Sunday, May 01, 2005

Nota roja

Ayer tiraron la casa que me gustaba. Estaba a la orilla del camino. Era vieja. Por sus ventanas se asomaban flores y manojos de hierba despeinados, verdes y amarillos enloquecidos por el aire. Entre el desierto de naves industriales y fierros nuevos era el único atisbo de pasado que nos quedaba. Parecía hecha por el hombre, ladrillo sobre ladrillo, casi con cariño. Tenía vigas fuertes de madera sosteniendo el techo de teja. La garra de una máquina enorme la destrozó a zarpazos mientras le apuntaba con la luz de una electricidad desoladora. No pudo hacer nada para defenderse, ni yo tampoco. Esta mañana encontramos sus restos sobre el campo de amapolas en el que descansaba.

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