La maleta imaginaria
Decididamente tratar de quitar una casa mientras la estás usando es una soberana locura. Las cosas empiezan a amontonarse, aquello que deberá llenar las maletas pero que sigues utilizando (esto es: la maleta imaginaria) está provisionalmente colocado en un mueble también provisionalmente colocado a dicho efecto. El segundo gran reto será ajustar las dimensiones de la "maleta imaginaria" a la maleta real que SIEMPRE SIMPRE resulta ser más pequeña.
Trato de reducir las necesidades al mínimo para que puedan ir desfilando todas aquellas cosas innecesarias hacia su nuevo destino: las manos de alguien que las pueda aprovechar o grandes bolsas y valijas que dormirán en el closet gigante que compramos al llegar, UNA VEZ QUE lo hayamos desmontado y vuelto a montar en casa de la abuela.
Esta vez sólo podemos llevar las maletas ¿y cómo meto yo mi vida en dos maletas? Menos mal que aquí hay una casa familiar donde puede quedarse el resto. ¿No dije una vez que quería viajar ligera? Pues aquí está la lección dos: cambio de continente con tarifa turista. La lección uno, por supuesto, fue cambio de contiente con
container incluído.
Aún así estoy FELIZ. No porque no sea dichosa en Libia. Aprendí estando aquí que la felicidad no puede dejarse para después, ni endilgársela a la infraestructura, el medio ambiente, la cultura, el horario. Mi felicidad es una piedra preciosa a la que sólo yo puedo sacarle brillo y para sacarle brillo no necesito a penas nada: un poco de tiempo, un poco de creatividad, la actitud adecuada.
Conocer, amar, elegir
Muchísimo es lo que hemos ganado y aprendido en estos seis meses benghazinos. Nos queremos más, nos entendemos mejor. Puedo afirmar que todos hemos florecido, alhamduliLah. ¿Y por qué no nos quedamos, entonces? Pues porque tenemos la INMENSA suerte de poder elegir.
Es decir, si esta fuese nuestra única opción la abrazaríamos con amor. Aunque sea una posguerra, aunque sea una posdictadura, aunque la infraestructura esté por hacerse, la educación y la cultura por renovarse, aunque podamos sentir el dolor que han dejado estos años en cada persona con la que convivimos y atestiguar el maltrato sistemático que ha sufrido la ciudad en su más reciente pasado...Sí, todo ello nos duele, especialmente porque no podemos hacer nada para cambiarlo. Difícilmente podemos "acompañar" a estas personas en su dolor de manera positiva, dificilmente podemos proponer cambios cuando las aguas por aquí todavía no se han asentado. Dificilmente podemos comprender las elecciones que ha hecho este pueblo a partir de lo que ha vivido y que dan forma a su presente. Todavía tienen que pasar muchas cosas para que este rincón del mundo pueda empezar a funcionar con felicidad. Y gracias a Dios no tenemos que estar aquí mientras eso sucede. Más que eso, no nos corresponde. Les toca a ellos, a los libios que han pasado por todo el proceso ponerse en pie de verdad y restituirle a este sitio su belleza y su salud original.
Un año después de pisar Libia por primera vez (y de volver a pisarla para nuestro Habibi después de treinta años) sentimos que hemos cerrado un ciclo. Mis hijas ahora TIENEN una familia libia, hablan árabe, conocen el mar y el desierto, aman los guisos de su abuela, las risas de su tía, las ocurrencias de sus primos. También odian la poca delicadeza de unos y las malas pulgas de otros. En fin, Amar es Conocer y Conocer es Amar, como bien concluyó Ramón Llul. Y mis hijas ahora pueden Amar esta tierra y a esta gente con conocimiento de causa y no sólo en la fantasía, Y NOSOTROS TAMBIÉN.
Así que imaginando la clase de vida que queremos llevar en este preciso punto de nuestro camino, con este par de invitadas, nos ha parecido claro que otros mares nos esperan, y gracias a Dios nos esperan con los brazos abiertos. ¿Quién iba a pensar que aquella casita que compramos hace unos meses con a herencia de mi madre pudiera de verdad convertirse un día en nuestro hogar? Por más que lo intento no puedo encontrarle defectos para sentirme menos culpable de tener una casa. ¡Yo tengo una casa! Cuánta gente a la intemperie y yo tengo una casa. No me siento mejor que los demás para tener más facilidades que los demás.
Pero como no encuentro la solución filosófica a este problema elijo sentirme AGRADECIDA, inmensamente agradecida, inmensamente afortunada, y cumplir hasta donde puedo con el principio que me enseñó mi madre y que luego me confirmó el Islam: lo que recibes no es para tu propio beneficio, es para beneficio de todos cuantos están cerca de ti, no eres un saco de bendiciones, sino un centro administrador de bendiciones. El "zakkat" (compartir con el necesitado una parte de los beneficios obtenidos durante un año de trabajo), si no me equivoco es uno de los cincos pilares del Islam junto con la oración (salat), la pregrinación (hajj), el ayuno (de ramadán) y la fe (shahada). Y no solo el zakkat sino la sadaka, dar siempre que puedes, ayudar siempre que puedes. Asñi se equilibra el unvierso, el microuniverso de la vida personal y el macrouniverso de la vida social.
México, la suave matria
Y no se me ofenda mi padre pero para mí, México es la Madre, la tierra, femenina, amorosa, nutritiva, dulce, alegre, acogedora. Sí ya sé que también llora con lágrimas de sangre y acaricia con espinas. Ya sé que también desgarra y especialmente ahora no está en su momento más feliz. Pero quiero pensar que es un parto, largo y doloroso pero parto al fin. Y como yo también soy madre espero poder encontrar mi sitio entre sus brazos, ser un factor positivo en el proceso, y conmigo mi Habibi y nuestras habibtis.
Se me suben las lágrimas a los ojos sólo de pensarlo ¡mi tierra, diez años depués mi tierra! Mi familia, mis amigos, mi habla, mi comida, mis costumbres, mi derecho de nacimiento, MI TIERRA, mi continente.
¿Y si resulta que tampoco es nuestro sitio? ¡Pues buscaremos otro! Dios dirá.
Insha'Allah podamos cerrar felizmente este capítulo, y abrir el siguiente con protección, guía y facilidad. ¡Especialmente que nos aguante el físico! Que podamos llevarlo a cabo con salud de cuerpo, mente, alma y corazón. Ahi les encargo sus oraciones.