Algo me llama poderosamente la tención en la Ciudad Aventuras: la noción de "público" y de "privado". En España tenía la impresión de que ámbito pirvado (mi casa) era un simple paréntesis de la vida real (el resto de mis relaciones e interacciones con el mundo). Aquí es al revés. Lo privado (la casa, la familia, los amigos) constituye la vida real, mientras lo público (la compra, el trabajo, las gestiones) es sólo un paréntesis.
La vida privada se "traga" las relaciones de afecto, en el sentido de que ésta se desenvuelven casi exclusivamente en el ámbito doméstico. Será porque en Benghazi no hay casi opciones de ocio: alguna cafetería familiar, un parque infantil, ni cine, ni teatro, ni plaza con sombra, ni heladería...por ahora. O también porque lo "privado" permite comodidades (especialamente a las señoras) que lo público no tiene.
En privado, según su edad y sus gustos las mujeres andan en boxers y camisetita, en vestidito corto sin mangas, en camisón y por supuesto sin pañuelo. En público hay que llevar la cabeza tapadita, sin escotes, y con faldas o pantalones hasta los tobillos. Resultado: las mujeres se visten como les da la gana y luego, para salir a la calle, se echan una abaya encima. Cuando llegan a la casa de sus amigas pasan al "salón de las mujeres" y se vuelven a encuerar. La que está en casa va como se siente más cómoda o más bonita dependiendo de la ocasión, y todos los hombres de confianza son admitidos en ese círculo doméstico: hermanos, primos, tíos, etc.
Parece que hay un par de "clubs de chicas" en Benghazi. Espacios con gimnasio, piscina, baños (vapor, sauna, etc), cafetería e incluso guardería, donde puedes andar en bikini si te apetece. Me resulta muy curioso que el factor determinante sea "presencia masculina". Como si el pudor o la modestia tuvieran que ver exclusivamente con el sexo. Y en esto creo que manda la costumbre por encima del principio religioso o "espiritual".
Aquí me acuerdo mucho de las tatas. En Málaga la gente va en bikini, pero en Azuqueca no se puede, no se acostumbra, y se vas medio encuerada por la calle llamas mucho la atención y te expones a que algún pícaro te de un disgusto. En cambio puedes ir en blusa escotada y falda corta (bueno, sin pasarse) como si fueras transparente, nadie te voltea a ver. Y en Benghazi hay que andar con falda larga y manga tres cuartos. Yo hago bastante berrinche, especialmente porque no tengo todavía mis cosas y me siento medio disfrazada, igual como si sienten las las niñas cuando vienen a vernos. Costumbres...
Total, que aquí hace falta comprarse un vestuario para los eventos públicos y otro para los privados. ¡Qué complicado! Yo prefiero encontrar trapitos discretos con los que me sienta mona para la calle, y usar mi ropita más destapada en casa. El único problema es cuando de pronto tienes que salir a la tienda o viene una visita inseperada. Entonces necesitas una ABAYA. Aquí las usan siempre negras, pero mirando un poquito en internet me he dado cuenta que hay algunas PRECIOSAS como de princesa.
Después de un mes y pico pensando que soy la única extranjera con niños en Libia me topé con otra en el súper. ¡WOW! Iba con camiseta de manga corta y falda de mezclilla a la rodilla. Sin pañuelo. Me atreví a saludarla y resulta que es doctora y vive aquí desde hace doce años, habla perfectamente inglés. Un hallazgo muy feliz que me hizo cuestionarme mis intenciones de adaptación. ¿Qué será más fácil, tratar de vestir más o menos como las libias o vestirme como me de la gana y enfrentar lasa reacciones del público?
Bueno, tengo muchas cosas repapaloteando en mi interior. Ya irán saliendo las conclusiones.




1 comment:
jaja es cierto, costumbres dependiendo de donde vengas y que son difíciles de limar...peeeeeeeeeeero se hace lo que se puede. Te quiero reina :)
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