El inicio del curso escolar nos encontró sin saber dónde nos
habíamos de establecer, y por lo tanto,
dónde deberían entrar las niñas a la escuela. Como pensamos que sería cosa, a
lo más, de un par de semanas, decidí valientemente hacer escuela en casa y
preparar a mis niñas para el cambio de una escuela Waldorf a una escuela
normal.
Debo hacer aquí un apunte sentimental. Saber que mis hijas
no van a poder continuar en una escuela Waldorf me parte el corazón. Después de
conocer la belleza de un entorno Waldorf donde absolutamente todo está hecho
con el máximo cuidado, buscando que el alma de los niños se sienta alegre y en
paz, invitada a descubrir los secretos de la vida, me cuesta mucho trabajo. Imaginarme
a mis hijas en un salón verdoso, adornado con dibujos feos sacados de series de
la tele, con sillas y escritorios de plástico y alumino, frías, con niños gritones,
y profesores ajenos e impositivos me estruja el corazón.
Aquí las niñas no pueden ir a escuela Waldorf, las dos
tienen que entrar a primaria (eso también me descorazona porque a la pequeña le
queda un año para tener dispoción de sus fuerzas vitales para terminar de
contruir sus órganos, en vez de usarlas para aprender con la cabeza), y en
España sólo hay primarias Waldorf a las afueras de Madrid. Son muy caras, están
muy lejos del lugar donde podríamos vivir, y de todas formas, llevamos unas
cuantas semanas con el pie en el estribo, esperando emigrar.
Total que preparé mi primera semana de clases, con temas
para una niña de 3ero y otra niña de 1ero. Historias para cada una, actividades
de hacer, pensar y sentir para cada una, combinaciones con salidas y cosas para
hacer en casa. Me aprendí el verso y la canción de inicio, conseguí una velita
para reproducir el ritual de inicio de clase de primaria que hacíamos en Ak
Luum.
Arrancamos muy bien, pero después de dos semanas llegué a la
conclusión de que el homeschooling no funciona para nosotros. Supongo que en
parte es porque yo sí creo en la escuela.
Schooling
Yo sí creo en la escuela. Creo que es sano para los
individuos y para la sociedad que los niños aprendan en compañía de otros niños
y (también) en compañía de adultos que nos son sus padres. Desde luego creo que
hay condiciones para que la educación escolar sea verdaderamente sana:
El proceso de aprendizaje debe ser activo, es decir, el que
aprende debe participar activamente con su cuerpo, su mente y sus sentidos en la
construcción de su aprendizaje. Somos seres humanos, en consuecuencia seres
creativos, por ello tenemos la capacidad de CONSTRUIR conocimiento, no somos
simples botes donde echar información para su almacenaje. Quien DESCUBRE, tiene
un vínculo personal con lo descubierto, porque a la hora de desvelar su
misterio ya lo ha hecho suyo para siempre.
No sólo se aprende con la cabeza, también con las manos y el
corazón. Para que un aprendizaje sea completo debe involucrar tres esferas: el
hacer, el pensar y el sentir. Si el hacer y el sentir no se ejercitan al
momento de aprender, el aprendizaje se queda cojo, hay dos tercios de lo que se
quiere “aprehender” que se nos escapa. Y nosotros nos quedamos cojos también,
como quien ejercitara solamente una pierna en lugar de ambas.
Se enseña y se aprende a través del amor. Los adultos que
acompañan a los niños a aprender deben estar permanentemente en estado de amor
y conexión. Hasta los siete años o incluso los ocho, los niños aprenden por
imitación. Todo aquello que haga el adulto lo hará el niño. Todo aquello que
viva dentro del adulto, aunque intente no expresarlo, el niño lo integrará. A
partir de los 8 el niño aprende por amor a su maestro y más tarde, cerca de la
adolescencia, por admiración. Si el maestro no es un ejemplo vivo de respeto,
de cariño, de alegría, de resposabilidad, de voluntad, orden, todo intento de
que el niño integre estas cualidades es vano. Sólo se conseguirá un remedo de
ellas por medio de la fuerza, no de la inspiración. Y esto, desde lugo, no
arraigará en el alma del niño.
La escuela debe ser suficientemente estructurada para
ofrecer a los niños un orden claro que se tranforme en paz interior, y
suficientemente flexible o abierta para poder mostrar a los niños la Vida. No
se aprende (solo) entre cuatro paredes, se necesita también de la naturaleza y
estar en los lugares donde la vida bulle y las cosas suceden, para poder
descubrirlas y sentirse en confianza con la realidad.
El espacio donde los niños aprenden y conviven debe ser
BELLO. La belleza es la condición natural del ser humano, estamos hechos de
belleza, por medio de la belleza conectamos con lo mejor de notros mismos y con
lo divino. Los niños (y también los adultos) NECESITAN un entorno bello que les
ofrezca calidez y armonía para que esto se refleje y se establezca en su
interior.
Las escuelas Waldorf son así o, por lo menos, aspiran a
serlo. Los maestros Waldorf saben todas estas cosas y hacen un trabajo de
transformación personal permanente para ser el mejor ser humano que pueden ser
o, por lo menos, aspiran a hacerlo. Últimamente hay tendencias dentro de la
educación Waldorf que sugieren que la escuela se ha rigidizado demasiado, que
de seguir por este camino la escuela no será más el nido ideal para esta
pedagogía, que hay crear nuevos modelos de revivifiquen los principios en los
que se basa y les den nuevas dimensiones y nuevas alas. Puede ser.
Homeschooling
Luego están lo que opinan que el sitio idóneo para aprender
es la casa. Yo digo que depende de la casa. Nuestra experiencia empezó bien
pero al cabo de dos semanas el material terminó regado pro el suelo, las niñas
llorando, una de ellas trepada en la chimenea y la voz de mando amenazando
furibunda “¡como no te bajes de ahí te quedas sin derecho a sacar libros de la
biblioteca!!!”. Educar con amenazas, el antiwaldorf total.
La experiencia me llenó de preguntas ¿cómo se hace para
motivar a los niños al trabajo cuando no hay otros niños con quienes
compartirlo? Ya se sabe que “el trabajo comaprtido se convierte en diversión”,
y compartir el trabajo sólo con mamá no es tan divertido, especialmente si mamá
tiene que ir de una niña en otra guiando la actividad.
¿Cómo se atienden las necesidades de dos o más niños que
deben aprender diferentes cosas con diferentes métodos según las necesidades
específicas de su edad, ¡al mismo tiempo!?
¿Cómo se supera la frustración ante el fracaso sin un grupo
de niños alrededor que sirva de ejemplo y apoyo: los que tienen las mismas
dificultades, los que tienen otras dificultades, los que lo están haciendo sin
problemas?
¿Cómo se desarrollan habilidades sociales y sentido de
colaboración sin otros niños para jugar, trabajar, pensar, hacer equipo? ¿cómo
desarrolla la autorregulación cada niño sin contar con la regulación del grupo
(ahora es momento de tejer, y todo tejemos, ahora es momento de comer y todos
comemos, etc)?
¿Cómo se contagia de entusiasmo sin otros niños que se
entusiasmen al unísino? ¿cómo le das a las cosas su tiempo de entrar y
asentarse en la conciencia por medio de la repetición si sólo tienes un niño
para repetir las cosas una y otra vez?
Y sobretodo ¿cómo se supera la figura materna y todas sus
sombras para convertirse en ese ser de luz que debe ser la maestra? Estando en
la escuela es fácil centrarse y pensar que uno va a estar dos horas en su ser
más luminoso, consciente y amoroso mientras da su clase. Pero hacer escuela en
casa supone que se anulan todos los vicios de la relación casera y se pone en
juego una relación más clara y despejada.
Supongo que la cuestión de fondo es, que tratar de estar
centrado y en su sitio más luminoso no puede ser como tomar aire y soltarlo dos
horas después cuando acaba la clase, sino estar desde un lugar más verdadero, y
por lo tanto más cómodo y natural, en nuestra luz (por decirle de alguna
manera).
Lo más angustiante es tomar conciencia de una manera tan
palpable, que aunque no hagamos homesechooling, las mamás y papás somos los
primeros maestros de nuestros hijos, y no sirve de nada tener para ellos
palabras ejemplares, es absolutamente necesario que tengamos integrado hasta el
tuétano todo aquello que queremos que aprendan e integren. Es mi intención,
pero todavía estoy muy lejos de lograrlo.
Unschooling
Obviamente con tantas preguntas, no podíamos hacer menos que
deslizarnos suavemente hacia el “unschooling”. No tenemos programa, no tenemos
ritmo fijo, excepto algunos momentos necesarios para el funcionamiento del
hogar. Tenemos viajes, tenemos biblioteca, tenemos pequeños proyectos de
manualidades como tejer con los dedos, tejer con agujas y ahora coser, tenemos
excursiones al bosque, tenemos salidas de patinaje, tenemos clases de caballos.
¿Será ésta la solución de la educación en casa? ¿No
proponerse un programa ni un ritmo, no programar actividades ni aprendizajes
específicos para cada edad, sino aprovechar el flujo de la vida para que cada
niña vaya aprendiendo de cada experiencia? ¿Y eso como se puede “sistematizar”
es decir, asentar en la conciencia? ¿O eso tampoco es necesario, tener un
producto final, una memoria que te recuerde lo aprendido, que puedas consular en
caso de necesidad?
Supongo que si vives en una granja, con toda tu familia
extensa, donde los ritmos se marcan de manera natural y el trabajo tiene un
sentido concreto (el gallo canta y toca levantarse, la vaca necesita comer y
hay que cargar la paja, el corral necesita limpiarse y hay que hacerlo…) los
niños van descubriendo y aprendiendo por sí mismos y luego sólo hay que
complementar con observaciones concretas que completen su experiencia. Pero yo
no vivo en una granja, no tengo tan a mano a mi familia extensa, ni la
espiritual ni la de sangre, y soy una
persona demasiado rígida para poder vivir y sentirme satisfecha y en paz con
semejante método o des-método.
Finalmente el hecho de llevar a las niñas a una escuela
tradicional supone un tremendo esfuerzo de fe. Mi reto es confiar en que si
tienen que ir a una escuela feocha (lo siento, para mí todas las escuelas que
no son Waldorf son feochas hasta ahora) es porque ahí encontrarán algo que
necesitan aprender. Confiar en que aún pasando la mitad de su día en un lugar
carente de belleza y armonía serán capaces de descubrir en su propio espacio
interior la belleza y armonía de sus almas. Confiar en que quizá, hoy por hoy,
lo que todos necesitamos aprender es descubrir la belleza escondida, ahí donde
se le pueda encontrar. Confiar en que estarán protegidas y rezar porque, al
menos, les toque un profesor o profesora conectado y consciente. Y confiar en
que tener que desprendernos de la tan amada pedagogía Waldorf, es una lección
de desapego y apertura que necesito aprender. Insha’ Allah.
6 comments:
Ay Mar', compadezco porque si esta dificil tu situacion...
Sé que no he visto a tus hijas en mucho tiempo pero tu en confianza que son mucho menos fragiles que lo que te imaginas, la belleza por dentro la tienen desde el dia 1, por tenerlos a ustedes de papas. En la escuela normal les ira muy bien no te preocupes, y a ti te dara mas sanidad de espiritu recuperar tiempo para ti.
Pero mentanlas en algun lugar, aun si se mudan luego, eso del unschooling se me hace aun mas complicado...no?
Te amo Mariana! Siempre pero especialmente hoy, en un día difícil, me llenas de luz.
Que será del mundo cuando todos tengamos esa conciencia de belleza y amor para educar a nuestros hijos? Será que podamos acabar con tanta gente tóxica y dañina? Es que acaso toda esa energía negativa es nuestra responsabilidad por no concientizar nos de lo que escribes acerca de la transmisión del conocimiento?
Gracias por iluminarme.
Todo va a estar bien con ellas. A lo mejor como dices, el aprendizaje consiste en ir a una escuela tradicional y llenarla de luz. En que tú te integres a la comunidad de una escuela tradicional y la Waldorfizes (Yo diría la 'Marianices' aunque sé que no te gusta que te digan esas cosas) y con tu luz y la de tus hijas y con tu bondad y la de tus hijas y con tu belleza y la de tus hijas transformen y multipliquen.
Te mando la mejor de las energías y el más grande de los abrazos. Confía, Mar! Todo tiene una razón de ser!!!
Montserrat.
Muchas veces en la vida nos toca no obtener lo que deseamos, esto es un contratiempo, un desaliento, sobre todo si vemos tu texto tan lleno de amor y preocupación, pero amadísima criatura, tu amor tiene llenarlo todo, tus sabios consejos a tus hijas, tu habilidad de convertirte en una madre camaleona que diga a sus hijas que es una maravilla también poder ser parte de esa escuela y convertirse en parte de ella como ahora son parte de España nuevamente. Un reto para tí y para ellas, adaptarse.
Disfrutar lo que sí hay y no lamentarse por lo que por ahora no tienen. Pero papá tiene trabajo, algo precioso que contaminará la vida familiar, está la sorpresa del descubrimiento de una nueva ciudad, una nueva casa, unos nuevos amigos, un clima diferente.
Pero sobretodo los planes de Dios que no conocemos pero que desde luego están vinculados a cada paso que dan.
Confía, Confía y disfruta el poder del AHORA. Ayer ya se fue y mañana Aún no existe.
Mariana, yo creo que ellas crecerán con una belleza, paz espiritual y sobre todo creatividad porque te tienen a ti, el complemento de la escuela serás tú.
No creo que hayas crecido en una escuela Waldorf y sin embargo has llegado a un nivel de conciencia superior. Tu tienes la semilla que a ellas las hará crecer. Disfruta la vida y este pasaje de una nueva escuela para ellas y no les transmitas tu inconformidad de la escuela, quizá ellas con sus ojos infantiles la disfrutarán. ¡Buena salud!
Kermit, suena a gran duelo así como lo cuentas. Lo siento. Yo sé lo que es estar infeliz con la escuela de tu hijo y ver que tu hijo sufre y es infeliz. Es horrible. Pero tus hijas están felices. Recuerda que los niños crecen y aprenden por la escuela, en la escuela y a pesar de la escuela. Especialmente las tuyas, que tienen una vida tan rica fuera de la escuela, eso es hermoso. Practica tus mantras del desapego y de la purificación. Te quieroooooo.
OH HERMOSAS LECTURAS AMOROSAS, GRACIAS!!!! Ustedes me llenan de luz a mí, qué bendición poder encontrarme con ustedes en este espacio entre los mundos. Les mando abrazos fuertísimos y ahorita les cuento las novedades.
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