. No sé qué acontecimientos históricos han llevado a los españoles a concebir la medicina tal y como la conciben, pero es un asco. El principal problema (en este caso) es que uno no puede elegir quién la atiende, es siempre el médico de turno, la matrona de turno, y el bendito protocolo que aplican religiosamente como si, no su vida, sino su vida eterna, dependiera de ello. Pero hay médicos y clínicas privados, dirá usted. Sí, pero pagando o sin pagar el problema es la mentalidad. Pero algún hospital, algún médico partidario del “parto no violento” habrá en la península, dirá usted. Sí, la maternidad Acuario, pero está a 500 km de mi casa y no le encuentro el sentido a tanto viaje con panza de 9 meses, niña de 3 años y luego bebé recién llegado. Por no hablar del precio.
En tercer lugar, porque Diosito me mandó a Mercedes Serrano que vive al lado de mi casa (5 km) y lleva 30 años atendiendo partos caseros, a un grupo de apoyo muy chido de mamás y niños dispuestos a acompañar y apoyar la experiencia (Lactavida y familias de la escuelita Waldorf), compañeras de parto perfectas y porque realmente creo que el mejor lugar para nacer es la propia casa, los brazos de tu madre y no los de una enfermera, el calor de tu madre y no el de un foco, el olor de tu hogar y no el de medicinas y desinfectantes, voces amorosas y suaves en vez de voces ajenas que van haciendo un “checklist” como si fueras un aparatejo y no ser humano recién llegado. Realmente creo que es la opción más amorosa que yo, mujer sana y dispuesta a hacerme responsable de mi salud (física, emocional, mental, espiritual) podía darle a mi hija y podía darme a mí misma.
¿Y por qué la vez anterior decidí finalmente irme al hospital? Porque la que yo era la vez pasada era absolutamente incapaz de hacerse responsable 100% de la llegada al mundo de su bebé. ¿Por qué? Muy sencillo: porque todavía no era mamá.
En el próximo capítulo: Madrugada
¿Por qué una persona como yo, desconectada de mi cuerpo, poco conciente de mis emociones, aprehensiva, con serios atorones en las cuestiones relativas a la salud y a la enfermedad, mujer de poca fe, con un legado materno de ideas negativas respecto al embarazo, parto y lactancia, y gallinísima para el dolor, decide parir en casa?
En primerísimo lugar, porque no estoy en casa. Si estuviera en México, donde siento que tengo el control sobre mi vida, es decir, donde mi siento segura, hubiera hablado con mi maravillosa y ultrarespetuosa ginecóloga, y habríamos organizado un “parto no violento” (ver: Odent, Leboyer, Kitzinger) en cualquier hospital. Y me lo hubiera perdido, el parto verdaderamente “no violento”: el parto en casa (entrecomillo porque creo que ya de por sí el parto es un proceso sumamente violento para el cuerpo y para el alma, aunque en el sentido de fuerte, definitivo, etc).
En segundo lugar, porque estoy en España, el último de la lista en cuanto a atención en el parto en toda Europa junto con Grecia y Portugal. Y no sólo en España sino en Guadalajara, cuyo Hospital Universitario es el peor evaluado (vox populi) de toda Europa en la misma área. En España los médicos se creen que son Dios y que el enfermo es un objeto, no un sujeto. El enfermo, en este caso, es la parturienta y luego también su bebé.
No exagero. No sé qué acontecimientos históricos han llevado a los españoles a concebir la medicina tal y como la conciben, pero es un asco. El principal problema (en este caso) es que uno no puede elegir quién la atiende, es siempre el médico de turno, la matrona de turno, y el bendito protocolo que aplican religiosamente como si, no su vida, sino su vida eterna, dependiera de ello. Pero hay médicos y clínicas privados, dirá usted. Sí, pero pagando o sin pagar el problema es la mentalidad. Pero algún hospital, algún médico partidario del “parto no violento” habrá en la península, dirá usted. Sí, la maternidad Acuario, pero está a 500 km de mi casa y no le encuentro el sentido a tanto viaje con panza de 9 meses, niña de 3 años y luego bebé recién llegado. Por no hablar del precio.
En tercer lugar, porque Diosito me mandó a Mercedes Serrano que vive al lado de mi casa (5 km) y lleva 30 años atendiendo partos caseros, a un grupo de apoyo muy chido de mamás y niños dispuestos a acompañar y apoyar la experiencia (Lactavida y familias de la escuelita Waldorf), compañeras de parto perfectas y porque realmente creo que el mejor lugar para nacer es la propia casa, los brazos de tu madre y no los de una enfermera, el calor de tu madre y no el de un foco, el olor de tu hogar y no el de medicinas y desinfectantes, voces amorosas y suaves en vez de voces ajenas que van haciendo un “checklist” como si fueras un aparatejo y no ser humano recién llegado. Realmente creo que es la opción más amorosa que yo, mujer sana y dispuesta a hacerme responsable de mi salud (física, emocional, mental, espiritual) podía darle a mi hija y podía darme a mí misma.
¿Y por qué la vez anterior decidí finalmente irme al hospital? Porque la que yo era la vez pasada era absolutamente incapaz de hacerse responsable 100% de la llegada al mundo de su bebé. ¿Por qué? Muy sencillo: porque todavía no era mamá.
En el próximo capítulo: Madrugada
Saturday, November 21, 2009
¡Se acabó la cuarentena!

¡Hela aquí
La que habitaba mi mar interior
Una perla del río de nuestros sueños
Una gota de vida
Un susurro de Amor
Un beso de Dios
Un botón de estrella!
¡Hela aquí
Entre mis brazos
Mi niña pequeña!
Entre mis brazos
Mi niña pequeña!
Y ha sido muuuuuy feliz con muuuuucha ayuda. Cuando tenga dos manos les cuento. Aquí mis cachorritas.
Sunday, November 08, 2009
Alucines terapéuticos (mesoamericanos y chichimecas)
En este proceso de embarazo, parto y posparto ha habido un gran protagonista que es el poder de la Imaginación. Y hablo aquí de la Imaginación como órgano de conocimiento, aunque esta vez en sentido profano y no exactamente en el sentido sagrado del que habla Henri Corbin acercándonos a la doctrina del gran maestro Ibn al Arabi (según la cual la Imaginación nos permite penetrar en el mundus imaginalis, mundo intermedio entre la forma física y la forma puramente espiritual y donde tiene lugar el encuentro entre lo humano y lo divino, lugar de las visiones y los acontecimientos místicos). Conocimiento de sí mismo, que a fin de cuentas como bien dice el proverbio nos lleva al conocimiento de Dios.
La cosa es que, como ya sabrán, siempre me han latido ese tipo de terapias en las que uno mismo se hace cargo de su salud, casi siempre entrándole por el lado de tomar conciencia de la emoción y de “ver” y “reparar” las afecciones con la Imaginación (lo sigo poniendo en mayúscula para no confundirla con la simple fantasía). Después de años de terapia “memesca” que me sigue pareciendo la onda, descubrí hace muy poquito la terapia “mariamesca”. Está en la misma línea, pero tiene un margen de error mucho menor porque mete menos la cabeza en el proceso curativo (no trata de “ver” el órgano sino de “percibirlo”, no trata de “saber” qué le sucede, sólo lo repara ¡WOW!). Para mí es el descubrimiento del siglo y es lo que me ha salvado desde el final del embarazo. Eso sí, requiere mucho trabajo y trabajo “del corazón”. Es decir, para empezar a trabajar sobre el cuerpo hay que situarse sobre el corazón y eso a ratos cuesta un mucho.
Cuchillo de obsidiana
Soy incapaz de transmitir cómo funciona la terapia mariamesca, pero para dar una idea puedo contar que hay que ponerse en el corazón, desde ahí percibir la zona afectada y empaparla de cariño, por ridículo que parezca. Hay otras variantes, pero lo que quiero contar se entiende con esta.
Resulta que al empezar a darle el pecho a Fátima aparecieron las dolorosísimas grietas que la vez pasada me tuvieron sufriendo tres meses enteros. Y cuando empecé a aplicar el método de la percepción lo único que aparecía en el fondo de mi pecho era un cuchillo de obsidiana. Negro, pulido, casi reflectante. Evocador ¿cierto? Cuando se lo conté a Mariam fue ella la que terminó la descripción, ella también podía percibirlo, entonces era real. Tener eso en mi pecho no me gustó nada, ¿por qué un cuchillo de sacrificios y no una punta de flecha? ¿es por mi linaje materno mesoamericano? ¿es un resto de otra vida? ¿qué es?
Pero aquí no importaba lo que fuera sino que se fuera. Y yo no lograba empaparlo de nada. Era demasiado duro, demasiado pulido. Desde dentro, me dijo Mariam, tienes que empapar de dentro hacia fuera. Y así lo hice. Poco a poco el centro empezó a ponerse poroso y a dejarme empapar todo el cuchillo. Fue cambiando de negro a grisáceo y luego a blanco hasta que sólo quedó ceniza. Luego tuve que ocuparme de rellenar el hueco.
Cuando el cuchillo desapareció fue como si las grietas dejaran de tener sustento. Como si hubiesen estado enraizadas en ese filo y en esa obsidiana. Al mismo tiempo, y eso es lo más raro, sentí como si me hubieran desatado de la Lechuza. ¿Es que nuestro animal totémico nos deja alguna vez? ¿Que un trozo de nuestra alma esté vinculado con una forma animal es más un encierro que una expansión? ¿Mi ser lechucesco era un escondrijo de dolores y creencias nocivas? ¿La lechuza era una cárcel? ¿Ella me ha liberado a mí o yo la he liberado a ella? ¿Nos hemos separado de verdad? ¿Qué hay de dolor en esa imagen (mía) de bruja, de mujer que se transforma en ave, de noctámbula irredenta, de ser perseguido por las doce verdades del mundo?
La cosa es que empecé a sentirme más montaña, más nube descargando, más Rayones, más cañón, valle, piedra, árbol, quebrada, río, canto, rama, hoja, verde, sopla, fresco, viento, trueno, insecto, cauce, vapor de agua, neblina, cueva, luz, trino, casa. espíritu, que lechuza. Como si hubiera crecido tanto que ya no cupiera en un cuerpo tan chiquito.
Ofrendas de cuarzo
Ahí no acaba la cosa. Para reparar cada grieta en concreto empecé a empapar como me dijo Mariam desde el fondo hasta la superficie. Había en concreto una grieta que en vez de curarse se hacía cada vez más profunda. Cuando por fin logré empaparla y llegué hasta la superficie, salió de ella, pegado a un trozo de carne, un cuarzo. Transparente con vetas blancas. Lo mismo sucedió con otra pequeña herida que no lograba sanar y que me estaba volviendo loca del dolor. Otro cuarzo.
Si todo el mundo sabe que en el antiguo México los cuchillos de obsidiana se utilizaban para hacer ofrendas de sangre, quizá no todo el mundo sepa que en el antiguo Mar de Tetis, en los cañones de la Sierra Madre que nos parió, se han encontrado entierros con cuarzos como ofrenda. ¿Vuelvo a ser chichimeca? ¿he logrado sacar de mi cuerpo un poco de muerte? ¿son esos cuarzos pequeños pactos con la muerte de los que ahora me he deshecho? ¿mi nuevo tótem es la montaña, el cañón? ¿me he convertido en Sierra?¡Santo Dios!
Diker y dúa
Debo agregar, que la “orientación” y la fuerza para hacer todo este trabajo (que parece una tontería pero que a nivel energético, por lo menos a mí, me ha costado) han salido del diker (las repeticiones rituales de la tradición sufi) y del dúa (recitaciones y súplicas). El proceso de curación realmente no empezó a hacer efecto hasta que el Habibi hizo un dúa poderoso y sopló. Fue como si de Arriba hubieran dado permiso y entonces todo el bien se hubiera precipitado sin dilación. Como si la terapia fuera la puerta y la oración fuera la llave.
Nunca había hecho tanto diker y tanta oración en mi vida. Tampoco nunca me habia sentido tan conectada. Quizá estos achaques que en un principio me parecieron injustos y sumamente odiosos deban servir justamente para quitarme estas “piedritas” del Camino, para allanarlo, para hacerlo más suave y feliz. Será por eso que los musulmanes, les vaya bien o les vaya mal, siempre dicen AlhamduliLah (bendito sea Dios).
Bueno, si alguien puede responder a las preguntas formuladas a partir de esta experiencia, o si tienen textos, sueños, referencias que ayuden a echar un poco de luz sobre el asunto de los mitos, las heridas y las transfiguraciones, me dará mucho gusto saberlo.
La cosa es que, como ya sabrán, siempre me han latido ese tipo de terapias en las que uno mismo se hace cargo de su salud, casi siempre entrándole por el lado de tomar conciencia de la emoción y de “ver” y “reparar” las afecciones con la Imaginación (lo sigo poniendo en mayúscula para no confundirla con la simple fantasía). Después de años de terapia “memesca” que me sigue pareciendo la onda, descubrí hace muy poquito la terapia “mariamesca”. Está en la misma línea, pero tiene un margen de error mucho menor porque mete menos la cabeza en el proceso curativo (no trata de “ver” el órgano sino de “percibirlo”, no trata de “saber” qué le sucede, sólo lo repara ¡WOW!). Para mí es el descubrimiento del siglo y es lo que me ha salvado desde el final del embarazo. Eso sí, requiere mucho trabajo y trabajo “del corazón”. Es decir, para empezar a trabajar sobre el cuerpo hay que situarse sobre el corazón y eso a ratos cuesta un mucho.
Cuchillo de obsidiana
Soy incapaz de transmitir cómo funciona la terapia mariamesca, pero para dar una idea puedo contar que hay que ponerse en el corazón, desde ahí percibir la zona afectada y empaparla de cariño, por ridículo que parezca. Hay otras variantes, pero lo que quiero contar se entiende con esta.
Resulta que al empezar a darle el pecho a Fátima aparecieron las dolorosísimas grietas que la vez pasada me tuvieron sufriendo tres meses enteros. Y cuando empecé a aplicar el método de la percepción lo único que aparecía en el fondo de mi pecho era un cuchillo de obsidiana. Negro, pulido, casi reflectante. Evocador ¿cierto? Cuando se lo conté a Mariam fue ella la que terminó la descripción, ella también podía percibirlo, entonces era real. Tener eso en mi pecho no me gustó nada, ¿por qué un cuchillo de sacrificios y no una punta de flecha? ¿es por mi linaje materno mesoamericano? ¿es un resto de otra vida? ¿qué es?
Pero aquí no importaba lo que fuera sino que se fuera. Y yo no lograba empaparlo de nada. Era demasiado duro, demasiado pulido. Desde dentro, me dijo Mariam, tienes que empapar de dentro hacia fuera. Y así lo hice. Poco a poco el centro empezó a ponerse poroso y a dejarme empapar todo el cuchillo. Fue cambiando de negro a grisáceo y luego a blanco hasta que sólo quedó ceniza. Luego tuve que ocuparme de rellenar el hueco.
Cuando el cuchillo desapareció fue como si las grietas dejaran de tener sustento. Como si hubiesen estado enraizadas en ese filo y en esa obsidiana. Al mismo tiempo, y eso es lo más raro, sentí como si me hubieran desatado de la Lechuza. ¿Es que nuestro animal totémico nos deja alguna vez? ¿Que un trozo de nuestra alma esté vinculado con una forma animal es más un encierro que una expansión? ¿Mi ser lechucesco era un escondrijo de dolores y creencias nocivas? ¿La lechuza era una cárcel? ¿Ella me ha liberado a mí o yo la he liberado a ella? ¿Nos hemos separado de verdad? ¿Qué hay de dolor en esa imagen (mía) de bruja, de mujer que se transforma en ave, de noctámbula irredenta, de ser perseguido por las doce verdades del mundo?
La cosa es que empecé a sentirme más montaña, más nube descargando, más Rayones, más cañón, valle, piedra, árbol, quebrada, río, canto, rama, hoja, verde, sopla, fresco, viento, trueno, insecto, cauce, vapor de agua, neblina, cueva, luz, trino, casa. espíritu, que lechuza. Como si hubiera crecido tanto que ya no cupiera en un cuerpo tan chiquito.
Ofrendas de cuarzo
Ahí no acaba la cosa. Para reparar cada grieta en concreto empecé a empapar como me dijo Mariam desde el fondo hasta la superficie. Había en concreto una grieta que en vez de curarse se hacía cada vez más profunda. Cuando por fin logré empaparla y llegué hasta la superficie, salió de ella, pegado a un trozo de carne, un cuarzo. Transparente con vetas blancas. Lo mismo sucedió con otra pequeña herida que no lograba sanar y que me estaba volviendo loca del dolor. Otro cuarzo.
Si todo el mundo sabe que en el antiguo México los cuchillos de obsidiana se utilizaban para hacer ofrendas de sangre, quizá no todo el mundo sepa que en el antiguo Mar de Tetis, en los cañones de la Sierra Madre que nos parió, se han encontrado entierros con cuarzos como ofrenda. ¿Vuelvo a ser chichimeca? ¿he logrado sacar de mi cuerpo un poco de muerte? ¿son esos cuarzos pequeños pactos con la muerte de los que ahora me he deshecho? ¿mi nuevo tótem es la montaña, el cañón? ¿me he convertido en Sierra?¡Santo Dios!
Diker y dúa
Debo agregar, que la “orientación” y la fuerza para hacer todo este trabajo (que parece una tontería pero que a nivel energético, por lo menos a mí, me ha costado) han salido del diker (las repeticiones rituales de la tradición sufi) y del dúa (recitaciones y súplicas). El proceso de curación realmente no empezó a hacer efecto hasta que el Habibi hizo un dúa poderoso y sopló. Fue como si de Arriba hubieran dado permiso y entonces todo el bien se hubiera precipitado sin dilación. Como si la terapia fuera la puerta y la oración fuera la llave.
Nunca había hecho tanto diker y tanta oración en mi vida. Tampoco nunca me habia sentido tan conectada. Quizá estos achaques que en un principio me parecieron injustos y sumamente odiosos deban servir justamente para quitarme estas “piedritas” del Camino, para allanarlo, para hacerlo más suave y feliz. Será por eso que los musulmanes, les vaya bien o les vaya mal, siempre dicen AlhamduliLah (bendito sea Dios).
Bueno, si alguien puede responder a las preguntas formuladas a partir de esta experiencia, o si tienen textos, sueños, referencias que ayuden a echar un poco de luz sobre el asunto de los mitos, las heridas y las transfiguraciones, me dará mucho gusto saberlo.
Saturday, November 07, 2009
Ojitos moros
Mi Fátima tiene ojitos moros, igual que Hali, igual que Marcelito allá en San Pancho. Un día mi hermana me contó que le cantaba la canción de Duncan dhu a Marcelito para dormir. Quise copiarle la idea pero siempre termino llorando antes de acabar la canción así que siempre la canto mocha, además de que no me la sabía completa. Pero, bendito internet, hela aquí, completita y sin llorar, para todos los ojitos negros que andan por ahi.
Esos ojos negros,
esos ojos negros no los quiero ver llorar,
tan sólo quiero escuchar,
dime lo quiero oír,
dime que vas a reír, dime,
dime ahora que duerme la ciudad.
Hace ya algún tiempo,
hace ya algún tiempo
que tú voz parece ser
una pluma y un papel que cuentan
que vas a volar en sueños,
que serán tus ojos negros
los que me iluminen al andar.
La lluvia cae sobre el suelo gris,
el tiempo pasa y no puedo reír,
la noche es larga, mi voz, amarga.
Hoy he visto despertar el sol.
Y tus pupilas brillarán pero,
espera, descuida, y ya verás,
los buenos tiempos volverán.
Pero, espera, descuida, que ya vendrán,
la lluvia los devolverá.
···
La lluvia cae sobre el suelo gris,
el tiempo pasa y no puedo reír,
la noche es larga, mi voz, amarga.
Hoy he visto despertar el sol.
Y tus pupilas brillarán
pero, espera, descuida, y ya verás,
los buenos tiempos volverán.
Pero, espera, descuida, que ya vendrán,
la lluvia los devolverá.
Esos ojos negros,
esos ojos negros no los quiero ver llorar,
tan sólo quiero escuchar,
dime lo quiero oír,
dime que vas a reír, dime,
dime ahora que duerme la ciudad,
dime ahora que duerme la ciudad,
dime ahora que duerme la ciudad.
Esos ojos negros,
esos ojos negros no los quiero ver llorar,
tan sólo quiero escuchar,
dime lo quiero oír,
dime que vas a reír, dime,
dime ahora que duerme la ciudad.
Hace ya algún tiempo,
hace ya algún tiempo
que tú voz parece ser
una pluma y un papel que cuentan
que vas a volar en sueños,
que serán tus ojos negros
los que me iluminen al andar.
La lluvia cae sobre el suelo gris,
el tiempo pasa y no puedo reír,
la noche es larga, mi voz, amarga.
Hoy he visto despertar el sol.
Y tus pupilas brillarán pero,
espera, descuida, y ya verás,
los buenos tiempos volverán.
Pero, espera, descuida, que ya vendrán,
la lluvia los devolverá.
···
La lluvia cae sobre el suelo gris,
el tiempo pasa y no puedo reír,
la noche es larga, mi voz, amarga.
Hoy he visto despertar el sol.
Y tus pupilas brillarán
pero, espera, descuida, y ya verás,
los buenos tiempos volverán.
Pero, espera, descuida, que ya vendrán,
la lluvia los devolverá.
Esos ojos negros,
esos ojos negros no los quiero ver llorar,
tan sólo quiero escuchar,
dime lo quiero oír,
dime que vas a reír, dime,
dime ahora que duerme la ciudad,
dime ahora que duerme la ciudad,
dime ahora que duerme la ciudad.
Tuesday, November 03, 2009
La anécdota
Cuenta la historia que cuando Seida Fátima (la hija del Profeta, la paz sea con él) iba a celebrar sus bodas con Seidna Alí, su padre le preguntó qué quería como regalo de bodas. Fátima contestó que la Umma de Muhammad (swt), lo que significa, que estuviera en su mano la salvación de toda la comunidad del Profeta. Entonces, se le concedió un diker o serie de repeticiones que se cuenta con los dedos de la mano: 33 SubhanAllah (Gloria a Dios), 33 AlhamduliLah (Bendito sea Dios), 33 Allahu Akbar (Dios es el más grande). Se cuentan 3 por cada dedo (tres falanges) dando dos vueltas a la mano y un dedo más.
Esta tradición ha pasado a la costumbre popular de poner manitas como protección en las puertas de las casas, en los coches, como colgantes, etc. Y el número cinco (hamsa en árabe), evocando los cinco dedos de esta santa mano, se usa también como protección.
Así que ya saben, los amigos de lejos pueden imprimir la manita de nuestra Fátima y ponerla en algún rinconcito de su casa. Así se acuerdan de nuestro amor y agradecimiento y de paso están protegidos.
P.D. Hoy ha sido mi primera mañana sin ayuda. Logré mandar a Hali al cole desayunada, vestida, PEINADA y con los dientes y la cara lavados ¡soy un hit!!!!!!
Esta tradición ha pasado a la costumbre popular de poner manitas como protección en las puertas de las casas, en los coches, como colgantes, etc. Y el número cinco (hamsa en árabe), evocando los cinco dedos de esta santa mano, se usa también como protección.
Así que ya saben, los amigos de lejos pueden imprimir la manita de nuestra Fátima y ponerla en algún rinconcito de su casa. Así se acuerdan de nuestro amor y agradecimiento y de paso están protegidos.
P.D. Hoy ha sido mi primera mañana sin ayuda. Logré mandar a Hali al cole desayunada, vestida, PEINADA y con los dientes y la cara lavados ¡soy un hit!!!!!!
Semejanzas
Sunday, November 01, 2009
GRACIAS

Sin mucho tiempo para escribir pero con tanto tanto que agradecer, de verdad siento que la feliz llegada de esta bebé ha sido fruto del trabajo en equipo: de cada palabra de amor y de aliento, de cada pensamiento de apoyo y cada mensaje de sustento, de cada oración y cada velita encendida. Es como haber extendido una red por toda la Tierra (España, Inglaterra, México, Libia, Siria, Egipto, EEUU, Chipre, etc) y el Cielo (Madres, Maestros, Ángeles, Bendiciones). Así que gracias a Los de arriba y a los y las de aquí abajo por formar parte de este sueñito hecho carne. Aquí una Mano de Fátima para recortar y pegar que hice inspirada en el parto y un poemita de entre las cosas que van saliendo. Con mucho amor y en agradecimiento.
Hamsa
Para mis compañeras de parto: La que está en Paz, La que escucha, La feliz, La madre de la Palabra.
Cinco para recibir
a una sexta,
cinco mágicas mujeres
abriendo las puertas,
cinco pares de brazos y manos,
cinco corazones a la espera.
De un lado y de otro
los ángeles se afanan,
los de luz
y los de carne,
y se alegran
en el roce de sus alas.
¡Cientos de ángeles
dentro de casa!
Giran los goznes
tal como avanza
el sol sobre la tierra.
Y luego tanta luz,
tantísima luz
de una cosa tan pequeña.
Bañadas del amor de los umbrales
nos nació dentro
un torrente de flores nuevas.
Cinco dedos protectores,
cinco pétales
para una perla.
En la palma de esta mano
brota el manantial de la belleza
y la vida se asoma
por el ojo de esta puerta.
Sea tu mano,
Fátima,
el sello de esta fecha:
¡SubhanAllah, AlhamduliLah,
La ilaha ilaLah, AllahuAkbar!
Para mis compañeras de parto: La que está en Paz, La que escucha, La feliz, La madre de la Palabra.
Cinco para recibir
a una sexta,
cinco mágicas mujeres
abriendo las puertas,
cinco pares de brazos y manos,
cinco corazones a la espera.
De un lado y de otro
los ángeles se afanan,
los de luz
y los de carne,
y se alegran
en el roce de sus alas.
¡Cientos de ángeles
dentro de casa!
Giran los goznes
tal como avanza
el sol sobre la tierra.
Y luego tanta luz,
tantísima luz
de una cosa tan pequeña.
Bañadas del amor de los umbrales
nos nació dentro
un torrente de flores nuevas.
Cinco dedos protectores,
cinco pétales
para una perla.
En la palma de esta mano
brota el manantial de la belleza
y la vida se asoma
por el ojo de esta puerta.
Sea tu mano,
Fátima,
el sello de esta fecha:
¡SubhanAllah, AlhamduliLah,
La ilaha ilaLah, AllahuAkbar!
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