Quesadillas con dátiles y
cuscús con aguacate
(España-Libia-México)
Hace justo un año dejamos
España para irnos a instalar PARA SIEMPRE a Benghazi. Llegamos con tantos
sueños e ilusiones, y lo primero que tuvimos fue una casa vacía, una familia
amorosa y un PRECIOSO Ramadán en que ayunamos, desayunamos, cocinamos,
limpiamos, rezamos con nuestra familia, especialmente con mi suegra y cuñada
Amal. Recuerdo con especial cariño las noches después de cenar en que Amal y yo
nos poníamos a hablar largo y tendido sobre TANTAS cosas mientras, sin prisa
alguna, lavábamos platos, limpiábamos lentamente la cocina para estirar el
tiempo y la conversación.
Fue un regalazo VIVIR cada
noche como una auténtica Navidad, con su hermoso lado espiritual pero también
con su lado tan humano de cansarse cocinando, dejarse llevar un poco por el ego
preparando exquisiteces, celebrar con todos los sentidos escuchando el athán,
probando los platos tradicionales cocinados por Ummy, descubriendo con los ojos
toda la estética asociada a la época, redescubriendo con el olfato perfumes
maravillosos de frutas, pasteles, guisos. Totalmente entrañable.
Hoy, un año después,
empezamos de nuevo el ayuno de Ramadán, sólo que en nuestro nuevo hogar, en
México, bendito Dios, en el Caribe. Insha’Allah tendremos facilidad para
cumplir con nuestro ayuno, que como ya les he contado otras veces, no tiene el
sentido de martirizar el cuerpo sino de fortalecer el espíritu. Ramadán en una
GRAN ocasión para conocerse a sí mismo (para observarse, para descubrirse),
porque ¿dónde va a estar el camino hacia lo Divino sino dentro de nosotros
mismos?
Aquí, ¡qué suerte! tengo
papayas, mangos, aguacates, salsitas varias y muchos MUCHOS antojos para
regalar mi añorante paladar. También bendito Dios tenemos los medios y los
modos para cumplir con nuestro ayuno y con nuestro desayuno. El mes nos ha
pillado justo en vacaciones, y aunque haga calor, así es muy fácil adaptar los
horarios y administrar las energías.
Nos falta nuestra amada
familia libia, y nos falta (voy a llorar), nuestra amada familia naqshbandi de
España: romper ayuno todos juntos aunque sea una vez por semana, ayunar codo a
codo todo el mes, compartiendo el esfuerzo de seguir una práctica musulmana en
tierra de cristianos, que es un poco nadar contra corriente todo el tiempo en
cuerpo y alma: nadie comparte tu estado de mente, ni tu recogimiento o
arrobamiento espiritual, ni tu torpeza o lentitud de cuerpo, más que tus
hermanos naqshbandis, claro. ¡Hacer diker los viernes! (nuestros hermosos
cantos, la herencia y la esencia de nuestra orden).
Y me falta nuestra tribu de
amigas y amiguit@s para pasar las largas horas vacacionales y para hacer equipo
con el cuidado de niñas. Aquí, también gracias a Dios, hay muchas facilidades
entretenedoras de niñas como alberca, parque, playa, pero todavía no tenemos
muy “aceitadita” nuestra red de familias como para poder apoyarnos y hacer más
ligero el cuidado y entretenimiento de las niñas.
Bueno, no es quejumbre, es
más bien rendir tributo y agradecer a quienes, de un modo u otro, han sido
parte de nuestros ramadanes en estos últimos años. Estoy feliz y desconcertada
de empezar un Ramadán en mi tierra.
Un año, diez años.
Es un buen momento, sin
duda alguna, para integrar lo vivido en este año. Los viajes, los desprendimientos
(otra vez mis libros, caramba, mi ropa, Mercadonaaaaaaaaa), los encuentros, los
reencuentros, los desencuentros. La BARAKA (la Gracia divina) nos ha acompañado
en todo nuestros periplo, los ángeles que se han hecho presentes en cada pasito
del camino para confortarnos, aliviarnos, alegrarnos, provernos, curarnos.
Coincide para mí con un
momento de tratar de hacer lo mismo (digerir, al fin y al cabo) con los diez
últimos años de mi vida ¿quién era cuando me fui, con la maleta cargada de
sueños, quién soy aquí y ahora, al final de este viaje?
Casualmente (juar, juar)
empezar a prepararme con profe Waldorf, participar del proyecto de cole de mis
hijas (hacerlo mío en resumidas cuentas) me está dando la estructura, el
tiempo, las lecturas, la oportunidad de organizar todo lo aprendido, de enhebrar
todo lo vivido en un tejido con sentido (ado, ido, to, so cho, perdón).
La antroposofía (que es la
filosofía que inspira la pedagogía Waldorf) me está sirviendo de telar. Desde
ahí puedo organizar los colores de mis vivencias, ordenar los sueños ilusos y
los que se fueron haciendo realidad, acomodar las sorpresas que me dio la vida
como el seguir “siendo nadie” sin mi título nobiliario académico, la mano
extendida de mi Maestro (que Dios lo bendiga y le de un paraíso en esta vida y
en la otra), ¡un marido libio!, ¡dos hijas! Mi aparentemente inútil experiencia
como mamá ¡sí me sirve! para dibujar en este tapiz. Y mis años anteriores de
tallerista y revoltosa social creativa, también le sirven de entramado a esta alfombra.
Como ven, he encontrado mi
sitio. Está claro que tengo que echar mano de TODO lo que he vivido (lo sagrado
y lo profano, lo académico y lo festivo, lo laboral y lo humano) para hacerme
cargo del trabajo que me pone la vida en este momento: ser maestra es
representar a la Vida ante un grupo de niños, y mostrarles con tu mirada (no
con tus rollos) la Belleza, la Bondad, la Verdad que se esconden detrás de una
hoja, en un trazo, en una palabra, en un gesto, en una persona.
De pronto me siento como una
oruga metida en su crisálida. Tengo este Ramadán para tejer mis alas con las
muchísimas lecturas antroposóficas que me esperan, y con todas las experiencias
de mis 36 años de vida. Por lo menos unas alas que me sirvan para empezar a
volar por este nuevo cielo selvático, marino y cavernoso. En agosto debería
poder decir a mis alumnos y a mis compañeros: aquí estoy, estas son mis manos,
mi corazón, mi cuerpo, mi cabeza ¿para qué soy buena?
AlhamduliLah wa ShukrliLah.
Bendito sea Dios y gracias a Dios. Que las bendiciones de este Ramadán se
extiendan sobre tooooodas las personas, y que en particular a las personas que
amamos, las toque con su luz y su protección.