Wednesday, May 07, 2014

Hasta pronto amado Sheikh



No creo que sea posible explicar el amor que puede sentir un discípulo por su maestro, por su padre espiritual. Y tampoco el dolor de la separación física. Ahora mismo tengo el corazón partido en dos. De un lado hay tanta paz, como si algo del mundo hubiera subido con Mawlana Sheikh Nazim y todo se hubiera quedado más ancho, hubiera crecido con él a una estación más alta. La intuición de que todo es perfecto y su partida también es perfecta. La alegría de suponer su tan anhelado en Encuentro. El agradecimiento infinito de que Allah me haya mandado justo a tiempo a esta vida para llegar a conocerlo. La maravilla de todo lo que este hombre bendito trajo a mi vida (¡tanta Belleza, Dios mío, tanto Amor!). La reverencia por el ejemplo de vida que nos deja. La gratitud por el trabajo de relojero, la delicadeza, la precisión con la que ha estado trabajando en mi corazón durante todos estos años. La certeza de que el amor nunca termina y une a los seres durante toda su existencia, sin importar que se encuentren de uno u otro lado de la frontera.

Del otro lado del corazón partido en dos hay un gran vacío. Una tristeza profunda como los mares. Una añoranza de sus manos y su sonrisa. Una gran sombra. Un silencio sin sentido. Una pausa. Un montón de preguntas. El mundo palidecido, el sol sin brillo, como si todo hubiera perdido su belleza, como si el mundo se hubiera quedado solo y yo me hubiera hecho muy muy pequeña. Y otra vez esa sensación de "orilla del mundo". No sé cómo será la vida sin mi maestro, no la concibo. Y no por una especie de dependencia. Para mí, de verdad, mi maestro era la alegría del mundo, la belleza del mundo.

Ahora depende sólo de mí (bueno, y de la Gracia, desde luego, de la Bondad que rige todo y nos trae lo mejor), depende de un trabajo que sólo yo puedo hacer por mí misma, de centrarme y conectar, de buscar a mi Maestro en las brumas de mi mundo interior, de marcar un camino para poder llegar a él sin dilación y con claridad absoluta sentirme de nuevo en su presencia. Con mi madre me tardé veinte años. Si me tardo veinte años en reencontrarme en el no-físico con mi maestro me muero, de verdad me muero.

Pero no me voy a morir. Primero voy a llorar mucho (o a escribir mucho en mi bonito diario) para sacar tooooda la tristeza y así vaciar el lado hueco. Luego voy a rellenar el hueco con lado bello. Voy a ir trayendo cosa por cosa, como una lenta mudanza. Voy a sacar todos los tesoros que tengo de Mawlana Sheikh Nazim y voy a llenar con ellos mi corazón entero. Al mismo tiempo voy a robarle tiempo al tiempo para sentarme cada día como buena exploradora a trazar ese camino dentro de mí hasta el lugar donde conecta con mi Maestro.

Llevo muchos años temiendo este día. Pensando que ojalá se acabara el mundo antes de que yo tuviera que despedirme de la presencia física de mi maestro. Uno de esos días escuché un poema en esa película italiana: El tigre y la nieve: "que quiten las calles, que se lleven las farolas", que desmonten el mundo en pocas palabras. Eso debe sentirse, pensé, que desaparezca tu maestro.

Sí, ya sé, ya sé que nada desaparece, sólo se transforma. Y que nosotros, los hombres, sólo nos deprendemos de nuestros vestidos terrestres y volvemos a casa. Pero, Mawlana, mientras me hago experta en el arte de ver lo invisible ¿qué voy a hacer sin tu presencia? Atesorar la vida que dejas en mí, tus preciosas enseñanzas, abrazarte con mi corazón sin duda, y llorar todo lo que haga falta. El amor no muere nunca y tú eras puro amor, así que sigues vivo. Mientras me vacío de todo lo que no es amor, quédate conmigo.

Les pido sus oraciones por todos mis hermanos y hermanas de la Tariqa Naqshbandia, por la familia de Mawlana Sheikh Nazim, que tengan consuelo y suavidad en estos momentos. Por mi Sheikh, para que reciba la más alta de las estaciones.

Insha'Allah aprendamos pronto a reconocer lo que deja vivo en nuestras vidas y así sentirlo cerca.