Sunday, May 05, 2019

En la orillita (a punto de Ramadán)

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Vuelvo a estar de pie, observando las aguas a las que estoy a punto de saltar. Me apetece, lo necesito, pero aún así queda una poca de resistencia dentro de mí: sé que la inmersión no es del todo agradable, que requiere tener la disposición adecuada, el estado de mente y de cuerpo, para no padecerla. Sé que habrá momentos muy felices y otros que no me gustarán nada de nada, pero que aún así me harán bien. La laguna se llama "Ramadán" y voy a bucear durante 30 días en sus profundas aguas que me llevarán, en realidad, a mis propias profundidades.

Ahora sí puedo contestar, un año más tarde, a esa pregunta que me hicieron los niños que acompaño: "¡¿Y por qué lo haces?!"

¿Quién elegiría por gusto un mes de ayuno? ¿Qué hay a cambio? Pues a cambio hay 30 días de silencio, como cuando estás debajo del agua. Mi cabeza deja de parlotear constantemente y se centra en resolver lo indispensable. Tampoco escucho ya las cosas que suceden a mi alrededor y no me incumben, me ocupo de mis asuntos y eso también trae mucha paz.

Mis emociones aparecen como en un espejo, puedo verlas venir, las reconozco. Con un poco de suerte logro verlas antes de que se apoderen de la situación y puedo decirles: "ahora no, cariño". Hay una distancia con lo que sucede, no estoy inmersa en las circunstancias, estoy inmersa en mí. Y eso me da sensación de libertad.

Me obliga a cuidar mi cuerpo. En circunstancias normales lo llevo a todo vapor, como una máquina. Pero en Ramadán me doy cuenta de que es mi vehículo, y si no lo cuido no puedo seguir el viaje. Así que le doy prioridad a cuidarme, a descansar cuando lo necesito, a comer lo que necesito. Recupero la capacidad de conectarme con mi cuerpo físico y mis energías vitales y escuchar con claridad la respuesta cuando le pregunto: ¿qué necesitas? Y poder darme lo que necesito me llena de amor.

Cada día me propongo ayunar desde antes del amanecer hasta el ocaso,  y cada día hay una voz dentro de mí que dice: "No vas a poder." Y otra que le contesta: "Pero lo voy a intentar". Cuando el sol se pone y veo las horas que llevo sin comer ni beber, cuidando de mis hijas, llevando a cabo mis tareas, invariablemente mi sensación es de un gran triunfo: "Sí pude, yo puedo, yo puedo hacer todo lo que proponga". Y eso me llena de fuerza. Y también siento que hay algo más grande que yo que me sostiene cuando me propongo algo que es bueno y verdadero. Eso me llena de confianza.

Mientras ayuno, pienso en la suerte que tengo de saber que al final del día, con toda seguridad voy a poder comer y beber. Y eso me llena de agradecimiento. Paladeo los sabores reales de las cosas, esos que ya casi no notaba, la dulzura de una hoja de lechuga, el despliegue de tonalidades de una alcachofa, y eso me llena de asombro y de placer.

También pienso en los millones de personas que están ayunando al mismo tiempo que yo lo hago, con la misma intención de acercarse a lo divino, de renovarse en cuerpo y alma, de solidarizarse, de reconectarse y me siento en conexión con esas personas y con esa intención y esa voluntad, tan tremendamente humana.

Cuando ayuno, pienso en las personas que no dejan de comer y beber por libre elección, sino porque su situación material se lo impone. Donde hay extensas comunidades de personas ayunando, cuidan unos de otros, la comunidad entera se vuelca a proveer y acompañar a los que no tienen. Yo pongo la intención de compartir algo de lo que tengo con quien lo necesite. Ahora mismo vivo en un entorno privilegiado, pero aún así, siempre hay alguien con hambre y sed, si no de pan y agua, de atención, de cariño, de cuidados, de alegría, de escucha. Al final del mes, como parte de las prácticas de ramadán, damos una parte de nuestras provisión material a alguna persona que esté en situación menos afortunada. Y poder compartir siempre da mucha alegría.

Con el ayuno, la atención vuelve hacia adentro y ahí puedo encontrarme conmigo misma, descubrir cosas que antes nos había podido ver aunque hubieran estado siempre ahí, o ver nacer cosas nuevas, comprender mi sombra, abrazar mi luz, y vincularme con esa Luz que fluye hasta mí constantemente.

Así que, como ven, esta laguna llamada Ramadán esconde muchos tesoros. No es un viaje cómodo, pero vale la pena dejarse llevar por sus aguas, fluir en sus bendiciones, recargarse de paz, libertad, amor, fuerza, confianza, agradecimiento, asombro, placer, fraternidad, alegría, conexión, luz.

Feliz Ramadán para tod@s y que sus bendiciones se extiendan por el mundo, insha'Allah.


En la imagen: Kaan Luum, Quintana Roo, con un guiño especial a los amigos que nos llevaron a descubrirlo.

Friday, January 18, 2019

Hasta siempre






Llorar y llorar


Siento anunciarles que el día de hoy vengo aquí a llorar. Quien no quiera lágrimas puede saltarse al capítulo siguiente. Llevo tragándome el llanto desde el 5 de enero. Uno de mis tíos queridos se desvaneció y la vida se le empezó a evaporar del cuerpo para sorpresa y consternación de cuantos lo queremos.

Era un jovenazo setentañero, en pleno, máximo y gozoso compartir de sus saberes y habilidades. No sé si recuerdo más su sentido del humor a prueba de bombas, o su hermosa, extensa y delicadísima sabiduría. Supongo que son, en realidad, dos caras de la misma moneda. Y la suerte que es que las dejó bien sembradas y sus frutos todavía los podemos degustar a la vera de sus cuatro hermosos hijos e hija. Afortunadamente también está ahí la tía Maryse maravillosa, su compañera de vida, para contarnos las anécdotas y regalarnos generosamente los "cómos" y los "porqués" de la vida que han compartido.

Aprendo mucho de mis tías y tíos, aunque los vea poquito. Me recuerdan algo que había dormido en mí, o me dan una visión que me ayuda a comprenderme o a comprender el mundo. Es como si hubieran ido dejando a lo largo de su vida piedrecitas preciosas para ayudarme a encontrar mi propio camino, con solo ver su trayectoria y sentir su cariño se me aclara el panorama. No hace falta que hablen mucho, sólo verlos, ver sus vidas, es revelador e inspirador al mismo tiempo. Tengo una familia extraordinaria (para bien, no crean) y quien llega a conocerlos puede dar fe de ello. Por eso me duele tanto que una de estas criaturas extraordinarias se vaya para el otro barrio.  Y, concretamente en el caso del tío Javier, me da mucha rabia y dolor no haber disfrutado de su presencia y del calorcito de su familia, cuando pude hacerlo. Lo he tenido aquí "traslomita", del otro lado de los Pirineos durante 16 años y sólo una vez fui a verlo.

No fui capaz de llamar ni enviar mensajes a mi tía y a mis primos una vez que se dio por oficial que mi tío nos había dejado. Sentí que me deshacía de la tristeza ¿Y cómo estarán ellos, pensé? ¿Qué voy a decirles que los pueda consolar? Mis lagrimillas de sobrina lejana serán como una afrenta ante el tamaño de su pérdida. Desde luego perder a un padre debe ser dolorosísimo, yo sólo sé lo que es perder a una madre (hace muchos años) y todavía tengo las cicatrices. Así que sentí que lo mejor que podía hacer era ir a decirles lo mucho que los quiero y darles un abrazo silencioso en reconocimiento de su dolor y de su amor, y me fui a París.

La bella durmiente o La muerte y la vida

Yo iba a encontrarme con la muerte ¿y con qué me encontré? ¡Con la vida! Ahí estaba esperándome en una parada de bus a la salida del RER que me llevó desde el aeropuerto hasta las cercanías del cementerio. "Bonjour monsieur", "bonjour madame" se sentían como caramelos en mi boca. Llovía, había gente de todos colores y con todo tipo de vestimentas. Un amable caballero me indicó cómo llegar a la puerta del cementerio y me contó su vida en unos pasos, como un cuento de hadas. El lugar era hermoso, lleno de árboles y de paz. El ataúd de mi tío parecía el capullo de una mariposa y me recordó ese "cuento sanador" de Susan Perrow: la oruga ya no está, parece que duerme, pero en realidad está preparándose para desplegar sus alas y habitar un nuevo espacio que nosotros, bichitos, sólo podemos soñar.

Fue delicioso poder abrazar a los representantes de la familia que lograron venir de México y a los parisinos tantos años después, con el mismo cariño. Fue como el beso de la Bella Durmiente. Ahí, mientras le decíamos adiós y gracias al cuerpo físico del tío Javier, despertó una parte de mí que llevaba cien años durmiendo: una niña que tenía un club con sus primos, que hacía travesuras, que se dejaba llevar por la vida, despreocupada, que aprovechaba cada pequeña ocasión para disfrutar. Mi hermana tuvo a bien recordarme que no llorara más ni más fuerte que los familiares directos. Así que el llanto me lo volví a tragar, el de despedir al tío y el de encontrar a la bella durmiente al pie de los cipreses.

Hacía frío, pero yo sentía calor, el calor del cariño y la presencias de estas personas tan queridas. Yo fui a abrazar, a rodear, pero me vi rodeada y abrazada y me di cuenta del tiempo que llevo sin ese círculo amoroso físico, que sostiene y que hace que los momentos descoloridos de la vida sean sólo eso, momentos descoloridos destinados a pasar y dejarnos algo bueno.

Después del entierro, la familia y los amigos cercanos nos dirigimos a casa de los tíos a compartir un ratito juntos. Pero aquello era un fiestón. Comida, bebida, charla, alegría. Me sentí muy feliz de ver cuánta familia de corazón estaba ahí arropando a mi tía y a mis primos, con un amor tan comprometido y tan genuino. Fue precioso. Las mesas estaban llenas de pasteles hechos por la concurrencia, en el jardín había "coronitas" de sobra y en los altavoces sonaban rancheras de las buenas.

El día terminó con un paseo de chicas a comprar quesitos para la vuelta de las mexicanas, y con sendas tandas de molletes para la "torna" del funeral. "¡Ay que alegría!", casi se podía decir. parecía mentira que no estuviera por ahí el tío, o sí estuviera, pero ya de una manera tan etérea, que clavaba un cuchillito en el corazón.

Los días de convivir con la familia allí fueron un gran regalo, pero también un tremendo shock: si vengo de una familia de caminantes ligeros, de artistas y disfrutadores ¿qué  %$"=<>#  estoy haciendo con mi vida? ¿por qué tanto sufrir por tonterías, a qué tanto sentido del deber y tan poco sentido del vivir?

En mi vida he hecho elecciones difíciles: vivir lejos de mi tierra y de mi gente, cruzar las fronteras de mi tradición espiritual, dejar la senda que me había trazado y que se suponía iba a darme la armadura para enfrentarme a la vida...esa clase de cosas. Y  ahi descubrí que no importa lo que haya elegido, sino cómo he elegido vivirlo. Porque hasta las separaciones más desgarradoras, los cambios de ruta más abruptos y los desconciertos más grandes, pueden vivirse como una sinfonía.

Así que esas lágrimas se juntan a mi llanto: ¿para qué tanto agarrarme al dolor si la vida es un suspiro? ¿quién me va a pedir allá arriba la cartilla del deber cumplido? Anubis pesará mi corazón y este ha de ser más ligero que una pluma, está clarito desde el tiempo de los egipcios. Ay qué amarga me siento y qué desconcierto. Esto de ser melancólica es un horror.

No se me malentienda, no digo que me la haya pasado sufriendo, mucho he disfrutado y mucho amor he tenido, pero me gustaría haber vivido con un poco mas de gracia y ligereza, sin darle tanto peso a la responsabilidad y dejándome llevar más por el disfrute y la alegría. A partir de ahora puedo hacerlo diferente, eso es lo que cuenta.

"De la muerte nace la vida" me dijo una sabia amiga estos días. Y efectivamente siento que la muerte del tío Javier y ese reencuentro hermoso que ha traído, ha hecho nacer para mí una nueva visión de cómo quiero que sea mi vida. No recuerdo con exactitud esa frase que alguien le dijo a la tía Maryse y que resultaba tan esperanzadora, era como que la presencia espiritual del tío Javier todavía podía ser motor de muchas cosas buenas y bonitas en la vida. Yo me voy a apropiar de esa frase y voy a darle gracias a la Vida por el camino del tío Javier, por las familia hermosa que sembró y cultivó, y las tomaré como inspiración para conducir mis pasos con más aire, y más alegría.

Cada uno debe seguir su camino. Es un disgusto cuando alguien querido se nos adelanta, pero como dicen en mi tierra: "ventaja que nos lleva". Y se quedan siempre con nosotros, como Amor Vivo.
Gracias tío Javier.
Gracias Maryse, Sebastián, Alexis, Manu y Nonor, y sus hermosas familias.
Gracias Pérez, a todos y todas, cuánto los quiero.




Tuesday, June 05, 2018

Hasta el 40 de mayo


Una primavera revoltosa

Muy lentamente, los almendros empezaron a cubrirse de flores, y aún con las ramas nevadas de pétalos tuvimos nieve sobre nieve: campos nevados y estrellas de azúcar flotando del cielo a la tierra. Una preciosidad. Incluso ahora, después de tanta nieve y tanta lluvia, ya a las puertas de junio, sigue sin hacer calor. ¡Una suerte para los que hacemos el ayuno de ramadán!

El inicio de la primavera ha sido nudoso, dificultoso, intenso, abigarrado... Decidí emprender la limpieza y reordenación de mi "armario interior" y ¡ay de mí! ¿En qué momento se me ocurrió abrir la caja de Pandora yendo a terapia? Ah sido una muy buena oportunidad para ver cosas que llevan ahí siglos y enturbian mis relaciones con las personas que amo, o me hacen tener una forma de actuar desgastante para mí y para los que me rodean, o simplemente suponen una carga energética o emocional que no me hace ninguna falta. También ha sido una buena oportunidad para reconciliarme conmigo y con la Vida, recuperar la confianza y sentirme más ligera y feliz. AlhamduliLah


Mientras tanto, en el Jardín Secreto algo cambió y se abrió para mí la puerta de "dentro de dentro" (maravillosa soncronía, yo abro mi puerta y ellos abren las suya). En este espacio mágico, además de haber niños pequeñitos que es una delicia acompañar, hay niños un poco más mayores que ya están en la aventura del conocimiento intelectual y a los que es un reto delicioso acompañar.


Durante las primeras horas de la mañana, trabajan en un espacio que ellos llaman "dentro de dentro". ¡Amo el nombre! Ahí es donde me gustaría llegar e instalarme, en ese recinto dentro de dentro (de mí misma, claro está) donde viven el amor y el conocimiento. Y cuando la aventura de descubrir termina, tengo el privilegio de acompañarlos en la aventura de moverse, de escuchar sus cuerpos, de entrar en los misterios del ritmo. Cada día tenemos un ratito para estirarnos, hacer juegos de pasar objetos o de movernos coordinadamente en el espacio, exploramos nuestra voz, recitamos, hacemos juegos de palmas, y finalmente tocamos la flauta.


Disfruto enormidades con estos críos que viven ya en su cabeza, además de en sus cuerpos y corazones. Que se plantean cosas, que nos cuestionan, que empiezan a sacar conclusiones, que tienen su propia opinión de las cosas y sus propia manera de hacerlas. Así como estar con los pequeños me hace instalarme en el corazón y ya eso arroja suficiente luz a la cabeza para organizar las circunstancias, estar con los "grandes" me lleva a ocupar con toda la conciencia que puedo todos los habitáculos de mi interior y mi exterior: mi pensar, mi hacer y mi sentir. ¡Es un reto enorme! Pero el disfrute también es grandísimo y me trae muy lindos recuerdos de mi experiencia como profe en nuestra escuelita Waldorf en México.


Esto de andar el camino de la pedagogía Waldorf me hace sentirme ligada a una cadena de seres mágicos, como si perteneciera a una hermandad secreta de brujas y brujos. Me hace muy pero que muy feliz poder nuevamente pronunciar mis encantamientos, compartir mis pócimas, hacer pases con mi varita mágica, y con ello contribuir al camino de estos niños.

En esas estaba cuando, de pronto ¡llegó ramadán!




Nuevamente ramadán

Cuando finalmente el frío helador se retiró a su reposo, el campo se convirtió en un cielo verde tachonado de estrellas de oro. Las amapolas por fin empezaron a asomar sus caritas preciosas, y ahora tenemos alfombras entretejidas de rojo y ramilletes adornando incluso los pequeños espacios de tierra en los que crecen los árboles sobre las aceras. Una locura de belleza. Un descaro de colores florales. Una barbaridad.

Y con ese marco empezó ramadán. Como cada año, los días anteriores me planteé muy seriamente las razones por las que este año de verdad no iba a poder ayunar. Pero se disolvieron el primer día de ayuno. Es lo que tiene ramadán, nos sitúa en la verdad.

Tardé casi 10 días en poner un poco de ambiente de ramadán en casa: el "calendario de ramadán" para las niñas, en el que encuentran una sorpresita cada noche y nos permite tener conciencia del avance del mes. Una "mesita de estación" nocturna y con mezquita. Un saludo de ramadán en la puerta. Papel picado adornando la puerta de la sala. Así que, aunque tarde, ya tenemos una sensación más festiva al entrar.

Cada tarde Fátima pregunta con insistencia si su regalito ya está puesto en el calendario. Pues ese fue un día lleno de cosas y cuando llegó la hora del magrib, hora en la que ellas van a buscar su sorpresita, el saquito de los regalos estaba vacío y mi cabeza también.


"¡Espera mamá, espera!" Empezó a repetir Fátima moviéndose de un lado a otro como suele hacer. "Ya puedes venir" me dijo llevándome hasta el calendario. "¡Pero si todavía no he puesto el regalito, Fati! Tienes que esperar un poquito más." le avisé yo. "No mami mira, hay un regalito". Y efectivamente lo había.


Con muchas dudas metí la mano en la bolsita correspondiente al día 16 de ramadán y encontré un súper vale que me regalaban mis hijas de 5 horas para cocinar conmigo canjeables en diferentes días. Eso sí que no me lo esperaba ¡la regaladora resultó regalada! ¡Me sentí tan pero tan feliz! Me encantó su ingenio y su generosidad. Cuánta dulzura y alegría en sus corazones. "¡Me siento tan feliz como una niña en ramadán!" Le dije mientras les daba un abrazo de gracias. Fátima guardó silencio un segundo (sólo lo suficiente para echar una ojeada dentro de sí misma) y declaró dando un salto: ¡Y yo me siento tan feliz como una mamá en ramadán!" Al día siguiente se les ocurrió un regalito para que papá también pudiera participar un día del calendario de ramadán. Cómo me gustan estas niñas y cómo disfruto descubrirlas.


Este año algunos niños con los que convivo en el Jardín Secreto, me preguntan con insistencia sobre ramadán: "¿pero por qué lo haces? ¿de verdad te pasas todo el día sin comer? ¿no te da hambre?" Y también de familiares y amigos interesados en nuestras prácticas: ¿qué es ramadán? ¿cómo lo vives? ¿qué tiene que ver con Dios y con el Profeta (sws)?

Así que se me ocurrió que sería buena idea compartir con quienes puedan tener las mismas curiosidades o interés cómo es un día de ramadán. Pero tendrá que ser en la siguiente entrada porque ya es hora de ir a preparar la cena y el "bicho" furioso de la alquimia cocinadora se apodera de mí. Gracias a él he pasado de sudar frío y tener taquicardia al ver las creaciones de algunas mujeres (y hombres) para el iftar (o cena en la que se rompe el ayuno), a lanzarme a experimentar con la repostería marroquí.

Sí, debería estar haciendo mis trabajos atrasados de la Formación, pero por las tardes con el ayuno, la sangre no me llega al cerebro (y menos para leer a Steiner que requiere ocho ojos). Sólo llega hasta mis manos, con tanta fuerza, que me toca ponerme a cocinar y dar gracias y hacer esa magia de ollas y vapores, fuegos y esencias para confeccionar una cena de ramadán llena de amor y sabor.


Espero poder hacer una entrada sobre el mes antes de que se termine. Mientras tanto, disfruten de éstos últimos diez días en los que hay bendiciones para tod@s. 







(Fotos tomadas de:
http://maulania.synology.me/wordpress/tag/nieve/ 
https://rafflesc.wordpress.com/2012/04/09/semana-de-pascua-y-jueves-de-amapolas-en-san-angel/)

Sunday, January 14, 2018

Nieve


Me fascina cómo cae la nieve, en completo silencio. Flota desde el cielo como un baile de hadas perezosas, o se precipita intensamente como un ejército de veloces y traviesos duendes. Enero nos trajo nieve. La tarde de Reyes el pueblo de las hadas de la nieve bajó a jugar a nuestro jardín, bailó en nuestros parques, saltó sobre nuestros coches, se columpió de nuestras ramas. Y tanto duró la juerga que al día siguiente todo era silencio. La nieve amortigua todos los sonidos. Todo era pureza: árboles de cristal, caminitos de luz, cielo sereno, quietud. Antes de que tanta belleza se quebrara me puse sobre el pijama la ropa más abrigadita que encontré y salí a la calle, dejando tres bellos durmientes en casa. ¡Qué maravilla de soledad y de blancura! ¡Cuánta belleza!

Por primera vez en muchos años pasamos las navidades en petit comité, solitos los cuatro. Nos hacía falta descansar, como a la masa de pan después de darle unos buenos dobleces, caricias y apretujones. Reposar las experiencias, integrar las vivencias, mirarnos a los ojos y sonreír agradecidos de estar aquí, juntitos y sanos. Aunque seamos una familia musulmana siempre hacemos algo especial en Navidad, me gusta conservar mis tradiciones infantiles y, además, para mí es un momento mágico de mirar hacia adentro y encontrarme con esa luz que renace de la oscuridad invernal. Lo bueno de la navidad es que siempre coincide con el corazón del invierno. Cuando fuera está oscuro, adentro hay un palacio de luz.

Esta vez nuestra celebración fue muy sencilla, una cena un poco especial y muchos pensamientos de amor a la familia y amigos repartidos por la geografía mundial. Año nuevo, igual. No comimos uvas ni formulamos deseos, no salimos corriendo con la maleta ni agitamos monederos llenos de moneditas, no nos pusimos "chones" rojos (¡las braguitas del amor!). Cenamos en familia, intentamos ver las famosas campanadas por la televisión, pero al final nos dieron las 12:15 sin enterarnos. Nuestros deseos ya están formulados y son muy sencillos: salud, amor, provisión, luz, dulzura, confianza, alegría, crecimiento para todos los seres de la tierra y galaxias circunvecinas.

Tenía muchos proyectos para las vacaciones: terminar lecturas y escribir reportes, empezar el programa de manualidades y lecturas Waldorf con mis hijas, arreglar unas cuantas cosas en casa...Pero al final se impuso descansar y disfrutar: hacer galletas, hacer silencio, ver a unas poquitas amigas, coser un belén de fieltro mínimamente digno. Conseguimos decorar nuestros días de descanso con un paseo al cine y otro al parque del Retiro. Nada más. Fue perfecto.

Lo que sí hice a contrarreloj fue releerme Padres Liberados, Hijos Liberados, una guía de cómo hablar con los niños, esencial ahora que habito el Jardín Secreto.



El Jardín Secreto

Cuando sopla el viento frío, el Hada de la Nieve vuela por el jardín, y deja una lluvia de polvo blanco en el jardín de Fulanito, y en el jardín de Menganita, y también en el de Perenganita. Detrás del Hada de la Nieve viene siempre el Pájaro del Invierno que deja un regalito para el niño o la niña que vive en ese jardín: un tibio huevo de donde saldrá lo que este niño, o esta niña querrá.

Así empieza el taller de pan en el Jardín Secreto, y varios pares de manitas laboriosas se disponen a amasar, cantar, formar y decorar pequeños panecillos que luego se llevan a casa como el mayor trofeo. Son manos pequeñitas y ojitos que brillan cuando la canción de hacer el pan dice su nombre, son vocecitas delicadas que cantan con alegría que "los niños panaderos amasan bien el pan" o que recitan apretando su masita que hacemos "buenos bollitos, bellos y blanditos"... Sus caritas de asombro ven crecer los panecitos formados, y cuando el olor del pan horneado llena todo el espacio, ratoncitos y ratoncitas de todos tamaños se asoman a la ventana del horno y preguntan ilusionados "¿Mi pan ya está?" El lunes es un día feliz, porque es el día del pan.







A principios del otoño recibí una llamada. Había un espacio en un pueblo de Guadalajara, dedicado a acompañar a niños y niñas en su proceso de aprendizaje. Y necesitaban una acompañante para unos ratitos por la mañana. Querían saber si yo estaba disponible para ocuparme de ello. ¡Y claro que estaba disponible! Me invitaban a entrar en un mundo nuevo en el que las relaciones entre las personas, con el espacio y con el tiempo se organizaban de una manera totalmente distinta a lo que yo conocía. Todas las "pedagogías alternativas" tienen cosas en común: se centran en el individuo, parten del respeto, se basan en las etapas de desarrollo del niño, fomentan la libertad, cuidan el desarrollo de la autonomía. La diferencia es justamente el concepto de "respeto", "libertad", "autonomía", "etapas de desarrollo" en el que se fundamenta cada sistema. Aquí el sistema es la "no directividad" o enseñanza libre.

Yo le llamo el Jardín Secreto. Entrar ahí es como entrar en un templo de la Madre, en un Bosque Sagrado. Es como correr las nieblas de Avalon y descubrir su mágica comunidad. Cuando uno se acerca a la puerta de entrada no adivinaría que detrás existe un jardín tan bello y lleno de sorpresas. Hay árboles altísimos que lo separan del mundo, hay fuentes cantarinas, peces de colores. Hay árboles con frutas que llenan el aire de perfumes, hay plantas acuáticas y terrestres, piedrecillas de todos tamaños y colores, hay columpios, casitas en los árboles, escaleras para trepar en todas direcciones. Sólo estar ahí ya es un privilegio. Da paz al corazón. Pero lo que sucede ahí es más mágico todavía.

Las mujeres que se ocupan de los niños en este espacio son unas auténticas brujas, en el sentido de mujeres sabias, pero no graves; con un trabajo interior potente, pero no soberbias; mujeres que aman la Vida y por ello están dispuestas a que ese amor toque todos los rincones de la existencia, mujeres muy distintas entre sí, pero con algo en común: el valor de estar presentes consigo mismas a lo largo de toda la jornada, de reconocerse, de transformarse, de actuar desde la Conciencia. Son guerreras, y llevan sus dragones atados con una cuerda de oro, para estar atentas por si intentan dominarlas. Cada una a su manera es amorosa. Y cuando uno entra por la puerta del Jardín Secreto, siente ese amor.

 ¿Y qué es lo que hacen en concreto? Han cambiado la mirada y con la mirada han cambiado su lenguaje, y con su lenguaje han cambiado la manera socialmente aceptada de relacionarse, también entre adultos, pero sobretodo con los niños. No profieren juicios, no amenazan, no culpan, no insultan (tampoco esos insultos velados que no nos suenan a agresiones pero que lo son), no descalifican, no critican. No trabajan con la vergüenza ni con la culpa como herramienta pedagógica.

En lugar de eso describen (la situación, los sentimientos que emergen en ellas mismas y en los niños), acompañan a los niños a buscar soluciones para los problemas, recuerdan las normas del espacio y de la convivencia, toman acciones siempre que es necesario. Se mantienen atentas a los procesos de cada niño y miden la cantidad de apoyo que cada uno necesita para crecer. Por supuesto también hacen otras cosas como recibir a los niños, desayunar con ellos, supervisar los juegos, acompañar a usar los materiales, poner tiritas, secar lágrimas...Pero la magia esa que saben hacer con las palabras hace que cada uno de mis días sea de Asombro y que no quiera perderme ni una sola de las interacciones para beberme los recursos que presencio, intentar integrarlos y ponerlos en práctica yo también.

Esta es la magia que ahora necesito aprender. ¡Y no es nada fácil! Parece muy sencillo cambiar nuestras palabras, pero son un legado muy afianzado en nuestra conciencia, así que para cambiar las palabras se hace necesario cambiar nuestra conciencia: qué percibimos, qué nos hacen sentir esas percepciones, qué respuesta devolvemos al mundo como consecuencia. Exige una grandísima atención a mí misma y una carrera contra mis reacciones habituales por salir primero con la respuesta que DECIDO dar y no la que intenta salir en automático.




La palabra como llave

El secreto es elegir la palabra que "abre" cada situación, en lugar de cerrarla. La palabra que abra diálogos, que lleve a soluciones, que mantenga abierta la puerta del cariño y la confianza entre las personas. Ya lo intenté una vez hace 10 años, y en este mismo blog debe haber constancia de ello. La pauta me la dio el libro "Padres liberados, hijos liberados", una guía para reconducir nuestra forma de hablar con nuestros hijos y crear una comunicación que les dé espacio para crecer, y a toda la familia, espacio para disfrutar de la aventura de ser familia. Entonces no lo logré, porque no supe cómo manejar la oposición ambiental a los cambios que yo quería establecer. Ahora la Vida me está dando la oportunidad de recordar y la ayuda para VER CÓMO SÍ SE PUEDE HACER. Así que me siento llena de alegría y de esperanza, porque me doy cuanta de que esa atención que pongo al comunicarme con mis hijas, puedo ponerla también al comunicarme con otras personas y lograr mucha más apertura que la he conseguido tener hasta ahora.

Puede parecer una cosa menor, eso de aprender a usar un lenguaje que no juzgue, que no culpabilice, que no anule, que reconozca todos los sentimientos, que dé opciones...Yo he constatado que eso lo cambia todo. Las pequeñitas técnicas que empecé a usar en casa con mis hijas ya han surtido su efecto: hay más ligereza en el ambiente, los conflictos se resuelven con más eficiencia, hay menos resentimiento, más libertad (sobretodo para mí). He descubierto que existe una cosa llamada "escucha activa" y ese será mi siguiente paso (insha'Allah).

Cuando volvimos a vivir a Invernalia, me dije que tenía que encontrar un sentido para ello. Que no me iba a quedar como un ama de casa frustrada (no digo que tenga que ser frustrante en sí, digo que para mí es un escenario vital deprimente), sino que le daría sentido a estar aquí, que encontraría un espacio donde pudiera aprender muchísimo, disfrutar muchísimo y aportar lo que yo he ido aprendiendo en el camino. Y maravilla de maravillas, el Jardín Secreto apareció.

Tengo muchos textos en el tintero, poemas para niños, poemas para adultos... Tengo un buen altero de libros de Pedagogía Waldorf esperando a ser leídos y resumidos para la Formación. Pero ahora mismo lo más urgente para mí es seguir observando y seguir aprendiendo de este nuevo modo de educar (la no directividad y el lenguaje liberador). Constantemente me rompe los esquemas, a ratos me resulta incomprensible, a veces los planteamientos me parecen totalmente contrarios a lo que yo he aprendido sobre cómo el ser humano aprende y crece, pero tengo la completa seguridad de que los planteamientos no son contrarios, sino complementarios, y estoy dispuesta a invertir toda la energía que sea necesaria para encontrar sus lazos de hermandad, y más allá de eso, para saber elegir dentro de mí, con todo lo que voy aprendiendo de un lado y de otro, la manera más amorosa en la que yo puedo llevar a cabo esa tarea que amo: acompañar a los niños en su encuentro con la Vida, en su descubrimiento de sí mismos, de la Bondad, la Verdad y la Belleza.

Seguiremos informando. ¡Un abrazo lleno de cariño!

Monday, November 27, 2017

Crónicas de Invernalia

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Hennos aquí, como Sansa Starck volvimos a Invernalia, después de un largo periplo y con no pocas resistencias. Claro que no queríamos volver al frío y a la dureza de este lugar de la Mancha, después de haber hecho el nido en Altojardín, frondoso y verde, cálido y risueño. Claro que no queríamos volver, a recoger los errores del pasado y transformarlos en aprendizajes rutilantes. Claro que no queríamos dejar amigos y amigas de los cuatro reinos: mineral (rocas que fueron nuestro suelo), vegetal (¡ay mi Robinia! ¿cómo estarán tus ramas a estas horas, de dónde te estará dando el sol, habrán salido a bailar ya tus hojas por los laberintos de Almodóvar?, animal (ovejas y golondrinas), y grandes afectos humanos de cucos y cucas con bellas sonrisas y ojos como luceros.

No queríamos volver al dibujo en carboncillo, pero ¿qué nos encontramos? ¡Luz, señoras y señores! ¡Acuarela! Mucha luz de colores fluyendo sin parar. Un espacio amplio, limpio, lleno de aire. Un jardín con muros que lo conectan con muchos otros jardines. Campos de girasoles, valles escondidos, monasterios encumbrados, alfombras de lavanda, charcas y patos, encinas maravillosas y un rinconcito para nosotros que con los meses se ha ido llenando de regalos.

Los encuentros también han sido preciosos. Da calorcito al corazón reencontrarse con viejas caras y viejos brazos que se llenan de sonrisa y cariño al rodearnos. Y da mucho gusto también descubrir caras nuevas, venidas de todos los rincones del mundo. Aquí no somos una familia muy rara, sólo somos una familia más, aunque hayamos venido de otros continentes y hablemos otros idiomas y comamos cosas muy extrañas, y recemos como rezamos y hayamos saltado de nido en nido durante años.

Queridos lectores, hemos vuelto a casa. El verano nos regaló paseos en bicicleta, chapuzones, nuevos amigos, ratos largos con nuestra familia de corazón. Y sí, la amenaza del invierno, que aquí en Invernalia siempre está llegando, aunque este año venga con retraso.

El otoño ha ido penetrando en los días con mucho sigilo. Las hojas no han querido mudar su vestido ni emprender el viaje hasta hace muy poquitas semanas. Pero ahora ya hay montañas de leones dorados sobre la acera, que rujen su furia cuando los tocan nuestros pies. En el ascenso a nuestra meseta los árboles se han transformado en oro, como si Midas los hubiese acariciado. Sus hojas doradas le cantan a otro árbol dorado que baila dentro de mí. El viento sopla frío y sano. El cielo extiende sus azules brazos, algunos rebaños de ovejas vaporosas se pasean por ahí.

Y hoy, finalmente ¡las hadas del hielo han llegado! Han dejado sus velos de cristal sobre las hojas, han teñido con su danza el césped del jardín. ¡Todo brilla con el sol recién levantado! Así que "el invierno se acerca", pero aquí en Invernalia, esa es una buena noticia. Mantenemos encendida la caldera de casa, y en el corazón hay mucha brasa para acompañar la magia de este invierno que va a llegar.

Sunday, June 18, 2017

¿Y tú de quién eres? Otro Ramadán con sabor a mudanza






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Desde hace unos años (cinco concretamente), ramadán tiene sabor de mudanza. Coincide con el verano que es también el parteaguas de año, final y principio del ciclo escolar. Y aquí estamos otra vez, ramadán caluroso y sazonado con un buen puñado de trámites, una medida de caos, media de tristeza y otra media de alegría.

Esta vez me está costando mucho levar el ancla y despedirme de Almodóvar. He encontrado aquí una facilidad y una paz que hace mucho tiempo no tenía. Y encontré también calor de hogar. No sé cómo, después de tanto tiempo en España, no había descubierto Andalucía. El tiempo es cálido y la gente también es cálida. Aunque luego se organice en pequeñas tribus donde los extranjeros por regla general no tenemos cabida. Sigue habiendo algunos maravillosos bichos raros que se atreven a asomarse a nuestras vidas y nos acogen con inmenso cariño en las suyas.

En este pueblo tan pequeñito, todo el mundo se conoce. Y en cuanto aparece alguien "no reconocido" tratan de ubicarlo inmediatamente. "¿Pero tú eres del pueblo?" "Yo vivo aquí", respondo (¿debo decir respondía? Creo que ya tengo que empezar a hablar de Almodóvar en pasado, qué penita). "¿Y tú de quién eres?" pregunta invariablemente la persona intentando verme cara de hija de alguien, o nieta de alguien...Sólo una vez me atreví a contestar: "¿yo? ¡de Allah!" porque me lo preguntaron en la mezquita. Normalmente, opto por hacer referencia a mi filiación almodovarí: "Soy amiga de Helena, la hija de Chari." Y así, por arte de magia, quedaba inscrita inmerecidamente en el clan de las Gómez, y la gente se quedaba tranquila. Ya sabía quién yo era.

Otras veces sacaba mi carnet de amiga de Kamila, y entonces a la gente le asaltaban los recuerdos de don Mansur Escudero (que Dios lo bendiga), e invariablemente se ponían a contar historias sobre su generosidad, sobre su disposición para ayudar al prójimo, y nuevamente quedaba inscrita sin merecerlo en otra tribu. La gente en este pueblo tiene con los musulmanes un prejuicio positivo, y es gracias musulmanes valientes que se han atrevido a vivir su fe sin esconderse y que, además, han sido muy queridos.

En realidad esas son mis dos líneas de conexión con Almodóvar, sin ellas, nunca hubiéramos pensado en instalarnos aquí, y gracias a ellas encontramos aquí nuestro sitio. ¿Y por qué nos vamos entonces? Porque el trabajo manda, y vamos en busca de él a Invernalia, nuestra querida Alcarria de donde salimos hace cinco años.

Me resulta muy curioso cómo pueden habitar mi corazón sentimientos encontrados sin mezclarse, tengo esa imagen del mar en que dos aguas diferentes se encuentran y no se juntan. Por un lado me siento tan triste de irme, y por otro muy ilusionada de volver al lugar en el que nacieron mis hijas y donde tanta gente querida nos espera con los brazos abiertos.

Almodóvar me ha dado mucho, Aquí recibí la experiencia que necesitaba para el despertar de los 40 (aunque siga modorra todavía, el regalo está hecho pero lo voy desenvolviendo despacito). Estando aquí emprendí la aventura de la Formación en Pedagogía Waldorf de este lado del charco, que ha sido durante este año una fuente de comprensión y de inspiración grandísima, además de permitirme cultivar auténticos tesoros de amistades insospechadas. La calidad de los encuentros de corazón que han llegado estos dos años es de una belleza que sencillamente no tiene nombre (parece mentira que una vaya por el mundo encontrándose nuevas hermanas, madres, compañeras de camino, estrellitas). Es como si mi alma hubiera echado nuevas raíces: una hacia Sevilla, otra hacia Málaga, otra hacia Córdoba, otra hacia Granada.

Una tarde, volviendo de Córdoba, empezó a embargarme la tristeza. Saqué el block de notas (el electrónico a falta del de papel porque curiosamente no llevaba pluma) y escribí unos apuntes sobre todas aquellas cosas que me hacían sentir enamorada de este cachito de mundo que es Almodóvar. Desde luego no están citadas por su nombre todas las personas que han sido importantes para mí, que han hecho bella mi estancia o que me llevo en el corazón, pero el lector podrá hacerse una buena idea con este "apunte poético", de lo que ha sido aquí mi vida.

Publico ya este post sin revisar, porque es ya la hora de la oración de la noche. Espero que no resulte demasiado caótico y que sea legible. Puede ser que en otro momento le dé una pulida (a ambos, poema y texto). Aquí el poema del Almodóvar (¡habrá más, seguro!). Ah sí, mi agradecimiento eterno a quien corresponda, por este tiempo precioso en Almodóvar.

No voy a llorar por Almodóvar,
porque antes no tenía un Almodóvar
y ahora lo tengo.

Antes no tenía el olor de azahar en el pecho,
ni la visión de las casas envueltas para regalo
por la bruma matutina.
No tenía una isla alta sobre la neblina,
una isla en medio del mar de los olivos.

Antes no tenía un castillo,
el río, enmarcado por un balcón exquisito,
el panorama desde la Torre,
la sombra del patio, ensoñadora.

Antes no tenía la sonrisa de Lola,
las palabras de Jose, sabias y sencillas.
La pasión de Alonso por las campanas
me era desconocida.

Ignoraba que en un lugar de Andalucía
hay costureras que cosen rotos corazones,
les ponen a las almas dobladillos.
Hay también bibliotecarias
de infinita paciencia y pasión por la cocina.
.
Antes de venir aquí
no había abuelos desconocidos llamándome “niña”,
ni me preguntaban, al verme tocada con pañuelo,
si soy amiga de Kamila.

Nunca sospeché que pudiese
tener el aura protectora de Mansur
velando también por mí
(¡que Allah lo bendiga!),
y una hermana que es la diosa celta
Brígida, encarnada en pelirroja  tromba de energía.

Almodóvar me regaló ángeles como vecinas:
La más entrañable de las abuelitas
¡ojalá que mis cuarenta
tuvieran la vitalidad de los ochenta de Anita!
Y Maricarmen, cuya voz saltando por la calle
es una inyección de alegría
(las niñas cambiaron el enfado de mudarse
por la ilusión de ir al bar a ver a su nueva amiga).

No había cuestas en mi vida,
no existía Pepe saludando “hola cariño”
con inocencia de niño,
ni la sonrisa perenne de las monjitas.

No había tenido una tita Rafi,
ni una revolución llamada Ana,
que sueña alto y apunta maneras de heroína.
(Yo no sabía que a los niños
se les puede llamar “lucero” con esa dulzura infinita).

Nunca había conocido y apreciado
a tantos Rafaeles en mi vida.

Lo que era la primavera, yo no lo sabía.
ni la lluvia de abril.
Nunca, antes de Almodóvar,
pensé que tendría un yumma, una mezquita,
(un poeta nos regala gotas de luz encendida)
ni que podría gozar de nuevo la comida familiar,
montonera y bulliciosa,
en medio de un olivar con fátihas y djalabías.

Una cómplice como Milagros,
que sueña y hace, ríe y encamina,
me la regaló Almodóvar,
y el bálsamo de tejer con Fátima y familia
la filigrana de los días.

Por eso no puedo llorar por Almodóvar,
aunque me vaya.
Porque antes todo esto no lo tenía
y ahora, para siempre, es mío.

Saturday, April 15, 2017

La tribu errante

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El tiempo se detuvo en octubre
Los octubres son para mí brechas en el tiempo desde que murió mi madre. Y éste además era especial. Mi madre murió en octubre con 40 y yo llegué a los 40 en septiembre. Era un octubre de esos en los que el tiempo y el espacio se curvan de manera extraña y abren puentes. Ya sabía que a los 40 tendría que sucederme algo importante, una especie de iniciación o "reinicio" que me diera una nueva perspectiva de la vida, que me permitiera reconocer el peldaño en que me encontraba para comenzar a actuar desde allí con consciencia. Pero nunca imaginé lo que iba a suceder.

La Vida me trajo un regalo tal, que me sentí el ser humano más feliz sobre la tierra. Comprendí lo que pudo haber sentido María cuando el ángel le anunció que de su vientre vendría tanta luz a la vida. Mi felicidad era absoluta, tan absoluta que ninguna sombra la podía empañar. Me sentí repleta de amor, fuerte, poderosa, me sentí tocada por el dedo de Dios, llevada por alas de ángeles. Y después, de manera igualmente inesperada, aquél regalo desapareció. Y no desapareció de manera fácil. Tenía que irse, eso estaba claro, pero algo en mí se aferró de tal manera que las cosas se complicaron. Y desde el cielo de mi felicidad absoluta me precipité al abismo. Creo que nunca me había sentido más sola, más triste, más desamparada. Quién me manda ser tan intensa, a la gente le pasan cosas todos los días y yo no veo ángeles cayendo del cielo ni demonios transmutándose en seres de nácar a mi alrededor.

Durante los cuatro meses que duró aquélla experiencia efectivamente recordé todo lo importante que he aprendido a lo largo de mi vida. Y no solo lo recordé sino que tuve que ponerlo en práctica para seguir adelante. Una buena lección. Hubo en ese proceso encuentros que han cambiado mi vida y algo de esos encuentros es lo que creo que vale la pena compartir, lo demás es puro reborujo de emociones y ¿para qué contaminar?

El encuentro con mi voz
Hace cuatro años empecé a trabajar con la voz. Ser maestra de primaria Waldorf me obligó a reconocer mi voz como un instrumento de trabajo, no sólo en la escuela, sino en la esfera del mundo y en la esfera de mi interioridad. Tuve la suerte de encontrar a una maravillosa bruja que desde entonces me acompaña, porque no es una simple profesora de canto, sino un ser humano con la capacidad de reconocer aquello que la voz expresa, las raíces en las que la voz se asienta y sus ramas más altas, la dulzura de sus frutos. Por lo tanto, puede dar pautas para cultivar la voz, que se convierten en pautas para cultivarse a sí mismo.

En este momento de crisis profunda, llegué a un punto en el que no veía ninguna salida. Ya había escrito, rezado, meditado, visualizado, bailado, llorado. Tenía que poner en marcha uno de mis órganos, hablo de una cuestión puramente fisiológica, y no había manera. Se me ocurrió entonces sentarme en silencio y preguntarle qué necesitaba y cómo le podía ayudar. Estaba tan triste que se encontraba paralizado. Recordé que el cuerpo físico funciona como funcionan los niños y me pareció que cuando un niño se siente muy triste necesita que lo arrullen un poco. Así que cerré las ventanas de mi casa, y comencé a cantar una nana.

Aquella canción de cuna no tenía letra, era pura eMe, puro sonido mmmmmm, puro murmullo. Luego se fue transformando como si tuviera vida propia. Fue llanto, y luego respiración y luego vinieron otros sonidos: gruñidos, rugidos, As muy abiertas. El volumen subía o bajaba, la voz iba remontando hasta esferas muy altas y luego bajaba de nuevo hasta lo más profundo. No se desarticulaba, era un canto, aunque un canto desconocido. Cuando terminó, mi querido órgano atascado se puso a trabajar.

¡Vibración! La voz es vibración y la vibración de mi voz había sido capaz de movilizar físicamente algo en mí, de iniciar un proceso de salud que ninguna otra cosa había podido iniciar. Ahí está la musicoterapia, los kirtans, el diker, una cantidad de prácticas terapéuticas y espirituales que nos informan que el sonido transforma, pero yo nunca había vivido en mi carne el milagro de que un sonido nacido dentro de mí tuviese un efecto tan claro sobre el mundo físico. ¡SubhanAllah! Tenemos la llave en la mano y no recordamos cómo se usa.

Tengo claro que parte del trabajo que hay que hacer ahora, para mantenernos sanos y para sanar nuestra vida (también la vida amplia de allí afuera) es necesario cantar. Cantar belleza, cantar amor, cantar consuelo, cantar luz, cantar lo que sea que traigamos dentro. Darle a nuestro cuerpo la oportunidad de resonar, de ser catedral, caja de música, de aportar su sonido único a ese gran canto que es la Vida.

El encuentro con la Madre
Yo me quedé huérfana de madre a lo 16, pero creo que mi sensación de orfandad viene de mucho antes, a lo mejor incluso de antes de esta vida. La cuestión es que esa sensación de desamparo (infundado, claro está, porque si algo he tenido en esta vida ha sido protección y cuidados) fue creciendo a lo largo de mi vida.

Esto de ser extranjera, de casarse con alguien aún más extranjero, de no tener una familia de sangre cerca me ha dado una sed inagotable de ternura y de familia. Por eso voy siempre buscando la tribu y gracias a Dios siempre la encuentro. Después de tantos años fuera de casa ya tengo una constelación de hermanos y hermanas, padres y madres, padrinos y madrinas que nos hemos elegido y aceptado y abrazado mutuamente.

Y aún así, el gusano del desamparo me seguía carcomiendo, como si fuera la propia Vida la que me hubiese abandonado. Bueno, pues, hubo en estos días de pruebas una noche muy oscura. Sabía que finalmente tendría que ir al hospital a terminar de curar mi cuerpo físico y la idea no me gustaba nada. Yo siempre pienso que me voy a morir (cuando viajo, cuando me separo de mis hijas, cuando me voy a dormir), pero desde luego ir al hospital le daba MUCHA fuerza a ese miedo. Llamé a una de mis hadas madrinas en busca de ayuda y lo que me dijo (como el encuentro con mi voz) le dio la vuelta a mi consciencia, puso una nueva mirada dentro de mis ojos.

No recuerdo con exactitud sus palabras, sé que fue algo sumamente sencillo porque ella siempre habla con palabras sencillas. En resumen me dijo que no estaba sola, que estaba acompañada y protegida, que sólo tenía que mantenerme atenta para notarlo en todo momento. Y estas palabras que pueden parecer trilladas, me hicieron abrir los ojos. De pronto comencé a sentir la vida como Amor de Madre (al-Hanan, dicen los sufis), un amor tan presente y claro que sólo le faltaba cuerpo físico. Ella se situó junto a mí, me envolvió con su abrazo y no me soltó ni un instante en aquellas horas. Mis miedos tomaron forma física, pero logré mantenerme atenta. Fue como atravesar un túnel negro envuelta en las alas de un ángel. Me daba cuenta de que las cosas no estaban yendo bien exteriormente, pero al mismo tiempo, dentro de mí sentía una gran paz y una gran confianza, la Madre me llevaba de la mano y no me iba a soltar, pasara lo que pasara.

Cuando fui consciente de eso se disolvió el miedo de irme de este mundo y dejar a mis hijas sin madre. Si yo tengo esta maravillosa Madre que SIEMPRE me acompaña y me cuida (que siempre ha estado allí aunque yo no me diera cuenta), mis hijas también la tienen. Más que eso, yo no soy su madre, ninguna somos madres, la única Madre es la Vida (esa fuerza de amor, protección, ternura, pujante vida que las distintas tradiciones espirituales llaman de distintas formas). Yo, únicamente, hago de oficiante. Yo soy sacerdotiza de la Madre, yo estoy aquí en mi rol de mamá y de maestra, solamente como canal, como mero cable, para transmitir la vida y para arropar a estos seres con las cualidades de la vida.

¡Qué revelación! Si yo desaparezco de este plano, la Madre seguirá comunicándoles su amor y su protección por medio de una, o de muchas, sacerdotizas distintas, como lo ha hecho conmigo. Y si yo tengo que emprender mi camino, Ella estará conmigo. Saber esto es tremendamente liberador. Eso no significa que lo tenga presente siempre, estoy tan acostumbrada a mis vicios del pensar y del sentir que tengo que hacer un esfuerzo de voluntad por recordarlo constantemente, pero ya tengo la llave. Cuando me veo caer de nuevo en el papel de huerfanita, hay una sonrisa dentro de mí que me dice: "no chata, no era por ahí". Y me regreso.

Luego, como ya se imaginarán, todo fue bien. El cuerpo se quedó un poco molido, o simplemente necesitaba más tiempo del que yo quería para terminar de integrar todo lo vivido, pero por fin puedo renacer con esta primavera. Bendito sea Dios que nos da experiencias para aprender lo que necesitamos.

La tribu perdida
Uno de mis sueños recurrentes es encontrarme en una fiesta, en casa de alguien de la familia, en la que están todos mis seres queridos: mi familia mexicana, el clan de la Gente Pájaro, las amigas de Azuqueca, la tribu sufi, los libios, la banda Waldorf, etc. Últimamente se han incorporado los almodovarenses, que para colmo llevan sobrenombre de ave: cucos.

Los últimos meses sueño que estamos en la casa Ayaguara, será porque es cruce de caminos. Algunas veces estamos sentados en un porche por el que entra un colibrí de luz. Otras veces estamos celebrando bodas o cumpleaños. Hace dos o tres noches un querido amigo me decía: ahora llevo el pelo corto, pero antes lo llevaba largo y en la melena traía enredada tu imagen, desde antes de venir a la vida. Por eso, cuando llegué tenía tantas ganas de verte.

¡Cuándo cariño desparramado por el mundo! ¡Cómo me gustaría poder encontrarme con las personas que amo, como en mis sueños, y acariciarlas, ahogarlas a abrazos, bailar con ellas, reírnos bebiendo cosas! La vida les da mares para llorar, montañas escarpadas y yo quisiera estar ahí para secar sus lágrimas o para llorar con ellos, para acompañarlos en la escalada, pero sólo tengo palabras. Son como constelaciones, estrellas errantes que reaparecen en mis cielos nocturnos y me regalan su brillo.

Esta primavera vuelvo a nacer. Tenía la esperanza de que el 2017 trajera pura facilidad y lo que parece es que el trabajo de alquimista no conoce descanso. Transformar la piedra en oro es un trabajo constante y arduo, aunque ciertamente bello.

Un gran abrazo a la tribu errante, mi tribu hecha de tribus, tan diversa y hermosa. Gracias a tod@s.

Monday, October 03, 2016

Verano

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Pleno verano: cuarentaytantos

Me parece increíble que se me haya pasado todo el verano sin escribir. En verdad fue un verano de hacer y sentir, más que de pensar. A pesar de las amenazas sobre el fiero calor cordobés, que veníamos escuchando desde el otoño anterior, las vacaciones resultaron extremadamente felices y relajadas. Después de vivir en el Caribe, ya nada es calor.

Sí, tuvimos nuestros buenos cuarentaytantos grados,. Sí, la gente se esconde en sus casas a partir de las dos y no vuelve a salir hasta las nueve de la noche, Sí, los parques están vacíos hasta que empieza a ponerse el sol. Sí, hubo días en que abrías la ventana a las diez de la noche para que entrara el fresquito y lo que entraba era una bocanada de aire de horno que te hacía volver a cerrar inmediatamente. Pero aún así, disfrutamos como enanas (no puedo decir lo mismo del Habibi, a quien le tocó trabajar en el campo, por primera vez en su vida, y con semejante calor).

Descubrimos el arte de cerrar la casa como se cierran las flores nocturnas: por la mañana antes de las 10 echábamos el toldo de nuestro patrio central, cerrábamos ventanas y cortinas, postigos y persianas. La casa quedaba en silencio y sombra. Sus espesos muros nos protegían. Si había que salir, lo hacíamos los más temprano posible, en todo caso antes de la una. Y después de las dos, paz y tranquilidad. Nos hicimos una rutina de limpiar casa, salir a la biblioteca o aventurarnos hasta Córdoba, para las niñas jugar, para mí cocinar, comer con papá que volvía temprano del trabajo y luego descanso, piscina en casa de amigas o pública, o bien encerrona en casa de amigos y, al caer la noche, parque, patinadero, y "estar al fresquito" (el fresquito eran como 36 grados a las 10 de la noche) hasta muy altas horas. Una vez dormida la fiera solar, la casa vuelve a abrirse poco a poco, se retiran las cortinas, se suben las persianas, se abren las ventanas. El aire invade la casa, renueva la atmósfera. Por la noche, a dormir en colchones en la planta baja, dos niveles abajo de donde pega el sol. Es como estar de campamento. Una aventura feliz.

Descubrimos la Biblioteca Central de Córdoba (¡maravillosa!) y la Biblioteca de Villarrubia, el pueblo de al lado, también muy linda. También descubrimos que se puede ir a la playa y volver en el mismo día. Salir temprano, bañarse toda la mañana en el agua fría del Mediterráneo, comer con las tatas y la tita, darse otro baño y volver a casa para tomar una buena ducha, cenar y dormir. Somos una familia con suerte.

Disfrutamos con los amigos, súper disfrutamos con los nuevos vecinos (hermanos de corazón que ahora viven en nuestro pueblo) y cuando llegó septiembre suspiramos, porque aún nos quedaban ganas de levantarnos tarde, surcar tranquilamente el día, hacer muchas cosas juntas, jugar, patinar, conocer más bibliotecas y espacios nuevos (nos faltó el jardín botánico, la ciudad de los niños, los museos...), "enrear" y "chusnear" como dicen por aquí.

Septiembre llegó con ráfagas frescas para anunciar el cambio de estación. Y luego volvió a calentar. Ya no se siente la mordida del calor seco y feroz en la piel, el aire ya no tiene aguijones. Las mañanas son frescas y también las tardes. A medio día hace un calor placentero. Si este otoño es como el pasado, tendremos verano hasta finales de noviembre,  alhamduliLah.

Temporada de cumpleaños: ¡por fin 40!

Con septiembre se abrió la temporada de cumpleaños. Halima cumplió sus primeros 10. A cambio del  último cumpleaños itinerante (Córdoba-Almodóvar-Órgiva-Madrid), Halima tuvo un cumple lleno de amigos grandes y chicos (ya tenemos una hermosa red de mamás y amig@s afines además de los compañeros del cole), con globos, música, un mago y muchas risas. Lo celebramos en el patio del Ateneo Popular, una casona antigua, con su patio central, sus habitaciones (ahora salones, biblioteca y oficina) distribuidos convenientemente alrededor del patio, cocinas y mucho encanto. Lo que más me conmovió fue tener la ayuda de amigos para decorar, recibir, preparar y servir, supervisar el rebaño de niños, recoger y limpiar.

Parece obvio que cuando hay un evento de estos, habrá ayuda, pero a mí me llena especialmente de agradecimiento porque me doy cuenta de que hace un año, a penas estábamos poniendo el pie en estas tierras. Once meses después, ya tenemos personas del corazón que no sólo están dispuestos a regalarnos su tiempo y disfrutar con nosotros, sino que además ponen su energía en ayudar a que esos momentos se abran y se cierren con toda facilidad. Siempre encontramos gente linda allí donde vamos, siempre nos ponen personas mágicas alrededor, alhamduiliLah.

De mí puedo decir que llevo toda mi vida esperando los cuarenta. O como dice mi querida Montse: llevo toda la vida pensando que los 40 son "el hit". No sé de dónde saqué esa idea, pero en verdad es así. Estaba esperando los cuarenta con ansias desde los 18, por lo menos. A los 22, un chamán me anunció que a los 40 me habría convertido en alguien muy especial, en un ser luminoso y discreto, serenamente mágico, acogedoramente alegre. Me empecé a sentir como una oruga dentro de su crisálida, esperando pacientemente la transformación.

Y ahora ¡CHA CHAAAAAN! Desde luego la mariposa no está terminada, supongo que uno termina de hacerse cuando ya está listo para partir, y espero que me queden todavía muchos años antes de irme de este plano. Pero sí es verdad que me siento más en paz, me quiero más de lo que nunca me he querido, me conozco un poquito mejor, sé cuál es mi camino. Ya no quiero comerme al mundo, ahora voy eligiendo los bocados.

Mis cuarenta, hasta ahora, se parecen mucho a este final del verano andaluz. Soleado, lleno de frutos. Me siento fuerte y con ganas de compartir lo que tengo. Voy encontrando los caminos para dar.

En octubre le toca al papá de esta familia y a la pequeña Fati cumplir los años. Es una bendición estar juntos. Es una bendición estar en este lugar.

De vuelta al ritmo otoñal

Llegó el día de volver al cole y no fue una tragedia. Fue un poco cansado, nada más. Creo que les dio gusto volver a ver a los amigos, Halima incluso está entusiasmada por aprender cosas nuevas. Yo estoy feliz de tener tiempo para mí. Tengo muchas cosas en el caldero, un nuevo libro, muchas lecturas y trabajo de la formación de maestra Waldorf, que por cierto, está resultando maravillosa, y el primer paso para empezar a integrar el calendario musulmán en nuestras vidas.

Este nuevo ciclo me he propuesto vivir con las niñas las fiestas del calendario musulmán y el paso de las estaciones con las fiestas de la pedagogía Waldorf. Hasta ahora hemos podido intercalar galletas de borreguito del Eid al Adha, con pan de dragón de San Micael (la llegada del otoño).

También me he propuesto darles a las niñas una probada de lo que harían en el cole Waldorf: con Halima vamos a trabajar hasta diciembre lo que nos quedó pendiente el año pasado: aprender a tejer con gancho y hacer construcciones. Las cañas para armar nuestro tipi ya están esperándonos en el patio. A partir de enero, bordar con punto de cruz y contar cuentos de la mitología nórdica. Con Fátima empezamos a tejer con dos agujas y vamos a seguir contando cuentos de hadas. Hasta ahí los planes por ahora.

Esta semana descubriremos la Feria de Almodóvar. Pero creo que no vamos a vestirnos de volantes y lunares, quizá el próximo año.

Los dejo con un abrazo de otoño soleado.

Friday, June 10, 2016

Modo "ahorro de energía"

Seré muy breve. No soy de esas personas que pueden seguir su rituna en Ramadán, yo necesito pasar al modo "ahorro de energía" y esto quiere decir priorizar de manera radical, porque sólo tendré energía para lo más urgente. Pero escribir también puede ser urgente.

Sueños de Ramadán
Soñé que tenía 30 minutos para ver a una persona muy querida que hace siglos no veía, para tomar un café en el D.F. Cuando ella llegaba nos dábamos un abrazo tan grande, tan lleno de cariño del bueno y tan vacío de todo lo demás, un abrazo tan tremendamente pleno de ternura y de de luz, que mi felicidad era completa.

Había tantísima ternura y presencia en ese abrazo que sólo quería desaparecer, quedarme ahí, en ese intante, y que se esfumara todo lo demás. Pero luego, como suele suceder, el abrazo dió paso a la sonrisa y la conversación.

Sin embargo, esa sensación de cariño total se me quedó en el cuerpo. ¡Qué regalo! ¿Quién habrá venido a abrazarme de esa forma? Pensé al levantarme, porque este vicio de pensar, no hay quién me lo quite. ¿la persona soñada, tal cual? ¿el alado Hermes? ¿un ángel? ¿y por qué treinta, treinta minutos?

Tres días después llegó Ramadán con sus propios treinta. ¡Treinta días de regalos, de apertura, de conexión, de Cercanía, de Presencia absoluta! Treinta días en que lo divino está más cerca todavía (si cabe), para fundirnos en un abrazo.

¡Subhan'Allah! Hermes vino a traerme en sueños el abrazo de Ramadán. Debe ser el Ramadán más dulce de muchos años.

Pensar, hacer, sentir
Nos levantamos a las 4 de la mañana a desayunar. Desde las 5 hasta las 21:45 se trata de andar el camino que lleva al centro del corazón. Es una gran ayuda tener poca energía, porque así la cabeza tiene que ceder y bajar la velocidad. El cuerpo también se amolda, tiene que encontrar un ritmo en el que la voluntad no se ejerce a través del "hacer" sino del "no hacer". La mente pasa a segundo plano (sólo se utiliza para lo esencial), el cuerpo centra su atención en el modo de hacer, permanece atento para no despilfarrar energía.

Durante Ramadán, el día pertenece al sentir. No se trata del sentir emocional (tampoco hay energía para pasiones), sino del sentir espiritual. Si uno puede dedicarse a la devoción ¡qué maravilla! Sentarse con el recuerdo de Allah y sentirlo crecer en el corazón, como un hijo, o como una estrella. Sentirlo llenar cada rincón de lo que somos e iluminar cada rincón de nuestra circunstancia.

Pero incluso si, por la razón que sea, no logramos pasar largos ratos en oración, las actividades diarias, durante el ayuno, se convierten en oración (como debería ser todos los días, por otra parte, pero he ahí la gran ayuda de Ramadán). Y por oración me refiero a ese caminito que nos junta con el Amor, con la Paz, con la Luz.

Claro, no todo es fácil, Hay esfuerzo en conservar esa atención, en verse reaccionar y conocerse un poco más y, a pesar de todo, quererse más. Es un trabajo de voluntad que se hace por amor. Por amor a uno mismo, porque sabemos que Ramadán nos depura en todos los planos (físico, emocional, espiritual) de lo vivido durante el año. Por amor a los demás, porque compartimos el hambre y la sed de los demás, de los que pasan hambre y sed de verdad en sus vidas, y no sólo un ratito, como nosotros. Por amor al Amor (por amor a Allah, decimos los musulmanes) porque sabemos que el ayuno nos acerca.  Y por amor a los maestros que nos guían en el descubrimiento del Amor, para seguir su ejemplo.

Ya suena mi alarma de "conéctese a una fuente de energía o su apagará". AlhamduliLah en Ramadán, incluso dormir es un acto de devoción, porque nos ayuda a mantener el ayuno. Estoy contenta y agradecida y de poder pasar un Ramadán en la paz de mi casa, reconociendo mi ritmo interior. Y poderlo compartir aquí, físcamente, con otras personas ayunadoras, y virtualmente, con quien repara en estas letras..

Un gran abrazo de Ramadán y que las bendiciones sean para todo@s.

Friday, May 06, 2016

Mayo florido y hermoso

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"Marzo ventoso, abril lluvioso: mayo florido y hermoso" dicen aquí, y así ha sido la partida del invierno y la llegada de la primavera. El campo luce sus más bellos verdes y espléndidas flores asoman por doquier. Los vecinos de Almodóvar pintan sus casas, vacían sus armarios, se ocupan en sendas limpiezas de primavera.

Para mí la" limpieza de primavera" va siendo, más bien, una "limpieza del mes de Rajab", en consonancia con el universo. Hace unas tres semanas empezó el mes de Rajab y llegó con el disolvente y el estropajo en ristre. ¿O serán las prácticas especiales que estamos intentando hacer en casa? La cuestión es que el armario de las emociones viejas está dando mucho que limpiar, las estanterías del agradecimiento están siendo renovadas y la casa del corazón se va quedando más ordenada.

Como hace muchos meses que no escribo (que no escribo el blog, porque he estado escribiendo otras cosas) recapitulo:

Marzo: Diario de un ama de casa desquiciada
Es penúltimo libro de Club de Lectura de la Biblioteca de mi pueblo, al que tuve el acierto de apuntarme hace unos meses.

El título no era muy inspirador, pero saqué mi disciplina de antigua estudiante de letras y me lancé a la lectura: una mujer cuyo rol de ama de casa le da motivos para quedar atrapada en la ansiedad y la angustia. ¿Y EN QUÉ MOMENTO ME CONVERTÍ YO EN ELLA???? Pensé con verdadera preocupación. ¡Ah sí! En el momento en que dejé de ser maestra Waldorf en el Caribe para encerrarme en mi idílico retiro andaluz.

No se pueden imaginar el horror (y el alivio) de sentirme identificada con la protagonista: sus esfuerzos heróicos para conseguir logros tan estúpidos como comprar la caja de cereales que les gustan a sus niñas o teminar de lavar y guardar la ropa de la temporada anterior; sus sudores fríos al tener que lidiar con amenzadoras mujeres de la limpieza o señores de mantenimiento; los escenarios de su propia muerte que se le aparecen sólo por sentarse en la silla del dentista o tomar un taxi; sus multitud de miedos.

¡Ah! ESO es lo que me pasa, solo necesito encontrar un nuevo equilibrio y darle un sentido nuevo a mi vida. ¡Menos mal! Después de tanta mudanza he descubierto que cumplir seis meses en un sitio es un momento peliagudo. Las reservas de cariño y seguridad de la situación anterior ya se han terminado, la maravilla del asombro constante ya no opera, y aún queda todo por construir: amistades profundas (la red de salvación), actividades que le den sentido a estar aquí en este momento, proyectos que inyecten entusiasmo a la vida diaria.

Así que a la pregunta de ¿De verdad vine desde México para terminar encerrada en mi casa haciendo el aseo???? Me respondí: ¡Pues no! Desde luego que una de las razones de volver a España era no vernos obligados a estar ambos fuera de casa trabajando a tiempo completo para sostener a nuestra familia, pero me lo imaginaba más como un periodo sabático que como una vuelta al trabajo peor reconocido del mundo: el de ama de casa. Estar en casa es una bendición, pero depende cómo.

De manera que tuve que darle la vuelta, preguntarme realmente qué quería hacer con mi tiempo: conectar conmigo misma, recuperar mi faceta de escritora, buscar la manera de aportar algo a la comunidad donde vivo y al mismo tiempo hacerme mi propia comunidad: descubrir gente afín. Bastante más interesante que "hacer la compra", "cocinar", "guardar la ropa limpia".

Así que me hice un horario para limpiar, comprar, cocinar y me dejé un buen hueco cada día para escribir (que algunas semanas se convirtió, felizmente, en la actividad principal de la mañana). Concebí un par de proyectos que me permitan colaborar con mi comunidad y poner en práctica mis saberes y como broche de oro, me uní a un par de hadas para participar en la Feria Medieval.

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Abril: Una mujer medieval
Cada año, Almodóvar celebra el Zoco de la Encantá, recordando una antigua leyenda del tiempo de los moros, en la que una princesa se tira de las torres de NUESTRO (jeje) castillo, al saber que su amado ha muerto en la batalla contra los almorávides.

La explanada del castillo se transforma en mercado, el cerro se convierte en campo de tiro al arco, la gente se disfraza. Halima cantó en el pasacalles y yo junto con Flora y Fauna monté un puestecillo en el mercadito.

En el pasacalles descubrí que las mujeres de Almodóvar no saben ulular. Con tantas semejanzas como tiene la sociedad andaluza con la musulmana, estaba segura de que al lanzar mi grito ¡LULULULULULULÚ! todas las almodovareñas corearían con furor. Pero no, todos los almodovareños guardaron silencio y todas sus miradas se dirigieron al sitio de donde había salido aquél aullido. ¿Cómo es posible que las mujeres del pueblo no sepan ulular???? Me quejé amargamente a mi vecina unas calles más adelante. ¡Así que eras tú!! Se rió con ganas. Yo sí sé, me dijo, pero me pillaste desprevenida. Y me contó que durante una larga temporada, su familia recibió a una niña saharahui que venía a a pasar las vacaciones con ellos, y le enseñó. No es la única familia que ha recibido a lo largo del tiempo a niños saharahuis que vienen a pasar "vacaciones de paz" a España y eso me parece muy bonito.

Otro descubrimiento fue que, en realidad, soy una mujer medieval. Mi "disfraz" para el mercadillo, no fue sino mi ropa de sunna, mis pantalones bombachos y mis pañuelos de rezar. Yo me vestí como si estuviera en Chipre visitando a mi maestro, con todo y el turbante. JA. Es una maravilla que el medievo andaluz sea un crisol de culturas: judío, cristiano y esplendorosamente musulmán.

Me divertí mucho cosiendo y hablando con mis dos hadas cómplices. Me encantó participar en la fiesta popular. Se me ocurrieron un millón de ideas de actividades qué organizar con niños para aprovechar la riqueza cultural de este sitio. Saldo positivo.

El regalo de abril es la reunión de mujeres de los jueves. Algunas veces hemos sido dos, otras veces hemos sido hasta seis, pero el número de asistentes no importa. Lo maravilloso es tener un día en mi semana para preparar mi casa y dedicarle un par de horas a alimentar el corazón con cantos y oraciones. Es una suerte increíble tener tan cerca a más mujeres musulmanas dispuestas a reunirse con el mismo fin. De verdad, una delicia.

Mayo florido y hermoso
Ya va despertando ese furioso sol cordobés, aunque todavía alguna nube lo devuelve a su siesta. El cielo está lleno de golondrinas. El ciclo escolar ya declina (gracias a Dios), muy pronto estará aquí Ramadán y, con ello, cerramos nuestro ciclo lunar. Un año lunar de haber dejado México para trasladarnos de nuevo a España.

Ya no sueño cada día con nuestra escuelita de la selva y nuestros amigos, pero extraño mucho, muchísimo, mi tierra. Como antídoto mayo me ha regalado (hasta ahora, ¡y eso que va empezando!) reencuentros hermosos con personas de mi corazón.

El calendario avanza cumpliendo los ciclos y yo tengo muchas ganas de ver los momentos del año que nos falta conocer por aquí. De todas formas, ya estoy segura de que este es un buen sitio, alhamduliLah.

Imégenes tomadas de florespedia.com y localpaperalmodova.es