Seré muy breve. No soy de esas personas que pueden seguir su rituna en Ramadán, yo necesito pasar al modo "ahorro de energía" y esto quiere decir priorizar de manera radical, porque sólo tendré energía para lo más urgente. Pero escribir también puede ser urgente.
Sueños de Ramadán
Soñé que tenía 30 minutos para ver a una persona muy querida que hace siglos no veía, para tomar un café en el D.F. Cuando ella llegaba nos dábamos un abrazo tan grande, tan lleno de cariño del bueno y tan vacío de todo lo demás, un abrazo tan tremendamente pleno de ternura y de de luz, que mi felicidad era completa.
Había tantísima ternura y presencia en ese abrazo que sólo quería desaparecer, quedarme ahí, en ese intante, y que se esfumara todo lo demás. Pero luego, como suele suceder, el abrazo dió paso a la sonrisa y la conversación.
Sin embargo, esa sensación de cariño total se me quedó en el cuerpo. ¡Qué regalo! ¿Quién habrá venido a abrazarme de esa forma? Pensé al levantarme, porque este vicio de pensar, no hay quién me lo quite. ¿la persona soñada, tal cual? ¿el alado Hermes? ¿un ángel? ¿y por qué treinta, treinta minutos?
Tres días después llegó Ramadán con sus propios treinta. ¡Treinta días de regalos, de apertura, de conexión, de Cercanía, de Presencia absoluta! Treinta días en que lo divino está más cerca todavía (si cabe), para fundirnos en un abrazo.
¡Subhan'Allah! Hermes vino a traerme en sueños el abrazo de Ramadán. Debe ser el Ramadán más dulce de muchos años.
Pensar, hacer, sentir
Nos levantamos a las 4 de la mañana a desayunar. Desde las 5 hasta las 21:45 se trata de andar el camino que lleva al centro del corazón. Es una gran ayuda tener poca energía, porque así la cabeza tiene que ceder y bajar la velocidad. El cuerpo también se amolda, tiene que encontrar un ritmo en el que la voluntad no se ejerce a través del "hacer" sino del "no hacer". La mente pasa a segundo plano (sólo se utiliza para lo esencial), el cuerpo centra su atención en el modo de hacer, permanece atento para no despilfarrar energía.
Durante Ramadán, el día pertenece al sentir. No se trata del sentir emocional (tampoco hay energía para pasiones), sino del sentir espiritual. Si uno puede dedicarse a la devoción ¡qué maravilla! Sentarse con el recuerdo de Allah y sentirlo crecer en el corazón, como un hijo, o como una estrella. Sentirlo llenar cada rincón de lo que somos e iluminar cada rincón de nuestra circunstancia.
Pero incluso si, por la razón que sea, no logramos pasar largos ratos en oración, las actividades diarias, durante el ayuno, se convierten en oración (como debería ser todos los días, por otra parte, pero he ahí la gran ayuda de Ramadán). Y por oración me refiero a ese caminito que nos junta con el Amor, con la Paz, con la Luz.
Claro, no todo es fácil, Hay esfuerzo en conservar esa atención, en verse reaccionar y conocerse un poco más y, a pesar de todo, quererse más. Es un trabajo de voluntad que se hace por amor. Por amor a uno mismo, porque sabemos que Ramadán nos depura en todos los planos (físico, emocional, espiritual) de lo vivido durante el año. Por amor a los demás, porque compartimos el hambre y la sed de los demás, de los que pasan hambre y sed de verdad en sus vidas, y no sólo un ratito, como nosotros. Por amor al Amor (por amor a Allah, decimos los musulmanes) porque sabemos que el ayuno nos acerca. Y por amor a los maestros que nos guían en el descubrimiento del Amor, para seguir su ejemplo.
Ya suena mi alarma de "conéctese a una fuente de energía o su apagará". AlhamduliLah en Ramadán, incluso dormir es un acto de devoción, porque nos ayuda a mantener el ayuno. Estoy contenta y agradecida y de poder pasar un Ramadán en la paz de mi casa, reconociendo mi ritmo interior. Y poderlo compartir aquí, físcamente, con otras personas ayunadoras, y virtualmente, con quien repara en estas letras..
Un gran abrazo de Ramadán y que las bendiciones sean para todo@s.
Sueños de Ramadán
Soñé que tenía 30 minutos para ver a una persona muy querida que hace siglos no veía, para tomar un café en el D.F. Cuando ella llegaba nos dábamos un abrazo tan grande, tan lleno de cariño del bueno y tan vacío de todo lo demás, un abrazo tan tremendamente pleno de ternura y de de luz, que mi felicidad era completa.
Había tantísima ternura y presencia en ese abrazo que sólo quería desaparecer, quedarme ahí, en ese intante, y que se esfumara todo lo demás. Pero luego, como suele suceder, el abrazo dió paso a la sonrisa y la conversación.
Sin embargo, esa sensación de cariño total se me quedó en el cuerpo. ¡Qué regalo! ¿Quién habrá venido a abrazarme de esa forma? Pensé al levantarme, porque este vicio de pensar, no hay quién me lo quite. ¿la persona soñada, tal cual? ¿el alado Hermes? ¿un ángel? ¿y por qué treinta, treinta minutos?
Tres días después llegó Ramadán con sus propios treinta. ¡Treinta días de regalos, de apertura, de conexión, de Cercanía, de Presencia absoluta! Treinta días en que lo divino está más cerca todavía (si cabe), para fundirnos en un abrazo.
¡Subhan'Allah! Hermes vino a traerme en sueños el abrazo de Ramadán. Debe ser el Ramadán más dulce de muchos años.
Pensar, hacer, sentir
Nos levantamos a las 4 de la mañana a desayunar. Desde las 5 hasta las 21:45 se trata de andar el camino que lleva al centro del corazón. Es una gran ayuda tener poca energía, porque así la cabeza tiene que ceder y bajar la velocidad. El cuerpo también se amolda, tiene que encontrar un ritmo en el que la voluntad no se ejerce a través del "hacer" sino del "no hacer". La mente pasa a segundo plano (sólo se utiliza para lo esencial), el cuerpo centra su atención en el modo de hacer, permanece atento para no despilfarrar energía.
Durante Ramadán, el día pertenece al sentir. No se trata del sentir emocional (tampoco hay energía para pasiones), sino del sentir espiritual. Si uno puede dedicarse a la devoción ¡qué maravilla! Sentarse con el recuerdo de Allah y sentirlo crecer en el corazón, como un hijo, o como una estrella. Sentirlo llenar cada rincón de lo que somos e iluminar cada rincón de nuestra circunstancia.
Pero incluso si, por la razón que sea, no logramos pasar largos ratos en oración, las actividades diarias, durante el ayuno, se convierten en oración (como debería ser todos los días, por otra parte, pero he ahí la gran ayuda de Ramadán). Y por oración me refiero a ese caminito que nos junta con el Amor, con la Paz, con la Luz.
Claro, no todo es fácil, Hay esfuerzo en conservar esa atención, en verse reaccionar y conocerse un poco más y, a pesar de todo, quererse más. Es un trabajo de voluntad que se hace por amor. Por amor a uno mismo, porque sabemos que Ramadán nos depura en todos los planos (físico, emocional, espiritual) de lo vivido durante el año. Por amor a los demás, porque compartimos el hambre y la sed de los demás, de los que pasan hambre y sed de verdad en sus vidas, y no sólo un ratito, como nosotros. Por amor al Amor (por amor a Allah, decimos los musulmanes) porque sabemos que el ayuno nos acerca. Y por amor a los maestros que nos guían en el descubrimiento del Amor, para seguir su ejemplo.
Ya suena mi alarma de "conéctese a una fuente de energía o su apagará". AlhamduliLah en Ramadán, incluso dormir es un acto de devoción, porque nos ayuda a mantener el ayuno. Estoy contenta y agradecida y de poder pasar un Ramadán en la paz de mi casa, reconociendo mi ritmo interior. Y poderlo compartir aquí, físcamente, con otras personas ayunadoras, y virtualmente, con quien repara en estas letras..
Un gran abrazo de Ramadán y que las bendiciones sean para todo@s.