Wednesday, July 10, 2013

Ramadán Karim









Quesadillas con dátiles y cuscús con aguacate
(España-Libia-México)

Hace justo un año dejamos España para irnos a instalar PARA SIEMPRE a Benghazi. Llegamos con tantos sueños e ilusiones, y lo primero que tuvimos fue una casa vacía, una familia amorosa y un PRECIOSO Ramadán en que ayunamos, desayunamos, cocinamos, limpiamos, rezamos con nuestra familia, especialmente con mi suegra y cuñada Amal. Recuerdo con especial cariño las noches después de cenar en que Amal y yo nos poníamos a hablar largo y tendido sobre TANTAS cosas mientras, sin prisa alguna, lavábamos platos, limpiábamos lentamente la cocina para estirar el tiempo y la conversación.

Fue un regalazo VIVIR cada noche como una auténtica Navidad, con su hermoso lado espiritual pero también con su lado tan humano de cansarse cocinando, dejarse llevar un poco por el ego preparando exquisiteces, celebrar con todos los sentidos escuchando el athán, probando los platos tradicionales cocinados por Ummy, descubriendo con los ojos toda la estética asociada a la época, redescubriendo con el olfato perfumes maravillosos de frutas, pasteles, guisos. Totalmente entrañable.

Hoy, un año después, empezamos de nuevo el ayuno de Ramadán, sólo que en nuestro nuevo hogar, en México, bendito Dios, en el Caribe. Insha’Allah tendremos facilidad para cumplir con nuestro ayuno, que como ya les he contado otras veces, no tiene el sentido de martirizar el cuerpo sino de fortalecer el espíritu. Ramadán en una GRAN ocasión para conocerse a sí mismo (para observarse, para descubrirse), porque ¿dónde va a estar el camino hacia lo Divino sino dentro de nosotros mismos?

Aquí, ¡qué suerte! tengo papayas, mangos, aguacates, salsitas varias y muchos MUCHOS antojos para regalar mi añorante paladar. También bendito Dios tenemos los medios y los modos para cumplir con nuestro ayuno y con nuestro desayuno. El mes nos ha pillado justo en vacaciones, y aunque haga calor, así es muy fácil adaptar los horarios y administrar las energías.

Nos falta nuestra amada familia libia, y nos falta (voy a llorar), nuestra amada familia naqshbandi de España: romper ayuno todos juntos aunque sea una vez por semana, ayunar codo a codo todo el mes, compartiendo el esfuerzo de seguir una práctica musulmana en tierra de cristianos, que es un poco nadar contra corriente todo el tiempo en cuerpo y alma: nadie comparte tu estado de mente, ni tu recogimiento o arrobamiento espiritual, ni tu torpeza o lentitud de cuerpo, más que tus hermanos naqshbandis, claro. ¡Hacer diker los viernes! (nuestros hermosos cantos, la herencia y la esencia de nuestra orden).

Y me falta nuestra tribu de amigas y amiguit@s para pasar las largas horas vacacionales y para hacer equipo con el cuidado de niñas. Aquí, también gracias a Dios, hay muchas facilidades entretenedoras de niñas como alberca, parque, playa, pero todavía no tenemos muy “aceitadita” nuestra red de familias como para poder apoyarnos y hacer más ligero el cuidado y entretenimiento de las niñas.

Bueno, no es quejumbre, es más bien rendir tributo y agradecer a quienes, de un modo u otro, han sido parte de nuestros ramadanes en estos últimos años. Estoy feliz y desconcertada de empezar un Ramadán en mi tierra.

Un año, diez años.

Es un buen momento, sin duda alguna, para integrar lo vivido en este año. Los viajes, los desprendimientos (otra vez mis libros, caramba, mi ropa, Mercadonaaaaaaaaa), los encuentros, los reencuentros, los desencuentros. La BARAKA (la Gracia divina) nos ha acompañado en todo nuestros periplo, los ángeles que se han hecho presentes en cada pasito del camino para confortarnos, aliviarnos, alegrarnos, provernos, curarnos.

Coincide para mí con un momento de tratar de hacer lo mismo (digerir, al fin y al cabo) con los diez últimos años de mi vida ¿quién era cuando me fui, con la maleta cargada de sueños, quién soy aquí y ahora, al final de este viaje?

Casualmente (juar, juar) empezar a prepararme con profe Waldorf, participar del proyecto de cole de mis hijas (hacerlo mío en resumidas cuentas) me está dando la estructura, el tiempo, las lecturas, la oportunidad de organizar todo lo aprendido, de enhebrar todo lo vivido en un tejido con sentido (ado, ido, to, so cho, perdón).

La antroposofía (que es la filosofía que inspira la pedagogía Waldorf) me está sirviendo de telar. Desde ahí puedo organizar los colores de mis vivencias, ordenar los sueños ilusos y los que se fueron haciendo realidad, acomodar las sorpresas que me dio la vida como el seguir “siendo nadie” sin mi título nobiliario académico, la mano extendida de mi Maestro (que Dios lo bendiga y le de un paraíso en esta vida y en la otra), ¡un marido libio!, ¡dos hijas! Mi aparentemente inútil experiencia como mamá ¡sí me sirve! para dibujar en este tapiz. Y mis años anteriores de tallerista y revoltosa social creativa, también le sirven de entramado a esta alfombra.

Como ven, he encontrado mi sitio. Está claro que tengo que echar mano de TODO lo que he vivido (lo sagrado y lo profano, lo académico y lo festivo, lo laboral y lo humano) para hacerme cargo del trabajo que me pone la vida en este momento: ser maestra es representar a la Vida ante un grupo de niños, y mostrarles con tu mirada (no con tus rollos) la Belleza, la Bondad, la Verdad que se esconden detrás de una hoja, en un trazo, en una palabra, en un gesto, en una persona.

De pronto me siento como una oruga metida en su crisálida. Tengo este Ramadán para tejer mis alas con las muchísimas lecturas antroposóficas que me esperan, y con todas las experiencias de mis 36 años de vida. Por lo menos unas alas que me sirvan para empezar a volar por este nuevo cielo selvático, marino y cavernoso. En agosto debería poder decir a mis alumnos y a mis compañeros: aquí estoy, estas son mis manos, mi corazón, mi cuerpo, mi cabeza ¿para qué soy buena?

AlhamduliLah wa ShukrliLah. Bendito sea Dios y gracias a Dios. Que las bendiciones de este Ramadán se extiendan sobre tooooodas las personas, y que en particular a las personas que amamos, las toque con su luz y su protección.