Sunday, November 08, 2009

Alucines terapéuticos (mesoamericanos y chichimecas)

En este proceso de embarazo, parto y posparto ha habido un gran protagonista que es el poder de la Imaginación. Y hablo aquí de la Imaginación como órgano de conocimiento, aunque esta vez en sentido profano y no exactamente en el sentido sagrado del que habla Henri Corbin acercándonos a la doctrina del gran maestro Ibn al Arabi (según la cual la Imaginación nos permite penetrar en el mundus imaginalis, mundo intermedio entre la forma física y la forma puramente espiritual y donde tiene lugar el encuentro entre lo humano y lo divino, lugar de las visiones y los acontecimientos místicos). Conocimiento de sí mismo, que a fin de cuentas como bien dice el proverbio nos lleva al conocimiento de Dios.

La cosa es que, como ya sabrán, siempre me han latido ese tipo de terapias en las que uno mismo se hace cargo de su salud, casi siempre entrándole por el lado de tomar conciencia de la emoción y de “ver” y “reparar” las afecciones con la Imaginación (lo sigo poniendo en mayúscula para no confundirla con la simple fantasía). Después de años de terapia “memesca” que me sigue pareciendo la onda, descubrí hace muy poquito la terapia “mariamesca”. Está en la misma línea, pero tiene un margen de error mucho menor porque mete menos la cabeza en el proceso curativo (no trata de “ver” el órgano sino de “percibirlo”, no trata de “saber” qué le sucede, sólo lo repara ¡WOW!). Para mí es el descubrimiento del siglo y es lo que me ha salvado desde el final del embarazo. Eso sí, requiere mucho trabajo y trabajo “del corazón”. Es decir, para empezar a trabajar sobre el cuerpo hay que situarse sobre el corazón y eso a ratos cuesta un mucho.

Cuchillo de obsidiana
Soy incapaz de transmitir cómo funciona la terapia mariamesca, pero para dar una idea puedo contar que hay que ponerse en el corazón, desde ahí percibir la zona afectada y empaparla de cariño, por ridículo que parezca. Hay otras variantes, pero lo que quiero contar se entiende con esta.

Resulta que al empezar a darle el pecho a Fátima aparecieron las dolorosísimas grietas que la vez pasada me tuvieron sufriendo tres meses enteros. Y cuando empecé a aplicar el método de la percepción lo único que aparecía en el fondo de mi pecho era un cuchillo de obsidiana. Negro, pulido, casi reflectante. Evocador ¿cierto? Cuando se lo conté a Mariam fue ella la que terminó la descripción, ella también podía percibirlo, entonces era real. Tener eso en mi pecho no me gustó nada, ¿por qué un cuchillo de sacrificios y no una punta de flecha? ¿es por mi linaje materno mesoamericano? ¿es un resto de otra vida? ¿qué es?

Pero aquí no importaba lo que fuera sino que se fuera. Y yo no lograba empaparlo de nada. Era demasiado duro, demasiado pulido. Desde dentro, me dijo Mariam, tienes que empapar de dentro hacia fuera. Y así lo hice. Poco a poco el centro empezó a ponerse poroso y a dejarme empapar todo el cuchillo. Fue cambiando de negro a grisáceo y luego a blanco hasta que sólo quedó ceniza. Luego tuve que ocuparme de rellenar el hueco.

Cuando el cuchillo desapareció fue como si las grietas dejaran de tener sustento. Como si hubiesen estado enraizadas en ese filo y en esa obsidiana. Al mismo tiempo, y eso es lo más raro, sentí como si me hubieran desatado de la Lechuza. ¿Es que nuestro animal totémico nos deja alguna vez? ¿Que un trozo de nuestra alma esté vinculado con una forma animal es más un encierro que una expansión? ¿Mi ser lechucesco era un escondrijo de dolores y creencias nocivas? ¿La lechuza era una cárcel? ¿Ella me ha liberado a mí o yo la he liberado a ella? ¿Nos hemos separado de verdad? ¿Qué hay de dolor en esa imagen (mía) de bruja, de mujer que se transforma en ave, de noctámbula irredenta, de ser perseguido por las doce verdades del mundo?

La cosa es que empecé a sentirme más montaña, más nube descargando, más Rayones, más cañón, valle, piedra, árbol, quebrada, río, canto, rama, hoja, verde, sopla, fresco, viento, trueno, insecto, cauce, vapor de agua, neblina, cueva, luz, trino, casa. espíritu, que lechuza. Como si hubiera crecido tanto que ya no cupiera en un cuerpo tan chiquito.

Ofrendas de cuarzo
Ahí no acaba la cosa. Para reparar cada grieta en concreto empecé a empapar como me dijo Mariam desde el fondo hasta la superficie. Había en concreto una grieta que en vez de curarse se hacía cada vez más profunda. Cuando por fin logré empaparla y llegué hasta la superficie, salió de ella, pegado a un trozo de carne, un cuarzo. Transparente con vetas blancas. Lo mismo sucedió con otra pequeña herida que no lograba sanar y que me estaba volviendo loca del dolor. Otro cuarzo.

Si todo el mundo sabe que en el antiguo México los cuchillos de obsidiana se utilizaban para hacer ofrendas de sangre, quizá no todo el mundo sepa que en el antiguo Mar de Tetis, en los cañones de la Sierra Madre que nos parió, se han encontrado entierros con cuarzos como ofrenda. ¿Vuelvo a ser chichimeca? ¿he logrado sacar de mi cuerpo un poco de muerte? ¿son esos cuarzos pequeños pactos con la muerte de los que ahora me he deshecho? ¿mi nuevo tótem es la montaña, el cañón? ¿me he convertido en Sierra?¡Santo Dios!

Diker y dúa
Debo agregar, que la “orientación” y la fuerza para hacer todo este trabajo (que parece una tontería pero que a nivel energético, por lo menos a mí, me ha costado) han salido del diker (las repeticiones rituales de la tradición sufi) y del dúa (recitaciones y súplicas). El proceso de curación realmente no empezó a hacer efecto hasta que el Habibi hizo un dúa poderoso y sopló. Fue como si de Arriba hubieran dado permiso y entonces todo el bien se hubiera precipitado sin dilación. Como si la terapia fuera la puerta y la oración fuera la llave.

Nunca había hecho tanto diker y tanta oración en mi vida. Tampoco nunca me habia sentido tan conectada. Quizá estos achaques que en un principio me parecieron injustos y sumamente odiosos deban servir justamente para quitarme estas “piedritas” del Camino, para allanarlo, para hacerlo más suave y feliz. Será por eso que los musulmanes, les vaya bien o les vaya mal, siempre dicen AlhamduliLah (bendito sea Dios).



Bueno, si alguien puede responder a las preguntas formuladas a partir de esta experiencia, o si tienen textos, sueños, referencias que ayuden a echar un poco de luz sobre el asunto de los mitos, las heridas y las transfiguraciones, me dará mucho gusto saberlo.

3 comments:

Anonymous said...

¡GUAU! ¡Meditaciones e Imaginaciones tan profundas para amanecer en domingo me dejaron anonadado y patidifuso!

Pero mientras logro digerir-visualizar-Imaginar-asimilar algo de eso (para un profano materialista que con trabajos entiende y aplica el concepto de que La Vida es bella (Praise the Lord) es misión casi imposible, pero no por eso menos intentable), te comparto dos cosas:

a) 'Tons qué, ¿nos vamos a quedar sin Lechuza? Muy nocturna y todo lo que dices, pero me parece un totem muy interesante y Marianesco, con sus ojotes muy abiertos para captar todo el Universo y anexas, con su vuelo preciso y silencioso, sutil...

b) También los judeo-cristianos de corazón dicen (decimos) como Job ante la adversidad: El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, ¡alabado sea El Señor! Y en todos los demás casos: ¡Aleluya!, ¡gracias a La Vida! (con mayúsculas).

Mientras tanto para curarme tanto esfuerzo tendré que ir al tianguis a almorzar unos terrenales y prosáicos tlacoyos con nopalitos.

¡Buen provecho y alivio!

Mariana/Nashma said...

ENVIDIAAAAAAAAAAAA! Yo también quiero tlacoyos con nopalitos, o mejor unos tamales oaxaqueños, o unos taquitos de barbacha. Ves, si no hubiera salido de mi rancho no tendría que preocuparme por estos alucines, creo que el problema es la falta de vitamina T, jajajajajaj!
te quiero pá!

Paurake said...

Se miró al espejo después de mucho tiempo, encontró Dolores en el pecho y una cara distinta.
Tomó el cuchillo de obsidiana, abrió la carne y poco a poco, lento por el dolor, fue sacando sus plumas, su pico, sus garras, sus ojos nocturnos, eso que ahora le dolía.
Llamó al otro lado y entregó, dejó junto al cadáver un par de cuarzos, parte del dolor que había cargado.
Entonces una voz salió del espejo y le dijo: "puedes ir en Paz hermana de los klanes totémicos de gente pájaro, tu nueva fe te ha curado".
Entonces despertó, se dio cuenta de que siempre estuvo despierta, sin querer saberlo; y fue otra una y otra vez, en aquellos ranchos lejanos, más allá de la tierra de las montañas azules y koloradas.

¡Pos! data
Postales mesoamericanas (cuchillo de obsidiana) extirpando spiritus que la gente del norte heredó de Asia-Siberia (lechuzas y cuarzos).
La lechuza no era mala ni bruja, la hicieron así hace como 500 años, nuestros abuelos europeos cristianos.
Ella sólo era, aquí; veía y cazaba de noche, alimentaba y cuidaba a sus hijos como cualquier madre; acompañaba a nuestros abuelos nómadas en sus correrías y volaba entre el mundo de los vivos y de los muertos, entre el mundo de los ancestros y los que vendrán. Lo sabemos porque somos gente paurake, sus primos.
Hasta el día de hoy (casi 40,000 años después, bajita el ala,digo la mano) nos acompañan de muchas maneras esos espíritus de la primera migración.
De hecho, acá entre nos, Altai se está volviendo cristianilla (tu crees, yo que soy musulmán fundamentalista "¡la hacatombe!") y donde antes vió y vivió lechuzas que la protegían y le contaban historias ahora ve "cosas malas", brujas. De hecho quiere hacer ya su primera comunión.
Puma Koyota y Paurake Mantarraya
saludando desde estos nuestros ranchos lejanos