Wednesday, September 02, 2015

1200 mts sobre el nivel del mar

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Después de ajustar nuestras válvulas para vivir al nivel del mar, las estamos reajustando a 1200 mts de altura, en este precioso pueblo de la Sierra de Madrid que tan amorosamente no ha acogido. El verano español nos pareció demasiado luminoso con su crepúsculo tardío, demasiado frío con los vientos que se levantan por la noche y los días de otoño que se cuelan entre la semana, demasiado distendido con oficinas cerradas, personas ilocalizables y paseantes muy nocturnos, demasiado bello (nunca es demasiado) con sus bosques, fuentes, crestas pedregosas, árboles infinitos, pueblitos de cuento, reencuentros felices y demás aventuras.

Todavía no podemos decir que hayamos recuperado o creado un ritmo, ni siquiera un ritmo vacacional. Vamos tratando de fluir con los tiempos del aquí, de construir una pequeña vida en el espacio estricto del ahora. ¡Pero no es fácil! Nos comen la impaciencia y la curiosidad, a ratos incluso se asoman la ansiedad y la duda ¿y si...y si....? Aunque dentro de nosotros vive un lago de paz y de confianza al que siempre volvemos a sentarnos y pronunciar "todo irá bien, sea lo que sea que suceda sabremos construir algo bueno con ello, con la ayuda del mundo espiritual". Es un buen ejercicio la incertidumbre, el no saber, para anclarse a la fe, mantenerse atento.

La Biblioteca
Muchas cosas nos han hecho sentir en casa desde que llegamos: la avalancha de amigos con los que nos hemos reencontrado, los sabores y olores de la comida (¡qué alegría volver a toparme con mis viejos y queridos ingredientes en las estanterías de un supermercado conocido!), la posibilidad de usar un horno ¡amo los hornos! (imposible antes por el tremendo calor), los conocidos acentos y adornitos del lenguaje, poder compartir los rezos y los cantos que tanto amamos con personas que tanto amamos.

Pero el momento definitivo de decir "estamos en casa" fue la biblioteca. Una hermosa, enorme, luminosa, amorosa biblioteca, con sección de niños y de bebés, con libros nuevos y sorprendentes y otros viejos conocidos, con bibliotecarias simpáticas y muchos usuarios.

Su olor a papel, a tinta, su silencio acogedor...nada más entrar las tres corrimos a los estantes, nos sentamos en el mismo suelo, y nos pusimos a explorar. ¡Hay tantas cosas maravillosas, tantas posibilidades para alimentar el alma con diferentes sabores, colores, sensaciones; tantas historias por contar, personajes por conocer o reencontrar!

Después de vivir tres años sin biblioteca, tener una a la mano a dónde poder ir a descansar nuestros corazones y nutrir nuestros sueños es, simplemente, un regalo del Cielo.

Ya decía Michellle Petit que la lectura nos permite a construir nuestro espacio interior, nos lleva como una linterna en la oscuridad a reconocernos, a ver lo que hay dentro de nosotros y a colocarlo donde mejor esté, a recorrer nuestras experiencias, a atesorar nuestras memorias, a descubrir nuestros anhelos. La biblioteca es el templo de ese encuentro la propia alma que se puede dar en la lectura.

Los Caballos
Otro ingrediente especial de nuestro verano español han sido las clases de montar a caballo a las que van las niñas cada fin de semana. De por sí el mero hecho de montar a caballo es algo especial. En alguna visita de un maravilloso médico antroposófico a la escuelita, nos explicaba lo importante que podía ser para un niño montar a caballo, todo lo que puede llegar a procesar, transformar, aprender en el proceso de cuidar de un caballo y montarlo. Con esta actividad los niños logran integrar su sensorialidad, logran liberar estrés si es que lo tienen, aprenden a dominarse a sí mismos (a su ego, diríamos espiritualmente hablando) al tiempo que aprenden a entenderse con el animal. Desarrolla en equilibrio, hacen ejercicio, respiran aire limpio del campo.

Además, en nuestro caso, los caballos tienen un aliciente extra que es la maestra, una amiga nuestra muy entrañable y querida con la que además pueden compartir este amor por los caballos y pasar un tiempo juntas cada fin de semana. Otro regalazo.

El Otoño y el trabajo
Por aquí ya empieza a pardear el otoño, ya va lloviendo, ya va soplando el viento del norte con más fuerza. El primero de septiembre las cosas empezaron a volver a la normalidad. Y nosotros cumplimos cuarenta días de haber aterrizado. Insha'Allah durante los próximos días ya podamos saber dónde vamos a establecernos y en qué nos va a tocar trabajar.

En este curioso ejercicio de rehacer el currículum en busca de espacios para colaborar o trabajar he encontrado que eso de cocinar es más importante para mí de lo que yo pensaba, tanto así que merece al menos una mención en mi hoja de vida.

Y otro hallazgo: ¡ya sé lo que soy! Tantas vueltas durante tantos años al rededor de las palabras, la cultura, lo social, la estética, la religión, la educación, me habían despistado, pero creo que finalmente tengo un nombre para mi tarea: soy Profesional de la Lectura ¿verdad que se oye bonito? A ver cuánto me dura.

¡Un abrazo general!

4 comments:

Lourdes Cruz Fierro said...

Professional de la lectura y la escritura diria yo, porque en verdad es un verdadero deleite cuando me transportas a lugares y experiencias Maravillosas. Te abrazo con mucho cariño Preciosa !!!

yadivia said...

Querida, me da mucho gusto que vivas este reacomodo con alegría y con buen ánimo. Te mueves y te reencuentras.
Profesional de la lectura, eso suena muy padre. Te mando un abrazo fuerte.

Mariana/Nashma said...

¡gracia Lulú, gracias Gerardo! Un grandísimo abrazo para los dos :)

Anonymous said...

Mar hermosa,
En México todavía es 12 de septiembre. Muy feliz cumpleaños! Que la luz y la alegría te sigan por todos lados! Te quiero en demasía!!!!
Montserrat.