Saturday, November 24, 2012

Un par de herrmientas para cuidar el ánimo




Después conversaciones importantes, mágicas, transformadoras, cariños, ideas y apapachos a distancia de personas muy amorosas y amadas, y unas cuantas tuercas ajustadas en el hogar, mi ánimo está mucho mejor y seguimos adelante con lo que la vida nos va trayendo.

Me doy cuenta que cuando a uno le toca bajar a sus profundidades, por lo menos puede aprovechar para sacar cositas que se le habían olvidado por ahí, como cuando tienes que meter la mano hasta el fondo del cajón de la ropa interior para encontrar ESE PAR DE CALCETINES que realmente necesitabas desde hace rato pero que te había dado flojera buscar.

Claro, remueves todo, a lo mejor hasta lo tienes que sacar y luego te queda un mugrero repartido por todo el suelo o la cama, y aunque tengas ya tu flamante par de calcetines en la mano no queda más remedio que volver a colocar todo en su sitio. Con suerte encuentras cosas que tirar que te aligeran el proceso, y con mucha suerte también puedes encontrar una mucho mejor manera de guardarlo todo de nuevo para que esté más a la mano y no tener que echarte el mismo clavado la próxima vez que se te pierda un guante.

Instrucciones para llorar
No son las de Cortázar que tantas satisfacciones me han reportado jugando a las letras con chicos y grandes, pero defintivamente en este momento era VITAL para mí terminar de integrar el sencillo proceso de llorar, que ya había me habían explicado unas cuantas veces pero que siempre se me volvía a olvidar.

1. Llorar es cosa DEL CUERPO. Dejémonos de romanticismos y espiritualidades. Llorar es como hacer pipí. Cuando usted hace pipí ¿acaso le sirve de algo que su mente empieza a plantear preguntas como "y porqué justo ahora me vienen ganas de hacer pis", o "por qué estaré haciendo tanto pis", o "qué pensarán de mí si me escuchan haciendo pis", o "incomodaré a alguien con mi pis"? Pues del mismo modo cuando empiece a notar esa SENSACIÓN FÍSICA de echar el llanto, asegúrese que su mente deje en paz a su cuerpo y no lo atromente con preguntas inútiles como "¿y esto a qué viene? ¿por qué estoy tan triste? ¿pero qué me pasa? seguro que me veo horrible "¿qué van a pensar mis hijos/ mi marido/ la señora de enfrente si me ven llorar?" A su cabeza puede decirle algo tan simple como "Ahora no, cariño". Y cuando haya hecho silencio podemos continuar.

2. Una vez encontrado este silencio, lo único que queda es ubicar dentro de su pecho ese lugar donde se produce el cariño. No es tan difícil, en el centro del pecho, a la altura de la tercera costilla está el mero centro del corazón, ahí detrás de esternón. Diríjase a ese punto (y aunque no lo encuentre) busque cualquier sentimiento NOBLE (positivo, gratuito, bello, SENCILLO) y con él, "empape" bien ese llanto mientras sube y sale de su cuerpo hasta terminar. Es como buscar a tientas una sonrisa y dejar que esa sonrisa vaya a despedir al llanto hasta la puerta.

3. NADA MÁS. Suénese  los mocos, límpiese los ojos y a otra cosa mariposa.

Es simple ¿verdad? Hay que tener en cuenta la posible necesidad de "entrenar" a los que están en su entorno más inmediato (en mi caso marido e hijas), para que hagan favor de (1) no poner en altavoz la perorata de la que ya hablamos, (2) no sentirse interpelados ni agraviados (el llanto es una cuestión PERSONAL, se llora simplemente para llorar, no para reprochar, sugerir, convencer o manipuar, es la salida natural de la emoción), (3) sus preferencias sobre llorar en soledad o entre el calor de un SILENCIOSO abrazo.

Ahora me doy permiso de llorar cada vez que me da la gana. Si mis hijas preguntan por qué lloras, les digo no sé, porque lo necesito. Si mi marido dice y ahora qué te pasa le digo nada, sólo tengo ganas de llorar.

Higiene mental
Esta también es muy buena, lástima que se me olvide constantemente. Es igual o más sencilla que la técnica de llorar y sirve para disciplinar los pensamientos.

Cuanto pensamos se extiende en torno a nosotros como una nube y empieza a filtrar nuestra visión de la realidad. Cuando piensas negro al final ves todo negro. Y por supueso cuando piensas blanco acabas viendo todo blanco. Así que todo es cuestión de decidir qué color te gusta más.

Cada vez que sale de ti mecánicamente un pensamiento negativo (odio los semáforos, odio tener que detenerme, grrrrrrrr), saca de manera mecánica otro pensamiento positivo (amo los semáforos, amo detenerme, bieeeeeeeeeeen). Es muy posible que como por arte de magia aparezca un motivo exterior que sustente la segunda frase, por ejemplo que justo te des cuenta que en el semáforo hay un pedazo de mango que es una alegría para el ojo (perdón por el mexicanismo, castellanohablantes, un pedazo de mango es un tío o tía benorro o buenorra), o que pase justo por delante de tu coche una escena que llene de ternura, o que te des cuenta que el árbol de la esquina acaba de florecer.

A "odio limpiar mi casa" le viene muy bien "amo tener casa", a "odio andar pastoreando niñas" le queda "amo tener este par de niñas", a "odio no poder comunicarme" hace buena pareja con "qué divertido poder decir cualquier cosa en voz alta sin que nadie me entienda".

Otra cosa es cuando no es un acto reflejo sino una especie de mugre residual que empieza a salir de manera crónica. Entonces siéntese usted con su nube negra, y oponga al pensamiento que le está molestando cualquier pensamiento positivo. Sienta cómo la nube de ese pensamiento positivo abarca a la otra y a continuación vaya recogiendo, como si se tratara de una red de pesca, la nube negra hasta colocarla frente a usted.

Busque de nuevo ese sentimiento noble, positivo, sencillo, gratuito (digamos, el cariño) que surge en el centro de su pecho y empape con él esa bola de nube negra que tiene delante. Sienta cómo a medida que se empapa sencillamente se desintegra, desaparece, se mimetiza con el cariño, se vuelve cariño, ya no está.

Con este sencillo método he logrado pasar de: "aburrimiento, no tengo nada que hacer" a "bieeeeen, vacacioooooneeeeeeeees"; de "maldita gente informal no se puede concretar nada de esta manera" a "bieeeeeeen, viva el relax", de "y ahora qué hago con esta niña en casa toda la mañana" a "¿nos hacemos un desayuno delicioso, bailamos, me ayudas a cocinar, pintamos con acuarelas?", de "maldita maldición mi maestra de árabe nunca me dice cuándo puede venir a darme clase" a "genial, me voy a poner a transcribir recetas del árabe al español y viceversa con la ayuda de quien se deje", de "odio este hospital" a "bendito Dios que hay un hospital que nos saque del apuro".

Las cosas van mejor. No tengo hierbaluisa pero tengo tomillo. No tengo ropa pero puedo ir a comprar. No tengo amigas pero me lo estoy pasando chido con mi marido y con mis hijas. Me comunico fatal pero me divierto mucho. No encuentro dentista aquí pero gracias a Dios tengo recursos para buscarlo fuera. Etc, etc, etc.

Y ahora me voy a tender la ropa, porque odio tender, pero amo tener ropa. JA. (Y la imagen la tomé prestada de: http://clubpatinadoresdesevilla.es)

Friday, November 09, 2012

Otoño en Benghazi

PARTE I: SOPONCIOS Y ENFERMEDADES

Después de tres años de no tomar ni una dosis de paracetamol (bueno, quizá una o dos sí) Fátima lleva dos tandas de sambutamol-prednisolone en treinta días. &%$!?(@AAARGGGGGGHHHHHHHHHHHHHH.
Dos días de mocos, un día de tos seca y luego ¡zas! Respiración agitada y superficial, músculos intercostales, hundimiento de abdomen y finalmente espasmo. WWWWARRRRRRRRAAGAGGGGGGGHHHHH&%/&%/"·(/"·&)("=)·(?"·)("·("&·"/"·%&"$·%"·$"%·$%"·$"%!!!!!!!!!!!!!

Y me da mucha rabia no tener un pediatra confiable y me da mucha rabia no tener un homeópata, un médico chino, un médico ayurveda ¡alguien que le desbolquee algo y que le recete algo que le devuelva la respiración si tanto mugre efecto secundario! WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.

Pero lo que más rabia me da es tener tanto miedo. Y eso da igual en España que en Libia que en México, creo que en todas partes lo tendría igual. En España le sumaría el miedo a llevarla al médico y tener que pelearme con el sistema de salud, que me denunciaran por no seguir el tratamiento indicado al pie de la letra, que me ficharan por no haber vacunado...En México seguro alguna otra cosa me inventaría. El problema no es dónde estoy sino el equipaje que llevo.

Aquí la suerte es que tengo una cuñada médico, muy cariñosa, respetuosa y de armas tomar. La primera crisis que tuvimos salimos corriendo al hospital, nos detuvo un tráfico horrendo y tuvimos que pedirle a unos chicos que detuvieran los coches para que pudiéramos girar y llegar a urgencias. Cuando por fin entramos nos encontramos con una cola como de 15 personas y no podíamos esperar. Mana se metió (trabaja en el Infantil) hasta las profundidades del infantil de donde sacó a un médico, nos llevó por pasillos y escaleras, logró que revisaran a Fati y le dieran la orden para nebulizaciones. Y la segunda vez que tuvimos que ir esa misma noche también nos acompañó cual hada madrina. Ese día sí pensé que no llegábamos.

Hace cuatro días empezamos otra vez justo cuando había anunciado públicamente que no me volvía a pasar. En cuanto empezó con la tos empecé con infusiones de tomillo y malva, le puse el collar de ámbar que se supone que es antiinflamatorio y apronté la homeopatía. Y por la noche en cuanto empecé a notar que cambiaba la respiración ataqué con la pomada respiratoria, los masajes, los tamborcitos...pero de todas formas a las 5 de la mañana empezó a complicarse más la respiración. Yo estaba dispuesta a no entrar en pánico, tener fe, orar con toda mi devoción, ponerme positiva, centrarme, confiar. Pero el papá de la niña decidió que directamente le enchufábamos las drogas esas. Siguió 24 horas respirando medio mal pero por lo menos no hizo falta correr al hospital.

¿Y cuál es el problema? El problema es que ambos progenitores tenemos una manera RADICALMENTE distinta de percibir la realidad y además de este abismo infranqueable (hay cosas que son así y na' más) somos INFINITAMENTE inútiles para comunicarnos, y si encima nos echan una situación de emergencia pues ya lo bordamos. Eso seguirá siendo así en cualquier lugar del mundo mientras no lo resolvamos, y el único agravante es que aquí no hay términos medios, o confiamos en nuestra intuición y los remedios naturales que hemos traído con nosotros, o nos vamos al hospital.

Como estamos en fase "exploración" para ver si logramos rodearnos de las cosas que necesitamos en Benghazi, pues un pediatra aparece como lo primero en la lista. Aunque me pregunto ¿para qué? si me va a recetar trecientas cosas que no voy a querer darle a la Fatis y nos vamos a quedar igual. ¿Seguiremos con homeópata y ayurveda a distancia? Lo dudo. ¿Encontraremos un buen especialista en Egipto, como hacen casi todos los libios? Dios dirá.

Por lo pronto es una buena oportunidad para deshacerme de ideas, miedos y dolores que no me sirven, de depurar mi legado salud-enfermedad. Me he dado cuenta que hay una línea muuuuy delgada entre cuidar la salud y obsesionarse con la enfermedad, y que yo camino con pasos bastante dudosos sobre ese filo. También me doy cuenta de que, a pesar de todo, siempre aparecen ángeles para ayudarnos (la hermana doctora, los chicos que detienen los autos, una amiga doctora conectada a las 5 de la mañana, una médica china que aparece justo cuando los achaques maternos superar por mucho lo que se puede aguantar, y me enseña a quitármelos yo misma...) Y, aunque no me apetezca, me están sirviendo en bandeja la oportunidad de meter al taller mis habilidades comunicativas y capacidad para tomar acuerdos con mi señor marido ¿lo lograremos? Creo que no nos queda más remedio.



PARTE II: EN BUSCA DE UN PROPÓSITO

Para lo que dan tres meses
Creo que el único problema real de estar aquí es que no tiene otro sentido nuestra estancia que la supervivencia, aparentemente, a veces hay sentidos que se nos escapan, también es verdad.

El cariño de aquellos amigos añorados se mantiene en el corazón pero no se refleja en la vida cotidiana,  cada uno sigue con sus ocupaciones y con su vida. Participamos de ella cuando ocurre algo trascendente: una boda o un funeral, que son los dos factores que mantienen  unido el tejido social.

Con la familia hemos pasado un arduo proceso de re-conocimiento. El cariño siempre está, pero nos vamos dando cuenta de la distancia que necesitamos con cada uno de sus miembros. En realidad siento que hemos venido a “meter ruido al sistema” más que a ser un factor de refuerzo como habíamos creído románticamente. Hemos vivido muy diferente, comemos diferente, pensamos diferente, compramos diferentes, nos curamos diferente, vamos, como cualquier hijo que sale de casa y se construye su propia vida, lo que pasa es que aquí eso es un exotismo inédito. Los hijos construyen su casa (literalmente) sobre la de sus padres, y su pequeña familia se convierte en una continuación de los mismos valores, sabores, costumbres, de la que (no) partió.

El aprendizaje del árabe para mí también se sale de lo esperado. Mi profe nunca tiene claro cuándo puede venir a darme clases, en casa hablamos español y cuando veo a mis cuñadas hablamos inglés porque lo que me URGE es comunicarme. Y entre limpiar mi casa, hacer la comida, cuidar a Fati y todos los etcéteras de la vida diaria no hemos podido dejar un momento sagrado para que yo me ponga a estudiar por mi cuenta cada día. La tele de la que mucho se aprende, jaja ¿cuándo?

Y he aquí la serpiente que se muerde la cola: como no hablo el idioma no hay ninguna actividad en la que me pueda involucrar por mi cuenta, mis cuñadas viven demasiado ocupadas para hacer de hadas madrinas y hasta ahora no hemos encontrado ninguna actividad en árabe que podamos compartir con mi señor marido, porque aquí cada género va por su lado. Tampoco hay actividades organizadas para hacer con niños tipo clasesitas, talleres, biblioteca, dónde conocer otras mamás y aunque las hubiera ¿cómo hablaría? Y tampoco hay extranjeras o por lo menos yo no las he visto no hay embajadas ni consulados, no hay alliance française, ni delegación británica, ni instituto cervantes. Me falta buscar en la Escuela Internacional y probar a dar clases de español en una academia para adultos por las tardes, pero

a)      para lo primero (y en realidad para todo) requiero la colaboración de mi marido que no siempre piensa igual que yo.
b)      no estoy segura de querer trabajar por las tardes ahora que el día dura tan poco.

La esperanza de un pequeño espacio donde yo pudiera desenvolverme se desvaneció cuando me di cuenta cómo son aquí los kinders y dejé la escuelita de las niñas, desapareció asimismo la esperanza de tener al menos tiempo para mí; para leer, releer, escribir sin un lugar dónde llevar a Fátima por las mañanas.

Cual si fuera una gran ciudad, el tráfico en  Benghazi separa a las personas. Hay demasiados coches y la población se ha duplicado desde la guerra. Si a eso agregamos que han pasado por lo menos 30 años sin dar mantenimiento a las vías existentes y que se conduce a lo loco, tenemos como resultado traslados larguiiiiiisimos para trayectos cortiiiiisimos. ¿Vale la pena desplazarse una hora para tomarse un café de otra hora y emprender otra hora de vuelta a casa? No creo que ninguna mujer en esta ciudad pudiera gastar de esa manera una tarde entera para acercarse a una persona que no conoce (o sea, su servidora).

Por último, esas maravillosas oportunidades laborales, esos proyectos en los que podríamos involucrarnos esas aperturas comerciales que podrían incluso “salvar” empresas de la crisis española porque Libia hay mucha “pasta”. Pues, resulta que hay pasta pero todo lo demás es un desmadre. No hay instituciones que propongan, sostengan o coordinen dichos proyectos, no hay autoridades que los aprueben, no hay leyes que los sujeten o aseguren. La vida en pequeño sigue su curso, el que ya tenía un súper sigue con su súper y el que hacía pan sigue con su pan. La gente va a saludar al jefe a su trabajo y se regresa a casa, o de plano no va, de todas maneras le pagan. Creo que se pueden imaginar lo que es un hombre acostumbrado a trabajar 12 horas al día a pleno rendimiento físico e intelectual cuya única chamba consiste en INTENTAR hacer una infinidad de trámites que no se concretan, INTENTAR ver personas que no aparecen, INTENTAR organizar una vida que nomás no se organiza porque el estado general de las cosas es desorganizado.

Y finalmente: lo que no nos deja respirar
Lo que sí todos hacemos es esperar: esperar a que se forme un gobierno, esperar a que se redacte una constitución, esperar a que se establezca un mínimo marco de actuación comercial, industrial, etc. Y en esperar desesperamos, pero los de aquí nos llevan ventaja. Han vivido en tanta desesperanza que están todos “tocados”, su equilibrio mental y emocional es sumamente fragil, todos tienen el físico afectado en mayor o menor grado. Entre eso y que desconocemos los códigos lo tenemos muy chungo para relacionarnos, incluso con la familia, hay que tratar a todo el mundo con pinzas y eso es agotador, básicamente porque nosotros también estamos bajo mucha presión (interior) porque nos falta un propósito.

Digo que nuestro estrés es interior porque en el exterior nuestras necesidades básicas están cubiertas gracias a Dios (comida, techo, abrigo, transporte, hasta internet y teléfono), pero lo que nos comprime el pecho es no encontrar una razón, un propósito de peso para nuestra estancia. No sentimos que hayamos venido al mundo para comer y dormir, y quizá es muy soberbio de nuestra parte (finalmente ¿quiénes somos?), pero nos gustaría hacer algo que nos permita ganarnos la vida (por una parte, los ahorros no duran eternamente), Y APORTAR ALGO POSITIVO al lugar en el que estamos. Porque de esa fórmula siempre hemos logrado aprender, crecer espiritualmente, alimentarnos en todos sentidos y devolver alcanzando un equilibrio. Aquí el “¿para qué?” nos carcome.

¿Será que también el propósito de nuestra estancia es interior: volvernos pacientes, flexibles, agradecidos, humildes; APRENDER A ESTAR JUNTOS, que las niñas fortalezcan sus vínculos con esta parte de su herencia, que ganen seguridad interior; poner a prueba nuestra fe y nuestra confianza, ejercitar nuestra conexión espiritual sin grupo de hermanos naqshbandis ni diker ni hadra (todas esas reuniones que nos encantaban)?

Por ahora yo me declaro reprobada, suspensa. Estoy peor de soponciada que mis congéneres, me aburro, me estoy quedando sin esperanza. Tengo que encontrar urgentemente un propósito que me suministre el entusiasmo necesario para sobrevivir: ¿descubrir “nuevos” poetas en internet, aprender a negociar con mi marido a pesar de nuestras diferencias, conquistar un espacio para mí en medio de la vorágine doméstica para estudiar árabe, emprender un proyecto como publicar un libro con textos de este blog, hacer un estudio etnográfico sobre las bodas, escribir un libro de cocina libia para occidentales? Tiene que ser algo para lo que no necesite a nadie más ¿eso existe? UUUUFFFFFFFFFFF.

Soy víctima del pesimismo. Ahora mismo sólo quisera irme a mi casa, el problema es que no sé dónde está. BUAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.