Cambio el cuaderno de notas y la libreta con dibujitos por la página electrónica. Experiencia, experimento, experimiento. La libreta de mis sueños la seguiré guardando en mi cajón, pero aquí trazaré (trataré) la crónica de mis ensueños.
Tuesday, August 30, 2011
Este verano
Normalmente (desde que soy madre, digamos) odio los veranos, que no es como odiar las primaveras u odiar los otoños. Aquí "El Verano" es una institución, como ya he dicho alguna vez y todo se interrumpe. Cambian los horarios de trabajos, bancos, oficinas; cambia la programación de la tele, la gente se va (incluso la gente de los pueblos se va a otros pueblos más pequeños). Total que es un desorden. Yo, que no tengo pueblo, suelo qudarme sola y aburrida con mis jijas, sin opciones casi de ocio ni cultura, disgustada por el agua fría de las piscinas y el sol achicharrador que impide estar en el parque o dar un paso. Largos, solitarios y aburridos. Así podría definir los últimos 4 veranos, con las dulces excepciones de unos días familiares junto al mar.
Pero este verano, ESTE, ha sido totalmente distinto.
Primero que nada fue el viaje a México. Lo conseguimos de milagro y, como ya también conté, fue sanador y mágico. Me afirmó esa sensación de que se termina un ciclo en mi vida con el consiguiente trabajo (feliz) de cosas por cerrar y cosas por descubrir-crear.
Así empezó Ramadán que este año nos cayó de lleno en agosto. La vida material se atenúa y la espiritual se acentúa. No sé cómo hemos pasado todo el mes en casa con las niñas. Hemos tenido algunas excursiones felices con las amigas de por aquí (por tandas, las que ya habían vuelto o las que no se habían ido), tuvimos también muchas mañanas de biblioteca (fresquito, matutino, tranquilito, poco gasto calórico, etc) y algunos días de piscina. Ah, y mucho trabajo de limpiar y reacomodar de nuestra no-mudanza.
La cosa es que no fue aburrido, ni eterno, ni solitario. Fue INTENSO interiormente, y exteriormente fácil (fácil quiere decir sin sufrimiento, no sin trabajo o esfuerzo). Hicimos una rutinita casera, las horas se iban encadenado felizmente unas con otras. Dejé de pensar "¿y qué voy a hacer todo el santo día con estas locas?" Y descubrí que cuando yo estoy realmente ocupada ellas pueden jugar solitas horas y horas, o "ayudarme" en mi actividad (colocar libros, guardar ropa, poner lavadora, tirar cosas).
Y no sé qué tanto más quería contar. De pronto simplemente me parece que ha sido un verano perfecto, con la dosis perfecta de familia, de aventura, de paseo y de casa, de amigas y de niñas y hasta de marido (que por cierto estuvo todo el mes sin trabajo, pero tampoco eso fue una tragedia, gracias a Dios).
El último (y único) Ramadán que he hecho fue el de antes de Hali. Me parece significativo que casi dos años después de Fati haya podido volver a ayunar. Fin de un ciclo.
Una misión, una pasión, un oficio
Cuando volví de México y me encontré con el vacío veraniego tuve un momento de terror: "¿Y ahora qué va a dar sentido a mi vida, ahora que he decidido dejar mi obsesión con la maternidad?".
Durante unos instantes parecía que no había nada. El trabajo espiritual no me da para llenar los días, la actividad literaria...¿cuál actividad literaria?, una misión...una pasión...un oficio...Y entonces recogí de la biblioteca un libro que llevaba semanas esperando De parte de la princesa muerta de Kenizé Mourad.
Cuando empecé a leer la vida cobró sentido de nuevo. Entonces recordé que alguna vez quise con toda mi alma compartir con otras personas mi amor por la lectura, recordé que incluso mi atentado de tesis prometía demostrar que un texto literario puede constituirse como un texto mistagógico (un texto que traza un camino para el alma, un recorrido hacia la Realidad, hacia la Verdad, hacia Dios, como quieran llamarle). Recordé que tengo un montón de herramientas para invitar a otros a jugar con los textos y las palabras, que sé sondear abismos y echar a volar barcos e inventar senderos para navegar.
Todavía no sé lo que haré ¿un taller de lectura y creación con mujeres? ¿un grupo de experimentación poética con quien se deje, en plan laboratorio? ¿un taller de creación con niños grandes? ¿un taller de poesía con niños pequeños? ¿un taller de cocina y literatura? ¿ninguna de ellas? ¿todas las anteriores? ¿otras?
Lo que sí tengo claro es que tengo que volver a crear "mi campo". Así como en algún momento aprendí a percibir mis campos electromagnéticos y a repararlos, ahora necesito rehacer la casita de mi alma. Volver a rodearla con esas cosas externas que le dan sustento, volver a leer, volver a escribir, volver a asomarme al mundo e indagar qué cosas han pasado en mi ausencia. Y la vida doméstica tendrá que ajustarse a esa necesidad.
De pronto me siento como la Vetusta Morla asomando lentamente su carita. Pero también me siento como Bastian, con un grano luminoso de Fantasia en la palma de mi mano, listo para dar luz a cientos de mundos (POR FAVOR SI NO HAN LEÍDO LA HISTORIA INTERMINABLE DE MICHAEL ENDE LEANLA, ese sí que es un texto mistagógico aunque esté modestamente empacado en novela infantil).
No sé qué queda de mí después de cinco años de maternidad y silencio, pero estoy lista para descubrirlo. ¿Me acompañan?
¡Ah! Y otro día les cuento qué tiene de maravilloso Kenizé Mourad y sus libros.
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3 comments:
Felicidades por tantos descubrimientos y emociones vividas. ¿Qué queda de ti después de esos 5 años? Supongo que la satisfacción de haberle entrado a cada batalla con la intención de ganarla, aprender que hay muchas maneras de "matar pulgas" mas las que va uno descubriendo o inventando, darte cuenta que a pesar de todo (o gracias a Todo) sigues vivita y coleando y con ánimos de seguirle dando vuelo a la hilacha y las ilusiones.
O a lo mejor te pasa lo que con mis "cajitas" que todavía quedan (esa es otra Never Ending Storage): me acuerdo de muchas cosas que tengo, hay otras que están pero no sé en cuál caja, y otras más que ni me acordaba hasta que un día las (re-)descubro de chiripa. Y entonces confirmas que tienes muchas cosas valiosas y otras que fueron ensayo y error, y te vas quedando con lo bueno.
Al salam aleik!
Alhandulillah!
Qué bonito suena! Y qué refrescante! Esa chispita de la literatura está también siempre dentro de mí y no se calla. Es como el destino. Si puedo acompañarte en algo de alguna manera, cuenta conmigo. Un abrazo fuerte y gracias por escribir y por iluminar tu alrededor!!!
Papito! Me encantó lo de las "cajitas", supongo que lo que valga verdaderamente la pena sobrevivirá, y lo que no, es porque no lo necesitaba realmente...Y efectivamente, ¡lo bailado (y lo aprendido) nadie me lo quita!
Mardía corazón!, seguro que vamos encontrando nuestra senda al amor de esa chispita. te quiero, guapa
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