Saturday, April 15, 2017

La tribu errante

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El tiempo se detuvo en octubre
Los octubres son para mí brechas en el tiempo desde que murió mi madre. Y éste además era especial. Mi madre murió en octubre con 40 y yo llegué a los 40 en septiembre. Era un octubre de esos en los que el tiempo y el espacio se curvan de manera extraña y abren puentes. Ya sabía que a los 40 tendría que sucederme algo importante, una especie de iniciación o "reinicio" que me diera una nueva perspectiva de la vida, que me permitiera reconocer el peldaño en que me encontraba para comenzar a actuar desde allí con consciencia. Pero nunca imaginé lo que iba a suceder.

La Vida me trajo un regalo tal, que me sentí el ser humano más feliz sobre la tierra. Comprendí lo que pudo haber sentido María cuando el ángel le anunció que de su vientre vendría tanta luz a la vida. Mi felicidad era absoluta, tan absoluta que ninguna sombra la podía empañar. Me sentí repleta de amor, fuerte, poderosa, me sentí tocada por el dedo de Dios, llevada por alas de ángeles. Y después, de manera igualmente inesperada, aquél regalo desapareció. Y no desapareció de manera fácil. Tenía que irse, eso estaba claro, pero algo en mí se aferró de tal manera que las cosas se complicaron. Y desde el cielo de mi felicidad absoluta me precipité al abismo. Creo que nunca me había sentido más sola, más triste, más desamparada. Quién me manda ser tan intensa, a la gente le pasan cosas todos los días y yo no veo ángeles cayendo del cielo ni demonios transmutándose en seres de nácar a mi alrededor.

Durante los cuatro meses que duró aquélla experiencia efectivamente recordé todo lo importante que he aprendido a lo largo de mi vida. Y no solo lo recordé sino que tuve que ponerlo en práctica para seguir adelante. Una buena lección. Hubo en ese proceso encuentros que han cambiado mi vida y algo de esos encuentros es lo que creo que vale la pena compartir, lo demás es puro reborujo de emociones y ¿para qué contaminar?

El encuentro con mi voz
Hace cuatro años empecé a trabajar con la voz. Ser maestra de primaria Waldorf me obligó a reconocer mi voz como un instrumento de trabajo, no sólo en la escuela, sino en la esfera del mundo y en la esfera de mi interioridad. Tuve la suerte de encontrar a una maravillosa bruja que desde entonces me acompaña, porque no es una simple profesora de canto, sino un ser humano con la capacidad de reconocer aquello que la voz expresa, las raíces en las que la voz se asienta y sus ramas más altas, la dulzura de sus frutos. Por lo tanto, puede dar pautas para cultivar la voz, que se convierten en pautas para cultivarse a sí mismo.

En este momento de crisis profunda, llegué a un punto en el que no veía ninguna salida. Ya había escrito, rezado, meditado, visualizado, bailado, llorado. Tenía que poner en marcha uno de mis órganos, hablo de una cuestión puramente fisiológica, y no había manera. Se me ocurrió entonces sentarme en silencio y preguntarle qué necesitaba y cómo le podía ayudar. Estaba tan triste que se encontraba paralizado. Recordé que el cuerpo físico funciona como funcionan los niños y me pareció que cuando un niño se siente muy triste necesita que lo arrullen un poco. Así que cerré las ventanas de mi casa, y comencé a cantar una nana.

Aquella canción de cuna no tenía letra, era pura eMe, puro sonido mmmmmm, puro murmullo. Luego se fue transformando como si tuviera vida propia. Fue llanto, y luego respiración y luego vinieron otros sonidos: gruñidos, rugidos, As muy abiertas. El volumen subía o bajaba, la voz iba remontando hasta esferas muy altas y luego bajaba de nuevo hasta lo más profundo. No se desarticulaba, era un canto, aunque un canto desconocido. Cuando terminó, mi querido órgano atascado se puso a trabajar.

¡Vibración! La voz es vibración y la vibración de mi voz había sido capaz de movilizar físicamente algo en mí, de iniciar un proceso de salud que ninguna otra cosa había podido iniciar. Ahí está la musicoterapia, los kirtans, el diker, una cantidad de prácticas terapéuticas y espirituales que nos informan que el sonido transforma, pero yo nunca había vivido en mi carne el milagro de que un sonido nacido dentro de mí tuviese un efecto tan claro sobre el mundo físico. ¡SubhanAllah! Tenemos la llave en la mano y no recordamos cómo se usa.

Tengo claro que parte del trabajo que hay que hacer ahora, para mantenernos sanos y para sanar nuestra vida (también la vida amplia de allí afuera) es necesario cantar. Cantar belleza, cantar amor, cantar consuelo, cantar luz, cantar lo que sea que traigamos dentro. Darle a nuestro cuerpo la oportunidad de resonar, de ser catedral, caja de música, de aportar su sonido único a ese gran canto que es la Vida.

El encuentro con la Madre
Yo me quedé huérfana de madre a lo 16, pero creo que mi sensación de orfandad viene de mucho antes, a lo mejor incluso de antes de esta vida. La cuestión es que esa sensación de desamparo (infundado, claro está, porque si algo he tenido en esta vida ha sido protección y cuidados) fue creciendo a lo largo de mi vida.

Esto de ser extranjera, de casarse con alguien aún más extranjero, de no tener una familia de sangre cerca me ha dado una sed inagotable de ternura y de familia. Por eso voy siempre buscando la tribu y gracias a Dios siempre la encuentro. Después de tantos años fuera de casa ya tengo una constelación de hermanos y hermanas, padres y madres, padrinos y madrinas que nos hemos elegido y aceptado y abrazado mutuamente.

Y aún así, el gusano del desamparo me seguía carcomiendo, como si fuera la propia Vida la que me hubiese abandonado. Bueno, pues, hubo en estos días de pruebas una noche muy oscura. Sabía que finalmente tendría que ir al hospital a terminar de curar mi cuerpo físico y la idea no me gustaba nada. Yo siempre pienso que me voy a morir (cuando viajo, cuando me separo de mis hijas, cuando me voy a dormir), pero desde luego ir al hospital le daba MUCHA fuerza a ese miedo. Llamé a una de mis hadas madrinas en busca de ayuda y lo que me dijo (como el encuentro con mi voz) le dio la vuelta a mi consciencia, puso una nueva mirada dentro de mis ojos.

No recuerdo con exactitud sus palabras, sé que fue algo sumamente sencillo porque ella siempre habla con palabras sencillas. En resumen me dijo que no estaba sola, que estaba acompañada y protegida, que sólo tenía que mantenerme atenta para notarlo en todo momento. Y estas palabras que pueden parecer trilladas, me hicieron abrir los ojos. De pronto comencé a sentir la vida como Amor de Madre (al-Hanan, dicen los sufis), un amor tan presente y claro que sólo le faltaba cuerpo físico. Ella se situó junto a mí, me envolvió con su abrazo y no me soltó ni un instante en aquellas horas. Mis miedos tomaron forma física, pero logré mantenerme atenta. Fue como atravesar un túnel negro envuelta en las alas de un ángel. Me daba cuenta de que las cosas no estaban yendo bien exteriormente, pero al mismo tiempo, dentro de mí sentía una gran paz y una gran confianza, la Madre me llevaba de la mano y no me iba a soltar, pasara lo que pasara.

Cuando fui consciente de eso se disolvió el miedo de irme de este mundo y dejar a mis hijas sin madre. Si yo tengo esta maravillosa Madre que SIEMPRE me acompaña y me cuida (que siempre ha estado allí aunque yo no me diera cuenta), mis hijas también la tienen. Más que eso, yo no soy su madre, ninguna somos madres, la única Madre es la Vida (esa fuerza de amor, protección, ternura, pujante vida que las distintas tradiciones espirituales llaman de distintas formas). Yo, únicamente, hago de oficiante. Yo soy sacerdotiza de la Madre, yo estoy aquí en mi rol de mamá y de maestra, solamente como canal, como mero cable, para transmitir la vida y para arropar a estos seres con las cualidades de la vida.

¡Qué revelación! Si yo desaparezco de este plano, la Madre seguirá comunicándoles su amor y su protección por medio de una, o de muchas, sacerdotizas distintas, como lo ha hecho conmigo. Y si yo tengo que emprender mi camino, Ella estará conmigo. Saber esto es tremendamente liberador. Eso no significa que lo tenga presente siempre, estoy tan acostumbrada a mis vicios del pensar y del sentir que tengo que hacer un esfuerzo de voluntad por recordarlo constantemente, pero ya tengo la llave. Cuando me veo caer de nuevo en el papel de huerfanita, hay una sonrisa dentro de mí que me dice: "no chata, no era por ahí". Y me regreso.

Luego, como ya se imaginarán, todo fue bien. El cuerpo se quedó un poco molido, o simplemente necesitaba más tiempo del que yo quería para terminar de integrar todo lo vivido, pero por fin puedo renacer con esta primavera. Bendito sea Dios que nos da experiencias para aprender lo que necesitamos.

La tribu perdida
Uno de mis sueños recurrentes es encontrarme en una fiesta, en casa de alguien de la familia, en la que están todos mis seres queridos: mi familia mexicana, el clan de la Gente Pájaro, las amigas de Azuqueca, la tribu sufi, los libios, la banda Waldorf, etc. Últimamente se han incorporado los almodovarenses, que para colmo llevan sobrenombre de ave: cucos.

Los últimos meses sueño que estamos en la casa Ayaguara, será porque es cruce de caminos. Algunas veces estamos sentados en un porche por el que entra un colibrí de luz. Otras veces estamos celebrando bodas o cumpleaños. Hace dos o tres noches un querido amigo me decía: ahora llevo el pelo corto, pero antes lo llevaba largo y en la melena traía enredada tu imagen, desde antes de venir a la vida. Por eso, cuando llegué tenía tantas ganas de verte.

¡Cuándo cariño desparramado por el mundo! ¡Cómo me gustaría poder encontrarme con las personas que amo, como en mis sueños, y acariciarlas, ahogarlas a abrazos, bailar con ellas, reírnos bebiendo cosas! La vida les da mares para llorar, montañas escarpadas y yo quisiera estar ahí para secar sus lágrimas o para llorar con ellos, para acompañarlos en la escalada, pero sólo tengo palabras. Son como constelaciones, estrellas errantes que reaparecen en mis cielos nocturnos y me regalan su brillo.

Esta primavera vuelvo a nacer. Tenía la esperanza de que el 2017 trajera pura facilidad y lo que parece es que el trabajo de alquimista no conoce descanso. Transformar la piedra en oro es un trabajo constante y arduo, aunque ciertamente bello.

Un gran abrazo a la tribu errante, mi tribu hecha de tribus, tan diversa y hermosa. Gracias a tod@s.

Monday, October 03, 2016

Verano

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Pleno verano: cuarentaytantos

Me parece increíble que se me haya pasado todo el verano sin escribir. En verdad fue un verano de hacer y sentir, más que de pensar. A pesar de las amenazas sobre el fiero calor cordobés, que veníamos escuchando desde el otoño anterior, las vacaciones resultaron extremadamente felices y relajadas. Después de vivir en el Caribe, ya nada es calor.

Sí, tuvimos nuestros buenos cuarentaytantos grados,. Sí, la gente se esconde en sus casas a partir de las dos y no vuelve a salir hasta las nueve de la noche, Sí, los parques están vacíos hasta que empieza a ponerse el sol. Sí, hubo días en que abrías la ventana a las diez de la noche para que entrara el fresquito y lo que entraba era una bocanada de aire de horno que te hacía volver a cerrar inmediatamente. Pero aún así, disfrutamos como enanas (no puedo decir lo mismo del Habibi, a quien le tocó trabajar en el campo, por primera vez en su vida, y con semejante calor).

Descubrimos el arte de cerrar la casa como se cierran las flores nocturnas: por la mañana antes de las 10 echábamos el toldo de nuestro patrio central, cerrábamos ventanas y cortinas, postigos y persianas. La casa quedaba en silencio y sombra. Sus espesos muros nos protegían. Si había que salir, lo hacíamos los más temprano posible, en todo caso antes de la una. Y después de las dos, paz y tranquilidad. Nos hicimos una rutina de limpiar casa, salir a la biblioteca o aventurarnos hasta Córdoba, para las niñas jugar, para mí cocinar, comer con papá que volvía temprano del trabajo y luego descanso, piscina en casa de amigas o pública, o bien encerrona en casa de amigos y, al caer la noche, parque, patinadero, y "estar al fresquito" (el fresquito eran como 36 grados a las 10 de la noche) hasta muy altas horas. Una vez dormida la fiera solar, la casa vuelve a abrirse poco a poco, se retiran las cortinas, se suben las persianas, se abren las ventanas. El aire invade la casa, renueva la atmósfera. Por la noche, a dormir en colchones en la planta baja, dos niveles abajo de donde pega el sol. Es como estar de campamento. Una aventura feliz.

Descubrimos la Biblioteca Central de Córdoba (¡maravillosa!) y la Biblioteca de Villarrubia, el pueblo de al lado, también muy linda. También descubrimos que se puede ir a la playa y volver en el mismo día. Salir temprano, bañarse toda la mañana en el agua fría del Mediterráneo, comer con las tatas y la tita, darse otro baño y volver a casa para tomar una buena ducha, cenar y dormir. Somos una familia con suerte.

Disfrutamos con los amigos, súper disfrutamos con los nuevos vecinos (hermanos de corazón que ahora viven en nuestro pueblo) y cuando llegó septiembre suspiramos, porque aún nos quedaban ganas de levantarnos tarde, surcar tranquilamente el día, hacer muchas cosas juntas, jugar, patinar, conocer más bibliotecas y espacios nuevos (nos faltó el jardín botánico, la ciudad de los niños, los museos...), "enrear" y "chusnear" como dicen por aquí.

Septiembre llegó con ráfagas frescas para anunciar el cambio de estación. Y luego volvió a calentar. Ya no se siente la mordida del calor seco y feroz en la piel, el aire ya no tiene aguijones. Las mañanas son frescas y también las tardes. A medio día hace un calor placentero. Si este otoño es como el pasado, tendremos verano hasta finales de noviembre,  alhamduliLah.

Temporada de cumpleaños: ¡por fin 40!

Con septiembre se abrió la temporada de cumpleaños. Halima cumplió sus primeros 10. A cambio del  último cumpleaños itinerante (Córdoba-Almodóvar-Órgiva-Madrid), Halima tuvo un cumple lleno de amigos grandes y chicos (ya tenemos una hermosa red de mamás y amig@s afines además de los compañeros del cole), con globos, música, un mago y muchas risas. Lo celebramos en el patio del Ateneo Popular, una casona antigua, con su patio central, sus habitaciones (ahora salones, biblioteca y oficina) distribuidos convenientemente alrededor del patio, cocinas y mucho encanto. Lo que más me conmovió fue tener la ayuda de amigos para decorar, recibir, preparar y servir, supervisar el rebaño de niños, recoger y limpiar.

Parece obvio que cuando hay un evento de estos, habrá ayuda, pero a mí me llena especialmente de agradecimiento porque me doy cuenta de que hace un año, a penas estábamos poniendo el pie en estas tierras. Once meses después, ya tenemos personas del corazón que no sólo están dispuestos a regalarnos su tiempo y disfrutar con nosotros, sino que además ponen su energía en ayudar a que esos momentos se abran y se cierren con toda facilidad. Siempre encontramos gente linda allí donde vamos, siempre nos ponen personas mágicas alrededor, alhamduiliLah.

De mí puedo decir que llevo toda mi vida esperando los cuarenta. O como dice mi querida Montse: llevo toda la vida pensando que los 40 son "el hit". No sé de dónde saqué esa idea, pero en verdad es así. Estaba esperando los cuarenta con ansias desde los 18, por lo menos. A los 22, un chamán me anunció que a los 40 me habría convertido en alguien muy especial, en un ser luminoso y discreto, serenamente mágico, acogedoramente alegre. Me empecé a sentir como una oruga dentro de su crisálida, esperando pacientemente la transformación.

Y ahora ¡CHA CHAAAAAN! Desde luego la mariposa no está terminada, supongo que uno termina de hacerse cuando ya está listo para partir, y espero que me queden todavía muchos años antes de irme de este plano. Pero sí es verdad que me siento más en paz, me quiero más de lo que nunca me he querido, me conozco un poquito mejor, sé cuál es mi camino. Ya no quiero comerme al mundo, ahora voy eligiendo los bocados.

Mis cuarenta, hasta ahora, se parecen mucho a este final del verano andaluz. Soleado, lleno de frutos. Me siento fuerte y con ganas de compartir lo que tengo. Voy encontrando los caminos para dar.

En octubre le toca al papá de esta familia y a la pequeña Fati cumplir los años. Es una bendición estar juntos. Es una bendición estar en este lugar.

De vuelta al ritmo otoñal

Llegó el día de volver al cole y no fue una tragedia. Fue un poco cansado, nada más. Creo que les dio gusto volver a ver a los amigos, Halima incluso está entusiasmada por aprender cosas nuevas. Yo estoy feliz de tener tiempo para mí. Tengo muchas cosas en el caldero, un nuevo libro, muchas lecturas y trabajo de la formación de maestra Waldorf, que por cierto, está resultando maravillosa, y el primer paso para empezar a integrar el calendario musulmán en nuestras vidas.

Este nuevo ciclo me he propuesto vivir con las niñas las fiestas del calendario musulmán y el paso de las estaciones con las fiestas de la pedagogía Waldorf. Hasta ahora hemos podido intercalar galletas de borreguito del Eid al Adha, con pan de dragón de San Micael (la llegada del otoño).

También me he propuesto darles a las niñas una probada de lo que harían en el cole Waldorf: con Halima vamos a trabajar hasta diciembre lo que nos quedó pendiente el año pasado: aprender a tejer con gancho y hacer construcciones. Las cañas para armar nuestro tipi ya están esperándonos en el patio. A partir de enero, bordar con punto de cruz y contar cuentos de la mitología nórdica. Con Fátima empezamos a tejer con dos agujas y vamos a seguir contando cuentos de hadas. Hasta ahí los planes por ahora.

Esta semana descubriremos la Feria de Almodóvar. Pero creo que no vamos a vestirnos de volantes y lunares, quizá el próximo año.

Los dejo con un abrazo de otoño soleado.

Friday, June 10, 2016

Modo "ahorro de energía"

Seré muy breve. No soy de esas personas que pueden seguir su rituna en Ramadán, yo necesito pasar al modo "ahorro de energía" y esto quiere decir priorizar de manera radical, porque sólo tendré energía para lo más urgente. Pero escribir también puede ser urgente.

Sueños de Ramadán
Soñé que tenía 30 minutos para ver a una persona muy querida que hace siglos no veía, para tomar un café en el D.F. Cuando ella llegaba nos dábamos un abrazo tan grande, tan lleno de cariño del bueno y tan vacío de todo lo demás, un abrazo tan tremendamente pleno de ternura y de de luz, que mi felicidad era completa.

Había tantísima ternura y presencia en ese abrazo que sólo quería desaparecer, quedarme ahí, en ese intante, y que se esfumara todo lo demás. Pero luego, como suele suceder, el abrazo dió paso a la sonrisa y la conversación.

Sin embargo, esa sensación de cariño total se me quedó en el cuerpo. ¡Qué regalo! ¿Quién habrá venido a abrazarme de esa forma? Pensé al levantarme, porque este vicio de pensar, no hay quién me lo quite. ¿la persona soñada, tal cual? ¿el alado Hermes? ¿un ángel? ¿y por qué treinta, treinta minutos?

Tres días después llegó Ramadán con sus propios treinta. ¡Treinta días de regalos, de apertura, de conexión, de Cercanía, de Presencia absoluta! Treinta días en que lo divino está más cerca todavía (si cabe), para fundirnos en un abrazo.

¡Subhan'Allah! Hermes vino a traerme en sueños el abrazo de Ramadán. Debe ser el Ramadán más dulce de muchos años.

Pensar, hacer, sentir
Nos levantamos a las 4 de la mañana a desayunar. Desde las 5 hasta las 21:45 se trata de andar el camino que lleva al centro del corazón. Es una gran ayuda tener poca energía, porque así la cabeza tiene que ceder y bajar la velocidad. El cuerpo también se amolda, tiene que encontrar un ritmo en el que la voluntad no se ejerce a través del "hacer" sino del "no hacer". La mente pasa a segundo plano (sólo se utiliza para lo esencial), el cuerpo centra su atención en el modo de hacer, permanece atento para no despilfarrar energía.

Durante Ramadán, el día pertenece al sentir. No se trata del sentir emocional (tampoco hay energía para pasiones), sino del sentir espiritual. Si uno puede dedicarse a la devoción ¡qué maravilla! Sentarse con el recuerdo de Allah y sentirlo crecer en el corazón, como un hijo, o como una estrella. Sentirlo llenar cada rincón de lo que somos e iluminar cada rincón de nuestra circunstancia.

Pero incluso si, por la razón que sea, no logramos pasar largos ratos en oración, las actividades diarias, durante el ayuno, se convierten en oración (como debería ser todos los días, por otra parte, pero he ahí la gran ayuda de Ramadán). Y por oración me refiero a ese caminito que nos junta con el Amor, con la Paz, con la Luz.

Claro, no todo es fácil, Hay esfuerzo en conservar esa atención, en verse reaccionar y conocerse un poco más y, a pesar de todo, quererse más. Es un trabajo de voluntad que se hace por amor. Por amor a uno mismo, porque sabemos que Ramadán nos depura en todos los planos (físico, emocional, espiritual) de lo vivido durante el año. Por amor a los demás, porque compartimos el hambre y la sed de los demás, de los que pasan hambre y sed de verdad en sus vidas, y no sólo un ratito, como nosotros. Por amor al Amor (por amor a Allah, decimos los musulmanes) porque sabemos que el ayuno nos acerca.  Y por amor a los maestros que nos guían en el descubrimiento del Amor, para seguir su ejemplo.

Ya suena mi alarma de "conéctese a una fuente de energía o su apagará". AlhamduliLah en Ramadán, incluso dormir es un acto de devoción, porque nos ayuda a mantener el ayuno. Estoy contenta y agradecida y de poder pasar un Ramadán en la paz de mi casa, reconociendo mi ritmo interior. Y poderlo compartir aquí, físcamente, con otras personas ayunadoras, y virtualmente, con quien repara en estas letras..

Un gran abrazo de Ramadán y que las bendiciones sean para todo@s.

Friday, May 06, 2016

Mayo florido y hermoso

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"Marzo ventoso, abril lluvioso: mayo florido y hermoso" dicen aquí, y así ha sido la partida del invierno y la llegada de la primavera. El campo luce sus más bellos verdes y espléndidas flores asoman por doquier. Los vecinos de Almodóvar pintan sus casas, vacían sus armarios, se ocupan en sendas limpiezas de primavera.

Para mí la" limpieza de primavera" va siendo, más bien, una "limpieza del mes de Rajab", en consonancia con el universo. Hace unas tres semanas empezó el mes de Rajab y llegó con el disolvente y el estropajo en ristre. ¿O serán las prácticas especiales que estamos intentando hacer en casa? La cuestión es que el armario de las emociones viejas está dando mucho que limpiar, las estanterías del agradecimiento están siendo renovadas y la casa del corazón se va quedando más ordenada.

Como hace muchos meses que no escribo (que no escribo el blog, porque he estado escribiendo otras cosas) recapitulo:

Marzo: Diario de un ama de casa desquiciada
Es penúltimo libro de Club de Lectura de la Biblioteca de mi pueblo, al que tuve el acierto de apuntarme hace unos meses.

El título no era muy inspirador, pero saqué mi disciplina de antigua estudiante de letras y me lancé a la lectura: una mujer cuyo rol de ama de casa le da motivos para quedar atrapada en la ansiedad y la angustia. ¿Y EN QUÉ MOMENTO ME CONVERTÍ YO EN ELLA???? Pensé con verdadera preocupación. ¡Ah sí! En el momento en que dejé de ser maestra Waldorf en el Caribe para encerrarme en mi idílico retiro andaluz.

No se pueden imaginar el horror (y el alivio) de sentirme identificada con la protagonista: sus esfuerzos heróicos para conseguir logros tan estúpidos como comprar la caja de cereales que les gustan a sus niñas o teminar de lavar y guardar la ropa de la temporada anterior; sus sudores fríos al tener que lidiar con amenzadoras mujeres de la limpieza o señores de mantenimiento; los escenarios de su propia muerte que se le aparecen sólo por sentarse en la silla del dentista o tomar un taxi; sus multitud de miedos.

¡Ah! ESO es lo que me pasa, solo necesito encontrar un nuevo equilibrio y darle un sentido nuevo a mi vida. ¡Menos mal! Después de tanta mudanza he descubierto que cumplir seis meses en un sitio es un momento peliagudo. Las reservas de cariño y seguridad de la situación anterior ya se han terminado, la maravilla del asombro constante ya no opera, y aún queda todo por construir: amistades profundas (la red de salvación), actividades que le den sentido a estar aquí en este momento, proyectos que inyecten entusiasmo a la vida diaria.

Así que a la pregunta de ¿De verdad vine desde México para terminar encerrada en mi casa haciendo el aseo???? Me respondí: ¡Pues no! Desde luego que una de las razones de volver a España era no vernos obligados a estar ambos fuera de casa trabajando a tiempo completo para sostener a nuestra familia, pero me lo imaginaba más como un periodo sabático que como una vuelta al trabajo peor reconocido del mundo: el de ama de casa. Estar en casa es una bendición, pero depende cómo.

De manera que tuve que darle la vuelta, preguntarme realmente qué quería hacer con mi tiempo: conectar conmigo misma, recuperar mi faceta de escritora, buscar la manera de aportar algo a la comunidad donde vivo y al mismo tiempo hacerme mi propia comunidad: descubrir gente afín. Bastante más interesante que "hacer la compra", "cocinar", "guardar la ropa limpia".

Así que me hice un horario para limpiar, comprar, cocinar y me dejé un buen hueco cada día para escribir (que algunas semanas se convirtió, felizmente, en la actividad principal de la mañana). Concebí un par de proyectos que me permitan colaborar con mi comunidad y poner en práctica mis saberes y como broche de oro, me uní a un par de hadas para participar en la Feria Medieval.

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Abril: Una mujer medieval
Cada año, Almodóvar celebra el Zoco de la Encantá, recordando una antigua leyenda del tiempo de los moros, en la que una princesa se tira de las torres de NUESTRO (jeje) castillo, al saber que su amado ha muerto en la batalla contra los almorávides.

La explanada del castillo se transforma en mercado, el cerro se convierte en campo de tiro al arco, la gente se disfraza. Halima cantó en el pasacalles y yo junto con Flora y Fauna monté un puestecillo en el mercadito.

En el pasacalles descubrí que las mujeres de Almodóvar no saben ulular. Con tantas semejanzas como tiene la sociedad andaluza con la musulmana, estaba segura de que al lanzar mi grito ¡LULULULULULULÚ! todas las almodovareñas corearían con furor. Pero no, todos los almodovareños guardaron silencio y todas sus miradas se dirigieron al sitio de donde había salido aquél aullido. ¿Cómo es posible que las mujeres del pueblo no sepan ulular???? Me quejé amargamente a mi vecina unas calles más adelante. ¡Así que eras tú!! Se rió con ganas. Yo sí sé, me dijo, pero me pillaste desprevenida. Y me contó que durante una larga temporada, su familia recibió a una niña saharahui que venía a a pasar las vacaciones con ellos, y le enseñó. No es la única familia que ha recibido a lo largo del tiempo a niños saharahuis que vienen a pasar "vacaciones de paz" a España y eso me parece muy bonito.

Otro descubrimiento fue que, en realidad, soy una mujer medieval. Mi "disfraz" para el mercadillo, no fue sino mi ropa de sunna, mis pantalones bombachos y mis pañuelos de rezar. Yo me vestí como si estuviera en Chipre visitando a mi maestro, con todo y el turbante. JA. Es una maravilla que el medievo andaluz sea un crisol de culturas: judío, cristiano y esplendorosamente musulmán.

Me divertí mucho cosiendo y hablando con mis dos hadas cómplices. Me encantó participar en la fiesta popular. Se me ocurrieron un millón de ideas de actividades qué organizar con niños para aprovechar la riqueza cultural de este sitio. Saldo positivo.

El regalo de abril es la reunión de mujeres de los jueves. Algunas veces hemos sido dos, otras veces hemos sido hasta seis, pero el número de asistentes no importa. Lo maravilloso es tener un día en mi semana para preparar mi casa y dedicarle un par de horas a alimentar el corazón con cantos y oraciones. Es una suerte increíble tener tan cerca a más mujeres musulmanas dispuestas a reunirse con el mismo fin. De verdad, una delicia.

Mayo florido y hermoso
Ya va despertando ese furioso sol cordobés, aunque todavía alguna nube lo devuelve a su siesta. El cielo está lleno de golondrinas. El ciclo escolar ya declina (gracias a Dios), muy pronto estará aquí Ramadán y, con ello, cerramos nuestro ciclo lunar. Un año lunar de haber dejado México para trasladarnos de nuevo a España.

Ya no sueño cada día con nuestra escuelita de la selva y nuestros amigos, pero extraño mucho, muchísimo, mi tierra. Como antídoto mayo me ha regalado (hasta ahora, ¡y eso que va empezando!) reencuentros hermosos con personas de mi corazón.

El calendario avanza cumpliendo los ciclos y yo tengo muchas ganas de ver los momentos del año que nos falta conocer por aquí. De todas formas, ya estoy segura de que este es un buen sitio, alhamduliLah.

Imégenes tomadas de florespedia.com y localpaperalmodova.es

Friday, January 01, 2016

Luz

 

La mañana del 25 de diciembre abrí los ojos cuando la luz todavía era gris. Había algo nuevo en el aire. Salí de mi habitación, caminé de puntillas entre el silencio de la casa y salí al balcón. Abajo se extendía un mar calmo, el sol se desperezaba entre la bruma. Era evidente que había algo nuevo en el aire, una luz recién nacida lo llenaba todo, se podía oler y casi tocar en el aire. La tierra, el agua, el aire estaban completamente empapados de algo maravilloso, la esperanza se podía palpar. Se sentía como si alguien le hubiera dado la vuelta a una llave mágica y hubiera habierto de par en par la casa de las Bendiciones.


Sentí (y sigo sintiendo) que todos mis errores, desaciertos, negligencias habían sido borrados de un plumazo. Todo resentimiento, toda sensación de soledad, abandono, vergüenza, culpa, dolor, enfando se había esfumando. Se quedó sólo la sabiduría de haber pasado por ahí, pero de la cicatriz emocional ya no quedaba rastro. Me sentí, por tanto, libre y en pleno derecho de abrazar todo lo bueno: limpia, digna de formar parte de aquella luz. Y no solo me sentí "en posibilidad de...", me reconocí "parte de...", una con esa magia.

Sentí (sigo sintiendo) que no me hace falta feisbuc, juatsap, jotmeil, celular ¡nada!, ni avión, tren, coche, para ir en un segundo de España a Australia, de Autralia a Argentina, de Argentina a Malasya, de Malasya a Italia, de Italia al Caribe, del Caribe a San Francisco. Puedo hacerlo en un instante transportada por el cariño que me une a las personas de mi corazón.

Sentí (y siento) que la luz nació ese día de verdad entre nosotros, de forma totalmente real y plausible. Que el Mawlid y la Navidad que este año juntaron el calendario cristiano y el musulmán, no han sido simples celebraciones, rituales, memoria, alegoría, sino la pura verdad, el anuncio de la realidad más auténtica y que la presencia de los Grandes Maestros está a partir de ahora con nosotros, entre nosotros, codo a codo, completita.

¡AlhamduliLah wa shukrliLah! A partir del 25 he sido testigo de un milagro tras otro, pequeños milagros de andar por casa, y milagros maravillosos que cambian la vida de las personas que los reciben. Estoy llena de asombro y de agradecimiento. Es como si cada oración recibiera una respuesta inmediata y evidente. Es verdad que cada mañana ES en sí misma un renacimiento. Dice la tradición sufi que cada noche Dios toma nuestra alma y la guarda bajo su trono, para entregárnosla de nuevo por la mañana, lista para hacer frente a un nuevo día en la dimensión terrenal. Pero esta mañana en el especial del 25 de diciembre se sintió como si todo hubiera despertado conmigo para no volver a adormecerse más.

Así que ¡permanezcamos despiert@s! ¡Sigamos atent@s, cultivemos el cariño, cuidémonos, apapachemos a todo aquello que tenemos alrededor! Miremos hacia adentro, donde está nuestra conexión ¿con qué? Con el Amor, con la Felicidad, con Todaslasrespuestasquenecesitoparahacerdemividaunaobradearte.

Desperecémonos y acometamos el día a día con pequeño gestos en favor de la vida: comamos más sano, ensuciemos menos, seamos más amables (también con nosotros mismos), pongámonos en paz y busquemos a otros y otras con quienes ir haciendo en armonía. No dejemos pasar esta oportunidad. El mundo es nuevo y está ahí como un gran abrazo, listo para estrecharnos.



Foto tomada prestada de www.luimalaga.com

Sunday, November 08, 2015

Crónicas de Al Mudawar

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Verde que te quiero verde, te quiero verde mar
De la antigua ciudad de Cördoba hacia Almodóvar se extiende una cadenita de cerros y lomas, como un largo verso escrito en caligrafía árabe. Sus trazos suben y bajan, sus acentos son nubecitas, cigüeñas en vuelo, casas entre el verdor.

Desde allí, desde las inmediaciones de esos versos de árboles y roca, Almodóvar no parece un cerro, sino una isla surcando un verde mar, especialmente si la mañana tiende un manto de niebla sobre el valle. Ahí está la isla, con sus casitas blancas y sus tejados rojos, ahí se yergue el castillo en toda su fortaleza.

Este mar de olivos es de una belleza sosegada y persistente. Todavía no descubrimos los alrededores, pero sabemos que hay sendas de campo por dónde pasear, que hay cabreras y lecheros a la antigua, que hay huertos donde comprar las verduras frescas.

Soprendentemente en Córdoba, a 150 km de la costa, hay un Club Náutico. ¡Y está en mi pueblo! (risas). Porque pertenece a mi pueblo el Embalse de la Breña. El otro día tuvimos el placer de conocer a los patos que viven ahí y de encontrarnos con un rebaño de ovejas que no tenían empacho en alzarse sobre sus patas traseras para alcanzar las hojas de las encinas.

Almodóvar es como un laberinto, o mejor dicho, como un Juego de la Oca, todo subidas y bajadas, escaleras, rincones, pasadizos. Todo está a la mano: pescadería, panadería, heladería, cafetería, carnicería, frutería, tienda de abarrotes, bazar, papelería.Y debe ser el lugar más bendito de la Tierra porque toda la gente que nos hemos encontrado hasta ahora es AMOROSA. Los niños son nobles y saben jugar, los vecinos son abiertos y acogedores. Será el carácter andaluz o será nuestra buena suerte, en todo caso estamos muy agradecidos.



La Tribu
En el valle hay un castillo, junto al castillo hay un olivar, en el olivar hay una mezquita, en la mezquita hay un poeta, en el poeta hay una luz.

Con este cuento de hadas nos encontramos cada viernes, para la oración comunitaria, alhamduliLah. Y además del poeta que nos acaricia con sus palabras en el Jutba, hay toda una constelación de seres mágicos que flotan alrededor de la mezquita y confluyen también para el yumma. Seres capaces de materializar la Belleza en más de una forma: desde hacer "rosas" de manzana y hojaldre, hasta sembrar estrellas en un suelo de mosaico,  trabajar el metal y la piedra para convertirlo en joya,  contar cuentos con el cuerpo y tejer danzas para duendes pequeños y grandes, o sembrar los versos del Corán en el corazón de los niños y regarlos para que florezcan.

Yo no sabía, que en esta país no se reconoció el derecho de elegir libremente qué religión practicar hasta el 78. ¡Hasta el 78!!!! Amparados en ese nuevo derecho, un grupo de gente que en busca de la utopía había encontrado el islam, se reunió para ejercer su elección de vida de la manera más amplia y comprensiva posible. Para ello han trabajado y siguen trabajando con una entrega admirable por difundir las bondades del islam en España. Esos son nuestros vecinos.

Hasta este preciso momento el islam había sido para mí una cuestión totalmente íntima, de crecimiento y reconexión personal, en la que me encontraba con otros rastreadores de la Luz. Para mí el trabajo consistía únicamente en transformarme a mí misma, en la confianza de que eso ya impactaba de manera positiva en el lugar donde me encontraba y en las personas que me rodeaban. ¡Pero hay otra dimensión!

El último fin de semana de octubre (¡oh puerta de los mundos!) se celebró en mi pueblo un encuentro de mujeres musulmanas. Y ahí descubrí algo que se llama:

La Declaración de Orán
(http://www.webislam.com/articulos/96452-declaracion_de_oran_congreso_internacional_femenino.html)

Una mujer muy joven nos compartió este texto que es el resultado de un encuentro donde mujeres musulmanas de todo el mundo describen la situación actual y abren caminos que podemos andar desde nuestra espiritualidad para ayudar a sanar a toda la comunidad.

Es un documento completo e inteligente, propositivo y comprometedor donde resuenan las bases de un trabajo que me interesa desde hace muchos años: difundir, educar, recordar, cooperar, asociarse, trabajar desde la sociedad civil, trabajar cada una en el sitio donde está y con los demás. Y todo ello partiendo del trabajo personal: equilibrio interior, paz interior, salud interior, para poder procurar el equilibrio, la paz y la sanación de nuestras comunidades. ¡Bingo! Un enfoque integrador. Eso me da muchas esperanzas y me abre nuevos caminos.

De hecho estar en un sitio donde convivimos y compartimos con musulmanes de diferentes culturas y estilos me hace aprender muchísimo. Estar aquí, con esta gente, es una bendición.



El Sacrificio de Abraham
La última fiesta que celebramos en Madrid con nuestra familia sufi fue el Eid del Hajj, en el que se recuerda el sacrificio de Abraham. Quizá soy demasiado bovariana, pero para mí el hecho de venir aquí estuvo marcado por esa imagen: Abraham, el amigo íntimo de Allah, requerido para entregar a su propio hijo.

Así más o menos me sentí al tomar la decisión de llevar a mis hijas al cole nuevo. ¿Por qué tanto? Pues porque para mí significa depositarlas en manos extrañas, en un lugar desconocido, a sabiendas de que lo que se hace ahí con los niños no es bueno (no en este cole en particular, sino en las escuelas donde se trabaja desde los parámetros de la educación tradicional) ni para ellos como individuos en crecimiento ni para la sociedad. Sí, así de peleada estoy con la educación tradicional. Pero claro, son tiempos de integración, así que ¿qué nos va a traer la Vida más que lo opuesto, para que hagamos el trabajo de integrarlo?

Me puse, pues, a buscarle lo bueno al cole. Lo bueno desde luego son los individuos que lo constituyen. Personas de buena voluntad que (hasta donde hemos podido ver) aman su trabajo y se interesan genuinamente por el bienestar de los niños, y familias que aman al cole, muchas de las cuales han estado allí a lo largo de generaciones. También es muy positivo para las niña tener un ritmo diario que no está sólo marcado por mamá o papá, y de coincidir con otros niños de su edad. Es una ventaja asimismo, que se trate de un cole chiquitín de manera que mis hijas tienen amigos de todos los grados, algunos más pequeños que las ven con admiración y otros más mayores que las ven con ternura y las arropan. Desde luego también está el hecho de poder ejercitar su capacidad de adaptación y su habilidad de desenvolverse en el mundo sin su mamá (¡en algún momento hay que hacerlo, qué remedio!). Ni qué decir de la gran oportunidad para esta madre de aprender otras formas y desapegarse de su rígido discurso, abrir su mente y su corazón y darle una oportunidad, de verdad y desde el fondo, a lo nuevo con sus bondades y sus dificultades.

No voy a invertir mucha literatura en describir mi sentir trágico. Nada más voy a decir que en estas tres semanas de ver a las niñas ir y venir, de retorcerme escuchando algunas cosas y tratar de adaptar la vida en casa para contrarrestar los efectos nocivos de la educación tradicional (jeje), entendí finalmente de qué se trata el sacrificio de Abraham.

¿Por qué, pensaba yo, Allah que es todo Amor y Bondad, iba a pedirle algo así a un hombre de fidelidad probada como Abraham? ¿Por qué y de dónde habrá sacado Dios esta peregrina idea? ¿Qué debemos aprender las personas, y especialmente las personas con hijos, de este mandato? Y de pronto al ver mi situación, me di cuenta: uno no puede ser sólo padre o madre toda la vida. No hemos venido al mundo sólo a procrear, también hemos venido a co-crear, a re-crear.¿Cuántos años llevo dedicada casi en exclusiva a la crianza? ¿Y los dones que he recibido, son para el exclusivo disfrute de estas dos niñas?

Así pues, me di cuenta de que mis hijas tienen su propio destino y, ese, no está en mi mano. Una tremenda declaración para una mamá-gallina coruquienta como yo, que daría todo por tener a mis pollitas bajo las alas aunque les pase todos mis corucos.  Y que, más bien, ya es hora de invertir más tiempo y energías en las otras tareas que tengo en el mundo.

Es decir, que llegado el momento, cada ser humano debe estar dispuesto a entregar aquello que más ama en favor de su deber más alto en esta vida: su vínculo con su Señor. La suerte es que luego el Señor no te lo quita, sino que te lo cambia por algo más llevadero.

Total, que no renuncio a mi rol de madre. Seguiré procurando a mis hijas una dieta sana, un ritmo sano, un hogar cálido y ordenado donde puedan recargar su corazón y ordenar su espacio interior, cercanía, apapachos, cuentos, galletas, paseos. Pero sí renuncio a intentar elegir todas las experiencias que les toque vivir, renuncio a angustiarme por cada vuelta que dan sus vidas, renuncio a querer controlar todas las situaciones a las que se enfrentar. Elijo entregarlas, y que la Sabiduría trace para ellas el camino que necesitan. Por ahora se levantan diciendo que no quieren ir a la escuela pero vuelven contentas, contando todas las aventuras del día. Y el día que le dije a Halima que no iba al cole porque estaba mala, dijo que nanai ¡que ese día tenía gimnasia! Y tan contenta se largó.

También he renunciado a pedirle peras al olmo. En el cole ya no van a aprender la reverencia, el agradecimiento, la conexión consigo mismas y con lo sagrado como lo hacían en la escuela Waldorf. Ahora la tarea es mía. Y el camino es integrar todo eso en mí, vivir con la mayor plenitud posible la reverencia, el agradecimiento y la conexión, para poder transmitírselo a ellas en cada gesto y en cada palabra, ¡inshaAllah!

Ya veremos lo que se puede ir compartiendo y transformando a nuestro alrededor conforme vaya pasando el tiempo aquí en el Mar de los Olivos.

Tengo una sonrisa en la cara y en el corazón. El sol de noviembre es un regalo.

Wednesday, September 23, 2015

Mamá monstruo se lanza a la escuela en casa: Schooling, homeschooling, unschooling

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El inicio del curso escolar nos encontró sin saber dónde nos habíamos de establecer,  y por lo tanto, dónde deberían entrar las niñas a la escuela. Como pensamos que sería cosa, a lo más, de un par de semanas, decidí valientemente hacer escuela en casa y preparar a mis niñas para el cambio de una escuela Waldorf a una escuela normal.

Debo hacer aquí un apunte sentimental. Saber que mis hijas no van a poder continuar en una escuela Waldorf me parte el corazón. Después de conocer la belleza de un entorno Waldorf donde absolutamente todo está hecho con el máximo cuidado, buscando que el alma de los niños se sienta alegre y en paz, invitada a descubrir los secretos de la vida, me cuesta mucho trabajo. Imaginarme a mis hijas en un salón verdoso, adornado con dibujos feos sacados de series de la tele, con sillas y escritorios de plástico y alumino, frías, con niños gritones, y profesores ajenos e impositivos me estruja el corazón.

Aquí las niñas no pueden ir a escuela Waldorf, las dos tienen que entrar a primaria (eso también me descorazona porque a la pequeña le queda un año para tener dispoción de sus fuerzas vitales para terminar de contruir sus órganos, en vez de usarlas para aprender con la cabeza), y en España sólo hay primarias Waldorf a las afueras de Madrid. Son muy caras, están muy lejos del lugar donde podríamos vivir, y de todas formas, llevamos unas cuantas semanas con el pie en el estribo, esperando emigrar.

Total que preparé mi primera semana de clases, con temas para una niña de 3ero y otra niña de 1ero. Historias para cada una, actividades de hacer, pensar y sentir para cada una, combinaciones con salidas y cosas para hacer en casa. Me aprendí el verso y la canción de inicio, conseguí una velita para reproducir el ritual de inicio de clase de primaria que hacíamos en Ak Luum.

Arrancamos muy bien, pero después de dos semanas llegué a la conclusión de que el homeschooling no funciona para nosotros. Supongo que en parte es porque yo sí creo en la escuela.

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Schooling
Yo sí creo en la escuela. Creo que es sano para los individuos y para la sociedad que los niños aprendan en compañía de otros niños y (también) en compañía de adultos que nos son sus padres. Desde luego creo que hay condiciones para que la educación escolar sea verdaderamente sana:

El proceso de aprendizaje debe ser activo, es decir, el que aprende debe participar activamente con su cuerpo, su mente y sus sentidos en la construcción de su aprendizaje. Somos seres humanos, en consuecuencia seres creativos, por ello tenemos la capacidad de CONSTRUIR conocimiento, no somos simples botes donde echar información para su almacenaje. Quien DESCUBRE, tiene un vínculo personal con lo descubierto, porque a la hora de desvelar su misterio ya lo ha hecho suyo para siempre.

No sólo se aprende con la cabeza, también con las manos y el corazón. Para que un aprendizaje sea completo debe involucrar tres esferas: el hacer, el pensar y el sentir. Si el hacer y el sentir no se ejercitan al momento de aprender, el aprendizaje se queda cojo, hay dos tercios de lo que se quiere “aprehender” que se nos escapa. Y nosotros nos quedamos cojos también, como quien ejercitara solamente una pierna en lugar de ambas.

Se enseña y se aprende a través del amor. Los adultos que acompañan a los niños a aprender deben estar permanentemente en estado de amor y conexión. Hasta los siete años o incluso los ocho, los niños aprenden por imitación. Todo aquello que haga el adulto lo hará el niño. Todo aquello que viva dentro del adulto, aunque intente no expresarlo, el niño lo integrará. A partir de los 8 el niño aprende por amor a su maestro y más tarde, cerca de la adolescencia, por admiración. Si el maestro no es un ejemplo vivo de respeto, de cariño, de alegría, de resposabilidad, de voluntad, orden, todo intento de que el niño integre estas cualidades es vano. Sólo se conseguirá un remedo de ellas por medio de la fuerza, no de la inspiración. Y esto, desde lugo, no arraigará en el alma del niño.

La escuela debe ser suficientemente estructurada para ofrecer a los niños un orden claro que se tranforme en paz interior, y suficientemente flexible o abierta para poder mostrar a los niños la Vida. No se aprende (solo) entre cuatro paredes, se necesita también de la naturaleza y estar en los lugares donde la vida bulle y las cosas suceden, para poder descubrirlas y sentirse en confianza con la realidad.

El espacio donde los niños aprenden y conviven debe ser BELLO. La belleza es la condición natural del ser humano, estamos hechos de belleza, por medio de la belleza conectamos con lo mejor de notros mismos y con lo divino. Los niños (y también los adultos) NECESITAN un entorno bello que les ofrezca calidez y armonía para que esto se refleje y se establezca en su interior.

Las escuelas Waldorf son así o, por lo menos, aspiran a serlo. Los maestros Waldorf saben todas estas cosas y hacen un trabajo de transformación personal permanente para ser el mejor ser humano que pueden ser o, por lo menos, aspiran a hacerlo. Últimamente hay tendencias dentro de la educación Waldorf que sugieren que la escuela se ha rigidizado demasiado, que de seguir por este camino la escuela no será más el nido ideal para esta pedagogía, que hay crear nuevos modelos de revivifiquen los principios en los que se basa y les den nuevas dimensiones y nuevas alas. Puede ser.

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Homeschooling
Luego están lo que opinan que el sitio idóneo para aprender es la casa. Yo digo que depende de la casa. Nuestra experiencia empezó bien pero al cabo de dos semanas el material terminó regado pro el suelo, las niñas llorando, una de ellas trepada en la chimenea y la voz de mando amenazando furibunda “¡como no te bajes de ahí te quedas sin derecho a sacar libros de la biblioteca!!!”. Educar con amenazas, el antiwaldorf total.

La experiencia me llenó de preguntas ¿cómo se hace para motivar a los niños al trabajo cuando no hay otros niños con quienes compartirlo? Ya se sabe que “el trabajo comaprtido se convierte en diversión”, y compartir el trabajo sólo con mamá no es tan divertido, especialmente si mamá tiene que ir de una niña en otra guiando la actividad.

¿Cómo se atienden las necesidades de dos o más niños que deben aprender diferentes cosas con diferentes métodos según las necesidades específicas de su edad, ¡al mismo tiempo!?
¿Cómo se supera la frustración ante el fracaso sin un grupo de niños alrededor que sirva de ejemplo y apoyo: los que tienen las mismas dificultades, los que tienen otras dificultades, los que lo están haciendo sin problemas?

¿Cómo se desarrollan habilidades sociales y sentido de colaboración sin otros niños para jugar, trabajar, pensar, hacer equipo? ¿cómo desarrolla la autorregulación cada niño sin contar con la regulación del grupo (ahora es momento de tejer, y todo tejemos, ahora es momento de comer y todos comemos, etc)?

¿Cómo se contagia de entusiasmo sin otros niños que se entusiasmen al unísino? ¿cómo le das a las cosas su tiempo de entrar y asentarse en la conciencia por medio de la repetición si sólo tienes un niño para repetir las cosas una y otra vez?

Y sobretodo ¿cómo se supera la figura materna y todas sus sombras para convertirse en ese ser de luz que debe ser la maestra? Estando en la escuela es fácil centrarse y pensar que uno va a estar dos horas en su ser más luminoso, consciente y amoroso mientras da su clase. Pero hacer escuela en casa supone que se anulan todos los vicios de la relación casera y se pone en juego una relación más clara y despejada.

Supongo que la cuestión de fondo es, que tratar de estar centrado y en su sitio más luminoso no puede ser como tomar aire y soltarlo dos horas después cuando acaba la clase, sino estar desde un lugar más verdadero, y por lo tanto más cómodo y natural, en nuestra luz (por decirle de alguna manera).

Lo más angustiante es tomar conciencia de una manera tan palpable, que aunque no hagamos homesechooling, las mamás y papás somos los primeros maestros de nuestros hijos, y no sirve de nada tener para ellos palabras ejemplares, es absolutamente necesario que tengamos integrado hasta el tuétano todo aquello que queremos que aprendan e integren. Es mi intención, pero todavía estoy muy lejos de lograrlo.


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Unschooling
Obviamente con tantas preguntas, no podíamos hacer menos que deslizarnos suavemente hacia el “unschooling”. No tenemos programa, no tenemos ritmo fijo, excepto algunos momentos necesarios para el funcionamiento del hogar. Tenemos viajes, tenemos biblioteca, tenemos pequeños proyectos de manualidades como tejer con los dedos, tejer con agujas y ahora coser, tenemos excursiones al bosque, tenemos salidas de patinaje, tenemos clases de caballos.

¿Será ésta la solución de la educación en casa? ¿No proponerse un programa ni un ritmo, no programar actividades ni aprendizajes específicos para cada edad, sino aprovechar el flujo de la vida para que cada niña vaya aprendiendo de cada experiencia? ¿Y eso como se puede “sistematizar” es decir, asentar en la conciencia? ¿O eso tampoco es necesario, tener un producto final, una memoria que te recuerde lo aprendido, que puedas consular en caso de necesidad?

Supongo que si vives en una granja, con toda tu familia extensa, donde los ritmos se marcan de manera natural y el trabajo tiene un sentido concreto (el gallo canta y toca levantarse, la vaca necesita comer y hay que cargar la paja, el corral necesita limpiarse y hay que hacerlo…) los niños van descubriendo y aprendiendo por sí mismos y luego sólo hay que complementar con observaciones concretas que completen su experiencia. Pero yo no vivo en una granja, no tengo tan a mano a mi familia extensa, ni la espiritual  ni la de sangre, y soy una persona demasiado rígida para poder vivir y sentirme satisfecha y en paz con semejante método o des-método.


Finalmente el hecho de llevar a las niñas a una escuela tradicional supone un tremendo esfuerzo de fe. Mi reto es confiar en que si tienen que ir a una escuela feocha (lo siento, para mí todas las escuelas que no son Waldorf son feochas hasta ahora) es porque ahí encontrarán algo que necesitan aprender. Confiar en que aún pasando la mitad de su día en un lugar carente de belleza y armonía serán capaces de descubrir en su propio espacio interior la belleza y armonía de sus almas. Confiar en que quizá, hoy por hoy, lo que todos necesitamos aprender es descubrir la belleza escondida, ahí donde se le pueda encontrar. Confiar en que estarán protegidas y rezar porque, al menos, les toque un profesor o profesora conectado y consciente. Y confiar en que tener que desprendernos de la tan amada pedagogía Waldorf, es una lección de desapego y apertura que necesito aprender. Insha’ Allah.