Lo que tengo que decir en este post no es fácil. Llevo tiempo preguntándome (desde que volví a México, creo) ¿cómo acompañar a los demás en su dolor? ¿les sirve de algo a los dolientes que uno sufra con ellos, que uno también se enferme de llorar y de sentirse impotente y desesperado?
Cuando era jovencita y viajaba al D.F. sentía mucho dolor y no sabía por qué, no me entendía. Más tarde me di cuenta de que soy una persona "empática", entiendiendo por empática que puedo sentir por dentro lo que sienten los que me rodean, aunque ellos no lo expresen, incluso aunque no se den cuenta de lo que sienten (esta semana descubrí otra definición de empatía pero por ahora lo dejo en otro costal). Ese dolor que yo sentía era el dolor de los demás. Con el tiempo aprendí a darme cuenta de cuáles sentimientos de los que resonaban dentro de mí me pertenecían y cuáles no, y luego también aprendí a tomar distancia y redirigir eso que no era mío, aunque lo sintiera dentro de mí, para no enfermarme y para ayudar.
Llorar y llorar
Las cosas que están sucendiendo en mi país francamente me superan. Me recuerdan a los relatos de horror de las peores dictaduras de nuestro contiente y no lo entiendo. Ni siqueira intento entenderlo en el marco de la historia, no lo entiendo en el marco del Ser Humano ¿cómo una persona puede hacer tanto daño a otra intencionadamente? ¿qué tan dañada tiene que estar ella misma para ser capaz de hacerlo, qué tan dolida, enojada, aplastada, alejada de sí misma, sola, reducida?
Y tratando de entenderlo me enfermé, porque se me olvidó tomar mi distancia y, evidentemente, la tristeza tiene lo que tiene (la gripa es pura tristeza decía un buen amigo). Pillé una buena infección de garganta que me tuvo arrastrándome una semana y continúa, aunque ya de salida. Esas son la piedras con las que uno se tropieza y se vuelva a tropezar. En Libia también me pasó y heme aquí de nuevo, apropiándome de los dolores del ambiente como si eso pudiera servir de algo. Mi dolor no va a hacer revivir a los muertos, ni aparecer a los desaparecidos, ni encontrar consuelo a sus familias. Mi dolor no va a sanar a los verdugos, ni a los jefes de los verdugos, nomás me va a hacer daño a mí y francamente ¿para qué?
Normalmente tengo la filosofía de que todo pasa por algo bueno, aunque no lo parezca. Alguna vez me ha sucedido ver "muy negra" alguna situación con mi cabeza, y verla en cambio muy luminosa, perfecta y maravillosa con mi corazón. Incomprensible. Pero la vida de me ha dejado ver el desenlace y entender el conjunto. Eso ha sido una gran lección. Lo que pasa es que me resulta irrespetuoso con el dolor de los demás andar predicando la buena nueva, restregándoles las esperanzas entre su luto o desesperación.
Estarán de acuerdo conmigo en que lo primero es llorar. Y las lágrimas se acompañan con cariño y silencio. Sin preguntas, sin sermones. Pero ¿cómo se acompaña en silencio y con cariño desde lejos? ¿cómo puedo darle con mis palabras un abrazo a la mamá de un desaparecido? ¡Necesito urgentemente una poética del silencio! O bien, necesito callar del todo. Callar del todo es rezar. A mucha gente le sacan ronchas esas palabras: "Dios", "rezar". Y no en balde. Sustitúyanlas como más les guste. Cuando uno se mete en su corazón y pide con toda su alma al Pirncipio Más Alto, al Todoamoroso que actúe, la respuesta no se hace esperar.
Creo que es la tarea de cada uno recuperar, mantener, fortalecer esa conexión. ¿Quién puede hacer daño a otro más que el que no está atento, quién puede matar más que el que está muerto por dentro? Y lo bueno es que expansivo. Cuando yo "enciendo mi luz interior" (como dicen a la entrada de las bases militares, juar juar) colaboro que los demás puedan encender la suya. Ese el el primer gesto: la vertical. Igual que las plantas.
Clases para mí
Descubrí en mi nuevo bloque de botánica (amo ser maestra) ese maravilloso impulso del tallo de lanzarse hacia las fuerzas cósmicas. ¡Siempre verlas y nunca haberlas visto en realidad! La semilla que germina lanza un cable al centro de la Tierra, otro cable al Sol. Eso hago cada mañana con mis niños. Pararnos bien firmes, bien rectos, crecer raíces en nuestros pies hasta el centro de la Tierra, y rellenar ese canal de amor. Luego crecer un hilo dorado desde nuestra cabeza hasta centro mismo del sol y rellenarlo con amor.
El ser humanos es el Axis Mundi, el eje que conecta el Cielo con la Tierra. Lo que trae lo trae para tod@s. Y su conexión sirve a todos.
¡Eso necesitamos! Pedir, pedir por los demás, pedir que se recoja todo el dolor, pedir que se sane lo que está enfermo, pedir Luz, pedir un baño inmenso de Amor, pedir Unidad, pedir Verdad, pedir la Vida. ¿Y luego que hacen las plantas? La horizontal, abrirse al mundo del respirar, a su entorno, a su pequeñísima atmósfera (¿cuánto mide un cotiledón, cuántos milímetros?, con eso basta para empezar): las hojas son la horizontal.
Y nosotros también, abrir los brazos y ver la horizontal, enlazarnos ¿a quién tengo a mi lado? ¿quién más vive en mi pequeñísima atmósfera? Mi familia, mis vecinos, mis compañeros de trabajo ¿alguien siente igual que yo? ¿alguien necesita un abrazo? y ahora ¿qué podemos hacer juntos? Podemos decir en voz muy fuerte: ESTAMOS CON USTEDES. Podemos decir ESTO NO NOS GUSTA. Podemos hacer magia. Y por magia me refiero esta vez a actos-simbólicos-altamente-cargados-de-fuerza-removedora (eso suena como lo Procesos Extremadamente Complejor para ser Explicados de Harún y el Océano de las Historias).
Cuando andaba con los zapatistas aprendí dos cosas: 1) el cambio empieza por uno mismo y por su entorno más inemdiato, la sociedad civil es la única que puede arreglar este cochinero 2) más vale un acto íntimo, bello, creativo, de corazón, que mil panfletos discursantes. No importa si somos tres que nos juntamos a hacer algo que tenga sentido para nosotros: meditar, bailar, rezar, cantar, pintar, actuar, prender copal, dibujar un mapa de México y embadurnarlo con miel o llenarlo de curitas. No importa si somos tres y lo que hacemos lo hacemos para TOD@S, y si cada uno de esos tres luego va y se enlaza con otros y vuelve a llevar a cabo un acto o ceremonia lleno de sentido. Cada uno ha de hacer lo que sabe hacer (¿por qué sueno a R. Steiner?) El maestro que enseñe con sentido, el papá y la mamá que eduquen con sentido, el comerciante que comercie con sentido, el abogado que maneje las leyes con sentido, el médico que atienda con sentido, el consumidor que consuma con sentido... ¿Con que sentido? ¡Pues con sentido humanos! Si así vamos tejiendo una pequeña red, tarde o temprano llegaremos. Seremos una sola fuerza abarcadora.
Ya sé que el camino está lleno de espinas, pero si no creemos en la Rosa que duerme al final de ese camino mejor directamente nos cambiamos de planeta.
Un tecito podrido
A veces no me doy cuenta, de que así como yo puedo sanarme y enfermarme con mis ideas y sentimientos, tengo el riesgo de hacer lo mismo con los demás. Mis disculpas a quienes leyeron mi primera reflexión en feisbuc y se quedaron igual de maltrechos que yo. Espero ser más lista para no hacerme daño ni repartirlo entre los demás. Por lo pronto tengo el propósito muy firme de dedicarme de manera prioritaria a rezar y meditar.
Gracias a ustedes por estar ahí, del otro lado de la página.

2 comments:
Muchas gracias hermosa! Yo he sufrido de lo mismo y es muy desgastante! Es un paso mas adelante a la empatia corazón, es mas, por decirlo de alguna forma, psíquico. Aceptarlo con amor ayuda ayuda a comprender su existencia en ti... Pero tus conclusiones en el camino recorrido en esta experiencia, te han llevado a lo que yo también vi como respuesta... La oración, la meditación etc... Porque dentro y fuera de ti eres Madre Sagrada! Ya Rahmanu Rahim!!!! Te quiero hermosao
Gracias. Ti . Te quiero. La tata Jumy
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