En un video de hace como 15 años, una Kalthumy diminuta se acerca ala cocina a toda velocidad sobre su triciclo, abre una enorme caja de plástico y extrae un trocito de dulce que saborea mientras vuelve a alejarse a toda velocidad (ya desde entonces le gustaban las carreras, creo). En ese bote había magrud, un dulce tradicional libio que sus tías y abuela le preparan por kilos cada vez que la van a ver. Allí es el dulce de las fiestas, de las bodas, del Id de ramadán.
Esta semana santa tuvimos en casa a Saddik, el mejor amigo de Mao de la infancia y su madre, Hajja Baharia. De compras en la tienda marroquí se le ocurrió decirme: mira, sémola ¿quieres que te enseñe a hacer magrud? Me sentí sorprendida, honrada y feliz de compartir esa tradición.
Una buena mañana nos pusimos manos a la obra, aunque con un solo kilo y no seis o siete como hacen ellas, y el resultado fue maravilloso. El magrud se deshace en la boca como un trozo de arena dulce con corazón de dátil. Ahora podré hacer magrud para la familia de este lado del Mediterráneo y, lo que es mejor, enseñar a mi Halima (y a Karen que es una gran cocinera y a lo mejor también a Marisol que es toda una artista internacional en esto de los sabores y con mucha suerta hasta a Kalthumy aunque no le gusta nada cocinar) a preparar este dulce tradicional que es, al fin y al cabo, parte de su herencia árabe. ¡Qué honor! Y qué delicia. Ser cocinera es ser también transmisora. A ver si consigo ponerme también las pilas con recetas mexicanas. menos mal que tengo por ahí el libro de mi propia abuelita.
La receta y las fotos del proceso en: http://www.lacocinaespontanea.blogspot.com/
Esta semana santa tuvimos en casa a Saddik, el mejor amigo de Mao de la infancia y su madre, Hajja Baharia. De compras en la tienda marroquí se le ocurrió decirme: mira, sémola ¿quieres que te enseñe a hacer magrud? Me sentí sorprendida, honrada y feliz de compartir esa tradición.
Una buena mañana nos pusimos manos a la obra, aunque con un solo kilo y no seis o siete como hacen ellas, y el resultado fue maravilloso. El magrud se deshace en la boca como un trozo de arena dulce con corazón de dátil. Ahora podré hacer magrud para la familia de este lado del Mediterráneo y, lo que es mejor, enseñar a mi Halima (y a Karen que es una gran cocinera y a lo mejor también a Marisol que es toda una artista internacional en esto de los sabores y con mucha suerta hasta a Kalthumy aunque no le gusta nada cocinar) a preparar este dulce tradicional que es, al fin y al cabo, parte de su herencia árabe. ¡Qué honor! Y qué delicia. Ser cocinera es ser también transmisora. A ver si consigo ponerme también las pilas con recetas mexicanas. menos mal que tengo por ahí el libro de mi propia abuelita.
La receta y las fotos del proceso en: http://www.lacocinaespontanea.blogspot.com/




