Marcha
Eran las 4:30 de la mañana y estábamos en la calle, Halima, Anisa y yo. ¿Rumbenado? casi. Halima lloraba sin parar desde la una de la mañana, su papá estaba de viaje y después de probarlo casi todo (me faltó abofeterla, encerrarla solita en un cuarto y meterla bajo la ducha con agua fría) decidimos irnos a urgencias, no fuera a ser una apendicitis que acabara por matarla o algo peor. Lo bueno es que la puerta de urgencias es, literalemte, la puerta de enfrente de mi edificio. Nos abrió un guardia de seguridad somnoliento, un enfermero con párpados a media asta nos tomó los datos y un doctor de chocolate nos recibió amablemente en el consultorio número tres (¿a que suena a letra de salsa?). Total que no tenía nada. Le suministró medio litro de paracetamol infantil y si con eso no basta, en una hora al hospital. ¿De dónde es usted, doctor? De Colombia,¿usted también? Casi. Nos dimos una vuelta por el parque y cuando la gordis por fin se durmió, a casa. Eran como las 6. Casi como mis excursiones nocturnas de otro tiempo, de bailar hasta que volviera a abrir el metro y saludar a las chicas de la frutería volviendo a casa. Casi. Básicamente, la diferencia era que ninguna de las tres (ni Halima, ni Anisa, ni por supuesto yo, nos divertimos). Cuando llegué a casa me acosté plácidamente pero al ratito me tuve que levantar otra vez a llamar al médico de Hali, comprar medicinas, etc. En lugar de los churros mañaneros que toman aquí los marchosos o los tan añorados taquitos callejeros, nos pedimos dos cafés bien cargados y un par de napolitanas en la pastelería de la esquina y nos las comimos mientras paseábamos a Hali para que le diera el aire y se le pasara el nuevo ataque dental. Ah, porque al final lo que tenía era un dolor de dientes nuevos asesino y, yo creo que también un poco, que extrañaba a su papá. El papá volvió, la medicina actuó y la mamá otra vez durmió. Y colorín colorado, esta juerga (por ahora) se ha acabado.
5 Comments:
¡Uf! Tan sólo de leerlo me entró cansancio y angustia... Abrazos para las dos y sólo queda pensar en que a Halima se le está adornando la sonrisa...
bueno tomárselo con el humor que te lo tomas.
lo importante es que a la hali no le va a explotar el apéndice -esperemos que a su mamá de los nervios tampoco-.
besotes.
Wow! Que noche querida! Sabes? En aquellos lejanos tiempos cuando la Ranita "sufria de dientes", tu tia Guicha le pasaba los granitos de la granada en las encias hasta que se reventaban y con la semillita le rascaba un poquito para ayudarle a romperlas...a la Rana le sabia rico y no daba tanta lata....
Hola!
Vaya susto. Espero que Halima esté mejor. ¡Y lo que falta! Es apenas el inicio. Ánimo y amor para la familia. Bendiciones!
Y además de todo, nos quedamos sin vernos=(
La próxima será=)
Menos mal que la ratona ya está bien.
Las quiero
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