Sunday, December 16, 2012

Poesía para el paladar



Ayer tuve unas de las experiencias estéticas más arrolladoras de los últimos meses. No vino de un libro, ni de una pieza musical, no vino de un cuadro, vino de un maravilloso banquete que nos preparó una maravillosa persona con quien hemos coincidido en Benghazi.

Mi amiga J es malaya, casada igual que yo con un benghazino, madre de dos niñas (¡de la misma edad que las mías, qué suerte!!!!). En pocas palabras es la respuesta a mis oraciones (sí, las que hacía antes de venir aquí pidiendo una amiga-hermana con quién compartir mis días en Libia, Dios sabe cómo y cuando hace las cosas).

Pues J nos invitó a comer a casa. ¡Por fin un encuentro "normal" desde que vinimos a Benghazi! No mujeres por un lado, hombres por el otro, no puedes ni siquiera checar con tu marido si ya es hora de partir porque no puedes asomar la nariz al salón de los hombres y él MENOS al de las mujeres; nadie obligándote a comer ni presionándote porque no has embuchado suficiente o nos has tomado bastante de esto o de aquello, nadie haciendo juicios sobre lo que comen o dejan de comer tus hijas o cuánto miden o pesan, niñas comiendo con las niñas sin drama alguno (menú infantil, jeje) y luego jugando toooooda la tarde sin conflicto alguno, conversación en lengua franca (inglich of course) de temas variados y agradables, risas, anécdotas...Un regalo, vamos, ¡un regalazo!

Y entre tanta felicidad un menú "sencillo" según nuestra anfitriona: chino, thailandés y malayo, ¡mmmmmmmhhhhhhhh! Con sus adaptaciones a lo que se puede conseguir en esta temporada en el súper, pero incluso así, DELICIOSO, delicado, exquisito.

Más que una comida, cada plato parecía una sinfonía (me siento Ratatuille), una mezcla perfecta de sabores, texturas, temperaturas. Con cada bocado podía sentir nuevos caminitos abriéndose en mi cerebro, nuevas rutas desde las cuales comprender la Belleza (¿cómo se llama la belleza que entra por las papilas, por cierto?).

Casi puedo asegurar que podía SENTIR en cada bocado la dedicación, el cuidado, el cariño que su autora puso en la preparación...todo ese maravilloso equipaje suyo (recuerdos, nociones, preferencias, emociones) al servicio de juntar ingredientes y crear, un maravilloso y único Todo. Podía saborear en cada bocado la añoranza y la esperanza, el agradecimiento por el pasado que nos ha enseñado lo que sabemos y la sopresa del presente. No exagero si digo que en esa sopa y en esa ensalada y en esos guisos me encotré con las abuelas, la madre, las vecinas y las amigas de nuestra artista, respiré un poco de su mar y de su tierra, escuché los ruidos de sus calles y sus restaurantes.

Compartir la comida puede ser algo tan íntimo si piensas que tus amores más profundos están vinculados a lo que preparas, el gusto es una cosa que se va moldeando con cada cosa que pasa por tu boca durante tu vida, y en el que quedan impresos no sólo los sabores "materiales" sino también los "espirituales": la alegría de un momento, la angustia de una situación.

Para mi hermana el pan con matequilla y azúcar es una tarde deliciosa con música del Rey León en compañía de Marieanne, es calidez, protección, hermandad. Para mí el mole negro es una viaje mágico a Oaxaca con mi papá y Cecy y Habibi y Kalthumy, es vínculo, colorido, alegría, toma de tierra. Hay postres que siempre me harán revivir el cariño que siento por mi amiga Wafa (esa hermana que me puso Dios en Azuqueca), no sólo me harán pensar en ella, traerán a mi corazón TODO EL CARIÑO y seguramente también las risas y las lágrimas que hemos compartido. La shorba me trae el ayuno de ramadán con todas sus bendiciones, con los tacos de papa vuelvo a sentir las cosquillas de tener 15 años y salir corriendo entre clase y clase con la Tenolita al puesto de enfrente de la prepa. El arroz con pollo siempre será para mí bailes y risas y cariño colombiano en la casa de las Luces (familia adoptiva y amada)...y así, cada plato de mi vida tiene su porción de mi vida.

Quizá por eso me resultó tan conmovedora esta invitación, y tan mágico encotrar trozos de mi propio acervo salidos de las manos de alguien más: como postre tuvimos el MEJOR CHEESE CAKE que he comido en mi vida, pero en el que se juntaron todos los cheese cakes comidos y mi mamá y los pasteles de Diama y los cafés literarios, y el Vips de Morelos y tantas y tantas cosas. ¿Qué es eso sino una experiencia transformadora, una experiencia que te regalan los sentido, pero que te toca el alma?

Y no puedo más que dar GRACIAS. Gracias por mi boca, por mis papilas, por mi cerebro, por mi cuerpo que me permite estar en este mundo, gracias por las experiencias que me construyen como persona, gracias por la belleza en tantísimas formas que me rodea, gracias por estar aquí, gracias por poner personas maravillosas cerca de mí y también gracias a mi amiga J por brindarnos uno de los momentos más felicies de los últimos tiempos. Que Dios la bendiga a ella y a su familia, y a todas las personas con las que he compartido (y sigo compartiendo) momentos ácidos, amargos o muy muy dulces. Amín.

La ensalada de mango ya tiene, desde hoy y para siempre, un lugar en mi corazón.

5 comments:

Anonymous said...

Pos sí, eso es poesía.
Gracias
Raul PD

Anonymous said...

No sé qué me gustó más: si la descripción de los platillos nuevos y los recordados, la conexión de cada uno con tus recuerdos, tus emociones de descubrir a J (¡Shukran Allah por ella!) o el despliegue poético-prosáico (de prosa) para dibujar todo eso junto. Me alegra que la escritora sigue viva.

Luego le buscaremos nombre a esa belleza que entra por las papilas. ¿Guzguería, gourmetencia, simplemente gusto...?

Montserrat said...

Que bonito texto, Mar! Nadie como tú para encontrar la belleza en donde sea! Se me antojó todo! Gracias a la vida por ponerte una amiga extranjera en la extranjería! Sé que para ella tu también eres una gran bendición. Que se la pasen de lujo y que vengan muchos pero muchos muchisisisimos tiempos juntas! Abrazos!

Renée said...

Yo creo que la próxima vez que veas a J, le darás con tu abrazo las buenas vibras que allende los mares ha despertado en todos los que hemos leído esta entrada. ¡Que viva J! ¡Y que viva M!

Mariana/Nashma said...

Mi querido Ratonito: be my guest :D
Pá: ¿a que está buena la pregutna???? Sï par amí también estuvieron deliciosas las dos cosas, la vivida y la escribida, o sea, el proceso de ponerla en palabras, rememorarla, ¡digerirla!. Escribir es digerir y esta comida tuvo muy provecho ;)
Montse linda: GRAAAACIAS, sí una bendición encontrarse con gente así. Oye se te antojó todo y eso que no dije lo que comimos: sopa china de verduras, pollito con ensalada de mango y chile rojo, otro pollito guisado con salsa de tomate y leche de coco, cordero en gravy con verduras, arroz VERDE, y mi máximo: una ensalada que era UN TACO con hoja de lechuga, repollo y zanahoria sancochados en su punto, fideitos de arroz, y cebolla frita dulca ¡ÑAM! ¡yo quiero cocinar así!!!!!!! un abrazote!
Renée: ¡claro que se lo doy! besotes!!!!!!! y viva la vida :D