Wednesday, June 27, 2012

Despedidas



No me gustan las despedidas, creo que a nadie. Pero sí me gusta ir de un sitio a otro y tener en cada lugar amado personas amadas. Con lo cual los "hasta luegos" son un mal menor, puede doler un ratito, pero la vida es tan maravillosa y nos regala tanto amor en cada lugar al que vamos, que el dolor se pasa enseguida y quedan recuerdos como joyas guardados en el corazón, que nos pueden hacer sonreir y sentirnos abrazados incluso en la distancia.

Además, sé por experiencia que en el cariño no hay distancias. Vale, cuando no estamos en plan totalmente conectado o "zen" puede hacer falta un abracito en carne y hueso de alguna persona querida. Pero en realidad en realidad, el cariño se siente SIEMPRE por dentro, y gracias a Dios tenemos teléfonos, skypes, emails, aviones, trenes y toda suerte de recursos que hacen del mundo un pañuelo. Insha'Allah podremos echar mano de ellos para regresar siempre a los brazos de nuestros amigos, hermanos y familia amada.

Aquí les presento "la cocinita de Nashma". Dos horas preparando cositas para nuestras "despedidas": el "cumple" de Hali (celebrado dos meses antes), los regalitos de los profes, el té con los hermanos sufis, etc. Empanada de qeuso con membrillo (gracias Mire), mis galletas de almendra con arándanos y chocolate blanco, dos tartas de plátano e higos para el cumple de Hali, una brownie de Maicena para la despedida de Fati en el cole y un pan de plátano para la despedida de Hali del cole (todas las recetas en www.lacocinaespontanea.blogspot.com). UUUUFFFFFFFF ¡me encanta cocinar! Las personas que nos rodean han llenado nuestra vida de dulzura estos años, ojalá podamos devolverles un poco.

En ochos años, Azuqueca pasó de Azucaca a Azuquekistán. Pero es verdaderamente ahora, al final de mi estancia en este lugar de la Mancha, que puedo mirar esta tierra con verdadero amor y agradecimiento, encontrarla bella, sentir la absoluta certeza de que el tiempo pasado aquí tiene pleno sentido, que es mía y que, finalmente, yo soy y seré siempre un poco suya también (lagrimita).

Gracias a todas y todos los que han embellecido este periodo de mi vida, gracias por lo que me habeis enseñado, por todo el cariño que me habeis regalado. Ciertamente os llevo siempre en el corazón. Ya nos veremos cuando vengamos de visita (sonrisa graaaaaaaaaande)  y siempre trendreis un sitio allí donde esté yo.

Me voy a seguir con la vorágine ésta de levantar el campamento. Un abrazo general.

Sunday, June 10, 2012

Textitos encontrados

Entre mis textitos encontrados hay muchas cosas ingeniosillas que espero tener tiempo de pasar al blog. Aquí un ensayito sobre "La página en blanco". Creo que con el conocimientoacumulado diría que la página escrita, la obra literaria en general, ofrece las mismas posibilidades y los mismos peligros. Helo aquí:

Mucho se ha hablado de la peligrosidad de los espejos. Pero sin duda el más peligroso de ellos es la hoja en blanco.

La página en blanco ostenta una inocencia que es, sin embargo, aparente. La verdad es que ahí, sobre su fingida pureza, entre sus fibras, se esconden todas las opciones, todas las posibilidades nos observan, nos acechan. En la hoja en blanco laten todas nuestras posibilidades, en eso radica su poder de seducción y su riesgo.

En la aparente ausencia de imagen se concentra la posibilidad, el germen de todas las imágenes. ¿A cuál convocaremos cada vez que nos asomemos? ¿con cuál de nuestras posibilidades nos enfentaremos? ¿cuál de nuestras formas podremos detener cada vez y mirar en la luna de la hoja?

La hoja es imagen del Universo y Universo imaginado. Asomarse a la página en blanco es asomarse a sí mismo, he ahí el dilema.

Thursday, June 07, 2012

¡Por favor, apaga el aparato enojador!

Es tarde y me muero de sueño pero hay un descubrimiento que quiero mucho compartir: el aparato enojador. Es una cosa que tenemos insertada en el cerebro y que seguramente en algún momento de la vida fue fundamental para nuestra superviviencia. Pero ahora tenemos que aprender a desconectarlo porque su efecto, que es la rigidez, nomás nos está estorbando en el trabajo de corazón que todos tenemos que hacer en este preciso instante.

El problema que tiene es que una vez que se ha encendido te controla por completo. Cuando se echa a andar pone a operar toda la rigidez de la que dispone tu mente, tu cuerpo y tu alma y entonces sí la hemos fastidiado.

El remedio: tan fácil como apagarlo. El problema: pillarlo en el mismo segundo en que lo escuches hacer click. Explico: el aparato enojador es como la caldera (o boiler). En cuando empieza a correr el agua (todo aquello que no es compatible con su rigidez) hace el clic de encendido, PERO se tarda un ratito en empezar a sacar el agua caliente. Así que ANTES de que empiece a salir el agua caliente hay que darle al botón de APAGADO/OFF y su efecto se desvanece. La clave: estar ATENTO.

Ejemplo: Fati se sienta cansada a cenar y empieza a pedirlo todo a gritos y lloriqueos KEEEECHUUUUUP TENEDOOOOOOOOOR AYUUUUUUUUUUUDAAAAAA MEZCLAAAAAAADO  ASI NOOOOOOO QUIERO PAAAAAAAAAAAAAAN. Y yo siento cómo empieza a correr el agua porque DEFINITIVAMENTE no es la clase de momento familiar que me apetece después de un largo día de cajas y vueltas y cosas. A-HA-HA ¡he ahí que se pone en marcha el aparato enojador! E inmediatamente lo apago.

¡Wow! ¡Qué silencio interior! No ese bbbbrrrrrrrgrrrrrrrrfrrrrrrrrrrrrrr que en unos segundos tendrá hirviendo mi sangre, gritando mi boca, retorciéndose mi precioso hígado y muy probablemente dirigiendo toda una serie de movimientos bruscos hacia la pequeña Fati. Lo que hay es el bellísmo silencio de un motor apagado que me permite tranquilizar a Fati, porque yo misma estoy tranquila, y darle espacio para apagar su propio aparato enojador. ¡Maravilla!

Sí, hay que estar muy presente consigo mismo para pillar el momento exacto en el que el aparato enojador se pone en marcha, pero luego te faclita TAAAANTO TANTO las cosas, que vale la pena practicar porque, ¿saben qué?, acaba automatizándose. Y qué delicia tener automatizada la serenidad, la claridad, la flexibilidad, en vez de la rigidez y la ira ¿cierto?

Hasta aquí llego. Mañana que relea a ver si yo misma me entiendo. Abrazos.

Thursday, May 24, 2012

Dios, el pan, las cajas, el perdón...

Aquí estamos llenénadonos de cajas, vaciándonos de cosas que ya no necesitamos, ajustando cuentas con nuestro pasado y nuestro presente para poder abrazar nuestro futuro inmediato. Creo que sobre el proceso de dejar atrás el pasado mi papá ya lo ha dicho todo (con palabra y con ejemplo) en su "Never Ending Storage" que al final si tuvo fin (jeje) con mucho aprendizaje y libertad como consecuencia.

Yo sólo digo que coincidiendo con el santo mes de Rajab, que nos ofrece una oportunidad para ponernos en paz con Dios y con los hombres, o sea, con nosotros mismos, yo voy sacando fotos de diferenes etapas de mi vida y voy pensando: ¿le di las gracias a este hombre? ¿le dije a esta mujer cuánto la quería? ¿llegué a hacerme responsable por los fallos que tuve en esta relación? ¿me disculpé alguna vez por las cosas que llegué a decirle a esta persona? ¡Dios mío! ¡cuántas carencias! ¡cuántas faltas! Falta de atención, de cariño, de seguridad, cuánta ignorancia anda uno paseando por su vida a riesgo de dañarse a sí mismo y a los demás. ¿Cuánto tiempo me quedé de más en esta relación que tanto daño me hacía? ¿por qué me lastimé persiguiendo a esta persona que no me quería?

Gracias a Dios ha llegado hasta mis manos un dúa (súplica) que se recita en este mes, y que dice algo precioso:

 "¡Oh Allah! Te pido perdón por la injusticia cometida contra tus siervos. Cualquiera de tus siervos o siervas que yo haya herido ya sea físicamanete, en su dignidad o en su propiedad, dale de Tus inagotables tesoros. Y te pido que me honres con Tu Misericordia la cual abarca todas las cosas".

Así que si alguien dañé y no lo reparé yo misma, pues va de gane: le tocan tesoros divinos a cambio. Yo me perdono porque me comprendo. AlhamduliLah la vida pasa y voy aprendiendo y volviéndome mejor persona. Pero sí me gusta mucho sentir que hay un Perdón más grande, lo que es un Refugio más grande, una Comprensión más grande, que permite que la nuestra tenga lugar y vaya creciendo.

A ratos me parece que somos como la masa del pan: Dios (aquello que es Bueno, que es Bello, que es Verdadero y lo siento por apellidar tanto pero es que la palabra está tan malamente manoseada que a saber lo que piensa la gente cuando uno dice "Dios"). Decía que Dios nos toca y nos ponemos a crecer como cuando juntas la harina y el agua tibia y la levadura...Mágica vida, parece que no sucede nada pero ahí está esa masa maravillosa y tierna haciéndose grande y alimenticia. Luego en algún momento hay que estrujarla un poco, sacarle el aire, dejarla reposar nuevamente para que siga creciendo antes de la transformación definitiva al amor del horno (sin comparaciones infernales por favor), nuestro cocimiento es lento porque el amor verdadero es tibio y no tiene ninguna prisa.

Si nunca han hecho pan ¡inténtenlo porfa! Propónganselo a sus hijos, a sus amigas, a sus aprejas, regálense una tarde panadera y mágica. Es de verdad alucinante.

¿En donde estaba? ¡Ah sí! Total que si a alguien perseguí despiadadamente para que fuera mi amigo-amiga ¡lo siento! Si a alguien quedé a deberle tequieros ¡lo siento muchísimo! Si alguien acorralé con mi súper-inteligente-verborrea (apantallo eh, no se crean) ¡mil disculpas de verdad! Si alguien me necesitó y no pudo contar conmigo ¡me duele en el alma! Si a alguno o alguna no le devolví el saludo o no le di las gracias suficientemente, le pido perdón y espero que esa "piedrecita" pueda salirse del zapato a cambio de una plantilla de reconfortante cariño. Creo que puedo asegurar que todo el mal que hice lo hice sin intención.

Y depués de este alivianador "mamá soy Paquito" (es como el té de lágrimas*, qué a gusto se queda uno después de pedir perdón), sigo con mis cajas, que todavía me quedan unos cuantos periodos de mi vida que cerrar antes de poder marcharme a mi nueva casa.

*Búho en casa, de Arnold Lobel.

Wednesday, May 16, 2012

México mágico







Unos días PRECIOSOS en Playa del Carmen, Quintana Roo. Ni México ni Monterrey, pero abuelos, primita querida, sobrinos, hermana duende, amigos nuevos y amigos reencontrados. Delfines, arena, agua, ceiba, luz. SELVA. Vida, cenotes sentidos de lejos, cariño cuajado, germinando, floreciendo. Risas, sueños, regalos que llegan desde arriba. Luz, luz. Picante, pescado, murmullo de hojas, viento. Chatarra del oxxo, sabores de infancia, iguana, lagartija, tacos, chilaquiles, tostadas, pizza de camarones del Sam's. Ceviche, quesadillas, salsa, calor. Jícamas con chile, música de flautas, descubrimientos, futbol en la playa, risas. Magia.

Gracias a Dios y bendito sea Dios.

Ahora con las maletas deshechas y toda la ropa lavada empezamos a prepararnos para la siguiente etapa: Benghazi nos está esperando.

Friday, April 20, 2012

Lo que yo voy a hacer para arreglar todo esto

Heme aquí, brujeando como mi apá después de una siesta nocturna. Dos días sin yoga (y con hartos trámites y quebraderos de cabeza) me han dejado en calidad de hilacha. Me quedé dormida antes de que las niñas, casi, y ahora que se despierta Halimona me espabilé otra vez.

Lo que quería contar, es que di por fin (¡eureka!) con mi respuesta a Luis Felipe, a su "¿dónde está la poesía? ¿y ahora quién podrá ayudarnos?" Y por supuesto mi respuesta es: "¡Yo, el Chapulín Colorado!"

Porque finalmente la respuesta a nuestra situación actual no está ni en los gobiernos, ni en los bancos, ni en los organismos internacionales, sino en cada uno de nosotros, nomás. Y sí, hacer cada uno lo mejor posible con su día a día, con su relación consigo mismo (si no eres capaz de estar en paz contigo ¿cómo chin... pretendes alcanzar la paz mundial?), con su trabajo, con sus relaciones familiares, vecinales, etc., eso ya es hacer algo. Peeeero hay momentos en la vida del hombre que hay que hacer un pequeñito esfuerzo más y vincularse, hacer cosas cosas con los demás.

Uno: ¿y dónde están los poetas?
Así que lo primero que me puse a hacer fue escribir. Le escribí a mi manager para darle a conocer que estaba lista para echarme un tercer round con "mi talento" para ver hasta dónde llegábamos. Como buen mentor me tapó de lectura (bendito Dios, yo he tenido mestros crueles y maestros muy dulces en la vida y éste "lee pendeja" ha sido un bálsamo y un resorte al mismo tiempo) y me puse a escribir, a corregir, a juntar textos, a trasnochar, a ordenar mi vida para poder situarme nuevamente "en estado de escritura".

Mientras trabajaba en el nuevo libro murió en México Guillermo Fernández. Primero me dio pena que mi amigo Óscar, mi manager, hubiera perdido un amigo y que la literatura hubiera perdido a una persona generosa, de esas que no escatiman en recomendar lecturas, dar de su tiempo y su sabiduría, compartir sus tesoros. Luego me dio más pena enterarme que además era un poeta, de los grandes, y un traductor que había legado a nuestra lengua un importante patrimonio de poesía italiana. Pero lo peor fue saber que lo asesinaron vulgarmente, en su casa de Toluca (¡Toluca! ¡Mi papá vivió en Toluca!), a sus 80 años.

Así que eso me dio, además, una sensación de urgencia: sólo tenemos lo que nos hemos permitido hacer, los planes, proyectos, buenas intenciones se van con nosotros cuando nos corten el suministro. Sólo existe el poema escrito, no el que vas a escribir.

Total, que así despaché mi respuesta Uno: He aquí mi voz cuando se invoca a la poesía, la gota que tengo de ella, esa milagrosa concesión se ha puesto en marcha. El nuevo libro ya está en manos del editor.

Dos: a vincularnos.
¿Y qué más puedo hacer, desde lejos, con m caos doméstico-materno, qué más puedo hacer Yo? ¡Ya está! Seguir escribiendo que es lo que mejor se me da. Pongo mi pluma al servicio de todos aquellos proyectos sociales, culturales, espirituales, ¡deportivos!, asociativos que vayan en beneficio del crecimiento de las personas y de su entorno social. No voy a soltar aquí mi burrículum pero ya saben que he tenido la suerte de aprender el oficio de redactora publicitaria y desde aquí me ofrezco para hacerles textos gratis.

Llévelo, llévelo, el texto de su folleto, su volante, su página de internet, su díptico, sus tarjetas, su mail para pedir donaciones, sus cartas. Encuentre las palabras mágicas para darle un empujón a su círculo de lectura, biblioteca ambulante, ludoteca, equipo de fut, organice a sus comadres, convenza a sus vecinos. Llévelo gratis, sale gratis el texto publicitario.

Claro que con tanto movimiento por aquí tendré que resignarme a escribir a cuentagotas empezando por lo más urgente. Pero no importa, cuando las cosas tienen que salir, salen.

Tres: arrimar hombros.
Yo tengo la intención de apoya un proyecto que me late: http://nuestraaparenterendicion.com/ NAR vincula a un montón de banda que ya está haciendo algo en equipo para arreglar este mierdero (con perdón). Hay mucha gente vinculada Y ORGANIZADA así que yo me apunto, y lo que puedo hacer es difundir. Así que voy a elegir uno de los proyectos y voy a moverlo lo más que pueda.

El que me late es este: "Proyecto la Esperanza" Con la ridícula suma de 2,000 pesos (100 euros) CADA SEIS MESES puedes becar a un niño o niña de Juárez, un enano que se haya quedado en el aire porque a su madre se la llevó la muerte en Juaritos Paradais. Claro, a ellas queremos que nos las regresen vivas, pero mientras sus hijtos ¿qué hacen? ¿Las mías aquí, bien contentas, y los suyos ahí con su dolor en rastras y además sin sustento económico, sin uniforme, sin libros, sin escuela, sin desayuno? No señora. 100 euros en seis meses (divídale) TODOS y TODAS las que leean este blog podemos dar. Y si no podemos o no nos late dar lana, pues da un poco de esfuerzo, métete a la página, entérate sobre el proyecto (éste o otro que te lata más) y avisa a tooooodos tus amigos de feisbuc, tuiter, messenger, etc. Hay mucha gente buscando qué hacer y sin saber pa' dónde tirar. Aquí está esto.

Y si no quieres meterte en camisa de once varas, te da flojera mandar correos, no quires parecer cansino, no saber por cuál decidirte. Desde la comodidas de tu computadora puede apoyar la plataforma con un donativo, por pequeño que sea, por Paypal. Y PONLO EN TU "RED SOCIAL".

Anímense a ponerle su granito a este montoncito de arena, entre todos lo transformamos en duna.

Y me voy antes de que se vuelva a despertar otra niña. Otro día les cuento el último descubrimiento: higiene mental, el antídoto para la mala vibra (que uno manda y que a uno mismo lo arrastra pa' donde no quiere).

Un abrazo general.

Tuesday, March 13, 2012

¿Y dónde están los poetas?

Hace rato me pregunto si los escritores no deberíamos estar haciendo algo respecto a la violencia en México. Si yo no podría hacer algo con mi escribiduría para ayudar a resolver un problema que a penas conozco y no logro entender. Y me da harta vergüenza no haber encontrado todavía el modo. Así que me permito hacer eco de este artículo de Luis Felipe Lomelí y de su pregunta: ¿O será que somos tan malos escritores que nuestras palabras son huecas, que no dicen nada? ¿Será que somos tan malos que nuestras palabras no conmueven a nadie?


Los balazos están bien lejos
11 de marzo de 2012

 
Para mi familia.
Y para Alejandro del Bosque, 
de quien copio la estructura de este texto.
Los balazos están
“Estamos bien, güerejo, no te preocupes”. Eso dice el recado de mi madre. Es lo único que dice el mensaje de texto y yo no tengo idea de por qué me lo envía. Así que mi primera reacción, por supuesto, es preocuparme. Y enseguida llamar a Guadalajara. 
“Si hasta se me hizo raro llegar al banco a medio día y llegar directo a la caja: no había filas ni nada”, me dice por teléfono luego de relatarme lo que ha pasado y confirmarme que, efectivamente, están bien: ella y mis tíos, mi hermana y mis sobrinos. Pero el recuento de los daños es, de algún modo, la historia de mi vida en la ciudad de mi infancia.
Uno de los carros incendiados lo pusieron en la calle de Isla Raza, a un par de cuadras de donde vive actualmente mi madre. Ahí, precisamente, donde a veces voy a comprar birote cuando estoy de visita. Otro de los retenes fue en avenida Arboledas. Ésta queda un poco más lejos, pero igual es una calle que camino cada que voy para allá y donde está un café que frecuento desde que estaba en el bachillerato. Y ahí no para la cosa.
La peor balacera fue en Paseo del Rocío. Una calle de dos cuadras con un nombre muy pomposo para estar llena de edificios de interés social, en un barrio que, igual, quiso ser fresa y le pusieron “Lomas Altas”. Precisamente el barrio de mi infancia. Ahí crecí, mudándonos cada dos o tres años porque los dueños nos corrían para poder subir la renta. Y viví, exactamente, en Paseo del Rocío. No recuerdo el número de mi casa. Y temía que saliera en el noticiero del viernes en la noche, que fuera la misma. No salió, o tal vez fue remodelada y no la reconozco. Pero igual recordé cuando hace casi 20 años, cuando perseguían a Caro Quintero, la calle se llenó de los muchachos de la policía secreta porque se rumoraba que ahí vivía una de sus queridas (siempre imaginé que era Sara, la de El Tri, nunca lo supe). También, hace años, en la misma cuadra un vecino se volvió loco y mató a toda su familia antes de darse un tiro. Yo lo saludaba cada que iba por las tortillas.
Y ahora, ahí mismo, la que pudo ser mi casa, o la casa de al lado, tiene los muros cacarizos de balazos y esquirlas de granada. ¿Será? ¿Serán los mismos muros tras los que yo me sentía protegido de niño?
 
Los balazos están bien
“Mataron a un niño”. Eso fue lo que dijo una mamá que tiene a su hijo en la misma escuela donde están mis sobrinos. Y se desató el caos. Las madres querían llegar por sus hijos. No podían. Los niños lloraron porque no sabían si al que habían matado era su hermanito que está en otro salón. No podían saberlo. A las madres se les recomendó no acercarse a la escuela y; a los niños, no salir del aula. Todos lloraron. También las madres y los padres. Y después del llanto, de la impotencia; luego de saber que no habían matado a ningún niño de la escuela pero haberlo sentido, haber imaginado que era el propio, que tenía el cuerpo destrozado, que estaba muerto y lleno de sangre –en partes seca, en partes a medio coagular--, después de haber imaginado el funeral, el ataúd pequeño, de haber mirado su cuarto y sus juguetes, el montoncito de ropa que siempre deja a lado de la cama porque nomás no hace caso de echarla al cesto, haber tocado su piyama de carritos o princesas, seguro, porque ¿qué más se puede hacer si no puedes llegar a la escuela, si no puedes corroborar si está vivo?, después de prepararse un té de tila para los nervios y llamar a las otras madres o padres por el teléfono fijo (porque la red de teléfonos celulares estaba caída, ¿quién la tiró?, ¿o nomás se cayó solita?), después, seguro, después de eso y mucho más llanto y muchos recuerdos, vino la rabia. 
¿Cómo culparlos?
Cómo culpar a alguien, en estado alterado, que justo acaba de imaginar que acribillaron a su hijo, que lo sigue imaginando aunque ya sabe que está vivo (sí, porque una vez que uno imagina algo así, porque una vez que uno siente algo así, es difícil dejar de sentirlo inmediatamente; es difícil, incluso, dejar de sentirlo por varios días), cómo culparlo de que sienta rabia y quiera que maten a todos los que andan matando gente, que hagan lo que sea necesario, cualquier brutalidad, con tal de que su hijo siga vivo y puedan vivir en paz.
No hay manera.
No hay manera de culparlo: somos humanos y la rabia también es humana. 
“¡Los valientes no asesinan!”, gritó el poeta Guillermo Prieto al pelotón que iba a fusilar a Juárez. Y los detuvo. Y el pelotón bajó las armas. ¿Y ahora? ¿Ahora donde están los poetas que podrían usar la palabra para detener la sangre?
 
Los balazos están bien lejos
Los escritores norteños escribieron sobre lo que se avecinaba desde hace más de 15 años. Pocos pelaron oreja pues, seguramente, tenían cosas más importantes qué hacer. Otros comenzaron a alzar su voz hace menos tiempo: Nuestra aparente rendición, coordinada por Lolita Bosch, o la campaña “No más sangre”/ “Basta de sangre” de los caricaturistas Rius, Hernández y Patricio. Aunque, sin duda, lo que llevó a más gente a las callse fue el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, iniciado hace casi un año bajo el luto del asesinato del hijo del poeta Javier Sicilia.
A este último, en su momento, se sumaron casi todos los escritores e intelectuales del país. Y gritaban a las cuatro cantinas que habían estado “en la marcha con Javier”. Luego, sin embargo, un año después, parece que les volvió a ganar la premura de hacer otras cosas importantísimas y se alejaron del movimiento, de cualquier movimiento. 
Por ejemplo, de lo último que me enteré que estaban haciendo mis amigos poetas era, para variar, pelearse entre ellos. Uno se pasó cuatro horas (eso declaró en Facebook) editando un video de Hitler para burlarse de sus ex-amigos. Y tuvo una respuesta multitudinaria. Cantidad de poetas renombrados, como Ernesto Lumbreras, y otros no tan renombrados, lo felicitaron abiertamente; y, los tímidos, nomás le dieron clic al botón de “Me gusta”. 
¿Para esto nos da la poesía?
¿Qué pasaría si los poetas y demás intelectuales dejáramos de hacer esas cosas importantísimas que hacemos y nos pusiéramos a hacer lo que tenemos que hacer: escribir?
Para los que digan que la palabra no cambia nada les recuerdo, de nuevo, a Guillermo Prieto. Pero si no quieren ponerse ante los pelotones de sicarios a declamar (asunto muy válido) ni tampoco quieren escribir sobre la violencia, les recuerdo, por ejemplo, a Sabines, o a Efraín Huerta. 
¿Quién puede leer a Sabines y, después de cuatro versos, seguir recordando sus preocupaciones cotidianas? Eso. También podemos hacer lo que sabemos hacer: convocar la belleza. Porque cuando uno lee un texto hermoso, un texto que atiende a la condición humana y a la maravilla del mundo, uno siente que vive en un mundo mejor. Y actúa en consecuencia. Y el mundo, dijera Octavio Paz, “cuando dos se besan el mundo cambia”. 
¿O será que seguimos creyendo que estamos seguros tras nuestros cuatro muros (como los muros de mi infancia)? ¿Será que sólo reaccionaremos hasta que caiga a balazos alguno de nuestros seres queridos? ¿O será que somos tan malos escritores que nuestras palabras son huecas, que no dicen nada? ¿Será que somos tan malos que nuestras palabras no conmueven a nadie?

Sunday, March 04, 2012

Sueños, decepciones, consagraciones

http://mujeresabias.files.wordpress.com/2010/06/godward_at_the_gate_of_the_temple_bmj.jpg

Revelaciones y yoga
 As salam aleikum. La novedad es que ¡hago yoga! Después de años y años de resistirme al yoga porque me parecía aburrido, he aquí que me encuentro con un maravilloso médico hindú cuya premisa básica es que casi todo se cura con yoga. Lo que hace es enseñarle a la gente los ejercicios que su cuerpo necesita para recueprarse y mantenerse fuerte. ¡Genial!

Al principio fue una verdadera tortura y eso que empecé por unos pocos minutos. ¿El problema? ¡Qué demonios hacer con mi cabeza mientras tanto!!!! Después de un mes y pico esa hora de yoga es un regalazo, porque es una hora conmnigo misma. La mayor parte del tiempo logro que mi mentecita esté aplacada, los pensamientos pasan allá lejos como un río del que sólo se escucha un murmullo leve. A veces, incluso, me olvido de ella y sólo me acuerdo porque la escucho preguntar por sí misma después de un rato: "¿y dónde está mi mente?"

Y mientras tanto hago mis "prácticas del corazón": permanecer centrada, observar, percibir, comprender.

En una de esas horas maravillosas recibí un gran regalo, fue como si me hubieran devuelto el don, el sacerdocio de la palabra y me sentí muy muy feliz. Sentí claramente dentro de mí los poemas sólidos, concretos, brillantes como piedras preciosas y me puse a escribir.

Mawlana Rumi ¿por qué me haces esto?
Justo cuando pensaba anunciar a los cuatro vientos que volvía a las andandas me topo con un poema de Rumi y me dan ganas de tirar todo lo que he escrito a la basura y no volver a escribir ni una sola palabra nunca más ¿para qué, si todo está dicho ya?

Aquí estoy yo tratando de saltar mis charquitos (que me parecen océanos) y poner en el mundo una sola chispa de la luz que tengo dentro. Y entonces viene Rumi con su torrente de claridad, con su precisión, con su absoluta belleza y digo: yo no he visto nada, él ha visto, yo no he sentido nada, él ha sentido, yo no sé nada, sólo que dice la verdad. Mejor esmerarme en mis pasteles sin gluten y mis menús vegetarianos.

Y yo que me creía de nuevo sacerdotiza de Apolo, ya puedo reirme de mí misma y de mi ego. Mis "fans" tienen razón de sentirse decepcionados. Yo también creí que iba a ser escritora, que iba a contribuir al mundo sembrando mucha mucha belleza. No sabia que la prolactina me iba a hundir en el silencio.

¡Quiero que me devuelvan la música y las letras! No voy a jurar en contra de ninguno de los dioses, no es buena idea, pero sí voy a prometerme a mí misma hacer el esfuerzo, dejarme el alma si hace falta en sacar de la región oscura lo que visto, lo aprendido en este tiempo, y sólo puedo hacerlo en forma de poema. Es la forma conocida que más se acerca a la Realidad.

Un día alguien que me quería bien me dijo que yo no tenía oficio, que tenía talento. Así que ahora apostaré por el oficio, y bien sabemos que el oficio de escritor es cuestión de "hora nalga". A partir de ahora me doy dos horas diarias para leer-escribir-escuchar música.  Y si algo baja, alhamduliLah.

Tejiendo sueños
¿Que cómo voy a hacer para sentarme dos horas a escribir además de la hora de yoga? Pues con la ayuda de mi santo marido que ya no tiene trabajo y le está atorando bien chido a colaborar con casa y niñas. Con el sólo hecho de que se ocupe de llevarlas y recogerlas del cole ya tengo dos horas más por la mañana, una para yoga y otra para escribir. Sólo e falta buscarme una horita más cuando todos duerman.

¿Que cómo vamos a sobrevivir si mi marido no trabaja? Pues sí, esa es una buena pregunta. Estamos sintiendo para dónde va la brújula y, hasta ahora, apunta al norte de África, aunque asegurando un pequeño refugio en México por si hace falta un plan B.

Durante el día voy tejiendo sueños de lo que sería nuestra vida en Libia rodeados de familia, que es rodeados de cariño, de alegría, de ayuda. Un marido relajado, feliz, todavía más atento y colaborador (curioso, ¿verdad? Libia le sienta bien). ¿Y si ponemos una tiendita de artesanía de México, Marruecos, India, con una tetería adosada donde poner mis pastelitos y tartas? ¡Un horno industrial, para mí solita!!!! ¿Y si doy clases de cocina? Al principio necesitaré una traductora, claro, pero ¿no hay gente qeu vive de dar talleres por todo el mundo con ayuda de intérpretes y traductores? ¿Y si hacemos un espacio recreativo familiar en el terrenito, con granjita, puestecito de comida, juegos infantiles, con un par de ponys para dar paseitos? ¡¿Y SI PONEMOS UN TEATRITO DE MARIONETAS Y VAMOS LLAMANDO A LAS COMPAÑÍAS QUE SE DEJEN PARA HACER FUNCIONES TODOS LOS SÁBADOS????!!!!!! ¿Y si también le poneos un rincón de lectura para grandes y chicos, y una pantalla grande para proyectar pelis bonitas????? ¡Volver a la Universidad! Primero para tomar clases de árabe, luego para dar clases de español, quizás.

Ya sé que no todo es feliz y que incluso lo más feliz cuesta su esfuerzo, que tendré que hacer amigas, aprender a moverme por mí misma, que el árabe no es idioma fácil y que al principio me sentiré analfabeta, que salir siempre con la cabeza tapada a la calle es un rollo, que son otras costumbres...¿Y qué me pondré en verano? ¿Podré nadar en la playa??? Nada de escuelita alternativa, nada de medicina alternativa...Bueno, Dios dirá. Ahora que las niñas y el Habibi tienen la nacionalidad española podemos venir aquí siempre que queramos. Y, si todo sale bien, también tendremos un rinconcito en el Caribe a dónde escaparnos en caso de tormenta de arena.

Así que ahi les encargo sus oraciones para que los pasos que tengamos que dar estén bien claros, y que sepamos escuchar cuál es el lugar donde Dios quiere ponernos. Y ya de paso que los cambios que tengamos que hacer vengan con facilidad y protección. Y yo rezo porque Allah le de salud a nuestro amado maestro Mawlana Sheij Nazim al-Haqqani y nos permita estar conectados de corazón, al.Faaaatiha.


la imagen de la sacerdotiza está tomada de: http://mujeresabias.wordpress.com/5-sacerdotisas/
"Trabajo de investigación sobre la Energía Femenina Sagrada en el Movimiento Pneuma"
¡gracias hermanas!

Sunday, February 26, 2012

oh oh oh Benghazi

En el centro de Benghazi
crece un Árbol del Paraíso
su tronco es como un palacio
lleno de arcos ojivales.

Un corredor asciende
desde dentro de la Tierra
y cada recodo es suave
como el brazo de una madre
terso como una caricia
gira sobre sí mismo
caracol.

Desde el centro de su patio
se ve la copa
de pura luz
la vibración de sus hojas
cubre Cyrene por el oriente
y el Sahara por occidente.

Protege, oh Árbol, Benghazi.
Déjanos trepar por tus ramas
de luz dorada
aspirar hondamente tus perfumes
beber una gota del rocío
que deja sobre tus hojas Al-Kauthar.

Tuesday, February 07, 2012

Crónicas beghazianas 4: gastronomía y otras bellezas naturales





Maldición, ya dejé pasar tanto tiempo antes de terminar mis crónicas que no sé lo que ya conté y lo que me queda por contar. Lo que sí recuerdo es que debía un apartado a la comida, porque la comida libia es SUCULENTA.

La comida tradicional es salseadita, picosita, llena de especias, de aromas y sabores inesperados. Como en México y en España si no hay animal de por medio es como si no hubeira comida. NECESITAN carnita de res, pollo, pescado, cordero porque si no "se lebilitan" como diria mi herma. Igual que en Chipre, toooodo lleva carnita, aunque sea una poquita para darle sabor al caldo. Por ejemplo, mi suegra prepara unas alubias (frijolitos blancos) DE MIEDO, caldositos, sazonaditos, deliciosos. Y como base de la salsa usa un poco de carnita de res. Y así es con casi todo. Hay una sopa de verduras súper poderosa que se llama algo así como Haluisa: tomate, espinacas y no sé cuántas cosas, en una base de caldito de cordero. Amén. ¿Y los rollitos de acelgas rellenos de arroz? ¡si eso es puro vegetal! Claro, un relleno EXQUISITO de arroz, cilantro, perejil, cebollita, tomate, especias Y la estella del circo: un pelín de carnita picada "pa que amarre".

Bendito sea el Dios, desde que volví a tocar tierra en el viaje a México el cuerpo ya me admite comer animales (menos vacas). Porque, si no, hubiera sido francamente terrible. Y no es que no haya cosas suficientes para hacer una dieta vegetariana rica y diversa, es que costumbre manda y la gente (creo que eso es universal) se siente agraviada si uno no quiere probar lo que ha estado horas preparando. Y mi suegra sí que se pasa horas preparando exquisiteces que luego desaparecen de la bandeja en un santiamén. Como para salirle con que "no como carne".

La cuñada vegetariana
Todas la comidas en las que participé (¡qué suerte tengo madre mía!) fueron abundaaaaantes y variadas. Una sopa, un guiso de carne, arroz o pasta, ensalada y mucho mucho pan. Tal como los mexicanos comemos con tortillas los libios comen con pan, y no es de mala educación obviar cuchara y tenedor en favor del pancito. Tiene su técnica, todo hay que decirlo. Cortar un trozo adecuado para la mano, quitarle la miga, sostenerlo con cuatro dedos largos y empujar un poquitín con el pulgar. Y luego a la boca sin chorrear. Requiere práctica, pero es la onda.

Las comidas de invitación (cada vez que fui a casa de mis cuñad@s) ya es un derroche total de sabores, atenciones, platos, postres y demás. Hay platos especiales para honrar a las visitas (arroz con pétalos de rosa y especias, pasitas, almendras y cuadritos de carne) y cositos para picar durante la comida como batatam bátina (rodaja de patata, rellena de carnita, empanada y frita ¡tengo que inventar una vesión vegetal!), shawarma (como nuestros taquitos pero con el pollo marinado, pepino, tomate y lechuguita fresca y salsita), kipes (los clásicos libaneses de sémola de trigo y carne picada).

Los Ben Hmeid se vieron en el problema de que no comemos de todo. De preferencia tanto pan no, azúcar blanca no, la menos carnita posible, picante no podemos, demasiado ácido tampoco. Puras cosas raras e incomprensibles. Sobretodo después de habernos merendado un cordero asado con las manos y haberme bebido vasos y vasos de emsaier (verduras y chiles marinados en jugo de limón, CHOM) en los lejanos tiempos del Cairo. Así que cada vez que nos tocaba ir a una casa llamaban a Amal a preguntarle qué se podía preparar y qué no. El resultado maravilloso fueron banquetes llenos de verduras y aderezados con carnes (al revés que su costumbre, qué majos). A mí me tocó aguantarme las bases carnívoras de caldos y guisos pero poquito, porque la verdad es que todo estaba tan pero tan rico que no me costó nada dar buena cuenta de los agazajos familiares.

Cada una de las visitas fueron memorables no sólo por la convivencia feliz y la acogida de los anfitriones. Sino también por el esmero, el cariño y el placer de aquellas comidas espectaculares.

Cómale m'hija
Las cantidades triplican nuestra costumbre casera. Y todos son como mi abuelita Ma. Aurora: cuando dices ya porque estás que revientas te echan otra cucharada porque casi no has comido nada o porque te hace bien. Además, en nuestras costumbres derviches consideramos la comida un regalo divino, así que literalemente limpiamos el plato. Lo que en libio quiere decir que te has quedado con hambre. Parece que la buena educación es dejar mucho en el plato, eso quiere decir que te han servido con sobreabundancia y has quedado satisfecho.

¿Cuál es el problema? Que al comer en platos comunales, y siempre haber restos deliciosos en la fuente ¿QUIEN PUEDE DEJAR DE COMER? Si viviera en libia (con mi suegra, claro) me pondría como una foca. Cada vez que parecía que terminaba de rebañar las últimas señales de salsita aparecía mi suegra con un cazo más de guisado y a comer ¡no lo vamos a desperdiciar!

En bandeja
Me encanta la manera tradicional de comer en familia: los platos son comunes, se sirve en grandes fuentes y en platos pequeños que queden al alcance de todo el mundo. Los comenzales se sientan "de chinito" alrededor y cada uno come armado de su cuchara o de su porción de pan. Por supuesto hay un "adab" o buenas maneras aún en el suelo. La cocinera reparte la comida en la fuente común cuidando que a cada persona le toque el desfile completo de ingrdientes.

Por ejemplo: una fuente de cuscús llevará el cuscús de fondo, con tantos pedazos de carne como comenzales haya repartiditos por encima ¡y no se vale comer de la porción del vecino! Cada uno come del cacho que tiene enfrente y nomás. ¿Y si hay muchos comensales? Pues se ponen muchas bandejas.

A mis hijas les encantó esta manera de comer y a mí también.

Comer fuera
A diferencia de México, en Libia no hay puestos de comida callejera (por lo menos yo no vi ninguno), ni de jugos, ni de frutas, ni de sándwiches. Sí hay tiendecitas que venden jugos de naranja, té, café y sándwiches de atún con harisa o de foul (pasta de habas) como para pescarlos al vuelo y seguir tu camino. Si hubiera encontrado un anafre con cualquier cosa estilo México ya hubiera sido el colmo de la felicidad.

Recientemente han proliferado los restaurantes de pescado y marisco. Los libios son fans del atún (el típico desayuno es queso, harisa, atún, huevos duros) y en casa les encantan las gambas que están al módico precio de 20 euros el kilo. Prohibitivo.

Un día Qais y Manal nos invitaron al Venizia, una cafetería familiar muy pero muy mona. Primero entras a un jardín cerrado (así los niños no se escapan, vivaaaaaaa), con mesitas, sombrillas y juegos infantiles. Luego entras a un salón muy estilo europeo donde sirven ensaladas, carnes, pizzas, pasta, un poco de todo. Y por la tarde se puede ir a tomar patelitos y café. Un sitio muy agradable donde además de familias pueden encontrarse grupos de amigos y amigas. Pas mal. Si un día nos vamos a Libia quiero poner un café así con mis pastelitos y creaciones. Y por la noche hacemos salsoteca ¡JA!

Y este post se agota porque esta madre necesita una siesta.

Monday, February 06, 2012

Barcelona Express



Pedimos familia ¡y familia tenemos! Mi prima adorada ya está en Barcelona con marido e hijos así que nos lanzamos hasta allá para darles la bienvenida, hacerles sobitos y acompañarles un poco en la "instalación". Ya no me acordaba cómo era llegar a vivir a un lugar totalmente nuevo y que cada pequeña cosa (ir al súper, coger el coche, salir de paseo) sea toda una aventura. Hace ya casi diez años me tocó hacer el mismo aterrizaje.

Tuvimos apenar tiempo para iniciarla en los misterios del supermercado (ya es devota de Mercadona, bendito Dios, JA), darle informaciones generales sobre catalunya y los catalanes, supervisar sus habilidades de conductora internacional. No alcanzamos a ver a los amigos y amigas que tantas ganas teníamos de ver pero ya habrá oportunidad, porque pensamos ir a Barcelona muy muy seguido a visitar a los primos.

Además del apapacho familiar fue un viaje intenso e importante. Eso de andar por la línea 3 del metro con mis dos pitufas colgadas de la falda fue muy bonito. En mis tiempos de estudiante conocí gente maravillosa y recorrimos juntos Barcleona entera, pero andar por esas mismas calles, restaurantes y librerías con Halima y con Fátima me hizo sentir que nunca había estado tan bien acompañada.

El momento más surrealista fue salir del parking de la Catedral. En ese mismo cuadrante compartí casa con una querida amiga, me comí doscientos gnoquis napolitanos con un mega brother, caminé bailadísima y feliz de vuelta del Luz de Luna, descubrí mágicos tocadores de laúd con mi carnalita colombiana, escuché leyendas maravillosas sobre alquimistas y enamorados de mi cómplice derviche del doctorado y así y así. Sólo que esta vez iba al volante de una camioneta familiar con GPS, llena de asientitos infantiles, tripulada por mis dos hijas y mi sobrina y con mi prima de Monterrey de copiloto. ¡TREMENDO!

No pude hacer diker, no pude ver a mi amiga que se muda, no me tomé un café cerquita del Call ni retomé el hilo de una conversación que dejé hace tiempo. No llamé a Verito, no abracé a Gera, ni siquiera pude encontrame con Mabel. No le presenté a nadie a mi primita corazón. Pero le di la bienvenida y cerré muchos círculos que se habían quedado abiertos entre las calles de Barcelona.

Fue una visita express, hermosa y llena de regalos. Espero que la próxima vez se pueda extender a las demás personas de mi corazón que siguen en Barcelona.

Tuesday, January 17, 2012

Cyrene








El mármol sigue vivo abrigado entre la hierba después de tantos años,
allá abajo el mar se baña en luz dorada,
subiendo la colina, en cuevas cinceladas duermen los esclavos.
Yo, sierva de Apolo, recojo el agua delos baños.

¡Oh, Cyrene, te he extrañado tanto!
Desnuda entre tus columnas soy yo de nuevo.
Aquí el agua sigue manando,
el abrazo verde de las hojas es el mismo,
la piedra sigue siendo suave y fuerte.

Descubro que en mi caso nada es nuevo
solamente recuerdos muy antiguos
de vez en cuando resplandecen
y los pesca en la corriente
mi mano de sacedotiza.

Urnas de mármol, columnas, mosaicos
y esta luz que reverbera entre palmeras y pinos.

¡Oh, Cyrene, te he extrañado tanto!

Sunday, January 15, 2012

Crónicas benghazianas 3






Para ir a una boda libia
Mi cuñada Mana me invitó a una boda. Bueno, a uno de los días de fiesta de una boda que duraba 7 días. En Libia hay bodas de un día, de tres días o de siete días. Unos días son para hombres, otros para mujeres, otros para la familia del novio, otros para la familia de la novia, y cada día se van siguiendo rituales distintos. Eso sí, todos muy alegres y coloridos.

En 10 años que llevo en España he ido a dos bodas, y una era la mía. En una semana en Libia ya me habían invitado a dos bodas y dos fiestas de compromiso. Cómo se nota el peso que tiene la familia en la construcción del tejido social.

Leyla, la menor de las hermanas, vino a casa con un traje muy elegante de falda corta y chaqueta, un par de botas de tacón altas que gracias a Dios me quedaron y todo el equipo de maquillaje. Me peinó con secadora, me puse el disfraz de boda, me maquilló abundantemente y cuando me vi en el espejo me encotré MAYOR. Santo Dios, si parezco una señora de cuarenta…bueno es que en realidad ya me queda poco para ser una señora de cuarenta, pensé para consolarme.

La verdad es que aquí (quizá en todas partes pero no me había dado nunca por pensarlo) la moda está claramente determinada por el edad y estado civil. Si eres una quinceañera puedes llevar leggins con vestido a la rodilla (que es mi atuendo preferido para este invierno). Pero si eres una señora joven, casada y con hijos no. En cambio puedes llevar taconazos y pantalones medianamente ceñidos, SIEMPRE Y CUANDO lleves un jersey, chaqueta o abrigo que te tape bien el traserín. En cambio si eres una señora más madurita con hijos mayores (yo me ahogo porque ahí se casan tan jóvenes que con mi edad ya tienen hijos quinceañeros ¡hola Chayo!). Entonces lo conveniente son faldas largas o pantalones de vestir con la rayita bien marcada y chaqueta o jersey larguito. Y siempre siempre el pañuelito bien puesto tapando cabeza y pescuezo.

En esas reflexiones andaba yo cuando llegó Mana a buscarme. Iba guapísima, toda pintadita y enfundada en una  abeya negra como de chifón con piedritas resplandecientes, a juego con el trapito de la cabeza. Yo me eché un trapito semejante (negro con hojitas bordadas en plata) y su marido nos llevó al lugar de la reunión.

Era un sitio muuuuuy elegante. Nada más entrar y cerrar la puerta detrás nuestro nos recibieron unas damiselas muy guapetonas y sin pañuelo, recorrimos el amplio recibidor y nos metimos a un vestidor bien iluminado y forrado con espejos. Oh sorpresa, pañuelos fuera, abeyas fuera, retoque de maquillaje ¿y qué parecía debajo? Sendos escotazos, colores chillantes, minifaldas de vértigo, vestidos de coctel a la occidental sin ahorro de curvas, contornos y resplandores.

Entramos por fin a un enorme salón adornado de boda, saludamos a las parientes y nos sentamos en una mesita de nuestra elección. Todas las mujeres se nos quedaron mirando, ¿qué es lo que tengo que se me nota tanto que soy extranjera en Libia?

Un ratito después llegó la novia precedida de un murmullo: ¡la trae su hermano! Todas a taparse. Las señoras y señoritas se taparon como pudieron con sus chales mientras la novia recorría con su enorme vestido blanco el pasillo del salón hasta un pequeño escenario con sofá dorado, flores y tules donde la colocaron y empezaron a hacer el reportaje fotográfico.

Cuando el hombre huo partido empezó una música muy muy muy fuerte que cantaban dos negronas en tenis y vaqueros. ¡GHITA! Uno de los ritmos tradicionales de benghazi. Los músicos estaban fuera, del otro lado del salón, porque entre tanto desmelene no puede haber hombre alguno, claro está. Y ellas iban improvisando con frases de buenos deseos para los novios y consignas de la guerra. Las invitadas se subían al mismo escenario a bailar y ¿adivinana para qué sirven los chales y abeyas??? ¡pues para atárselos a la cadera y que marquen bien bien los movimientos!

Yo por más que lo intento no logro mover tan rápido la carrera y dar pasitos cortos al mismo tiempo como hacen ella. Todas cantando, bailando, gritando. Menos la novia que se quedó solita, sentadita en su sofá.

Luego cesó la música, pusieron una mesa para las cantantes y todas comimos menos la novia. Curioso. Mientras duró la fiesta ella no se movió. Fotos no pude tomar, la guapura de esas mujeres es exclusivamente para el ámbito familiar-femenino. Sólo pude retratarme con estas niñas en traje típico que son de la familia del novio ¡qué monas!

Dos horitas después las mujeres de la familia del novio venían a traer la henna y el oro para la novia, bailando en círculos, con velas encendidas y entre ululares de alegría. A las novias se les regala un ajuar con vestido tradicional que lleva sendas pulseras de manos y pies Y PECTORALES DE ORO. Leyó usted bien, pectorales de oro. Después de la boda el vestido se usa en ceremonias de la familia más cercana. Un día mi suegra me disfrazó. Es todo un ritual en sí mismo el atado y ajustado del vestido que no es más que una tela laaaarga y un refajo. El oro, me dijo, se fue en las bodas de Alí y Qeis, ya no queda nada.

El compromiso de Fares
Una de las reuniones que más disfruté fue el día de “pagar la leche” en casa de Nwara. La semana anterior habían ido a pedir la mano de una chica para su hijo Fares.

Todos los hombres de la familia del novio se pusieron sus mejores galas, dejaron a sus mujeres e hijas en casa del novio y se fueron (sin el novio) a casa de la prometida a darle una feria, o en castellano, a llevar una importante suma de dinero para fiesta, ajuar, etc. Lo que en Monterrey se llaman “las donas”, que aquí es cosa de hombres.

En casa de Nwara se montó tremenda fiesta. Arwa su hija mayor se posesionó de la darbuka y hubo baile, cenita, niños jugando por todas partes. Por supuesto todas sin pañuelos y algunas hasta con minifaldas y vestiditos entallados.

Me resultó muy curioso el contraste entre lo público y lo privado. En público las mujeres parecen muy formales, muy tapaditas, muy bien portadas. Da tentación de pensar que son muy serias, discretas, mesuradas. Incluso está el tópico ese de la mujer musulmana sometida. No sé si sean todas así, o sólo las de nuestra familia, pero he conocido pocas mujeres con una libertad, una intensidad y una alegría tan potentes. En lo privado cantan fuerte, improvisan versos, bailan juntas, platican a gritos, disfrutan como locas, se ríen a carcajadas, se abrazan con ganas. Yo en cambio parezco abierta, alegre, despreocupada y luego no me atrevo a levantar la voz, o darle un abrazo bien apretado a alguien, o decir un piropo cuando me sale de dentro.

Un telefonazo avisó que volvían los hombres. Se abrió el portal de la entrada y todas las mujeres recompuestas salieron a recibir a los chicos entre gritería y canciones. ¡PRECIOSO, EMOCIONANTE! Los coches pitando y las señoras entonando oraciones por la felicidad de los novios y el buen destino del matrimonio y cosas por el estilo. Nwara, por supuesto, con los ojos llenos de lágrimas.

Luego los señores pasaron al salón de los hombres y las mujeres nos quedamos en la parte de casa que habíamos tomado. En Libia hasta la casa más pequeña tiene por lo menos dos salones: uno muy formal para las visitas y otro más cómodo para la familia. Normalmente cuando vienen hombres de visita no pasan del salón formal. Ahí se les recibe y atiende y no se les ocurre mirar dentro de casa cuando salen. A veces también hay otro salón más para las mujeres y, cuando se hacen celebraciones con muchos invitados que no pertenecen a la misma familia, hombres y mujeres se separan para la comodidad de todos. Ellas se quitan sus pañuelitos, exhiben su desparpajo, hablan de sus cosas, cantan, bailan. Y ellos…supongo que también.

Tampoco hay mucha diferencia con las “carnes asadas” a la regia. Tengo la sensación de al final es reconfortante, re-empoderante eso de tener espacio exclusivo para mujeres. A mí por lo menos me carga las pilas y lo disfruto un montón. Aunque también agradecí un par de visitas no tan formales en las que nos sentamos todos juntos en el salón familiar y tuvimos conversaciones entrañables con gente cercana a nuestro corazón.

Invitados
La hospitalidad a la libia es una maravilla. Recibir es todo un ritual y, como en México, la comida y la bebida es el centro de la convivencia. Sólo que aquí todo se hace con mucha formalidad.

Por ejemplo, aquí no se bebe alcohol pero en todas las casas hay copas preciosas de cristal cortado ¿para qué? Para servir jugos y refrescos a los invitados, aunque el invitado sea tu hermano o tu sobrina con sus hijos. En la despensa siempre hay “galletitas de visitas”, ya sea el tradicional qac (unas galletitas de trigo, sequitas en versión dulce con anís o en versión salada con sésamo), magrud, dulces estilo sirio con pistachos, miel y frutos secos, cualquier otra especialidad típica, o bien galletitas muy monas que presentan en platitos individuales para cada sujeto.

Todo se trae en una bandeja con su mantelito bordado. Si la visita se queda un rato más, toca servir nescafé con pasteles y si todavía dura otro poquito hay que servir algo salado: pizzitas individuales, shawarmas (como nuestros taquitos mexicanos pero muy bien enrollados y con su papel alumino) u otros aperitivos por el estilo ¡con un maravilloso té negro bien azucarado! Luego para despedirte te ofrecen chocolates y caramelos. ¡Qué agasajo!

El salón de invitados parece un palacio y el invitado es el rey. Me gustó mucho la forma de recibir y seguro que voy a adoptar algunas formas para mi propia casa. Por lo pronto ya me traje unos vasitos de té.

Las fotos: Disfraz de fiesta libio sin oros, en la boda, en el salón de Yamila (el salón más bonito del universo) y Ummy con Fares el prometido y Arwa, la mayor de Nwara. En próximas crónicas: gastronomía y otras bellezas naturales.

Saturday, January 14, 2012

Crónicas benghazianas 2







¡Oh, la familia!
Y, como tenía que ser, la familia siempre quiere meter su cuchara. Que Fati es demasiado grande para seguir tomando teta, que ya va siendo hora de que tengamos otro bebé, que Mahmud necesita un niño. -¡Si ya tienen por aquí un montón de niños guapísimos!- contesto disimulando mal mi cabreo, -¿para qué quieren más? Si Mahmud necesita un niño ya puede conseguirse otra esposa. ¡No no, Najmah, Najmah! Dicen mis cuñadas a coro. Son adorables.

Vivir rodeados de familia y bajo la consigna de que los niños son de TODOS (todos los vigilan, todos los miman, todos los regañan), tiene que hacer mucho más fácil y feliz criar unos cuantos bebés. Luego me enteré de que cada una de mis cuñadas Y CONCUÑAS han venido a instalarse en casa de Amal cuando han parido, y todas las demás mujeres han estado por aquí ayudándolas y atendiéndolas como reinas. ¡La lotería!

Definitivamente, eso de tener hijos se vive aquí de una manera muy distinta. Y sospecho que no es sólo una cuestión cultural sino de puro karma: a mis cuñadas y concuñas sus madres no les dijeron que pusieran su departamento de solteras y tuvieran plantas en vez de hijos, no se casaron con el único hombre libio al que no le gustan los bebés, y no tienen toda la nebulosa intelectual que yo acumulo en relación con la maternidad Y paternidad.

Unos días más tarde llegarán Alí y Naima de Breiga con las niñas ¡finalmente las primas! Lo primero que le dice Ummi a mi concuña la ginecóloga, nada más sentarnos a la mesa, es que me dé la charla sobre lo importante que es dejar la lactancia ya en este minuto. Pero ella es muy bien educada y sólo pone cara de circunstancia y me dice: Ummi quiere que dejes la teta ya. Su prudencia no evitará que un poco más tarde me señale que Fátima está demasiado delgadita para su edad y me sugiera que le de más de comer ¡los doctores nunca dejan su oficio!

Estas son las cosas que padecen mis amigas del club de crianza radical en España, pero ¿son las mismas cosas, el mismo amor apasionado, las mismas risas locas, la misma sensación de pertenencia y seguridad lo que disfrutan a cambio?

La ciudad y la posguerra
Una constante en los días que han seguido a nuestra llegada son las disculpas: antes esto estaba limpio, pero desde la guerra…, antes esto funcionaba, pero desde la guerra…, antes había mucha gente trabajando aquí, pero ahora… Yo lo que noto a pesar de todo ello (¿o en todo ello?) es una armonía subyacente, una belleza que no sabría explicar. Es quizá la belleza de la sencillez, de la realidad desnuda. Y una buena vibra en toda la gente, se deja sentir una especie de hermandad, de fuerza poderosa, como una chispa que danza entre los benghazianos. Tienen un amor impresionante por su tierra, y se nota.

Más que lo que ha dejado la posguerra, me sorprende el estado de abandono de la ciudad entera, los proyectos que se cancelaron a penas comenzar y que cierran zonas enteras de lago o de playa o de área verde, la falta de mantenimiento. Parece como si Benghazi hubiera sufrido un maltrato sistemático durante los últimos años, como si detrás de cada acción gubernamental hubiera la mala intención de eliminar la belleza y sembrar el descontento entre los habitantes. En todo caso eso es lo que dice la gente.

A pesar del ensañamiento, hay sitios que han conservado toda su magia a través de los años: un faro MARAVILLOSO (creo que es mi lugar favorito hasta ahora) que acumula el maqam (mausoleo) de un santo por un lado, un cementerio antiguo por otro lado y un yacimiento arqueológico por abajo. Hay también un edificio antiguo reconvertido en museo, una catedral con unos jardines muy bellos, las orillas del lago, un parque familiar ¡sobre un cenote! Y, como en todas partes, ciertos rincones mágicos y entrañables. ¡El mar! ¡El mar omnipresente!

Como residuo de la guerra queda la falta de liquidez, la gente hace colas de horas y muchas veces regresan a casa sin haber podido sacar su dinero. Familias de las ciudades vecinas que sí sufrieron todo el fragor de la guerra instaladas en viviendas provisionales. Carros de combate abandonados a las orillas de algunas carreteras, más toda la parafernalia revolucionaria formal e informal (desde anuncios panorámicos con fotos preciosas hasta graffitis ingeniosos y caricaturas callejeras).

Se cuecen aparte los retratos de los mártires colgados por toda la ciudad. En sus casas, en las puertas de sus edificios, en los coches de sus familiares y amigos. Pancartas gigantes o posters con la foto del caído en uniforme, o traje de calle y en algunos casos también la foto post-mortem, desgraciadamente. No me gusta eso de andar viendo muertitos. No sé si es arreglo  funerario pero en todos los casos los muertitos sonríen. Su nombre, su edad, su profesión. Casi todos son unos críos. En nuestra calle hay dos manta gigantes. Se me estruja el corazón. Pero aquí viven con eso, y han sobrevivido a años y años de mártires sin foto, de viudas y huérfanos sin reconocimiento.

La tierra, la tribu
Yo no lo tenía muy claro, pero resulta que tenemos un cacho de tierra compartido con el resto de la familia. ¡Un cacho de tierra, nuestro, con sus higueras, olivos y granados, con su pequeña ruina, su depósito de agua, su horno de pan!

Antes de que mi suegro nos dejara, la familia venía aquí todos los fines de semana a hacer picnics y pasar el día. Ahora lleva muchos meses abandonado. Sentí bonito que mis hijas tengan un trozo de tierra suyo suyito, sentí bonito saber que de este lado del Mediterráneo tenemos algo “nuestro”.

A la vuelta del paseo nos esperaba otra comida familiar, el viernes es día de descanso para todo el mundo y Hajja Selima lleva dos días cocinando para darle gusto a su m’hijito. Estaban todos y todas menos los de Nwara que ya es una matriarca en sí misma. Tres platos: sopa, tripas rellenas y arroz con salsa. Dos salones: uno para los chicos, otro para las chicas. Luego té para todos juntos, si total estamos en familia. Claro que todas llevábamos el pañuelito reglamentario ante la presencia del marido de Mana. Mis cuñadas van siempre sin hijab, mis concuñas no se lo quitan y según esta lógica yo sentí que lo mejor era dejármelo puesto también.

Hace un par de días, sin embargo, me pillaron por sorpresa. Estábamos en el preciso salón de Amal con Nwara y sus hijos. Yo me había lavado la cabeza y no me había puesto más que una banda gorda que medio me tapaba los pelos. De todas manera sólo estaban mis sobrinos, algunos muy mayores y muy casados que no sé si entran en la categoría de “hombres” o siguen siendo “familia”. Total que de pronto un pequeño revuelo anuncia a Tiyani, el marido de Nwara.

Qué contentas se ponen mis cuñadas, dije yo, será que lo quieren mucho o que es una institución familiar. De pronto veo a Mana que, con una bufanda mal envuelta cubriéndole toda la cabeza y el cuello, me presentaba a un Tiyani un poco incómodo o sorprendido. Luego Amal con su pañuelo de rezar y Leyla con su trapito fashion de calle. Cuando salí con Fátima en brazos me di cuenta de que llevaba el pelo prácticamente al aire, y que era la única.

Nwara tiene tres hijas como tres soles. PRECIOSAS. Y unos cuantos nietos. Y un par de hijos casaderos. Además tengo una pandilla de sobrinos adolescentes y me encanta ver cómo juegan con los pequeñines, cómo los protegen, los atienden, les gastan bromas. Halima y Fátima todavía se sacan de onda con el griterío de las reuniones. Yo me siento como en sábado comiendo con los Lobatón. Me gusta, lo disfruto. Me siento en casa.

Crónicas benghazianas parte 1






El viaje
Son las 4 de la mañana y ya estamos en pie, dándonos prisa para estar listos. Más dormidas que despiertas vestimos a nuestras niñas que preguntan si ya es de día y si hoy vamos a Benghazi. El Hotel del Aeropuerto de Estambul es DEMASIADO caro para haber dormido tres horas en una habitación sin ventanas, con la calefacción incómodamente alta y sábanas sintéticas. Esto, aunado a las 4 horas de resequedad de vuelo Madrid-Estambul, han hecho estragos en la piel de Fatuma ya de por sí reseca, sensible y dermatosa.

Maletas arriba, maletas abajo y a las 5 nos disponemos a tomar un desayuno delicioso en el aeropuerto: madalenas, pastelitos típicos, café…Fatuma se sigue rascando sin parar y para colmo de estrés cutáneo se lleva una dosis de avellanas en una mordida de pastelito ¡horror! Su piel suele reaccionar muuuuy mal a los frutos secos.

Pero soy una madre estresada con conocimiento de causa y llevo de todo a mano. Después de una dosis de homeopatía para la niña y varias dosis de lavanda y flores de bach para la mamá, todo parece haber vuelto a la calma. El aeropuerto de Estambul es para nosotros como la antesala del paraíso, nuestra escala preferida de camino a ver a Mawlana Sheik Nazim al norte de Chipre.

Resulta muy raro estar tan cerca de nuestro “segundo hogar” y no llegar hasta ahí. De todas maneras el viaje a Libia se siente como volver a casa. Da igual que ni las niñas ni yo hayamos estado nunca ahí. Será la familiaridad del asunto.

No amanece todavía cuando abordamos un avión lleno de libios. Tanto tiempo escasos ¡y ahora tenemos de sobra! Las niñas se quedan fritas nada más ocupar nuestros asientos (¡Allahu Akbar!). Yo me siento aplastada por la emoción y por el cansancio. Tres horas de sueño son muy poquitas para esta madre dormilona. Viene un desayuno digno de la Turkish Airlines que no puedo ni probar. Mi habibi intercala cabeceadas con sentidos comentarios. Realmente este viaje es todo un evento para nuestra pequeña familia y nuestras familias extensas de uno y otro lado de los mares. A mí me gustaría dormir, pero con dos niñas apoyadas en mi regazo no logro encontrar la posición.

Cuando la costa de Libia aparece por la ventanilla del avión me entran ganas de llorar. ¿Por qué siento como si volviera a un lugar entrañable y querido si no he pisado nunca esta tierra? ¿Puro contagio conyugal? ¿Cariño familiar, solidaridad revolucionaria? Siento como si, al margen del encuentro con la familia, Benghazi tuviera algo bueno, algo hermoso para mí.

La llegada
Siendo Benghazi la segunda ciudad más importante de Libia, el pequeño aeropuerto que nos recibe a pie de pista resulta ridículo. Un edificio pequeñito y descascarado al que nos conduce el autobús. Hay otros cuatro aviones grandes sobre la pista, además de maletas, carritos, militares, trabajadores aeroportuarios. Da la sensación de ser un aeropuerto “de andar por casa”. Esta  sensación aumenta cuando, formados para pasar el control de pasaportes vemos de pronto a Wiwi, el hijo mayor de mi cuñada Nwara. Pero ¿cómo entró Wiwi hasta aquí? ¡Y luego Nwara en persona, y Amal y Qeis con sus niños!

Halima corre la distancia de toda la cola para abrazar a su tía, y luego nosotros también porque no podemos resistirnos. Los dejaron subir rapidito para darnos la bienvenida. Lo que sería impensable en un aeropuerto serio aquí parece ser lo normal. Más benghazianos van subiendo a darle un abrazo a sus seres queridos y luego vuelven a bajar a esperarlos. Este surrealismo me resulta familiar.

Después de hacer toda la cola de los “libios” nos damos cuenta que tenemos que ir al escritorio de los extranjeros a sellar nuestros pasaportes mexicanos. “Mi esposa quiere saber si son los primeros pasaportes mexicanos después de la guerra”, dice mi propio libio al señor de la mesa. Efectivamente: las primeras. ¡Estoy segura de que a mi padre le encantará este dato!

Ni siquiera sé si en la recogida de equipajes hay bandas giratorias o no. Cuando me di cuenta el resto de la tropa (¡sí, había más esperándonos abajo!) ya tenía nuestras maletas y nos estábamos distribuyendo en los coches para ir a casa.

El-Sabri
La caravana de coches avanza entre el paisaje árido y polvoso de los alrededores del aeropuerto. Desde aquí no se ve el mar, la ciudad llega hasta el mismo aeropuerto. Podría ser cualquier calle de Escobedo, Nuevo León. Comercios bajos, aceras mal terminadas con su cacho de tierra que sirve de estacionamiento, mezcla de coches antiguos y nuevos, matorrales, arbolitos esporádicos, montoncitos de escombros o basura en terrenos baldíos. Mucha actividad, ¡mucha vida! Desordenada, espontánea, preciosas vida.

Las bardas más grandes están decoradas con mensajes revolucionarios en rojo, negro y verde. Sabe un poco a Cuba, a gente orgullosa y valiente, a resistencia. Pasamos enfrente del primer cuartel que se unió a los manifestantes cuando empezó la revuelta. Todo un sitio de culto.

Es 19 de diciembre, hace nueve meses justos, estábamos pidiendo a Dios desesperadamente que las Naciones Unidas votaran por proteger a los civiles en Libia. Las bombas sonaban ya cerca de casa de Nwara en los alrededores del aeropuerto, las tropas del régimen libio entraban en Benghazi. Gracias a Dios la guerra terminó. Los coches de combate se exhiben en los camellones. Y por lo visto muchos revolucionarios se siguen paseando por ahí, con su troca de combate y su arma larga, con cara de haber extraviado la batalla que les tocaba librar. Algunos siguen colaborando con sus brigadas correspondientes, mientras la policía y el ejército se vuelven a organizar. Otros van por libre.

Por fin el mar. En frente del Wahda Bank se agolpa un buen grupo de gente. No hay dinero. Es un país rico pero sin liquidez por el momento, es una situación difícil para todo el mundo. ¡Mira, mi colegio!!!!!! Cuando éramos pequeños saltamos una vez desde el segundo piso. Ahí está el-wasaya, la placita donde jugábamos futbol día y noche. Y esta es nuestra casa.

Las maletas suben casi solas mientras nos bajamos del coche. Ummi nos recibe con su sonrisa preciosa y sus ojitos llenos de lágrimas. ¡Por fin estamos en casa!

Thursday, January 12, 2012

¡Un viaje muuuuuuuuy feliz!






Tres semanas en Libia nos duraron bien poco. Disfrutamos muchísimo de la familia, del paisaje, de la comida, de la cultura. Las niñas se divirtieron como enanas con sus primos y hasta aprendieron palabrejas en árabe. Ya iré pasando la crónica poco a poco, tengo muuuuuucho que escribir. Por lo pronto para abrir boca estas fotitos y un abrazo de año nuevo.

Friday, December 09, 2011

¡Nos vamos a Libia!

A descubrir la tierra, a reencontrarnos con la familia, a conocer a los primos y sobrinos que nos faltan, a ver cómo huele, cómo suena, cómo sabe, a ensanchar el oído a ver si nos entra el árabe, a dar nuestros respetos, a degustar la "otra mitad" de la masita con la que hemos formado nuestra pequeña familia y que también nos hace falta, a ver si tiene algo que pedirnos o que ofrecernos, a disfrutar del mar y de la compañía, a sentir la tribu, a aprender nuevas (o viejas) recetas, a ver otro cacho del Mediterráneo. ¡Somos felices! Estamos emocionados. Que Diositos nos lleve y nos traiga con bien (como diría mi apá).

Saturday, December 03, 2011

La bailarina del agua







Halima llama al remolino
que se forma en la bañera
"La bailarina del agua".
Y cuando logra tocar
con su dedito el movimiento
salta toda contenta:
"¡mamá, puedo tocar sus sentimientos!"

No cabe duda. Los niños son auténticos poetas.

Tuesday, November 29, 2011

Cocinando pa' la tele

Hasta ahora que ya se han ido las cámaras, las personas, que he recuperado a mis hijas y que todo ha vuelto a la calma no me di cuenta: el día de hoy he hecho un sueño realidad ¡cocinar para la tele!

Mi amiga Amira me invitó a hacer comida mexicana para un programa de tele que empezará a emitir el próximo año ¡y yo acepté encantada! Compré las cositas, adelanté procesos, organicé escenario, herramientas, utensilios, pensé diálogos simpáticos. Me puse de acuerdo con mi marido, pedí ayuda a mis amigas y finalmente esta mañana llegó la tele.

Unas escenas en la cafetería de la esquina. Muy bonito, repetimos para tener tomas de reserva. Terminamos una secuencia, dos secuencias, tres secuencias y de pronto ¡oh no! ¡problemas de sonido! Hay que hacerlo todo de nuevo. ¿Lograremos que suene natural y agradable la misma conversación por tercera vez consecutiva?? Y el tiempo encima, falta otra locación y llegar a casa a las 2 en punto para alimentar niñas y seguir grabando.

Micrófonos, cámaras, mirones mirando ¡qué divertido! Diálogos con cámara por delante, diálogos con cámara por detrás. Anécdotas, tomas. Terminamos la segunda locación y salgo corriendo a casa como el conejo de Alicia mientras el resto del equipo se queda grabando. Marido alimenta niñas, besos y abrazos, comida de volada y vuelta a grabar.

Por fin ¡es hora de cocinar! Y esto me lo sé yo desde que tengo memoria: Bueno pues hoy vamos a preparar tal, aquí tenemos esto que se usa así, en México se hace de esta manera pero aquí lo haremos de esta otra. Ahora traermos esto y lo desmenuzamos, por acá troceamos esto y lo licuamos, y ahora con la magia de la teleeeeeee...

¡Yo de niña jugaba a hacer programas de cocina!!! ¡Yo preparaba cositas frente a las cámaras imaginarias! Tenía el recetario para niños de Chepina Peralta y unos cuantos más. Creo que sólo un cerdito en el lodo puede sentirse tan feliz como me sentí ( y me siento) yo. Estas pilas y esta risa me van a durar por lo menos lo que resta del año y hasta que vea el programa. ¡QUE DIVERTIDOOOOOOOOOOOOOOOO! Me la pasé jugando pero esta vez era real.

El cámara también se moría de la risa: ¡qué rollo tienes, dentro de nada le quitas el trabajo al Arguiñano! Y yo: nada, nada, es que veo mucha tele (y de verdad que desde que descubrí la cocina en 30 minutos de Jaimie Oliver no paso un día sin mi dosis de cocina tv). Y ahora pienso para mí: ¡si es que lo venía ensayando toda mi vida!

¡GRACIAS GRACIAS GRACIAS! Por invitarme, por acompañarme, por facilitármelo, por haberlo hecho posible. Me da igual si al final sale o no. Hoy ha sido un día feliz y memorable.

Thursday, November 24, 2011

Volar





Hacíamos diker en casa de mi Abuela Maria Aurora, esa casa que ya no existe. Era un solo espacio, las paredes de la sala y el despacho no existían. Estaba representada casi toda la gente que amo, mis tíos, mis primos, mis hermanos y hermanas naqshbandis, mis amigas de azuqueca, mis amigas de la prepa, las de la carrera...Llegaban incluso personas que hace silgos que no veo, entre ellas una amiga muy querida que llegaba doble: su ser pre-sufi (con tejanos, pelo revuelto, jersey corto) y su ser post-sufi (con pañuelito, con mirada dulce). Las tres nos fundíamos en abrazo y cuando nos soltábamos ya era sólo una.

Nos sentábamos a hacer diker con los ojos cerrados y entonces empecé a sentir que me elevaba. Me ha pasado muchas veces, sentir que me elevo. Pero esta vez era real y no era sólo yo. Tomaba las manos de los que estaban a mis costados y lo mismo hacían ellos. Todo el cículo del diker empezaba a elevarse, con todo y casa. Daba vértigo. Por un momento quise abrir los ojos y Mahmud me gritó desde el otro lado del círculo: ¡no los abras!!! Sólo alcancé a entrever a trevés de las cortinas que la gente se desvanecía por la calle. Como la bella durmiente al tocar el uso.

Cuando la casa volvía a aterrizar estábamos todos sanos y salvos, pero los de afuera habían muerto.

Luego estábamos congregados en una especie de gimnasio con pasillos circulares. Como el museo MARCO de monterrey: un patio central, corredores techados, pero en círculo, el patio no era siempre visible. Íbamos en grupo y hacíamos diker también mientras circunvalábamos el patio. Yo comenzaba a correr y alzaba el vuelo, me escurría entre las estanterías y el techo, avanzaba ligeramente sintiéndome feliz y emocionada. Pero nuevamente todos aquellos que no habían hecho diker se desvanecían. Era como si el diker nos estuviera salvando el pellejo todo el tiempo.

En la siguiente escena mi marido entregaba su furgoneta a un policía, militar o cosa parecida, nos habían confiscado todo, incluso a nuestras niñas. En la furgoneta iban las sillitas de Halima y de Fátima. Hali ya estaba atadita y Mahmud entregaba a Fati (que no era Fati sino un bebé muy extraño). Mientras arrancaban yo me acercaba a Hali y trataba de explicarle: "mi amor, ahora tenemos que separarnos pero tienes que tener bien presente que te amamos muchísimo y que esto no es una decisión nuestra, que en cuanto podamos volveremos a estar juntos y que, pase lo que pase, lo más importante es que estés bien".

¡¡¡¿Por qué nos hacen esto???!!!!! Preguntaba yo con desesperación. ¿Qué querías? contestaba mi marido, todos han muerto en el gimnasio menos nosotros. Nos culpan. Y comenzábamos a huír de vehículos de guerra.

Creo que esto supera a la peorsísima pesadilla recurrente que es soñar que mi mamá se muere. Esa tenía el número uno porque al despertar, no es posible pensar aquello de "manos, mal, era un sueño". Esta vez sí, gracias a Dios. Mis dos niñitas estaba plácidamente dormidas. Pero la angustia vivida (sí, los sueños también son vivencias) no tiene parangón.

Había estado hablando con una amiga sobre SU angustia referente a estos tiempos tan movidos e inestables, me preguntaba si nos estamos preparando para alguna catástrofe o eventualidad (sí, tenemos unas reservas mínimas de comida, agua, medicinas y remedios, pero SOBRETODO MUCHA MUCHA PRÁCTICA ESPIRITUAL, MUCHA FE, MUCHA CONEXIÓN, MUCHO AGRADECIMIENTO, Y MUCHA ORACIÓN para saber dónde tenemos que estar y qué tenemos que hacer en cada momento, no sólo si sucede alguna crisis mayor, sino aquí y ahora qué quiere Dios de nosotros...) y me decía no podía vivir con la preocupación de algo malo pudiera sucederle a ellos y que sus bebés se quedaran desprotegidos.

Claramente me sacó mis propios monstruos ¡y eso que los suelo tener bastante a raya! Yo hago dúa (pido) todos los días porque Dios me de vida, salud y sabiduría para acompañar a mis hijitas por el camino hasta que sean mayores, y agrego que si eso no es posible, que a ellas les garantice guía y protección, y las compence con algo mejor y les evite todo daño. Generalmente eso me pone el corazón en paz. Igual que yo, ellas están en manos de Allah, igual que todos.

Sinceramente creo que lo mejor que todos podemos hacer en estos tiempos de cambios tan radicales, en las vidas personales y en la vida mundial, es pedir, conectarnos de corazón con LO MEJOR que encontremos, con aquello de donde brote más Luz, más Amor, más Paz y que tratemos de llevar ese sentimiento noble con nosotros ahí donde vayamos...

Insha'Allah, todo saldrá bien.

(la imagen está tomada de www.meditacionsufi.com/meditacion-sufi/, una página preciosa que han hecho unos hermanos de Madrid donde pueden asomarse un poquitín a lo que es diker y Mawlana, ya saben quién es Mawlana, que Allah le de todo lo mejor de este mundo y del otro).