Wednesday, September 23, 2015

Mamá monstruo se lanza a la escuela en casa: Schooling, homeschooling, unschooling

Resultado de imagen de waldorf chalkboard drawings

El inicio del curso escolar nos encontró sin saber dónde nos habíamos de establecer,  y por lo tanto, dónde deberían entrar las niñas a la escuela. Como pensamos que sería cosa, a lo más, de un par de semanas, decidí valientemente hacer escuela en casa y preparar a mis niñas para el cambio de una escuela Waldorf a una escuela normal.

Debo hacer aquí un apunte sentimental. Saber que mis hijas no van a poder continuar en una escuela Waldorf me parte el corazón. Después de conocer la belleza de un entorno Waldorf donde absolutamente todo está hecho con el máximo cuidado, buscando que el alma de los niños se sienta alegre y en paz, invitada a descubrir los secretos de la vida, me cuesta mucho trabajo. Imaginarme a mis hijas en un salón verdoso, adornado con dibujos feos sacados de series de la tele, con sillas y escritorios de plástico y alumino, frías, con niños gritones, y profesores ajenos e impositivos me estruja el corazón.

Aquí las niñas no pueden ir a escuela Waldorf, las dos tienen que entrar a primaria (eso también me descorazona porque a la pequeña le queda un año para tener dispoción de sus fuerzas vitales para terminar de contruir sus órganos, en vez de usarlas para aprender con la cabeza), y en España sólo hay primarias Waldorf a las afueras de Madrid. Son muy caras, están muy lejos del lugar donde podríamos vivir, y de todas formas, llevamos unas cuantas semanas con el pie en el estribo, esperando emigrar.

Total que preparé mi primera semana de clases, con temas para una niña de 3ero y otra niña de 1ero. Historias para cada una, actividades de hacer, pensar y sentir para cada una, combinaciones con salidas y cosas para hacer en casa. Me aprendí el verso y la canción de inicio, conseguí una velita para reproducir el ritual de inicio de clase de primaria que hacíamos en Ak Luum.

Arrancamos muy bien, pero después de dos semanas llegué a la conclusión de que el homeschooling no funciona para nosotros. Supongo que en parte es porque yo sí creo en la escuela.

Resultado de imagen de waldorf chalkboard drawings

Schooling
Yo sí creo en la escuela. Creo que es sano para los individuos y para la sociedad que los niños aprendan en compañía de otros niños y (también) en compañía de adultos que nos son sus padres. Desde luego creo que hay condiciones para que la educación escolar sea verdaderamente sana:

El proceso de aprendizaje debe ser activo, es decir, el que aprende debe participar activamente con su cuerpo, su mente y sus sentidos en la construcción de su aprendizaje. Somos seres humanos, en consuecuencia seres creativos, por ello tenemos la capacidad de CONSTRUIR conocimiento, no somos simples botes donde echar información para su almacenaje. Quien DESCUBRE, tiene un vínculo personal con lo descubierto, porque a la hora de desvelar su misterio ya lo ha hecho suyo para siempre.

No sólo se aprende con la cabeza, también con las manos y el corazón. Para que un aprendizaje sea completo debe involucrar tres esferas: el hacer, el pensar y el sentir. Si el hacer y el sentir no se ejercitan al momento de aprender, el aprendizaje se queda cojo, hay dos tercios de lo que se quiere “aprehender” que se nos escapa. Y nosotros nos quedamos cojos también, como quien ejercitara solamente una pierna en lugar de ambas.

Se enseña y se aprende a través del amor. Los adultos que acompañan a los niños a aprender deben estar permanentemente en estado de amor y conexión. Hasta los siete años o incluso los ocho, los niños aprenden por imitación. Todo aquello que haga el adulto lo hará el niño. Todo aquello que viva dentro del adulto, aunque intente no expresarlo, el niño lo integrará. A partir de los 8 el niño aprende por amor a su maestro y más tarde, cerca de la adolescencia, por admiración. Si el maestro no es un ejemplo vivo de respeto, de cariño, de alegría, de resposabilidad, de voluntad, orden, todo intento de que el niño integre estas cualidades es vano. Sólo se conseguirá un remedo de ellas por medio de la fuerza, no de la inspiración. Y esto, desde lugo, no arraigará en el alma del niño.

La escuela debe ser suficientemente estructurada para ofrecer a los niños un orden claro que se tranforme en paz interior, y suficientemente flexible o abierta para poder mostrar a los niños la Vida. No se aprende (solo) entre cuatro paredes, se necesita también de la naturaleza y estar en los lugares donde la vida bulle y las cosas suceden, para poder descubrirlas y sentirse en confianza con la realidad.

El espacio donde los niños aprenden y conviven debe ser BELLO. La belleza es la condición natural del ser humano, estamos hechos de belleza, por medio de la belleza conectamos con lo mejor de notros mismos y con lo divino. Los niños (y también los adultos) NECESITAN un entorno bello que les ofrezca calidez y armonía para que esto se refleje y se establezca en su interior.

Las escuelas Waldorf son así o, por lo menos, aspiran a serlo. Los maestros Waldorf saben todas estas cosas y hacen un trabajo de transformación personal permanente para ser el mejor ser humano que pueden ser o, por lo menos, aspiran a hacerlo. Últimamente hay tendencias dentro de la educación Waldorf que sugieren que la escuela se ha rigidizado demasiado, que de seguir por este camino la escuela no será más el nido ideal para esta pedagogía, que hay crear nuevos modelos de revivifiquen los principios en los que se basa y les den nuevas dimensiones y nuevas alas. Puede ser.

Resultado de imagen de waldorf chalkboard drawings

Homeschooling
Luego están lo que opinan que el sitio idóneo para aprender es la casa. Yo digo que depende de la casa. Nuestra experiencia empezó bien pero al cabo de dos semanas el material terminó regado pro el suelo, las niñas llorando, una de ellas trepada en la chimenea y la voz de mando amenazando furibunda “¡como no te bajes de ahí te quedas sin derecho a sacar libros de la biblioteca!!!”. Educar con amenazas, el antiwaldorf total.

La experiencia me llenó de preguntas ¿cómo se hace para motivar a los niños al trabajo cuando no hay otros niños con quienes compartirlo? Ya se sabe que “el trabajo comaprtido se convierte en diversión”, y compartir el trabajo sólo con mamá no es tan divertido, especialmente si mamá tiene que ir de una niña en otra guiando la actividad.

¿Cómo se atienden las necesidades de dos o más niños que deben aprender diferentes cosas con diferentes métodos según las necesidades específicas de su edad, ¡al mismo tiempo!?
¿Cómo se supera la frustración ante el fracaso sin un grupo de niños alrededor que sirva de ejemplo y apoyo: los que tienen las mismas dificultades, los que tienen otras dificultades, los que lo están haciendo sin problemas?

¿Cómo se desarrollan habilidades sociales y sentido de colaboración sin otros niños para jugar, trabajar, pensar, hacer equipo? ¿cómo desarrolla la autorregulación cada niño sin contar con la regulación del grupo (ahora es momento de tejer, y todo tejemos, ahora es momento de comer y todos comemos, etc)?

¿Cómo se contagia de entusiasmo sin otros niños que se entusiasmen al unísino? ¿cómo le das a las cosas su tiempo de entrar y asentarse en la conciencia por medio de la repetición si sólo tienes un niño para repetir las cosas una y otra vez?

Y sobretodo ¿cómo se supera la figura materna y todas sus sombras para convertirse en ese ser de luz que debe ser la maestra? Estando en la escuela es fácil centrarse y pensar que uno va a estar dos horas en su ser más luminoso, consciente y amoroso mientras da su clase. Pero hacer escuela en casa supone que se anulan todos los vicios de la relación casera y se pone en juego una relación más clara y despejada.

Supongo que la cuestión de fondo es, que tratar de estar centrado y en su sitio más luminoso no puede ser como tomar aire y soltarlo dos horas después cuando acaba la clase, sino estar desde un lugar más verdadero, y por lo tanto más cómodo y natural, en nuestra luz (por decirle de alguna manera).

Lo más angustiante es tomar conciencia de una manera tan palpable, que aunque no hagamos homesechooling, las mamás y papás somos los primeros maestros de nuestros hijos, y no sirve de nada tener para ellos palabras ejemplares, es absolutamente necesario que tengamos integrado hasta el tuétano todo aquello que queremos que aprendan e integren. Es mi intención, pero todavía estoy muy lejos de lograrlo.


Resultado de imagen de waldorf chalkboard drawings
Unschooling
Obviamente con tantas preguntas, no podíamos hacer menos que deslizarnos suavemente hacia el “unschooling”. No tenemos programa, no tenemos ritmo fijo, excepto algunos momentos necesarios para el funcionamiento del hogar. Tenemos viajes, tenemos biblioteca, tenemos pequeños proyectos de manualidades como tejer con los dedos, tejer con agujas y ahora coser, tenemos excursiones al bosque, tenemos salidas de patinaje, tenemos clases de caballos.

¿Será ésta la solución de la educación en casa? ¿No proponerse un programa ni un ritmo, no programar actividades ni aprendizajes específicos para cada edad, sino aprovechar el flujo de la vida para que cada niña vaya aprendiendo de cada experiencia? ¿Y eso como se puede “sistematizar” es decir, asentar en la conciencia? ¿O eso tampoco es necesario, tener un producto final, una memoria que te recuerde lo aprendido, que puedas consular en caso de necesidad?

Supongo que si vives en una granja, con toda tu familia extensa, donde los ritmos se marcan de manera natural y el trabajo tiene un sentido concreto (el gallo canta y toca levantarse, la vaca necesita comer y hay que cargar la paja, el corral necesita limpiarse y hay que hacerlo…) los niños van descubriendo y aprendiendo por sí mismos y luego sólo hay que complementar con observaciones concretas que completen su experiencia. Pero yo no vivo en una granja, no tengo tan a mano a mi familia extensa, ni la espiritual  ni la de sangre, y soy una persona demasiado rígida para poder vivir y sentirme satisfecha y en paz con semejante método o des-método.


Finalmente el hecho de llevar a las niñas a una escuela tradicional supone un tremendo esfuerzo de fe. Mi reto es confiar en que si tienen que ir a una escuela feocha (lo siento, para mí todas las escuelas que no son Waldorf son feochas hasta ahora) es porque ahí encontrarán algo que necesitan aprender. Confiar en que aún pasando la mitad de su día en un lugar carente de belleza y armonía serán capaces de descubrir en su propio espacio interior la belleza y armonía de sus almas. Confiar en que quizá, hoy por hoy, lo que todos necesitamos aprender es descubrir la belleza escondida, ahí donde se le pueda encontrar. Confiar en que estarán protegidas y rezar porque, al menos, les toque un profesor o profesora conectado y consciente. Y confiar en que tener que desprendernos de la tan amada pedagogía Waldorf, es una lección de desapego y apertura que necesito aprender. Insha’ Allah.

Wednesday, September 02, 2015

1200 mts sobre el nivel del mar

Resultado de imagen de El Escorial


Después de ajustar nuestras válvulas para vivir al nivel del mar, las estamos reajustando a 1200 mts de altura, en este precioso pueblo de la Sierra de Madrid que tan amorosamente no ha acogido. El verano español nos pareció demasiado luminoso con su crepúsculo tardío, demasiado frío con los vientos que se levantan por la noche y los días de otoño que se cuelan entre la semana, demasiado distendido con oficinas cerradas, personas ilocalizables y paseantes muy nocturnos, demasiado bello (nunca es demasiado) con sus bosques, fuentes, crestas pedregosas, árboles infinitos, pueblitos de cuento, reencuentros felices y demás aventuras.

Todavía no podemos decir que hayamos recuperado o creado un ritmo, ni siquiera un ritmo vacacional. Vamos tratando de fluir con los tiempos del aquí, de construir una pequeña vida en el espacio estricto del ahora. ¡Pero no es fácil! Nos comen la impaciencia y la curiosidad, a ratos incluso se asoman la ansiedad y la duda ¿y si...y si....? Aunque dentro de nosotros vive un lago de paz y de confianza al que siempre volvemos a sentarnos y pronunciar "todo irá bien, sea lo que sea que suceda sabremos construir algo bueno con ello, con la ayuda del mundo espiritual". Es un buen ejercicio la incertidumbre, el no saber, para anclarse a la fe, mantenerse atento.

La Biblioteca
Muchas cosas nos han hecho sentir en casa desde que llegamos: la avalancha de amigos con los que nos hemos reencontrado, los sabores y olores de la comida (¡qué alegría volver a toparme con mis viejos y queridos ingredientes en las estanterías de un supermercado conocido!), la posibilidad de usar un horno ¡amo los hornos! (imposible antes por el tremendo calor), los conocidos acentos y adornitos del lenguaje, poder compartir los rezos y los cantos que tanto amamos con personas que tanto amamos.

Pero el momento definitivo de decir "estamos en casa" fue la biblioteca. Una hermosa, enorme, luminosa, amorosa biblioteca, con sección de niños y de bebés, con libros nuevos y sorprendentes y otros viejos conocidos, con bibliotecarias simpáticas y muchos usuarios.

Su olor a papel, a tinta, su silencio acogedor...nada más entrar las tres corrimos a los estantes, nos sentamos en el mismo suelo, y nos pusimos a explorar. ¡Hay tantas cosas maravillosas, tantas posibilidades para alimentar el alma con diferentes sabores, colores, sensaciones; tantas historias por contar, personajes por conocer o reencontrar!

Después de vivir tres años sin biblioteca, tener una a la mano a dónde poder ir a descansar nuestros corazones y nutrir nuestros sueños es, simplemente, un regalo del Cielo.

Ya decía Michellle Petit que la lectura nos permite a construir nuestro espacio interior, nos lleva como una linterna en la oscuridad a reconocernos, a ver lo que hay dentro de nosotros y a colocarlo donde mejor esté, a recorrer nuestras experiencias, a atesorar nuestras memorias, a descubrir nuestros anhelos. La biblioteca es el templo de ese encuentro la propia alma que se puede dar en la lectura.

Los Caballos
Otro ingrediente especial de nuestro verano español han sido las clases de montar a caballo a las que van las niñas cada fin de semana. De por sí el mero hecho de montar a caballo es algo especial. En alguna visita de un maravilloso médico antroposófico a la escuelita, nos explicaba lo importante que podía ser para un niño montar a caballo, todo lo que puede llegar a procesar, transformar, aprender en el proceso de cuidar de un caballo y montarlo. Con esta actividad los niños logran integrar su sensorialidad, logran liberar estrés si es que lo tienen, aprenden a dominarse a sí mismos (a su ego, diríamos espiritualmente hablando) al tiempo que aprenden a entenderse con el animal. Desarrolla en equilibrio, hacen ejercicio, respiran aire limpio del campo.

Además, en nuestro caso, los caballos tienen un aliciente extra que es la maestra, una amiga nuestra muy entrañable y querida con la que además pueden compartir este amor por los caballos y pasar un tiempo juntas cada fin de semana. Otro regalazo.

El Otoño y el trabajo
Por aquí ya empieza a pardear el otoño, ya va lloviendo, ya va soplando el viento del norte con más fuerza. El primero de septiembre las cosas empezaron a volver a la normalidad. Y nosotros cumplimos cuarenta días de haber aterrizado. Insha'Allah durante los próximos días ya podamos saber dónde vamos a establecernos y en qué nos va a tocar trabajar.

En este curioso ejercicio de rehacer el currículum en busca de espacios para colaborar o trabajar he encontrado que eso de cocinar es más importante para mí de lo que yo pensaba, tanto así que merece al menos una mención en mi hoja de vida.

Y otro hallazgo: ¡ya sé lo que soy! Tantas vueltas durante tantos años al rededor de las palabras, la cultura, lo social, la estética, la religión, la educación, me habían despistado, pero creo que finalmente tengo un nombre para mi tarea: soy Profesional de la Lectura ¿verdad que se oye bonito? A ver cuánto me dura.

¡Un abrazo general!