Parece que España aterrizó en la realidad. La huelga del transporte llegó al supermercado, pero no porque los víveres no estén alcanzando a tiempo las tiendas, sino porque los compradores empanicados las están vaciando a la velocidad de la luz. Los supers están haciendo su agosto en pleno junio y las gasolineras también. Los productores, cazadores y recolectores de alimento españoles reclaman ayudas alegando que con la subida del combustible ya no les queda ni pa comer. Y el resto de los transportistas se solidarizan.
Total, que ayer voy a Mercadona (el súper de casa) a hacer la compra de la semana y ¡horror! Nada de azúcar (morena), nada de lechuga, nada de papel del baño, casi nada de pescado, cero arroz (blanco), unos cuantos paquetes de pasta. Las colas de caja del lunes por la tarde eran las correspondientes al viernes o sábado y los carritos parecían montañas de mercancía ambulantes. La gente se abalanzaba sobre los productos como sobrela última coca del desierto y las cajeras sudaban mientras pasaban por el tí tí infrarrojo compras familiares que más bien parecían militares. Yo compré lo de la semana con cierta inquietud y me fui pensando: ¡el fin del mundo! (dicen los informados que hay una crisis energética inminente y que quienes no sean capaces de autoabastecerse se van a chingar, con perdón). Pero no nos pongamos apocalípticos.
Se desinfla la "burbuja inmobiliaria", el paro (seguro de desempleo, ¡por lo menos tienen!) sube un 60% con el sector de la construcción (o algo así, no me hagan mucho caso pero de todas maneras los periódicos manejan esta clase de cifras escandalosas), la gasolina y sus amigos andan por las nubes. Es lo que se llama: crisis. Así está el mundo, pero acá se creen que viven en el penhouse de la economía mundial y ya le está cayendo el veinte de que no. O sea, a los medios, al gobierno, a los sectores tururú, porque las amas de casa ya sabían de sobra que llegar a fin de mes estaba cada vez más chungo. O sea, que la economía familiar anda desde hace rato por los suelos. (¿qué tal mis salpicones de arrabalería gachupina?).
APROVECHO para contarles que una legendaria valquiria de los talleres literarios regiomontanos ha vuelto a las andandas. Dice que su tema es poco poético, pero lo aborda con su característica y deliciosa inteligencia, así que aunque hable de cosas que se encuentran por las esquinas da gusto volver a leerla. La tienen en http://domadoresdeleuro.wordpress.com/ Ahí tienen una nota bastante más coherente que la mía.
En fin, así está el mercado del abarrote, nunca mejor dicho.
Total, que ayer voy a Mercadona (el súper de casa) a hacer la compra de la semana y ¡horror! Nada de azúcar (morena), nada de lechuga, nada de papel del baño, casi nada de pescado, cero arroz (blanco), unos cuantos paquetes de pasta. Las colas de caja del lunes por la tarde eran las correspondientes al viernes o sábado y los carritos parecían montañas de mercancía ambulantes. La gente se abalanzaba sobre los productos como sobrela última coca del desierto y las cajeras sudaban mientras pasaban por el tí tí infrarrojo compras familiares que más bien parecían militares. Yo compré lo de la semana con cierta inquietud y me fui pensando: ¡el fin del mundo! (dicen los informados que hay una crisis energética inminente y que quienes no sean capaces de autoabastecerse se van a chingar, con perdón). Pero no nos pongamos apocalípticos.
Se desinfla la "burbuja inmobiliaria", el paro (seguro de desempleo, ¡por lo menos tienen!) sube un 60% con el sector de la construcción (o algo así, no me hagan mucho caso pero de todas maneras los periódicos manejan esta clase de cifras escandalosas), la gasolina y sus amigos andan por las nubes. Es lo que se llama: crisis. Así está el mundo, pero acá se creen que viven en el penhouse de la economía mundial y ya le está cayendo el veinte de que no. O sea, a los medios, al gobierno, a los sectores tururú, porque las amas de casa ya sabían de sobra que llegar a fin de mes estaba cada vez más chungo. O sea, que la economía familiar anda desde hace rato por los suelos. (¿qué tal mis salpicones de arrabalería gachupina?).
APROVECHO para contarles que una legendaria valquiria de los talleres literarios regiomontanos ha vuelto a las andandas. Dice que su tema es poco poético, pero lo aborda con su característica y deliciosa inteligencia, así que aunque hable de cosas que se encuentran por las esquinas da gusto volver a leerla. La tienen en http://domadoresdeleuro.wordpress.com/ Ahí tienen una nota bastante más coherente que la mía.
En fin, así está el mercado del abarrote, nunca mejor dicho.