Algunas veces, entrar en el País
de la Noche es delicioso, es abandonarse en los brazos acogedores del sueño,
como en los brazos de un viejo amor. Sin embargo, otras veces es entrar sin
remedio en un territorio agreste e inhóspito, infértil y desolador: el reino
del insomnio.
Últimamente sé de personas
queridas que no pueden dormir. Hay mucho que decir respecto al sueño, sobre
cómo equilibra y regenera y cumple tantas funciones vitales. También se puede
hacer mucha poesía al respecto, pero lo que quiero compartir aquí son argucias
que nos han servido en momentos inhóspitos de nuestras vidas para lidiar con el
insomnio.
Hay algunas muy sencillas y
prácticas, y otras un poco más del ámbito del trabajo interior.
Las más prácticas (trabajo exterior):
·
Lo primero, evitar estimulantes durante el día,
tipo tés con teína o café.
·
Evitar azúcar después de la hora de la comida.
·
Tomar té de tila, melisa, manzanilla, azahar por
la tarde.
·
Cenar temprano, al menos dos horas antes de irse
a acostar.
·
Poner una gota de aceite esencial de lavanda en
la almohada. Yo me lo pongo directamente en los tobillos, muñecas y detrás de
las orejas. A mí me funciona muy bien, pero si tienes un olfato demasiado
sensible puede hacer el efecto contrario, la idea es encontrar la dosis que te
resulta relajante y reconfortante.
·
Hay un aceite que es una maravilla, una mezcla
de Do Terra, que se llama SERENITY.
Te pones una gotita en la planta de los pies y es muy efectiva. A nivel de
aromaterapia es lo más efectivo que conozco.
Las que apelan al trabajo interior:
Yo he descubierto que algo que me
funciona muy bien es cambiarme del canal del Pensar, al canal del Sentir. Eso
tiene varios modos, pero básicamente es traer al corazón recuerdos, palabras,
itinerarios que me anclan en el “sentimiento noble”, como diría mi profe de
Shiatsu (el cariño, la alegría, el agradecimiento, la ternura, la nobleza, la
paz, la fe, la humildad, la conexión…) Aquí algunos de ellos:
·
El viaje imaginario
Me imagino que me quito mi piel
como si fuera un suéter. Y lo mando de viaje. Ya mi atención no está en mi
cuerpo tendido en la cama, sino que pongo mi percepción al servicio de ese yo
viajero y leve. Algunas veces sobrevuelo paisajes hermosos, otras me paseo por
campos dorados, otras más me sumerjo en aguas cristalinas y descubro jardines
sumergidos. Durante ese tiempo hago el ejercicio de SENTIR de verdad: los
colores, las temperaturas, los olores, las texturas…Casi siempre el viaje
termina en un lugar que visito hace mucho tiempo dentro de mí y que me da mucha
paz: me recuesto entre las nudosas raíces de un árbol enorme, su copa me da
sombra, y frente a él hay un lago muy tranquilo y un cielo muy azul.
·
El viaje interno
A lo mejor has oído hablar de una
técnica terapéutica que se llama “visualización creativa”, se trata de poner a
funcionar la percepción de nuestro cuerpo por dentro y ayudar a sanar cosas si
tenemos algún problema de salud. Yo lo hago un pelín diferente porque he
descubierto que me hace bien, así nomás. Me vuelvo pequeñita y entro por una de
mis fosas nasales. A cada parte de mí que voy encontrando por el camino la voy
saludando, le pregunto cómo está, o directamente percibo cómo está y si siento
que necesita algo, por ejemplo, está seca, pues le doy una solución creativa:
le doy a beber un vaso de agua, la riego como una plantita, le unto una cremita
hidratante. Si no tengo la sensación de que sea necesario hacer nada en
concreto sencillamente hablo con ella, le agradezco lo que hace por mí, la
acaricio con amor, o la abrazo, o bailo con ella. La idea es dejar un poco que
eso fluya, no hacerlo desde la cabeza sino desde la intuición y la imaginación
(la imaginación como órgano de percepción, diría Ibn al Arabi).
·
Trabajar con el sentimiento
Esta es un poco parecida a la anterior,
pero no hace falta hacerse pequeña. Sencillamente te centras en tu corazón. O
como diría Lorca, te SIENTAS en tu corazón. Una forma de hacerlo es
sencillamente poner la mano sobre tu pecho y sentir su latido, eso te lleva
ahí. Otra es hacer dos o tres respiraciones conscientes. Otra es dirigir tu
atención al lugar en el que sabes que está tu corazón. Una vez ahí hay que hace
un gesto de apertura, de dejar salir el sentimiento como una gota que se va
expandiendo en todas direcciones. Puede ser el cariño, o la ternura, o
cualquiera de estos “sentimientos nobles” que te decía más arriba. Debería
sentirse ligerito, húmedo, templado, reconfortante. Y aquí el trabajo es
sencillamente dejarlo salir, no empujarlo, solamente observar (nuevamente con
el corazón, no con la cabeza) cómo va creciendo hasta rebasar tu propio cuerpo
y formar una especie de huevito en el que quedas envuelta. A veces estoy TAN
metida en mi cabeza que no fluye el sentimiento. Entonces tiro de recuerdos:
busco momentos felices, de calma, de mucho amor y ese sentimiento ya se vuelve
algo sensorio e identificable y puedo dejarlo salir y correr por mi cuerpo.
Cuando ya tengas ese caminito
hecho puedes hacer mucho más, por ejemplo sentir cómo empapa cada uno de tus
órganos por dentro. A veces me he sucedido con que al ir empapando me encuentro
con la tristeza, me dan ganas de llorar sin razón. Mi profe se Shiatsu dice
(sí, es mi gurú), que uno va guardando emociones y el cariño las limpia. Es
como entrar en una sala que no has recogido en mucho tiempo y tropezarte con
las cosas que se quedaron tiradas por ahí. Sencillamente hay que “empapar” esa
emoción también y seguir sin meter la cabeza.
·
Cantar mantras en silencio
En la tradición sufí se dice que
el “diker” más poderoso es el diker del corazón, el que se hace en silencio. El
diker es la recitación de los nombres o atributos divinos, esos son nuestros
mantras. Más que recitar se trata de SENTIR el mantra. El que tú quieras,
conozcas, te guste, alguno con que tengas un vínculo real, que al pronunciarlo
dentro de ti haga efecto. Puede ser una oración que hayas aprendido de pequeña
o un mantra que elijas ahora porque te da paz. Yo empiezo a cantarlos dentro de
mí y pongo mi atención en el corazón. Normalmente eso hace que me invada una
sensación de bienestar y esa canción me arrulla hasta dormir.
·
Poner a funcionar el agradecimiento
Durante una época de mi vida, que
llegara la noche era un horror. No sé si lo que me pasaba era fisiológico o
psicológico o ambas, pero ciertamente no me dejaba dormir. Sentía que me iba a
morir como un perro, sola en aquéllos desiertos, y que me iban a enterrar ahí
entre las arenas, donde (casi) nadie que me quisiera pudiera ir a llevarme flores o
llorar sobre mi tumba. ¡Peliculón! Pues encontré que si me aferraba a creer que
aquello estaba guiado por la Sabiduría, y que era bueno y necesario para mí,
que estaba protegida por una fuerza más grande que yo, y empezaba a dar
gracias, el agradecimiento empezaba a crecer dentro de mí y a transformar todo
lo demás: el miedo, el estrés, la incertidumbre, la tristeza, la ansiedad,
¡todo! Poco a poco mi cuerpo se relajaba y yo podía quedarme dormida. Ahora,
aunque no haya nada en concreto, ninguna idea, ningún síntoma que yo sea
consciente que me está impidiendo dormir, sencillamente empiezo a dar gracias
por todo lo bueno que hay en mi vida, voy evocando cada cosa y sintiendo la
belleza o el bienestar o la alegría que aporta a mi vida, y sale de ahí un
agradecimiento tan grande que se come todo lo demás.
Miedo a no dormir
Creo que mucho peor que no
dormir, es el miedo o el estrés, o la ansiedad que genera la sola idea de que
no vas a poder dormir. “Intentar dormir” es un contrasentido: mientras más lo
intentamos menos dormimos. Hay cosas que simplemente suceden y una es el sueño.
Así que creo que más bien conviene cambiar la idea de combatir el insomnio por la de acompañar
el insomnio. Quizá es como esos niños molestones que, mientras saben que
incordian, están ahí pegados, cuando no ven el efecto que quieren, pierden el
interés y se retiran.
El remedio ancestral para
conjurar al miedo, para invocar lo bueno es, por supuesto cantar. Así que cantemos
para atravesar la noche, aunque sea en nuestro interior. Abracémonos con
cantos, mezámonos suavemente en un puñado de sonidos que nos acolche la
ansiedad y poco a poco la diluya.
En estos tiempos en que el suelo
se mueve bajo nuestros pies y las certezas se transforman tan rápido, el sueño
es un refugio. Espero que estas herramientas puedan servir a que quienes no
tienen un camino feliz por el país de la noche, que encuentren la veredita
hacia su cueva protectora, hacia sus dulces sueños.
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