¿Por qué y por qué?
¿Por qué una persona como yo, desconectada de mi cuerpo, poco conciente de mis emociones, aprehensiva, con serios atorones en las cuestiones relativas a la salud y a la enfermedad, mujer de poca fe, con un legado materno de ideas negativas respecto al embarazo, parto y lactancia, y gallinísima para el dolor, decide parir en casa?
En primerísimo lugar, porque no estoy en casa. Si estuviera en México, donde siento que tengo el control sobre mi vida, es decir, donde mi siento segura, hubiera hablado con mi maravillosa y ultrarespetuosa ginecóloga, y habríamos organizado un “parto no violento” (ver: Odent, Leboyer, Kitzinger) en cualquier hospital. Y me lo hubiera perdido, el parto verdaderamente “no violento”: el parto en casa (entrecomillo porque creo que ya de por sí el parto es un proceso sumamente violento para el cuerpo y para el alma, aunque en el sentido de fuerte, definitivo, etc).
En segundo lugar, porque estoy en España, el último de la lista en cuanto a atención en el parto en toda Europa junto con Grecia y Portugal. Y no sólo en España sino en Guadalajara, cuyo Hospital Universitario es el peor evaluado (vox populi) de toda Europa en la misma área. En España los médicos se creen que son Dios y que el enfermo es un objeto, no un sujeto. El enfermo, en este caso, es la parturienta y luego también su bebé.
No exagero. No sé qué acontecimientos históricos han llevado a los españoles a concebir la medicina tal y como la conciben, pero es un asco. El principal problema (en este caso) es que uno no puede elegir quién la atiende, es siempre el médico de turno, la matrona de turno, y el bendito protocolo que aplican religiosamente como si, no su vida, sino su vida eterna, dependiera de ello. Pero hay médicos y clínicas privados, dirá usted. Sí, pero pagando o sin pagar el problema es la mentalidad. Pero algún hospital, algún médico partidario del “parto no violento” habrá en la península, dirá usted. Sí, la maternidad Acuario, pero está a 500 km de mi casa y no le encuentro el sentido a tanto viaje con panza de 9 meses, niña de 3 años y luego bebé recién llegado. Por no hablar del precio.
En tercer lugar, porque Diosito me mandó a Mercedes Serrano que vive al lado de mi casa (5 km) y lleva 30 años atendiendo partos caseros, a un grupo de apoyo muy chido de mamás y niños dispuestos a acompañar y apoyar la experiencia (Lactavida y familias de la escuelita Waldorf), compañeras de parto perfectas y porque realmente creo que el mejor lugar para nacer es la propia casa, los brazos de tu madre y no los de una enfermera, el calor de tu madre y no el de un foco, el olor de tu hogar y no el de medicinas y desinfectantes, voces amorosas y suaves en vez de voces ajenas que van haciendo un “checklist” como si fueras un aparatejo y no ser humano recién llegado. Realmente creo que es la opción más amorosa que yo, mujer sana y dispuesta a hacerme responsable de mi salud (física, emocional, mental, espiritual) podía darle a mi hija y podía darme a mí misma.
¿Y por qué la vez anterior decidí finalmente irme al hospital? Porque la que yo era la vez pasada era absolutamente incapaz de hacerse responsable 100% de la llegada al mundo de su bebé. ¿Por qué? Muy sencillo: porque todavía no era mamá.
En el próximo capítulo: Madrugada
2 comments:
¡Guaraguau y más guau! ¿Es ésta la Mariana que conocía, la introvertida, la experta en disfrazar emociones (si es que las lograba identificar), la Piscis(whatever it means)...?
Aleluya por esta introspección tan breve, concisa y precisa, al menos para este capítulo; por esa disección y crítica tan certera de un sistema médico medieval, y por esta oda a la maternidad casera, estoy seguro que con esta promoción muchas futuras madres querrán unirse a la experiencia "old-fashioned" de hacer del hogar un bebé-puerto para recibir a los nuevos viajeros.
Seguiremos con entusismo los siguientes capítulos.
P.D. o fe de erratas: quise decir "entusiasmo",no "en tu sismo", el sismo ya pasó con saldo de una luminosa bebé para agregar al marcador.
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