Ahora que tenemos que estar
retirados en casa durante algunos días, podemos estar sintiendo angustia,
ansiedad, rabia, tristeza, estrés. Pero no podemos negar que esta situación excepcional
nos ofrece una oportunidad de oro para cambiar de ritmo, parar un poco,
descansar, hacer cosas que la vida que llevamos no nos permite hacer, estar en
familia (si vivimos con ella), mirar hacia adentro, estar con nosotros mismos…¡Claro
que eso es justamente lo que puede parecernos más angustiante! Pero asumámoslo
como un reto de superhéroes. Somos más fuertes de lo que creemos y seguro que,
si nos damos la oportunidad, podemos descubrir cosas maravillosas.
Tanto si vivimos con niños como
si no, hay algunas ideas que pueden servirnos en general:
ü Crea un ritmo relajado para transitar
el día, no una rutina mecánica, que esa ya la tenemos todos los días, sino una
frecuencia en la que podamos fluir a lo largo de la semana y que nos dé un poco
de estructura. Eso hará que no se vuelva eterno y que cada momento cobre
sentido.
ü Date un momento de silencio: oración,
meditación, respiración, lo que más te guste. Y llenarnos del mejor sentimiento
que encuentres por ahí dentro: paz, agradecimiento, amor, alegría. SI te cuesta
encontrarlos, recuerda algún momento feliz de tu vida y sencillamente deja que
ese sentimiento te llene y se expanda.
ü Un tiempo para tu cuerpo, un poco de mimo
y un poco de movimiento: estiramientos, yoga, una rutina de ejercicios, un poco de baile, una
mascarilla limpiadora, un automasaje…
ü Un ratito a nuestra mente: Teletrabajo,
si lo tienes, o si no leer, resolver acertijos, hacer crucigramas.
ü Un espacio para la creatividad y el
sentimiento: dibuja, pinta, escribe, toca un instrumento, si lo tienes; asómate
al balcón a cantar. Las cosas con música se llevan mejor.
ü Aprovecha para hacer limpieza y ordenar
el hogar ¡momento Mery Kondo!
ü Date un gusto al día, pero evita comer
compulsivamente.
ü Manténte informadx y en contacto con los
tuyos. Hoy en día eso es muy fácil gracias a internet y las redes sociales, ¡pero no huyas! Aprovecha para
desintoxicarte un poco también de pantallas. Tus ojos y tu mente te lo
agradecerán. Elige lo que ves, lo que lees y lo que compartes.
¿Y si vivimos con niños?
¡Pues más de lo mismo! Pero
adaptado a su momento vital. Ellos necesitan moverse más que nosotros y,
sobretodo, necesitan NUESTRO equilibro, para poder estar bien. Así que lo
primero es:
Procura estar tranaquilx,
flexibilízate y procura disfrutar. Recuerda que es una situación de excepción y
que pronto pasará.
¿Cómo hacemos un ritmo llevadero para los niños en casa?
Alternando
momentos de expansión y movimiento, con momentos de más concentración y calma:
creamos un ritmo “respiratorio” de expansión-concentración. Por loco que
parezca, así además reforzamos su sistema respiratorio que se basa justamente
en esa alternacia. Así que un ratito de movimiento y juego, puede seguirse de
otro ratito de pintar, armar puzles, leer o contar cuentos según su edad.
Dar en la imaginación lo que no podemos dar en la realidad
Como no
podemos salir al parque, quizá alguna parte de la casa puede convertirse en
parque durante un rato. ¿No tenemos sábanas, sillas, almohadas, mesitas? ¡Pues
son fantásticas para hacer casitas y construcciones! Dales un espacio para
crearlas y estate atentx para coordinar la recogida ANTES de que estén
demasiado cansados. Una regla de oro que aprendí de Sandra Chandía: si el juego
se vuelve demasiado expansivo (la casa entera como campo de batalla, por
ejemplo) tenemos un problema. Por lo tanto: se puede usar la cantidad de juguetes
(considerando que un juguete es todo aquello con lo que se juega) que el adulto
pueda recoger con alegría. Porque, dependiendo de la edad de los niños, el
adulto tendrá que hacerse cargo (coordinar, al menos) que luego todo vuelva a
su sitio.
Mantener los patrones de sueño
Un niño cansado es un niño con poca
resistencia a la frustración, sensible y malhumorado. Si habitualmente tiene
una rutina que no le permite dormir todas las horas que necesita (entre 10 y 12
horas al día hasta los 7 años aprox.) esta es una magnífica oportunidad para
dejarle dormir todas las horas que necesita. Observa y organiza el día en
función de sus horas de sueño, ya que las duerma todas juntas por la noche, o
que necesite una siesta a mitad del día.
Involúcralos en las tareas de casa
A los niños (sobre todo a los
más pequeños) suele gustarles mucho participar en las tareas de casa. Dales un
trapo y una tarea y estarán un buen rato ocupados y encantados.
Hagan cosas juntos
Manualidades, cocinar, hacer ejercicio, bailar,
jugar juegos de mesa.
Evita lo más que puedas la
sobreexposición a pantallas
¡Aunque es muy tentandor! Cuando un niño se sienta
frente a una pantalla se sobre estimula su cerebro (y sus emociones) pero su
cuerpo va reprimiendo la necesidad natural de movimiento, por lo tanto una vez
que se desengancha, está muy cansado y desgastado mentalmente, pero su cuerpo
va a intentar recuperar todo el rato que lleva inmóvil: muy mala combinación,
cuerpo acelerado y mente exhausta.
Ya han circulado por las redes
muchas ideas y recursos con ideas
para pasar largas horas en casa con niños. Recomiendo especialmente a dos
educadoras a quienes admiro muchísimo: Tamara
Chubarovsky, que estará publicando cosas en su cuenta de Facebook. Y Sandra Chandía, a quien encontrarán en
Instragram.
Y por último, para los niños que
ya están en edad de primaria, podemos aprovechar para revisar algunos
contenidos que están viendo en clase desde una perspectiva lúdica o artística,
esto les permitirá relacionarse desde un lugar muy diferente con los contenidos
y DISFRUTARLOS, ENCONTRAR SU BELLEZA y su VINCULARSE CON ELLOS.
Pueden
encontrar buenísimas ideas para hacerlo en la página de Facebook y el blog de Alén de Ningures, que son especialistas
en llevarnos a descubrir la magia de las matemáticas:
También tiene muy buenas ideas
este blog: https://www.demicasaalmundo.com/blog/
¡Ánimo! Vamos a hacer de este
tiempo de retiro, un tiempo de encuentro con nosotros mismos y con lo mejor que
tenemos. En los momentos más oscuros podemos recibir los más luminosos regalos.
Ilustración de Jennifer Sherman

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