Tuesday, October 30, 2012

Que veinte años no es nada

 ¿Cuántos amores, cuántos lugares, cuántos amigos, cuántas hermanas del alma, cuántos descubrimientos, cuántos viajes, cuántos cafés, cuántas conversaciones, cuántos besos y abrazos, cuántas lágrimas, cuántos sueños, cuántos logros, cuántos caminos recorridos, cuántos encuentros, cuántas preguntas, cuántas certezas, cuántas transformaciones, cuántos reencuentros, cuántas despedidas, cuántos pájaros, cuántos horizontes, cuántos regalos preciosos, cuántas joyas nos han traído estos veinte años sin mi madre?

Mi hermana y yo somos unas supervivientes. Y aunque somos muy distintas siempre habrá entre nosotras un vínculo más allá de la sangre y el apellido. Hemos llegado hasta aquí con nuestra herencia, hemos amado y engendrado, ha triunfado el amor en nuestras vidas. ¡No lo hemos logrado solas! Cientos de ángeles visibles e intuibles nos han acompañado por el camino: un papito amoroso, una madrastra asesina que vale su peso en oro, unos tíos y tías y primos que nos han llevado en su bolsa cual marsupiales, unos amigos y amigas y mamadres y profes y marido e hijitos, ¡un Maestro! Un ejército de luces, vamos.

Gracias Jefa por todo lo que nos enseñaste, rezo porque estés rodeada de Amor y de Luz allí donde te encuentres. Da una llamadita de vez en cuando (ya sabes, un sueño, un Carlos V, una de tus canciones, un guiño basta), que te extrañamos. Gracias Diosito por la mamá que nos diste, aunque nos haya durado tan poquito (da igual cuanto haya durado, de lo bueno uno siempre quiere más).

Ella dijo que siempre estaríamos juntas y luego desapareció. Bonita maniobra. He tardado veinte años en darme cuenta de que tenía razón, en el Amor no hay distancia (lo difícil es quedarse a vivir en el Amor, claro).

Hoy comparto este poema para quienes la amaron tanto como nosotras (pensándolo bien no sé si alguien la amó más que nosotras en verdad), pero sobretodo para mi hermanita.

Avena

He aquí el mismo amor de hace tantísimos años
tu mejilla,
entonces oscura,
guarda el mismo calor.

Tu cuerpo, tu tibia compañía,
en el campo arropado de avena.
El poblado allí, ladera abajo.
Yo, sentada sobre la tierra
hay algo que no comprendo.

De pronto
la danza del viento
el cielo de plomo
el follaje profundo recortado contra el cielo
abren un claro
y me doy cuenta.

Puedo escuchar tus palabras,
como entonces,
aunque no entiendo tu lengua.
Tu voz resuena como los cantos en el arroyo
como ramitas quebradas.
Tu voz es la tierra.

Hay tanto amor en este instante
brota un manantial de alegría serena
la ternura que se palpa en el aire
teje espigas ahonda raíces empuja nubes
acaricia ramas y hojas
pule destellos
predice estrellas.

¡Cuánto tiempo!
Y estamos aquí juntas
detenidas en este pequeño milagro
de la tarde entre la avena.

Tu voz sigue siendo la misma,
no hay nada que ame más
que tu mejilla morena.

Brilla en el silencio todo tu amor,
en una espiga
amarillo tierno
late tu presencia.

3 comments:

Anonymous said...

Ay Mar!

El tiempo es tan relativo! Veinte años pueden ser un suspiro o una vida! Que hermoso texto. Hace menos de un mes, entre mis insomnios investigadores, le di click al blog de tu hermana. Cuanta luz! Cuanto amor! Que hermosa forma de ver la vida! Le platique el hallazgo a mi terapeuta y el nomas me dijo: Ay de quienes sufrieron cuando niños, porque todo el sufrimiento se transforma en amor! Ahora te leo y entiendo un poco mas. Tu mami las lleno de amor, que delicia y que cosa tan necesaria para esta humanidad tan roida!
Gracias por todo lo que das! Me pregunto si en realidad estas consciente de la luz que transmites y me acuerdo del poema del peaton de Jaime Sabines, porque contrario a el personaje, tu si tienes una estrella en la frente, un resplandor visible y un rayo que te sale de las orejas. Ay Mar! Dios te cuide y te de una vida larga! Te mando un abrazote! Gracias por tanto y por todo!
Montserrat.

Mariana/Nashma said...

n'hombre amiguita ojalá yo me viera a mí misma con las "lentes" con las que tú me ves. qué chidas porras me hechas ¡GRACIAS!!!! Siempre pones esa nota de luz en mi ánimo, se me hace que la luminosa es otra :)
¡Mi hermana es mega chida!!!! Y escribe bien matón. Sí tuvimos un montón de suerte con la mamá que nos tocó en la feria, y definitivamente lo que no te mata te hace más fuerte. Yo sí pensé (he pensado en distintos momentos) que me moría de dolor, pero aquí seguimos. Leí hace un par de días que el dolor nos enseña la profundida de nuestro corazón, y si logras rellenar ese fondo con puro cariño, agradecimiento, confianza, comprensión, pues el dolor acaba sobrando y al final desaparece. Sí desaparece, de a poquito, pero al final se va. Así que ese es el trabajo, ir rellenado y limpiando por capitas...Gracias a ti corazón, un beso enorme :)

A said...

cuanto amor y ternura.

Gracias por compartir la luz.