Nuestra larga ausencia, en esta ocasión, no se debe al trajín común y corriente de todos los días. Sino a la falta de internet. Un mes sin internet es como un mes en Siberia, para efectos de la comunicación cybernética, quiero decir. Quedó pendiente escribir sobre Chipre. Fue genial estar ahí con la familia de Mao, ver a mi suegra y a mi cuñada moverse como peces en un agua que me es tan familiar y querida. Eso de hablar árabe en casa de un mestro sufi por lo visto está muy bien cotizado, así que mis parientas se hicieron amigas en seguida de las hijas de Mawlana y de ahí en adelante todo fue cantar y coser. Lo único que hacía difícil la estancia era un calor insoportable con un 200% de humedad que me hizo comprender que "sudar a chorros" no es una expresión idomática ni mucho menos, es pura literalidad. Nunca habia tenido tanto calor en mi vida y eso que soy de Monterrey. Halima se la pasó remojada con agua de todos los grifos y del viaje le quedó la manía de meter la mano en los vasos de agua y sacarla chorreando para refresacarse y la cara, y en un gesto de infinita genorosidad, la de su mamá. El efecto no es tan bueno cuando se trata de un vaso de limonada o de coca cola pero en fin, se le agradece la buena intención.
Capítulo II: Albacete
Diez días después de volver de Chipre nos lanzamos a visitar a Sandra y Patricio que viven en el paraíso o por lo menos en una de sus sucursales. Un valle hermosísimo con canto de río, pajaritos, etc., etc. (curiosos visitar la página del Balneario de Tus). Como se me olvidó la cámara no quedó huella más que en mi propio disco duro de imégenes preciosas como los piecitos de Halima apoyados en las piedras del río, un picnic con nuestros anfitriones en el bosque, Halima jugando con los niños en la piscina, nosotras y una sonriente y embarazadísima desayunando bajo el nogal...
Capítulo III: Túnez
Al día siguiente de volver del paraíso de Tus nos fuiemos Túnez de emergencia. Mi cuñada se puso mal y amenazaron con operarla de la columna. Afortunadamente no fue necesario y después de un susto noctámbulo con todo y ataque de pánico empezó a ponerse bien. El viaje sirvió para que Hali se encontrara con su OTRO abuelo y que conociera a su tía Leila (si alcanzo les pongo unas fotos) quienes, como era de esperarse, se enamoraron locamente de ella. Túnez me fascinó, es la entrada perfecta al mundo árabe porque son bastante europeos, amables, abiertos y todo el mundo habla francés. Entre las visitas al hospital pudimos dar una vuelta por unas ruinas romanas, conocer un precioso barrio bohemio con vistas espectaculares al mar y, cómo no, ir de compras a los bazares. Lo más loco del viaje fue constatar que si los occidentales simpatizan con la Hali, los árabes ya de plano pierden la cabeza: hasta nos pedían permiso para darle besos y tomarse fotos con ella...aunque usted no lo crea.
Ya de vuelta en casa nos enfrentamos a la crisis computacional que parece por fin resuelta. Pero como nunca se sabe mejor subo ya este comentario y las fotos después. ¡Un abrazo general!
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