Después conversaciones importantes, mágicas, transformadoras, cariños, ideas y apapachos a distancia de personas muy amorosas y amadas, y unas cuantas tuercas ajustadas en el hogar, mi ánimo está mucho mejor y seguimos adelante con lo que la vida nos va trayendo.
Me doy cuenta que cuando a uno le toca bajar a sus
profundidades, por lo menos puede aprovechar para sacar cositas que se le
habían olvidado por ahí, como cuando tienes que meter la mano hasta el fondo
del cajón de la ropa interior para encontrar ESE PAR DE CALCETINES que
realmente necesitabas desde hace rato pero que te había dado flojera buscar.
Claro, remueves todo, a lo mejor hasta lo tienes que sacar y
luego te queda un mugrero repartido por todo el suelo o la cama, y aunque
tengas ya tu flamante par de calcetines en la mano no queda más remedio que volver
a colocar todo en su sitio. Con suerte encuentras cosas que tirar que te
aligeran el proceso, y con mucha suerte también puedes encontrar una mucho
mejor manera de guardarlo todo de nuevo para que esté más a la mano y no tener
que echarte el mismo clavado la próxima vez que se te pierda un guante.
Instrucciones para llorar
No son las de Cortázar que tantas satisfacciones me han reportado jugando a las letras con chicos y grandes, pero defintivamente en este momento era VITAL para mí terminar de integrar el sencillo proceso de llorar, que ya había me habían explicado unas cuantas veces pero que siempre se me volvía a olvidar.
1. Llorar es cosa DEL CUERPO. Dejémonos de romanticismos y espiritualidades. Llorar es como hacer pipí. Cuando usted hace pipí ¿acaso le sirve de algo que su mente empieza a plantear preguntas como "y porqué justo ahora me vienen ganas de hacer pis", o "por qué estaré haciendo tanto pis", o "qué pensarán de mí si me escuchan haciendo pis", o "incomodaré a alguien con mi pis"? Pues del mismo modo cuando empiece a notar esa SENSACIÓN FÍSICA de echar el llanto, asegúrese que su mente deje en paz a su cuerpo y no lo atromente con preguntas inútiles como "¿y esto a qué viene? ¿por qué estoy tan triste? ¿pero qué me pasa? seguro que me veo horrible "¿qué van a pensar mis hijos/ mi marido/ la señora de enfrente si me ven llorar?" A su cabeza puede decirle algo tan simple como "Ahora no, cariño". Y cuando haya hecho silencio podemos continuar.
2. Una vez encontrado este silencio, lo único que queda es ubicar dentro de su pecho ese lugar donde se produce el cariño. No es tan difícil, en el centro del pecho, a la altura de la tercera costilla está el mero centro del corazón, ahí detrás de esternón. Diríjase a ese punto (y aunque no lo encuentre) busque cualquier sentimiento NOBLE (positivo, gratuito, bello, SENCILLO) y con él, "empape" bien ese llanto mientras sube y sale de su cuerpo hasta terminar. Es como buscar a tientas una sonrisa y dejar que esa sonrisa vaya a despedir al llanto hasta la puerta.
3. NADA MÁS. Suénese los mocos, límpiese los ojos y a otra cosa mariposa.
Es simple ¿verdad? Hay que tener en cuenta la posible necesidad de "entrenar" a los que están en su entorno más inmediato (en mi caso marido e hijas), para que hagan favor de (1) no poner en altavoz la perorata de la que ya hablamos, (2) no sentirse interpelados ni agraviados (el llanto es una cuestión PERSONAL, se llora simplemente para llorar, no para reprochar, sugerir, convencer o manipuar, es la salida natural de la emoción), (3) sus preferencias sobre llorar en soledad o entre el calor de un SILENCIOSO abrazo.
Ahora me doy permiso de llorar cada vez que me da la gana. Si mis hijas preguntan por qué lloras, les digo no sé, porque lo necesito. Si mi marido dice y ahora qué te pasa le digo nada, sólo tengo ganas de llorar.
Higiene mental
Esta también es muy buena, lástima que se me olvide constantemente. Es igual o más sencilla que la técnica de llorar y sirve para disciplinar los pensamientos.
Cuanto pensamos se extiende en torno a nosotros como una nube y empieza a filtrar nuestra visión de la realidad. Cuando piensas negro al final ves todo negro. Y por supueso cuando piensas blanco acabas viendo todo blanco. Así que todo es cuestión de decidir qué color te gusta más.
Cada vez que sale de ti mecánicamente un pensamiento negativo (odio los semáforos, odio tener que detenerme, grrrrrrrr), saca de manera mecánica otro pensamiento positivo (amo los semáforos, amo detenerme, bieeeeeeeeeeen). Es muy posible que como por arte de magia aparezca un motivo exterior que sustente la segunda frase, por ejemplo que justo te des cuenta que en el semáforo hay un pedazo de mango que es una alegría para el ojo (perdón por el mexicanismo, castellanohablantes, un pedazo de mango es un tío o tía benorro o buenorra), o que pase justo por delante de tu coche una escena que llene de ternura, o que te des cuenta que el árbol de la esquina acaba de florecer.
A "odio limpiar mi casa" le viene muy bien "amo tener casa", a "odio andar pastoreando niñas" le queda "amo tener este par de niñas", a "odio no poder comunicarme" hace buena pareja con "qué divertido poder decir cualquier cosa en voz alta sin que nadie me entienda".
Otra cosa es cuando no es un acto reflejo sino una especie de mugre residual que empieza a salir de manera crónica. Entonces siéntese usted con su nube negra, y oponga al pensamiento que le está molestando cualquier pensamiento positivo. Sienta cómo la nube de ese pensamiento positivo abarca a la otra y a continuación vaya recogiendo, como si se tratara de una red de pesca, la nube negra hasta colocarla frente a usted.
Busque de nuevo ese sentimiento noble, positivo, sencillo, gratuito (digamos, el cariño) que surge en el centro de su pecho y empape con él esa bola de nube negra que tiene delante. Sienta cómo a medida que se empapa sencillamente se desintegra, desaparece, se mimetiza con el cariño, se vuelve cariño, ya no está.
Con este sencillo método he logrado pasar de: "aburrimiento, no tengo nada que hacer" a "bieeeeen, vacacioooooneeeeeeeees"; de "maldita gente informal no se puede concretar nada de esta manera" a "bieeeeeeen, viva el relax", de "y ahora qué hago con esta niña en casa toda la mañana" a "¿nos hacemos un desayuno delicioso, bailamos, me ayudas a cocinar, pintamos con acuarelas?", de "maldita maldición mi maestra de árabe nunca me dice cuándo puede venir a darme clase" a "genial, me voy a poner a transcribir recetas del árabe al español y viceversa con la ayuda de quien se deje", de "odio este hospital" a "bendito Dios que hay un hospital que nos saque del apuro".
Las cosas van mejor. No tengo hierbaluisa pero tengo tomillo. No tengo ropa pero puedo ir a comprar. No tengo amigas pero me lo estoy pasando chido con mi marido y con mis hijas. Me comunico fatal pero me divierto mucho. No encuentro dentista aquí pero gracias a Dios tengo recursos para buscarlo fuera. Etc, etc, etc.
Y ahora me voy a tender la ropa, porque odio tender, pero amo tener ropa. JA. (Y la imagen la tomé prestada de: http://clubpatinadoresdesevilla.es)