Hemos emprendido de nuevo el vuelo y ya estamos en España. Se siente bien estar aquí. El aire es muy ligero y hay paz en mi corazón. Me sorprende todo lo que puede albergar el corazón, caben a un tiempo una alegría grandísima por los reencuentros y una nostalgia de regulares dimensiones por la gente querida que dejamos en México. Y también de fondo esa certeza de que, sin importar donde estemos, el amor nos une, y más que irnos, nos hemos expandido de manera que nuestro cariño abarca desde las costas del Pacífico hasta los confines de Mediterráneo.
Por lo pronto aterrizamos en blandito, estamos en un sitio mágico donde cada verano caen estrellas para alimentar a la Tierra de hierro sideral. Huele a pino, hay música volando desde las ventanas, cantos de pájaros, montes, plazas cuajadas de sombra. Los días se han hecho muuuuuy largos y nuestro reloj interno anda todavía un poco loco. Estamos poco a poco reconectándonos.
Nos queda por hacer la recapitulación de tres años de viaje y comenzar a dar pasos en este nuevo destino. Poco a poco. Estamos llenos de agradecimiento por todas las bendiciones que encontramos allí donde vamos y llenos de esperanza por lo que vendrá.
Un abrazo general.