Friday, January 22, 2021

Recetas para acompañar el insomnio

 


Algunas veces, entrar en el País de la Noche es delicioso, es abandonarse en los brazos acogedores del sueño, como en los brazos de un viejo amor. Sin embargo, otras veces es entrar sin remedio en un territorio agreste e inhóspito, infértil y desolador: el reino del insomnio.

Últimamente sé de personas queridas que no pueden dormir. Hay mucho que decir respecto al sueño, sobre cómo equilibra y regenera y cumple tantas funciones vitales. También se puede hacer mucha poesía al respecto, pero lo que quiero compartir aquí son argucias que nos han servido en momentos inhóspitos de nuestras vidas para lidiar con el insomnio.

Hay algunas muy sencillas y prácticas, y otras un poco más del ámbito del trabajo interior.

Las más prácticas (trabajo exterior):

·         Lo primero, evitar estimulantes durante el día, tipo tés con teína o café.

·         Evitar azúcar después de la hora de la comida.

·         Tomar té de tila, melisa, manzanilla, azahar por la tarde.

·         Cenar temprano, al menos dos horas antes de irse a acostar.

·         Poner una gota de aceite esencial de lavanda en la almohada. Yo me lo pongo directamente en los tobillos, muñecas y detrás de las orejas. A mí me funciona muy bien, pero si tienes un olfato demasiado sensible puede hacer el efecto contrario, la idea es encontrar la dosis que te resulta relajante y reconfortante.

·         Hay un aceite que es una maravilla, una mezcla de Do Terra, que se llama SERENITY. Te pones una gotita en la planta de los pies y es muy efectiva. A nivel de aromaterapia es lo más efectivo que conozco.

Las que apelan al trabajo interior:

Yo he descubierto que algo que me funciona muy bien es cambiarme del canal del Pensar, al canal del Sentir. Eso tiene varios modos, pero básicamente es traer al corazón recuerdos, palabras, itinerarios que me anclan en el “sentimiento noble”, como diría mi profe de Shiatsu (el cariño, la alegría, el agradecimiento, la ternura, la nobleza, la paz, la fe, la humildad, la conexión…) Aquí algunos de ellos:

·         El viaje imaginario

Me imagino que me quito mi piel como si fuera un suéter. Y lo mando de viaje. Ya mi atención no está en mi cuerpo tendido en la cama, sino que pongo mi percepción al servicio de ese yo viajero y leve. Algunas veces sobrevuelo paisajes hermosos, otras me paseo por campos dorados, otras más me sumerjo en aguas cristalinas y descubro jardines sumergidos. Durante ese tiempo hago el ejercicio de SENTIR de verdad: los colores, las temperaturas, los olores, las texturas…Casi siempre el viaje termina en un lugar que visito hace mucho tiempo dentro de mí y que me da mucha paz: me recuesto entre las nudosas raíces de un árbol enorme, su copa me da sombra, y frente a él hay un lago muy tranquilo y un cielo muy azul.

·         El viaje interno

A lo mejor has oído hablar de una técnica terapéutica que se llama “visualización creativa”, se trata de poner a funcionar la percepción de nuestro cuerpo por dentro y ayudar a sanar cosas si tenemos algún problema de salud. Yo lo hago un pelín diferente porque he descubierto que me hace bien, así nomás. Me vuelvo pequeñita y entro por una de mis fosas nasales. A cada parte de mí que voy encontrando por el camino la voy saludando, le pregunto cómo está, o directamente percibo cómo está y si siento que necesita algo, por ejemplo, está seca, pues le doy una solución creativa: le doy a beber un vaso de agua, la riego como una plantita, le unto una cremita hidratante. Si no tengo la sensación de que sea necesario hacer nada en concreto sencillamente hablo con ella, le agradezco lo que hace por mí, la acaricio con amor, o la abrazo, o bailo con ella. La idea es dejar un poco que eso fluya, no hacerlo desde la cabeza sino desde la intuición y la imaginación (la imaginación como órgano de percepción, diría Ibn al Arabi).

·         Trabajar con el sentimiento

Esta es un poco parecida a la anterior, pero no hace falta hacerse pequeña. Sencillamente te centras en tu corazón. O como diría Lorca, te SIENTAS en tu corazón. Una forma de hacerlo es sencillamente poner la mano sobre tu pecho y sentir su latido, eso te lleva ahí. Otra es hacer dos o tres respiraciones conscientes. Otra es dirigir tu atención al lugar en el que sabes que está tu corazón. Una vez ahí hay que hace un gesto de apertura, de dejar salir el sentimiento como una gota que se va expandiendo en todas direcciones. Puede ser el cariño, o la ternura, o cualquiera de estos “sentimientos nobles” que te decía más arriba. Debería sentirse ligerito, húmedo, templado, reconfortante. Y aquí el trabajo es sencillamente dejarlo salir, no empujarlo, solamente observar (nuevamente con el corazón, no con la cabeza) cómo va creciendo hasta rebasar tu propio cuerpo y formar una especie de huevito en el que quedas envuelta. A veces estoy TAN metida en mi cabeza que no fluye el sentimiento. Entonces tiro de recuerdos: busco momentos felices, de calma, de mucho amor y ese sentimiento ya se vuelve algo sensorio e identificable y puedo dejarlo salir y correr por mi cuerpo.

Cuando ya tengas ese caminito hecho puedes hacer mucho más, por ejemplo sentir cómo empapa cada uno de tus órganos por dentro. A veces me he sucedido con que al ir empapando me encuentro con la tristeza, me dan ganas de llorar sin razón. Mi profe se Shiatsu dice (sí, es mi gurú), que uno va guardando emociones y el cariño las limpia. Es como entrar en una sala que no has recogido en mucho tiempo y tropezarte con las cosas que se quedaron tiradas por ahí. Sencillamente hay que “empapar” esa emoción también y seguir sin meter la cabeza.

·         Cantar mantras en silencio

En la tradición sufí se dice que el “diker” más poderoso es el diker del corazón, el que se hace en silencio. El diker es la recitación de los nombres o atributos divinos, esos son nuestros mantras. Más que recitar se trata de SENTIR el mantra. El que tú quieras, conozcas, te guste, alguno con que tengas un vínculo real, que al pronunciarlo dentro de ti haga efecto. Puede ser una oración que hayas aprendido de pequeña o un mantra que elijas ahora porque te da paz. Yo empiezo a cantarlos dentro de mí y pongo mi atención en el corazón. Normalmente eso hace que me invada una sensación de bienestar y esa canción me arrulla hasta dormir.

·         Poner a funcionar el agradecimiento

Durante una época de mi vida, que llegara la noche era un horror. No sé si lo que me pasaba era fisiológico o psicológico o ambas, pero ciertamente no me dejaba dormir. Sentía que me iba a morir como un perro, sola en aquéllos desiertos, y que me iban a enterrar ahí entre las arenas, donde (casi) nadie que me quisiera pudiera ir a llevarme flores o llorar sobre mi tumba. ¡Peliculón! Pues encontré que si me aferraba a creer que aquello estaba guiado por la Sabiduría, y que era bueno y necesario para mí, que estaba protegida por una fuerza más grande que yo, y empezaba a dar gracias, el agradecimiento empezaba a crecer dentro de mí y a transformar todo lo demás: el miedo, el estrés, la incertidumbre, la tristeza, la ansiedad, ¡todo! Poco a poco mi cuerpo se relajaba y yo podía quedarme dormida. Ahora, aunque no haya nada en concreto, ninguna idea, ningún síntoma que yo sea consciente que me está impidiendo dormir, sencillamente empiezo a dar gracias por todo lo bueno que hay en mi vida, voy evocando cada cosa y sintiendo la belleza o el bienestar o la alegría que aporta a mi vida, y sale de ahí un agradecimiento tan grande que se come todo lo demás.

Miedo a no dormir

Creo que mucho peor que no dormir, es el miedo o el estrés, o la ansiedad que genera la sola idea de que no vas a poder dormir. “Intentar dormir” es un contrasentido: mientras más lo intentamos menos dormimos. Hay cosas que simplemente suceden y una es el sueño. Así que creo que más bien conviene cambiar la idea de combatir el insomnio por la de acompañar el insomnio. Quizá es como esos niños molestones que, mientras saben que incordian, están ahí pegados, cuando no ven el efecto que quieren, pierden el interés y se retiran.

El remedio ancestral para conjurar al miedo, para invocar lo bueno es, por supuesto cantar. Así que cantemos para atravesar la noche, aunque sea en nuestro interior. Abracémonos con cantos, mezámonos suavemente en un puñado de sonidos que nos acolche la ansiedad y poco a poco la diluya.

En estos tiempos en que el suelo se mueve bajo nuestros pies y las certezas se transforman tan rápido, el sueño es un refugio. Espero que estas herramientas puedan servir a que quienes no tienen un camino feliz por el país de la noche, que encuentren la veredita hacia su cueva protectora, hacia sus dulces sueños.

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