Cambio el cuaderno de notas y la libreta con dibujitos por la página electrónica. Experiencia, experimento, experimiento. La libreta de mis sueños la seguiré guardando en mi cajón, pero aquí trazaré (trataré) la crónica de mis ensueños.
Saturday, January 14, 2012
Crónicas benghazianas 2
¡Oh, la familia!
Y, como tenía que ser, la familia siempre quiere meter su cuchara. Que Fati es demasiado grande para seguir tomando teta, que ya va siendo hora de que tengamos otro bebé, que Mahmud necesita un niño. -¡Si ya tienen por aquí un montón de niños guapísimos!- contesto disimulando mal mi cabreo, -¿para qué quieren más? Si Mahmud necesita un niño ya puede conseguirse otra esposa. ¡No no, Najmah, Najmah! Dicen mis cuñadas a coro. Son adorables.
Vivir rodeados de familia y bajo la consigna de que los niños son de TODOS (todos los vigilan, todos los miman, todos los regañan), tiene que hacer mucho más fácil y feliz criar unos cuantos bebés. Luego me enteré de que cada una de mis cuñadas Y CONCUÑAS han venido a instalarse en casa de Amal cuando han parido, y todas las demás mujeres han estado por aquí ayudándolas y atendiéndolas como reinas. ¡La lotería!
Definitivamente, eso de tener hijos se vive aquí de una manera muy distinta. Y sospecho que no es sólo una cuestión cultural sino de puro karma: a mis cuñadas y concuñas sus madres no les dijeron que pusieran su departamento de solteras y tuvieran plantas en vez de hijos, no se casaron con el único hombre libio al que no le gustan los bebés, y no tienen toda la nebulosa intelectual que yo acumulo en relación con la maternidad Y paternidad.
Unos días más tarde llegarán Alí y Naima de Breiga con las niñas ¡finalmente las primas! Lo primero que le dice Ummi a mi concuña la ginecóloga, nada más sentarnos a la mesa, es que me dé la charla sobre lo importante que es dejar la lactancia ya en este minuto. Pero ella es muy bien educada y sólo pone cara de circunstancia y me dice: Ummi quiere que dejes la teta ya. Su prudencia no evitará que un poco más tarde me señale que Fátima está demasiado delgadita para su edad y me sugiera que le de más de comer ¡los doctores nunca dejan su oficio!
Estas son las cosas que padecen mis amigas del club de crianza radical en España, pero ¿son las mismas cosas, el mismo amor apasionado, las mismas risas locas, la misma sensación de pertenencia y seguridad lo que disfrutan a cambio?
La ciudad y la posguerra
Una constante en los días que han seguido a nuestra llegada son las disculpas: antes esto estaba limpio, pero desde la guerra…, antes esto funcionaba, pero desde la guerra…, antes había mucha gente trabajando aquí, pero ahora… Yo lo que noto a pesar de todo ello (¿o en todo ello?) es una armonía subyacente, una belleza que no sabría explicar. Es quizá la belleza de la sencillez, de la realidad desnuda. Y una buena vibra en toda la gente, se deja sentir una especie de hermandad, de fuerza poderosa, como una chispa que danza entre los benghazianos. Tienen un amor impresionante por su tierra, y se nota.
Más que lo que ha dejado la posguerra, me sorprende el estado de abandono de la ciudad entera, los proyectos que se cancelaron a penas comenzar y que cierran zonas enteras de lago o de playa o de área verde, la falta de mantenimiento. Parece como si Benghazi hubiera sufrido un maltrato sistemático durante los últimos años, como si detrás de cada acción gubernamental hubiera la mala intención de eliminar la belleza y sembrar el descontento entre los habitantes. En todo caso eso es lo que dice la gente.
A pesar del ensañamiento, hay sitios que han conservado toda su magia a través de los años: un faro MARAVILLOSO (creo que es mi lugar favorito hasta ahora) que acumula el maqam (mausoleo) de un santo por un lado, un cementerio antiguo por otro lado y un yacimiento arqueológico por abajo. Hay también un edificio antiguo reconvertido en museo, una catedral con unos jardines muy bellos, las orillas del lago, un parque familiar ¡sobre un cenote! Y, como en todas partes, ciertos rincones mágicos y entrañables. ¡El mar! ¡El mar omnipresente!
Como residuo de la guerra queda la falta de liquidez, la gente hace colas de horas y muchas veces regresan a casa sin haber podido sacar su dinero. Familias de las ciudades vecinas que sí sufrieron todo el fragor de la guerra instaladas en viviendas provisionales. Carros de combate abandonados a las orillas de algunas carreteras, más toda la parafernalia revolucionaria formal e informal (desde anuncios panorámicos con fotos preciosas hasta graffitis ingeniosos y caricaturas callejeras).
Se cuecen aparte los retratos de los mártires colgados por toda la ciudad. En sus casas, en las puertas de sus edificios, en los coches de sus familiares y amigos. Pancartas gigantes o posters con la foto del caído en uniforme, o traje de calle y en algunos casos también la foto post-mortem, desgraciadamente. No me gusta eso de andar viendo muertitos. No sé si es arreglo funerario pero en todos los casos los muertitos sonríen. Su nombre, su edad, su profesión. Casi todos son unos críos. En nuestra calle hay dos manta gigantes. Se me estruja el corazón. Pero aquí viven con eso, y han sobrevivido a años y años de mártires sin foto, de viudas y huérfanos sin reconocimiento.
La tierra, la tribu
Yo no lo tenía muy claro, pero resulta que tenemos un cacho de tierra compartido con el resto de la familia. ¡Un cacho de tierra, nuestro, con sus higueras, olivos y granados, con su pequeña ruina, su depósito de agua, su horno de pan!
Antes de que mi suegro nos dejara, la familia venía aquí todos los fines de semana a hacer picnics y pasar el día. Ahora lleva muchos meses abandonado. Sentí bonito que mis hijas tengan un trozo de tierra suyo suyito, sentí bonito saber que de este lado del Mediterráneo tenemos algo “nuestro”.
A la vuelta del paseo nos esperaba otra comida familiar, el viernes es día de descanso para todo el mundo y Hajja Selima lleva dos días cocinando para darle gusto a su m’hijito. Estaban todos y todas menos los de Nwara que ya es una matriarca en sí misma. Tres platos: sopa, tripas rellenas y arroz con salsa. Dos salones: uno para los chicos, otro para las chicas. Luego té para todos juntos, si total estamos en familia. Claro que todas llevábamos el pañuelito reglamentario ante la presencia del marido de Mana. Mis cuñadas van siempre sin hijab, mis concuñas no se lo quitan y según esta lógica yo sentí que lo mejor era dejármelo puesto también.
Hace un par de días, sin embargo, me pillaron por sorpresa. Estábamos en el preciso salón de Amal con Nwara y sus hijos. Yo me había lavado la cabeza y no me había puesto más que una banda gorda que medio me tapaba los pelos. De todas manera sólo estaban mis sobrinos, algunos muy mayores y muy casados que no sé si entran en la categoría de “hombres” o siguen siendo “familia”. Total que de pronto un pequeño revuelo anuncia a Tiyani, el marido de Nwara.
Qué contentas se ponen mis cuñadas, dije yo, será que lo quieren mucho o que es una institución familiar. De pronto veo a Mana que, con una bufanda mal envuelta cubriéndole toda la cabeza y el cuello, me presentaba a un Tiyani un poco incómodo o sorprendido. Luego Amal con su pañuelo de rezar y Leyla con su trapito fashion de calle. Cuando salí con Fátima en brazos me di cuenta de que llevaba el pelo prácticamente al aire, y que era la única.
Nwara tiene tres hijas como tres soles. PRECIOSAS. Y unos cuantos nietos. Y un par de hijos casaderos. Además tengo una pandilla de sobrinos adolescentes y me encanta ver cómo juegan con los pequeñines, cómo los protegen, los atienden, les gastan bromas. Halima y Fátima todavía se sacan de onda con el griterío de las reuniones. Yo me siento como en sábado comiendo con los Lobatón. Me gusta, lo disfruto. Me siento en casa.
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1 comment:
BRR.As salam aleykoum Najmah!Bienvenid@s a España ! Alahmdulillah que hayais disfrutado tanto, q bonitas fotos con tantos contrastes ! Muchas gracias por estas crónicas, me han encantado !jejeja, con el hijab !!! y el ambiente femenino, jajaja!!Muchos besos e Inshaa Allah pronto nos vemos.
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