La Princesa Jabón tiene una mascota inseparable: la esponjita Cuchicuchi. Les encanta divertirse juntas y siempre están buscando cosas que hacer para no aburrirse en el Palacio.
En la imagen: La princesa Jabón, Cuchicuchi y la hermanita menor (todavía no sabemos su nombre). El Rey Limpio y la Reina Arcoiris. Halima colaboró con dibujos y texto.
En la imagen: La princesa Jabón, Cuchicuchi y la hermanita menor (todavía no sabemos su nombre). El Rey Limpio y la Reina Arcoiris. Halima colaboró con dibujos y texto.
Era una tarde calurosa. Jabón
y Cuchi cuchi se aburrían enormemente en el Palacio Real. La Princesa Jabón
tuvo una gran idea: Cuchi cuchi ¿qué tal si vamos a la selva a pasear? A Cuchi
cuchi, que le encantaba perderse por ahí, le pareció una magnífica idea, y enseguida se prepararon para salir.
La selva era muy espesa y
bonita. Había hojas gigantes que se enredaban en los troncos dando vueltas y
más vueltas. Las flores colgaban de todas las ramas saludando con sus alegres
colores. Un aroma de maracuyá y papaya flotaba en el aire. Las abejitas
zumbaban contentas haciendo viajes de ida y vuelta a sus panales y saludando
con sus antenitas a todas las flores. Familias de pájaros conversaban a gritos de un árbol a otro. Había muchos changos y a la princesa Jabón se le
ocurrió que podrían trepar igual que ellos.
Los tallos enormes que se
enroscaban árboles arriba podrían ser estupendos toboganes, y las lianas, unos
maravillosos columpios. Entonces empezaron a trepar, a columpiarse y lanzarse
rebotando en las grandes hojas, sin darse cuenta de que cada sitio que tocaban
iba quedando cubierto de burbujitas de jabón.
Poco a poco las copas de
los árboles empezaron a parecer copas de helado por la espuma blanca que hacía
chopitos en las puntas de las ramas, las lianas brillaban con una fina y húmeda
película color arcoiris, los troncos palidecían detrás de una densa capa
jabonosa, los flores desaparecieron entre nubes de burbujas y los caminos de la
selva se pusieron tan resbaladizos que todos los gecos se empezaron a gritar.
Mamá chango casi se cae de
su rama con bebé changuito en brazos. Las abejas ya no podían orientarse de
flor en flor porque toda la selva olía únicamente a Jabón. Pero la princesa y
su mascota estaban tan divertidas que nada escucharon.
Tuvo que ir el Rey Mono en
persona a pedirle ayuda al papá de Jabón. Inmediatamente envió el Rey Limpio a
sus emisarios para valorar la situación y al ver la enormidad del desastre,
exigió a Jabón y Cuchi cuchi que limpiaran todo inmediatamente a riesgo de
quedarse sin cenar. Claro que para ello hubo que hacer sonar varias veces la
caracola, porque princesa y esponja no hacían caso alguno entre resbalón y
resbalón.
Bueno, se sentaron a pensar
¿cómo vamos a limpiar tooooodo esto? Para ello se necesita muchísima agua y
aquí el agua ¡corre por debajo del suelo! Aunque la encontráramos nunca
podríamos hacerla subir hasta esas altas copas para enjuagarlas como se debe.
De pronto Jabón tuvo una
idea. La princesa y su mascota corrieron hasta la playa cercana y ahí
encontraron justo lo que necesitaban: a la gran Cúmulus Nimbus, una nube como
una montaña que seguramente guardaba el agua suficiente como para limpiar
todita la selva.
¡Oh gran señora! Dijo
Jabón, ¡te necesitamos! ¿serías tan amable de acercarte un poco más a lo costa
y llover tu lluvia sobre la selva cercana para que los animales dejen de
resbalar y las cosas recuperen su color y perfume original? ¡todos los animales
están despistados y enfadados!
Y como a la señora Nimbus
también le encantaban las excursiones no le costó nada ir a echar su agua sobre
la selva cercana. ¡Fue una tormenta magnífica! Como si el el cielo entero se
estuviera vaciando por un grifo enooooorme. Y cuando terminó el grifo se cerró
y volvió a salir el sol. La selva quedó como nueva, poco a poco todo volvió a
la normalidad. Por los agujeros secretos entre las piedras, el agua bajó hasta
los caminos subterráneos y siguió corriendo entre cuevas escondidas hacia al
mar.
Jabón y Cuchi cuchi
volvieron felices y empapadas al Palacio Real. Las metieron a la secadora y
cuando terminaron estaban tan cansadas que de todas maneras se fueron a la cama
sin cenar.





