Tuesday, June 16, 2009

Antídoto (no apto para ojitos delicados)

Esta mañana me levanté furibunda. Soñé que estaba, no enojada, sino verdaderamente emputecida, o como dice elegantemente mi Gungui: no encabritada sino "lo que le sigue". Como segundo acto me enfurecí con Halima porque no quería ni ponerse los zapatos ni que yo se los pusiera y ya llegábamos tarde al cole. Al final salió descalza de casa, se puso los zapatos en el coche y se los abroché cuando llegamos a la guarde. Como tercer acto recibí una amorosa llamada-bomba, es decir, una invitación bien intencionada pero presionadora, desbordada de un entusiasmo aplastante. Un plan alegre y maravilloso con posdata: pero si no te unes chinga tu madre.

¿POR QUÉ? ¿Por qué algunas personas piensan que estoy a su entera disposición y que mis otros compromisos/intereses/necesidades/planes no cuentan? ¿será que yo funciono así, presionando en vez de invitar y amenzando en vez de ofrecer? ¿será que yo les hago eso a los demás y simplemente me lo devuelven? ¿o más bien el problema es que me importa demasiado "quedar bien" con las personas que amo y no darles disgustos ni frustrar sus hermosos planes y le doy demasiada importancia a lo que vayan a sentir/pensar ante una negativa? A lo mejor lo que pasa es que como yo he tendido a sentirme rechazada (sí, telarañas de esas que afortunadamente se me van quitando con el paso del tiempo) siento que debo tener el máximo cuidado de no hacer sentir a los demás que los rechazo sino que simplemente no me conviene participar en tal o cual cosa en este o en aquel momento. Es decir, me estreso de más preocupándome por los sentimientos de los demás en vez de dejar que se hagan responsables de sus propias emociones. O a lo mejor es que en el fondo me da miedo que me quieran un poquito menos si no acudo rauda y veloz a su convocatoria.

Pues creo que a partir de ahora voy a ser una persona egoísta y convenenciera. Voy a hacer lo que yo quiera cuando yo quiera atendiendo a lo que más me gusta, me conviene o necesito EN CADA MOMENTO (bueno, con responsabilidad, tampoco quiere decir que voy a dejar a mi hija sin comer sólo porque no quiero cocinar) sin que me importe si los demás lo aceptan, lo entienden, o me dejan de querer o de invitar a sus cosas, por mucho que los quiera y por mucho que me importe su cariño. He dicho.

Ah. Lo del antídoto era porque toda la furia se esfumo cuando escuché los acordes de: í-magí-na-té de Silvio que recibí de regalo en mp3 vía mail ¡con todo el disco de Rabo de Nube! que es una verdadera gozada, o un verdadero gozo, como se diga. Mil, dos mil y tres mil gracias a mi amable benefactor. Seguiré escuchando a Silvio. Y el /la que me pueda seguir queriendo en mi fase egoísta/conveneciera ¡bienvenid@! Y los que no, no se apuren, muchachos, yo como quiera los quiero un chingo. Amén.

Friday, June 05, 2009

El árbol de la añoranza

Traje mi árbol de ascuas
y él me entregó
un loto
un loto con frutos como cuencos
capaces albergar
cada uno
un universo.
Traje el ardor de mis naranjas
hasta su mano ardiente de besos.

Una gota de mi sangre con la primera luz
semilla de los recuerdos
Ya Habibi
Ya Nur

Un árbol de loto crece en mi centro
el límite mismo de la tierra y el cielo.
Toda mi huerta dorada
se hunde en un solo beso
hasta aquí, luz de mis ojos,
me trae mi deseo.

¡Toda mi resolana,
luz de mis ojos,
mi sol, mi polvareda,
por uno de tus lotos!