Tuesday, June 21, 2005

Luciérnaga

Hace tiempo escribí esto sobre mi hermanita (la única de sangre, porque tengo otras muchas adoptivas):

Lucía se desmayaba con el olor a hospital. Diez años de tener una madre enferma hacen eso. Se fue del norte porque lo encontraba imposible de abrazar y en la capital estudió Pedagogía, eso también por influencia de su madre. Un día empezó a encontrarse bien en los hospitales, tal vez de tantas horas de acompañar a Juan mientas estaba en coma. Otro día descubrió que armada con una nariz roja y una bata de doctor podía curarle el ánimo a los enfermos. Desde entonces es payaso de hospital, o dicho más correctamente “médico de la risa”. Al principio fue duro pero poco a poco ha aprendido que donde no cabe la risa cabe la caricia y que cuando todo pasa se vale llorar.

Y antes, como parte de una letanía de hermanas, había escrito esto otro:

Lucía vaivén de flores,
colección de alas,
concha
pan dulce
¿qué decirte a ti
brillo
luz en ti misma
huracán ráfaga refuego?

Difusa y clara
complejísima
amada hermana
Lucía de la panza fría
Luciana
memoria
¿tú contarás nuestra historia?


Cuando pienso en ella lo primero que se me viene a la mente es un cuento para niños, algo como:

Cuando era pequeña le gustaba ponerse el plato con huevo de sombrero y correr por los pasillos al ritmo de sus pañales. Parecía una oruguita satisfecha y gordinflona. Luego le salieron resortes en las patas y cola de chango, con lo cual andaba todo el día colgada de los árboles, de los columpios, de las lámparas. Más tarde las patas se le pusieron peludas y blanditas y se convirtió en osito. En ese entonces todavía me daba calor que se me encaramara durante horas y horas. Hasta que por fin se convirtió en lo que estaba llamada a ser: una hermosa luciérnaga, una luna con alas, una princesa caramelo. Ahora podemos hablar y hablar durante horas, cantar canciones, bailar, dibujar, jugar, inventar cosas, llorar juntas, y cuando estamos lejos una de la otra, mi hermana, que es dueña de la luz, lanza señales que cruzan el mar y la tierra, alumbran mi corazón e iluminan mis sueños. ¡Mi hermana es la mejor del mundo!

Me lo imagino con pasta dura y hojas brillantes, letras grandes e ilustraciones de colores que den mucha risa.

Definitivamente, si algo tengo que agradecerle a la vida (bueno, y a mi mamá y a mi papá), es tener una hermana como la mía. La quiero tanto tanto que a veces no he sabido cómo quererla (entrarle a mordiscos no siempre es lo más conveniente). Pero ella sigue ahí, luminosa, reídora, poderosa, poniéndole azúcar a mi vida. ¡Te quiero germana, feliz cumpleaños!

2 comments:

La lluvia verde said...

¡¡¡¡BUAAAAAAAA!!!! ¿De verdad que así me ves? Ahora sí que me siento famosa e importante por que Mariana la grande la que me pasaba el lonche por la reja del kínder y sabía hacerlo todo bien escribió algo de mi y se lo enseñó a todo el mundo... ¡BUAAAAA! Te quiero abrazar, kermit... te amo mucho muchísimo con locura y gracias por tu amor, que no sólo es lo mejor que quiero recibir de ti, sino que además lo envolviste en palabras hermosas. Besos y todo mis besos hermanísticos y eternófilos para ti.

yadivia said...

¡¡Hola Mariana!!, ¡¡Felcitaciones a la lejana Lucía!!. Y para sumarme, recuerdo que hace años publiqué un cuaderno de relatos, uno de los cuales (Piel adentro) está dedicado "a Lucas... ".
Quizá nunca lo supo. El texto seguramente andará cumpliendo unos 10 años. Un abrazo a ambas.