El cuerpo y la palabra
Ayer fue un día mágico para mí, pude por fin participar en una formación específica sobre el lenguaje en la pedagogía Waldorf y para mí no es poca cosa, es un posibiidad de conectar uno de los motores de mi vida (la palabra) con mi momento presente y un caminito que la Vida me está ofreciendo para seguir creciendo y aprendido, el sistema Waldorf.
Hace unos meses supe que Tamara Chubarovsky iba a estar en San Miguel de Allende en la formación para maestros dando un curso de una semana, y me retorcí de frustración y tristeza por no poder ir. Sentía que si alguien podía descubrirme mi verdadero sitio en estos mares antroposóficos era justamente ella y me la iba a perder. ¡Qué emoción cuando me enteré de que venía a Cancún! ¡Aquí, al lado de mi casa prácticamente, un curso chiquito que yo podía pagar y organizar con mi vida familiar! Reservé mi plaza hace más de un mes y este sábado me lancé con mis compañeros (oh feliz reencuentro) a Ximbal, una de las iniciativas Waldorf de la zona ¡otra escuelita de la selva!
Casi todo el curso pensé en mi querida hermana Yusra (es que tengo hermanas sufis tan mágicas) y el maravilloso trabajo que hace apoyando a niños con capacidades especiales en su desarrollo. Sentí que estaba sentada a mi ladito y me la imaginé trabajando con sus niños con toda devoción, suavidad, cariño. Me sentí tan agradecida de conocerla y de que haya personas como ella trabajando por los demás. Yusra nos regaló hace tiempo un DVD con rimas, juegos y canciones que hemos contado, cantado y gestuado hasta el cansancio. Así que casi todas las rimas y cuentitos que trajo Tamara al curso yo ya los conocía, pero pude descubrir su profundidad, su poder terapéutico, su función en el sano desarrollo del niño a nivel físico, emocional, intelectual, afectivo. ¡Cuánta riqueza en un sencillo verso que nombra y toca las partes del cuerpo! ¡Cuántas capacidades para desarrollar en el niño pequeño y qué oportunidad más preciosa para transmitir al niño contención, centro, amparo, cariño, presencia! (Aquí el link para verlo en videito: https://www.youtube.com/watch?v=-roU5m6CADs)
Es algo que me gusta mucho de la pedagogía Waldorf: se aprende con el cuerpo, se busca el desarrollo armónico de cuerpo, mente, alma (como sentimiento) y espíritu. Así la palabra entra por el cuerpo, como sucede en realidad de manera natural: cuando bebés mecemos y cantamos, cuando el niño crece un poquito más compartimos juegos con su cuerpecito (cinco lobitos, pon-pon-pon, aserrín aserrán), luego cuando ya tienen edad de explorar solitos el mundo las rondas involucran todo el cuerpo y ahí también va la palabra.
Esta sabuduría tradicional Tamara Chubarovsky la ha observado a la luz de las aportaciones de Rudolf Steiner sobre la cualidad de los sonidos y la esencia profunda de las letras, y ha desarrollado un método propio sobre cómo trabajar desde el lenguaje con los sentidos vitales del ser humano, tanto en niños como en adultos.
Además de gustarme sus descubrimientos me gustó su presencia, su energía para compartir lo que sabe, su fuerza y su sencillez. Sencillez en el sentido de claridad. Cuando uno tiene claras las cosas no hace falta dar vueltas, sabe lo que tiene que hacer, sabe cómo, con quién y con qué lo tiene qué hacer, el mensaje llega directo, sin interferencia. Un gran trabajo.
Preguntas en el espejo
¿Y yo? me hizo preguntarme ¿yo qué tengo para compartir? ¿qué hay en mí que pueda enriquecer la vida de los demás? En realidad es una pregunta que lleva un mes dando vueltas dentro de mí, desde que soñé a una amiga de mi mamá, una mujer que ha sido muy importante en mi vida, casi un arquetipo, que me decía: ¿Y tú qué es lo que EN REALIDAD quieres hacer con tu vida? Desde lo profundo de mí salía un grito prísitino y potente: AYUDAR ¡YO QUIERO AYUDAR! Ella respondía: pero ¿quién va a querer que le ayudes si no sabes hacer nada?
Y llevo un mes dándole vueltas al asunto. En realidad creo que es un adelanto de la mi crisis de los cuarenta: ¿quién soy, qué he hecho con mi vida, hacia dónde voy, qué dirección debo tomar AHORA? Es decir, todos tenemos un don. Nuestra presencia en este mundo tiene el sentido de que aprendamos para seguir creciendo y acercándonos al Corazón del Cielo y de la Tierra, pero también para que aportemos lo que Dios nos ha dado, para contribuir al bien de todo y de todos en nuestra minúscula medida pero ¿y a mí qué me toca hacer? ¿con criar a mis hijas es sufciente aportación a la humanidad? ¿con tratar de ser buena persona basta? De verdad llevo días y días rebuscándole el sentido a mi vida hasta que por fin, esta misma mañana di con la piedra angular. Es una piedra pequeñiiiita, muy simplona, muy sin chiste, pero que seguro puede llegar a rellenar alguna grietita en la pared del Alma y hacerla más bella.
Yo sé usar las palabras. Amo leer, amo cocinar, amo estar con otras personas y compartir lo que he aprendido. También amo el camino espiritual que me han regalado, que empezaron a trazar mis abuelos y mis padres y que finalmente mi Maestro puso entre mis manos. Así que con una combinación de las anteriores algo bueno podré hacer con las personas que me rodean, creo que eso bastará. ¡Por lo menos me he quedado más tranquila de sentir que sí tengo algo para ayudar, aunque sea una sopa, o un verso, o unas palabras mágicas de las que le he robado al islam!
El verano se desliza hacia su final, el curso empieza con grandes retos y sorpresas, nos preparamos para empezar un nuevo ciclo. El ciclo anterior llevaba por nombre: "Hazlo bien". Fue muy pedagógico pero tremendamente sufridor. Este se llama: "relájate y disfruta", algo totalmente nuevo en mi vida pero que seguramente dará frutos nutritivos y delicioso ¡y si no, cambiamos de lema!
Buen inicio de ciclo para tod@s.
