
Cambio el cuaderno de notas y la libreta con dibujitos por la página electrónica. Experiencia, experimento, experimiento. La libreta de mis sueños la seguiré guardando en mi cajón, pero aquí trazaré (trataré) la crónica de mis ensueños.
Monday, June 14, 2010
Señoras y señores, llegó la hora

Sunday, June 13, 2010
Ésta es la mía
Saturday, June 05, 2010
Laura, Jean, Isabel, Julia y Julie o ¡viva la tarte tatin!

papilas. El próximo plato del menú es La ninfa inconstante de Cabrera Infante. Y van directo al blog las recetas de la France ¡Salud!
Monday, May 31, 2010
Mamás poderosas parte II: el diker
La primera vez que estuve en Chipre llegamos justamente a la hora del amanecer. Nos instalamos en la mezquita de la Guest House para no andar revolviendo entre la oscuridad. Khairía ya guiaba la oración, y parecía que los mismos ángeles habían bajado del cielo a rezar el fayer entre nosotras.
Sunday, May 30, 2010
Friday, May 28, 2010
Mamás poderosas parte I

¡Triunfamos!
Todavía no hacemos la "evaluación" todas juntas, pero creo que quedamos muy satisfechas. En cuanto a mí, me dio muchísima satisfacción idear una forma de trabajar poesía para bebés en el rincón de los cuentos, me encantó. Salió hasta mejor que los cuentos de los mayores (en la última sesión Hali se dedicó a sabotear el cuento, grrrr).
Vino mucha gente, se formó un ambiente muy bonito, los talleres estuvieron de lujo, tuvimos colaboradores estrella como una pareja que trajo información sobre cosmética natural y cositas para vender; Cristina la profe de Hali que presentó un teatrillo, Carmen de Lupiana que llegó a última hora con bizcocho casero y una tonelada de nocilla casera (¡quiero la recetaaaaaa!). La gente se veía contenta y relajada. Creo que logramos montar un verdadero espacio para compartir.
Me gustó mucho ver a los papás de nuestros hijos acompañándonos y apoyándonos, y sobretodo me gustó haber trabajado con las chicas y haber logrado juntas algo tan pero tan bonito. Me hubiera gustado ver también al resto de las chicas de la asociación, a las de Cabanillas, Guadalajara, que hubieran compartido con nosotras nuestro primer evento público. Seguro que habrá más ocasiones para invitarlas a nuestro "rancho".
Creo que nos quedamos con la ganancia de habernos acercado más entre nosotras, de ser un poquito más amigas que antes. Y, claro está, con muchos aprendizajes prácticos para futuras ocasiones.
El diker de mujeres lo cuento en el próximo post para ponerles ahora algunas fotitos.
Sunday, May 23, 2010
COMIDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
La comida en Lefke está llena de bendiciones (baraka). Hablo, por supuesto, de la comida que viene de casa de Mawlana. Claro que los kebabs a las brasas y demás gusguerías turcas también están riquísimos (pregúntenle a Hali por los helados de pistacho). Pero la comida del Sheik es otra cosa.
Para empezar viene toda de huertas locales. Llega por cajas al patio central de la casa desde donde se distribuye a la mezquita, a la casa de las mujeres y a la de todos los demás naqshbandis del pueblo. Mawlana provee a todo el mundo. Comemos lo de la estación. Esta vez fueron coliflores, deliciosas, cocinadas de todas las maneras imaginables e inimaginables. A veces resultaba increíble que aquéllo también fuera coliflor por el sabor y consistencia que habían logrado darle. Todo se aprovecha. Para ello hay mil recetas y maneras de hacer.
Luego está la preparación. Antes, cuando vivía Hajja Amina la mujer de Mawlana, ella misma cocinaba para todo el mundo (qué regalazo). Ahora siguen cocinando un puñado de mujeres muy especiales. Hay un montón de pequeñas enseñanzas sufis sobre el momento de cocinar: estar en estado de ablución, recitar (canturrear como hago yo) nombres divinos o pequeñas oraciones melódicas, revolver siempre en contra de las agujas del reloj, usa la mano derecha. Quizá por eso el tiempo se detiene mientras saboreas una sopa en el patio de Mawlana o sentada en un sofá de la Guest House.
Y finalmente viene la forma de comer: siempre con agradecimiento ( y eso quiere decir comerlo TODO sin remilgos lo cual pone de nervios a unos cuantos), despacio, poniendo atención a la comida, haciéndole honor. Siempre se reza al comenzar y al terminar, y se toman unos granitos de sal en recuerdo del Profeta (la paz sea con él), que enseñaba que ese simple gesto nos protege de 70 enfermedades. Yo le creo.
Mawlana dice que comer nos quita muchísima energía (y cualquiera que ayune puede comprobarlo), por eso en Lekfe se come dos veces al día: un gran, GRAN desayuno a media mañana y una buena, BUENÍSIMA cena después de la oración del crepúsculo. Se empieza siempre por sopa en la que se echa el pan duro, y luego siguen guisos de verduras, a veces con un poquito de carne para saborear; pasta, arroz, bulgur u otro cereal, ensalada (una vez comí una que era puro cilantro fresco con limón, sal y aceitito ¡SUCULENTA!) y si hay suerte una probadita de postre.
Por lo general el desyuno se hace en la Guest House y la cena en casa del Sheik. Se montan tantas mesas como haga falta bajo los soportales del patio y ahí se acodan turcas y alemanas, americanas, europeas, asiáticas, africanas a presenciar el milagro de los panes y los peces una noche tras otra. ¡Subhan'Allah! Yo me sé el secreto: antes de servir cada cucharón hay que decir BismiLah a Rahman i Rahim. Magia: la sopa que habías hecho para 15 alcanza para 25 y a lo mejor hasta sobra.
Halima se comió toda la sopa que en casa no quiere ni ver. Y yo ni les cuento. Cuando estoy ahí me entra una voracidad impresionante. Sólo comparable a la de los primeros meses de embarazo. Puedo comer y comer y COMER. No me canso. Es como si mi cuerpo (y mi alma) quiseran aprovechar todas las bendiciones de la comida, todo el alimento físico y espiritual que tiene.
De este viaje volví con unos cuantos rollitos de más. Y es porque ADEMÁS de las suculencias del Sheik, tuvimos las suculencias de la abuela, que un día sí y otro también nos preparaba deliciosa comida libia, especiada, picantita. Un día se salía a recoger hojas de parra con Halima y al día siguiente nos las servía rellenas de arroz. Un día volvía de casa de Mawlana con alcachofas y, ya saben, el día de después tremendo guiso (luego les pongo la receta en el blog de cocina).
´
Durante los días que estuvimos en Lefke no tuve necesidad de vitaminas, hierro, algas ni ninguna de las mugritas nutricionales que me tomo en casa. Nada más llegar a Azuqueca tuve que atorarle otra vez a las pastillitas porque me caía. La comida de aquí no alimenta. Será que está genéticamente alterada, será que le falta la baraka. Será el sereno pero yo llevo 10 días muriéndome de hambre. Nada tiene el sabor de Lefke.
Este relato continuará...
Monday, May 17, 2010
Lefke, el lugar de mis nostalgias
Por fin, Lefke y la vida lefkiana
Y volvimos de Chipre. Hacía por lo menos dos años que no iba y tenía ya una sed tremenda de encontrarme con ese lugar y esas personas. Sobretodo con Mawlana Sheik Nazim, nuestro maestro.
Lo preparamos todo con mucho cariño y mucha precaución, previendo todas las situaciones posibles, lo que dio lugar a CUATRO maletas y tres mochilas de mano entre regalos, ropa, botiquín, cosas de aseo, etc. Lo divertido es que llegamos nosotros pero nuestras maletas no. JAJAJAJAJAJAJAJA. Gracias a Dios que entre las mochilas había un cambio de ropa para cada una. Al día siguiente nos duchamos, nos pusimos EL cambio de ropa y a lavar el usado, a mano, en el jardín de casa de Naíma y Malika donde nos hospedamos. ¿Angustia? No ¿Frustración? No ¿Pereza? No ¡Liberación!
¿Que no tengo desodorante? Pues limoncito en las axilas. ¿Que con qué nos lavamos el pelo? Con jabón de manos. ¿Que cómo sustituímos el antibichos? Nos untamos con aceitito de oliva de la cocina. ¡Oh felicidad! Denme un barreño y una cuerda de tender con harto sol y jardín de por medio y puedo hacer maravillas. Viva la vida sencilla, viva hacer las cosas con mis pripias manos y mis propias piernas, viva involucrar a mis pitufas en mis actividades esenciales y no estarme quebrando el coco con actividades específicas para niños.
Claro que luego llegaron las maletas y también me dio gusto ponerme mis garritas y aderezarme con mis cosas. Pero se me quedó la sensación de que si quiero una vida más sencilla, más modesta, más sana, más fácil, más real, no me hace falta irme a vivir a un pueblito sin servicio básicos, lo que necesito es empezar por acomodar mi casa y mi forma de vivir a ese estilo, al estilo "lefkiano". Insha'Allah.
Encuentros y hadas cantarinas
Lefke es un sitio de encuentros maravillosos, porque en el fondo, cada uno va a encontrarse consigo mismo, con su ser más profundo (porque Dios permanece como un tesoro oculto en el corazón del hombre, en este caso, de la mujer). Las personas, situaciones, circunstancias que se presentan están ahí para que cada uno pueda hacer ese trabajo.
Llegan y se van todos los días personas de todo el mundo. Esta vez había gente de Sudáfrica, Argentina, Turquía (las turcas son famosas por su contundencia), Alemania, Italia (divinas, tan afines a las españolas pero con su saborcillo particular), Rusia, y una buena panda de españolas, entre ellas Samia y Saída que vieron nacer a Fatimuchis. Nosotros íbamos en familia a encontrarnos también con mi suegra y mi cuñada Amal.
Esta vez, para facilitar la cosas y tener un espacio de intimidad familiar, no nos quedamos en la Guest House (la casa de las mujeres)sino una casita de alquiler con un jardín que parecía el paraíso: una huerta virgen que explorar y disfrutar.
Hace seis años, cuando estuve por primera vez, me impactó especialmente la imagen de una mujer bellísima, alemana, que mientras preparábamos algún desayuno acodadas en una mesa baja cantaba una melodía punzante por su belleza y suavidad (all I ask is be with me, be with me while I still alive, love, love, mmmmmm, mmmmmm). Había estado casada con un pakistaní y había vivido veinte años en Pakistán.
De pronto, mientras tomaba un té con menta del jardín en el patio de casa, la vi aparecer. Era como un sueño. Con sus ojos azules y su sari blanco. Su misma voz, su misma expresión amorosa. Me levanté inmediatamente para saludarla y aunque me parecía ridículo le conté que nos habíamos encontrado allí hacía seis años, que en aquél entonces yo me acababa de casar y que ahora tenía estas dos niñas. ¡Se acordó de mí! Nos abrazamos con mucho gusto y tuvimos ocasión de hablar más veces porque resultó que una de sus hijas se hospedaba en nuestra casa. A partir de ahí estuve todo el tiempo tarareando la cancioncilla y su hija recordó habérsela oído a su madre (no pueden imaginarse la belleza de esa chica mitad pakistaní mitad alemana). Otra noche, tomando juntas una té, le pedimos a la mamá que nos la volviera a cantar. Hacía años que no lo hacía. Pero nos cantó y fue hermosísimo, emocionante hasta las lágrimas ver el camino andando desde entonces y la felicidad que nos ha traído. Masha'Allah.
Entre las ramas ardían las ascuas de las narajas (A. Reyes)
Para mí Lefke es la tierra de mi renacimiento. Y me maravilla lo mucho que llega a parecerse a la tierra de mi nacimiento, a mi Monterrey. El vínculo mágico son las naranjas. Lefke está lleno de naranjos y limones. Yo me acerco a uno y me acerco a todos, el naranjo se me volvió el árbol de la añoranza porque los de Chipre son iguales a los de Nuevo León, y una huerta en Lefke me transporta a otra en Allende o Villa de Santiago.
El Chipre turco tiene montañas resecas, de matorral, aceras inclementes, soleadas hasta su madre, palmeras esporádicas, terrenos baldíos; es áspero. Pero luego tiene esos oasis como los que tiene Nuevo León.
Cuando estoy ahí me siento en casa. No sólo que me sienta cómoda, sino que mi corazón está en paz, está en su sitio. Siento la casa de Mawlana como sentía la casa de mi abuelita eMe: mía, propia, como si tuviera toda mi información kármica, genética, energética grabada en sus ladrillos, entre sus cimientos, colgada de sus vigas. No es mía mía, hay que andar con respeto. Es el lugar de la veneración, de admirar lo que soy y amar lo que soy y ver con amor y esperanza lo que puedo llegar a ser.
A veces me resulta incomprensible esa dualidad: ser de un clan genéticamente y de otro espiritualmente ¿cómo, dónde se junta mi mexicanidad, mis montañas, mi maíz, la voz de mi madre, los brazos de mi padre con la luz y el mar de Chipre, con los pasos de Mawlana, con sus enseñanzas y las de sus maestros, con ese amor y esa luz intensa que sale de su casa? Los maestros de nuestra tariqa se me aparecen en el corazón como abuelos: soy del daghestán, de siria, de irak, de uzbequistán así como soy de monterrey, de méxico, de pachuca, de yucatán, de francia, de españa.
Este post se hace muy largo y Fátima despierta, así que luego sigo con la crónica. A ver si logro ponerles unas fotos.
Sunday, April 25, 2010
El resto de la receta
5. Elogios: "qué bien" no es suficiente
Además se supone que en lugar de invitar a los niños a que sigan con lo que tan bien están haciendo, les cortamos el camino.
Aplicación:
hacer elogios descriptivos y no evaluativos, o sea, decir lo que veo y lo que me hace sentir. No identificar al niño con sus acciones, evitar etiquetas.
Ejemplo:
(del libro) una niña trae a enseñarme un dibujo. Si le digo "qué bonito" ahí se quedó el dibujo. Si le digo: veo una hoja llena de colores tan alegres que me dan ganas de sonreir, o mejor, veo una fiesta de colores que me hace sentir muy muy feliz, entoces la niña correrá a seguir dibujando.
Se supone que así no sólo mostramos nuestra aprobación sino que actuamos, nuevamente, como un espejo: le damos a nuestros hijos elementos sobre la realidad.
Calificar las acciones y no a los niños tampoco parece fácil puesto que habría que cambiar "qué rápido eres" por "qué rápido corres" o "qué lista" por "así que sabías cómo abrir esa puerta aún sin las llaves".
Ni modo, a gastar el vocabulario.
6. Corretivos: resaltar su mejor parte y reconducir la peor.
Como en el caso de los elogios "está mal" no ayuda mucho, sirve más ser minucioso en las descripciones, no evaluar y no identificar. Además las autoras recomiendan tratar a nuestros hijos como si ya fueran lo que pueden llegar a ser.
Ejemplos:
El más obvio: no decir cosas como "eres una cerda" sino "tu habitación está cerda".
(del libro): un niño tiene problemas en el cole por su mala letra llega frustrado a su casa. Su mamá resalta lo que está bien de su letra (es bastante grande) y le da ideas de cómo mejorar el resto (trata de hacerla uniforme, que se inclinen todas para el mismo lado, etc).
Y uno sobre el trato "aspiracional" (si es que lo entendí bien): usar mejor aquello de "seguro que con esos deditos tan hábiles puedes desenredar estos lazos" en vez de "mira lo que has hecho, vaya maraña, a ver cómo lo arreglas ahora"
7. Límites: el adulto es que toma las decisiones y el niño el que las acata
No hace falta que los niños evalúen las decisiones de sus papás ni que compartan el proceso de tomarlas. Tampoco necesitamos su autorización. Para hacer las cosas más fáciles podemos:
Dar opciones en vez de amenazas (no se juega al balón en la casa, o sales al jardín o lo guardas). Claro que falta que el niño haga caso, pero si él no actúa entonces actúa el adulto: coge el balón y lo guarda.
Palabras mágicas: cuando estés lista, cuando esté lista. (Hali nunca se quiere lavar el pelo, así que ahora le digo: Hali, prepárate porque voy a lavarte el pelo, cuando estés lista me avisas. Y sí me avisa. O cuando estoy enfadada y ella quiere que le cuente un cuento le digo: ahora no tengo humor para contar cuentos, cuando esté lista te lo contaré ¡liberador!).
En este punto también tengo una nota importante: no necesito la autorización de mis hijos. Y la cita del libro "El placer del niño no debe ser a costa del sufrimiento del padre" (p.171) Que se relaciona con aquello de aprender a distinguir lo que los niños quieren (saco sin fondo) a lo que los niños necesitan (realidad).
Ejemplo:
-Mamá necesito comerme unas gominolas
-De acuerdo, te doy un plátano y luego puedes comerte una gominola
(quiere chuchues, necesita merendar)
-Mamá quiero ir al parque
-Cuando haya descansado un poquito preparamos la merienda y nos vamos al parque.
8. La culpa: no necesito la absolución de mis hijos
Este es para cuando metimos las cuatro y nos carcome el remordimiento. La única salida es que YO decida actuar mejor la próxima vez.
Y hasta aquí los apuntes. ¡Espero que les sirvan! Ya les contaré en otro post las experiencias de leer La maternidad y el encuentro con la propia sombra (Laura Gutman) y En busca del bienestar perdido, el concepto de continuum (Jean Liedloff), por lo pronto les paso las webs: www.lauragutman.com.ar y www.continuum-concept.org
Saturday, April 24, 2010
Recetas para criar hijos
Como ya les conté hace tiempo yo me afilié al método de Padres Liberados, Hijos Liberados, básciamente porque me interesaba liberarme: del estrés, de la culpa, de la angustia, etc. No he incorporado todo porque algunas cosas no las acabo de entender o de compartir, pero les paso algunos puntos que me han parecido más importantes y SOBRETODO que me van funcionando en mi relación con la Hali.
Como no sé poner tablitas en el blog lo escribo lo más esquemático que me da el coco y uso el femenino porque aquí el experimento se trata de mí y mi hijita:
1. "sentimos lo que sentimos"
Las mamás sentimos y no siempre sentimos cosas bonitas o fáciles de aceptar. Aún así lo mejor es tratar en cada momento de reconocer nuestros sentimientos y respetar nuestros límites.
Aplicación:
No pasarnos de "buena onda" haciendo cosas que realmente no queremos hacer (claro que algunas no tienen remedio porque no vamos a dejar al crío sin cena por estar cansadas, pero sí podemos informar al personal de cómo nos sentimos para que se anden con cuidado y colaboren).
Ejemplo:
a) Dormí muy mal y la salida al cole del día siguiente fue infernal. Cuando me acordé de avisar a Hali: mi amor "mamá durmió muuuuuuy mal y por eso está enfadada", hali dijo "ah, entonces no estás enfadada conmigo" y empezó a colaborar.
b) Del libro: Una mamá que lleva a sus niños por helados cuando ella en realidad lo que quiere es descansar. Al final "le cobra" el paseo a todos regañándolos y enfurruñándose.
2. "Sienten lo que sienten"
Los enanos tienen percepciones y sentimientos igual que nosotros que constituyen una realidad en sí misma, no necesita justificación, y decirles que no sienten lo que sienten los desconecta de sí mismos y puede poner en peligro su propio sistema de protección personal y reacción frente al riesgo.
Aplicación:
No negar sus percepciones (pero si no hace frío, eso un rasguñito de nada, no exageres, no pasa nada). Deberíamos actuar como espejo ante lo que les pasa (un abrigo puede dar calor, un rasguñito puede doler, qué rabia que se te haya caído tu construcción, estás triste porque papá no está). Y describir lo que vemos en ellos (veo una niña muy cansada que no se siente capaz ni de tomarse su cena).
Respetar sus sentimientos, limitar sus acciones (ya sé que estás muy enfadada con tu hermanita pero no puedes quitarle los juguetes así).
Invitar a expresar sus sentimientos creativamente (tener mucho material en casa para que puedan pintar, recortar, escribir cartas, etc).
En definitiva se supone que no pueden (y podemos) liberarse de lo que sienten hasta que lo identifican, entonces sí podemos ofrecerles alivio (el agua de la ducha puede sentirse caliente si tienes los piecitos fríos, trata de sentirla con otra parte del cuerpo).
3. Expresar nuestra rabia
No dejar que explote como una olla de presión, sino dejarla salir gradualmente y sin insultos. ENUNCIARLA.
Ejemplo:
No me gusta que...
Estoy empezando a enfadarme
Eso realmente me molesta MUCHÍSIMO
Cuando veo tu habitación así me dan ganas de tirarlo todo a la basura
Ahora sí estoy verdaderamente furiosa.
Se supone que así no llegaremos a los gritos aterradores, al manazo, el jaloneo y la ofensa, porque a)hemos ido liberando paulatinamente nuestra rabia con lo cual no se nos agolpa y b)la pitufa está sobre aviso y eventualmente se pondrá colaboradora. Yo utilizo: ¿Qué prefieres, una mamá que se rie o una mamá que gruñe?
4. Solución de conflictos: soy la abogada de mis hijas, no su juez
Economía verbal: Enunciar reglas, no dar largos sermones. La autoridad exige brevedad. (decir: "Hali, así no". En vez de: "Hali ya te he dicho diez mil veces que no me gusta cuando me hablas así".)
Dejar que busquen sus propias soluciones, buscar soluciones no culpables. (seguro que encuentran una manera en que los dos puedan usar el columpio)
Describir el problema en vez de dar órdenes es darles el poder de actuar ("la comida está lista y la mesa no está puesta todavía", o, "la puerta sigue abierta")
No hacer. Sus problemas no son mis problemas:
-mamá, estoy aburrida
-seguro que encuentras algo entrenido en tu habitación
Dar en la fantasía lo que no se puede dar en la realidad
-mamá tengo sed
-¿a que te tomarías una piscina entera de jugo de naranja?)
Bueno los ejemplos que se me ocurren son medio chafos pero en libro vienen aplicaciones bien interesantes así que les recomiendo que se lo lean aunque sea de 5 minutos en 5 minutos. En el próximo post: elogios y correctivos, límites, la culpa.
Saturday, March 06, 2010
Claroscuro (mucha pensadera y un poco de poesía)
Revelación: mi trabajo de este momento es dejar de ser una intelectual frustrada y convertirme en una ama de casa feliz (¿A QUE RECHINA??????). El problema es que un marido-casa-hijas es chorricientas veces más dificíl que un doctorado. Como diría Omar: no me tocó inteligencia práctica porque estaba en la cola de la inteligencia intelectual. Ni modo, si quiero ser una persona más completa me toca desarrollar mis partes débiles en vez de regodearme en mis partes fuertes. Pero le voy a hacer caso a mi mánager, de vez en cuando procuaré leer a algún autor interesante por lo menos para mantener el músculo intelectual en forma.
Ser madre es enfrentarse con la propia sombra (lo dice Laura Gutman). Yo envidio la naturalidad con la que lo hacen algunas. Así como envidio la naturalidad con la que algunas lloran, gritan, dan y piden afecto. Otra tarea: ejercitar el músculo expresador fuera del mundo de la palabra escrita.
Los blogs son un medio visual ¡QUIERO LLENAR MI BLOG DE FOTOS!!!!!! Pero tomarlas, descargarlas y subirlas al blog es un proceso casi tan largo (y por lo tanto complicado para mis estructuras mentales) como lavar la ropa-tenderla-recogerla-doblarla-Y GURDARLA.
Ya estoy terminando el cuadrito de Padres liberados...no pierdan la paciencia.
Crear conceptos es tratar de nombrar lo innombrable, de domesticar la Realidad para hacerla accesible, manejable, para lidiar con ella. Me estoy leyendo La maternidad y el encuentro con la pripia sombra (Gutman). Psicología junguiana aplicada a la maternidad. Muy buena descripción de la aventura, aunque a ratos se pasa de dura ¿o soy yo que me niego a enfrentarme con mi sombra?
He visto unas imágenes de Mawlana Sheik Nazim en España, en el 97. ¿Cómo podían las personas que lo circundaban no caer como moscas a sus pies? ¡Qué Luz, qué Belleza, qué Fuerza! ¡Qué suerte tengo de haber encontrado a mi Maestro! Él es parte de mí, pero yo soy parte de él también. Eso sí que es como sacarse la lotería. Cuando pido poder acompañar a mis hijas hasta que ya no me necesiten siempre agrego: y si no puede ser así, compénsalas con algo mejor. A mí me compensaron llevándome hasta Mawlana Sheik. Y ya que ando con claroscuros enamorados van unos poemitas del Árbol de la Añoranza:
De Dios conozco el calor de sus brazos
el fragor de su llanto
el abismo de sus ojos
De Dios conozco el sueño en mi regazo
su hambre
sus pasos
Cada gesto suyo
es un milagro
cada sonrisa es una fiesta
La lengua de Dios es de trapo
y es la más bella de la tierra
Despierta
y con él despierta el mundo
Un cuchillo fugaz
en mi corazón
me asegura
que hace poco
fuimos Uno
De Dios conozco el calor de su mano
el rumor de sus años
el universo de sus ojos
De Dios conozco el jardín de los gatos
la puerta azul
la ventana de rosas
Reconozco a Dios en el color de su yuppa
en su tono de voz
en su mirada
Veo la puerta de Dios
en su puerta de hortalizas y naranjas
Huelo a Dios en su casa llena de voces
de alfombras
de risas
de paños de colores
Dios me abraza desde dentro
con el calor de la sopa
En su patio de babel
el milagro:
todas las historias
son una sola.
Diker/recuerdo
En el negro negro mar
salta un pez de luz:
chasquido.
Capullo
Tejo un doble refugio de seda:
Yo también
germino alas
en esta espera.
Inmensa
A veces yo también,
como Gioconda,
quiero ser leona
con la melena al viento.
Entonces me veo pez,
mariposa,
criatura alada.
No tengo la pasión salvaje de la savia
pero soy mar que se vacía
en otro mar incontenible
y sólo eso
me hace inmensa.
Vientre
La penumbra
el rumor
el calor
la danza
de mi primera cuna.
Monday, February 22, 2010
Madre monstruo parte II (lo que no había contado)
Después del estallido de furia inicial, me acordé de mis técnicas de Madre Liberada y me retrotransformé. Me parece que te ha sentado muy mal que mamá te arremedara ¿verdad? ("ayudarles a saber lo que sienten"). Lo siento mi amor, es que mamá se enfurece cuando empiezas a lloriquear en vez de decir las cosas ("los padres también sienten"). La situación ideal es cuando logro aplicar aquello de: "cambia un estado de ánimo usando el humor" y en vez de enfurecerme le suelto: PERO HALI, SI ES QUE NO TE ENTIENDO CUANDO ME HABLAS EN CHINO, ¿ME LO PUEDES VOLVER A DECIR EN ESPAÑOL?. Entonces a Hali le da mucha risa y dice: vamos mami, habla en chino. Yo hago una imitación del chinito de cri-cri, Hali se muere de risa, deja de lloriquear y se pone colaboradora.
Como el lloriqueo y los gritos comenzaron de nuevo antes de subir al coche tuve que volver a tomar aire y recordar lo aprendido:
M:Veo que estás muy enfadada, Hali.
H:¡NO QUIERO IR AL COLE!
M: Me imagino que te gustaría quedarte toda la mañana con mamá.
H: (cesan los llantos y luego vuelve a empezar) ¿por qué no puedo quedarme contigo?
M: Me imagino que da mucha rabia que te lleve al cole cuando no tienen ganas de ir, pero en esta familia cada uno tiene un trabajo y el tuyo es ir al cole ("convertir un largo sermón en una regla básica").
H: (deja de llorar) ¡Es que en el cole me aburro! (vuelta a llorar)
M: Seguro que es muy frustrante tener que pasar toda la mañana en un lugar donde te aburres ("aceptar TODOS sus sentimientos") ¿te gustaría que hablara con la profe? ("buscar soluciones")
H: (sin llorar) no, es que yo quiero estar contigo.
M: entonces lo que te gustaría es pasar más tiempo con mamá
H: sí
M: Pues vamos a pensar cómo podemos hacerlo
De todas formas se quedó llorando en el cole.
Primero pensé en dejarla de verdad una mañana sin cole, pero luego se me ocurrió una idea mejor ("aceptar nuestros propios límites"): invitarla a desayunar. Así que esa noche le presumimos al papi que al día siguiente nos íbamos a desayunar juntas (para darle relevancia al asunto, claro). A la mañana siguiente se levantó feliz, se vistió volando, se puso los zapatos y el abrigo sin problemas y salimos a la cafetería de la esquina a desayunar juntas. Croissant con mermelada y juguito y luego FELIZ al cole. No hemos vuelto a tener ningún problema por las mañanas. Yo también me di cuenta de que quizá le estaba exigiendo más autonomía de la que es capaz, así que un poquito más de ayuda de su mamá para vestirse también ha venido bien.
He ido entecomillando los principios de Padres liberados...espero pronto poder hacer un esquemita para compartirlo. Por ahora puedo decirles que después del arrebato me releí el librito y saqué todavía más cosas útiles. La semana terminó bien y el finde fue genial: comida con amigas y sin hijos (¡la primera en 3 años!!!!) y tarde de cine infantil con más amigas. La asignatura pendiente: ¿cómo seguir siendo pareja de mi pareja además de ser mamá de mis dos jijas?
Tuesday, February 16, 2010
Soy una madre horrible
¿Consecuencia? Hijito (como diría mi hermana) va haciendo realidad las acusaciones de su madre. Madre se siente culpable y procura compensar a hijito. Hijito siente la culpabilidad de su madre y ¿cómo se sentirían ustedes cuando han logrado que alguien que aman se sienta culpable? Odiosos, por lo menos. Hijito es cada vez más odioso y Madre cada vez más rabiosa. Y así logramos un círculo vicioso, no, un remolino destructivo, una avalancha de venganzas entre Madre e Hijito que, sinceramente, logra apachurrar el amor. Dejen ustedes el amor entre uno y otro, más grave, el amor de cada uno por sí mismo. Y lo peor del caso es que esas cosas que Madre Rabiosa dice a Hijito SE LE QUEDAN PEGADAS A HIJITO porque los niños (como ha dicho brillantemente el Dr. Ginott www.betweenparentandchild.com) son como un bloque de cemento fresco y cualquier cosita que los papás hacemos o decimos les deja marcas de por vida.
¿Y a qué viene todo esto? A dos cosas. Primero, que esta mañana he sido realmente una madre horrible y ahora me siento la más culpable. Siempre es una lucha salir a tiempo al cole con Halima y siempre termino hecha una furia. Bonita manera de empezar el día. A veces logro reirme de la situación o respirar hondo y no dañar a nadie. Pero hoy no fue el día. Les ahorro la telenovela, sólo les diré que me burlé de Hali, hice caso omiso a sus llantos y cuando llegamos al coche verdaderamente quería regalársela al primer peatón que pasara. Se quedó en el cole llorando y pataleando. ¿Y qué es lo peor de todo? Que estoy leyendo un libro que dice justamente como NO hacer eso. ¡MALDICIÓN!
Padres liberados, hijos liberados cuenta precisamente cómo no ahogar a tus hijitos en tu propia mierda. Y da ejemplos, herramientas concretísimas de cómo el lenguaje contruye (y destruye) realidades y de cómo podemos cambiar radicalmente nuestras relaciones familiares simplemente cambiando nuestra manera de hablar. Les sonará exagerado, pero de verdad que hace milagros en la realidad cambiar un: "¿ves lo que has hecho? te lo he dicho cientos de veces" ("estúpido" no hace falta pronunciarlo porque ya va implícito y llega con toda la contundencia) por un:"¿se te cayó el vaso? espera que te alcanzo un trapito para que lo limpies". La verdad prefiero decirle a mi hija que es una persona útil y que no hace falta buscar culpables sino soluciones, en vez de decirle que es una torpe, inútil, etc.
Lo más feo de todo (¡sí, hay algo MÁS feo!) es que llevo días de bajón, pensando todo el tiempo en que me muero y les destrozo la vida a mis hijas. Y después de esta mañana me siento como que a lo mejor me toca morirme prontito para que mis pobres criaturas puedan acceder a una madre más competente que su madre biológica AZOTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOON.
Pues sí, a saber si es la falta de sueño, la falta de baile o la pinche costumbre, pero ya ando otra vez arrastrando la cobija y ninguna de mis técnicas de felicidad han logrado hasta ahora sacarme del bache. Por lo menos sé que es un bache y buscaré de dónde sacar nuevos ánimos para no sentirme tan mal y sobretodo para no contagiar a mis hijitas. ¿Chocolate, película cursi, blog, paseo solitario, llamada de socorro a una amiga (¡gracias tita Saída, tu llamada me devolvió a la realidad!)? Ya sé ¡diker! un diker poderoso como La ilaha ila Allah. ¡Ponerme a girar como un derviche! Bueno, ya se me van ocurriendo cosas. Definitivamente escribir es una de mis mejores medicinas.
Ahí los dejo con mi mugrero, y ¡perdón por las salpicadas!
Wednesday, February 10, 2010
El mótodo E para la felicidad del hogar
Todo ello me llevó a sospechar que era la persona indicada para responder a la pregunta del millón: ¿POS CÓMO LE HACE? Y, por supuesto, su respuesta fue: ES QUE ME DOY TIEMPO PARA TODO.
Sí, pero ¿CÓMO?
Ah pues me pasó una receta muy sencilla: alguien que viene a limpiar a casa una vez por semana, hacer la comida y la cena POR LA MAÑANA y dejarlo todo rocogido antes de ir por las niñas al cole. Tender la ropa por la noche y por la mañana quitar el tendedero, DOBLAR y GUARDAR (que es lo más difícil, claro está). Luego te puedes dedicar toda la tarde a descansar un poquito y hacer actividades felices con las niñas: biblitoeca, piscina de bolas, visitas, hacer pasteles, jugar, etc.
Yo he agregado otra cosita: Halima cena y se acuesta antes que nosotros, porque así por lo menos tenemos todos los días una ratito de tiempo juntos (Fátima todavía no hace mucho ruido).
Por lo pronto va saliendo bien, eso sí, tiempo de descanso todavía no tengo mucho (más bien nada) y el único momento que he encontrado para darme una ducha es el sábado en la mañana (JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA). Pero no se asusten, voy encontrando huequitos para una ducha veloz aunque sea por las mañanas corriendísimo antes de salir al gélido exterior (no muy conveniente). Lo de la danza del vientre lo he sustituido, por lo pronto, por curso de recuperación posparto (una vez a la semana y en azuqueca, me sale más barato en energía). Y me atrevo a tener proyectos: formar un grupo de diker en Guadalajara un vez al mes y un grupo de salsa para papás y mamás otra vez a la semana ¡NECESITO BAILAAAAAAAAAAAAAAAR!
La lectura del siglo: Padres liberados, hijos liberados. Cuando encuentre otro momentito les cuento porque es una auténtica revelación. ¡Buenas noches!
Thursday, January 28, 2010
Gracias a Dios
Monday, January 18, 2010
Conversación con Halima
M: está en el DVD, ponla tú.
H: mami no se pone
M: es que hay que enchufarla, enchúfala con mucho cuidadito
H: mami no se pone
M: ¿la enchufaste?
H: sí, ya la chupé toooooda todita
Por supuesto el disco estaba llenito de babas. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.
H: mami, ya cállate de reirte.
¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
Thursday, December 31, 2009
¡FELIZ AÑO NUEVO!
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Como siempre las cosas por contar se acumulan en el tintero. Valgan un par de imágenes para decirles que somos MUY felices con la compañía de los abuelos y las perspectivas de los próximos días.
Aquí: Hali haciendo magrud para sus amigos, con su papá disfrutando un súper regalito de navidad y yo mera con mi Fatimina.
Monday, December 14, 2009
Parir en casa (el episodio final)
Como les decía, yo me había propuesto pasar cuarenta días sin salir de casa según recomienda la tradición sufi. Claro que para que esos cuarenta días sean realmente de beneficio es necesario que se cumplan una serie de condiciones. Sin ellas, lo más probable es que la madre y su bebé (como me pasó a mí la vez anterior) enloquezcan o terminen con una depresión de caballo.
Las condiciones son: en primer lugar, ayuda; en segundo lugar, ayuda; y en tercer lugar, sí, adivinaron, más ayuda. Para que la mamá pueda centrar toooooodas sus energías en sí misma y en su bebé. Debe haber alguien que cuide de ella de pe a pa, que se encargue de la casa, de la compra, de la limpieza y de los otros hijitos si los hay. Pero eso es imposible en los tiempos que corren, dirán ustedes. Sí, es difícil, pero no debería serlo. Si viviéramos en verdaderas comunidades donde las personas se conocen, se aprecian y colaboran unas con otras, o si estuviéramos simplemente cerca (geográfica y emocionalmente) de nuestras familias extensas como sucedía antes y como sigue sucediendo en algunos lugares, es más que factible, es un regalo para toda la comunidad.
En mi caso empecé con el pie izquierdo porque el bajón físico trajo bajón anímico, pero una buena charla con mi amiga Medina (que ha tenido cinco niñas al más riguroso estilo sufi) me sirvió para centrarme y volví a abrazar mi expectativa de cuarentena como un momento que la vida me regalaba para Mí. Y dejé de preocuparme por los demás. ¿Y mi Halima? Pues le tocaba desvincularse de su mamá y vincularse con su papá y con otras personas amorosas dispuestas a cuidarla. ¿Y mi santo marido? A cuidar mujer y niña, hacer compra, gestionar casa, etc.
Gracias a Dios tuve desde el primer momento tooooda la ayuda que necesité. Nada más parir, Wafa trajo un caldo de gallina: el básico marroquí para reponerse del parto y empezar a criar. Durante la noche, Saída hizo guardia junto a mi cama y se levantó cada vez que despertaba la bebé (y eso son muchas veces) para cambiarla ella misma, para ayudarme a ponerla al pecho, para llevarme hasta el baño (me mareaba al levantarme así que necesitaba madrina hasta para eso). Los primeritos días estuvo también Samia que se hizo cargo de Hali, de Fátima y de mí (Samia es muy poderosa).
Y cuando Samia se fue vino Santa Gungui. Santa Gungui es mi madrastra asesina, lo que ella no sabía es que venía a ponerse en las garras de la hijastra malvada y la nieta malvadina ¡pobrecita, la que le esperaba! La abuela venía preparada en plan Mery Poppins con miles y millones de actividades como para entretener a doscientas Halimas durante muchas cuarentenas. Pero no contábamos con la tormenta emocional de las princesas destronadas. Y resultó que Halima no quiso jugar a ningún juego de los traídos por su abuela, ni ir al parque, ni a la biblio, y se dejó preparar en las mañanas para ir al cole y atender cuando volvía nomás porque no le quedaba de otra. Como se imaginarán, la niña quería que todo se lo hiciera su mamá, y no sólo eso, sino que se dedicó a descargar su frustración y tristeza con(tra) su santa abuela. ¡Oh dolor, oh ilusiones rotas! no sólo de la abuela, sino de todos los que esperábamos tener una Halima ocupada y feliz y nos encontramos con la manzanita envenenada.
Debo decir, que tres semanas después cuando la Gungui se fue, Halima lloró amargamente y sólo quería que viniera su abuela a hacerle el desayuno. Pero mientras que Halima no se dejó cuidar por su abuela, yo aproveché. Mi Cecy me preparó cuanto se me antojó: mis doscientras infusiones, mis manzanitas al horno, mi comida continua de 24 horas. Se encargó de que mi mesita estuviera todo el día y la noche llena de cositas ricas que comer y limpia de platos y vasos sucios. Cuidaba a Tátima para que yo me pudiera duchar, hacía la compra, cocinaba, lavaba platos, ponía lavadoras, recogía. Por si fuera poco la tuvimos a dieta de juanguiches de queso, porque todo lo que a mí se me antojaba eran cosas del mar, y como ella es buceadora, es incapaz de comerse a sus amigos marinos. ¡Pobre! Creo que para ella habrá sido como una estancia en el castillo de Maléfica, pero para nosotros fue una auténtica bendición.
Mi querida madrastra me cuidó como una verdadera Hada Madrina, y gracias a ella estuve acompañada y cuidada durante tres valiosísimas semanas: la primera se me fue en recuperar las fuerzas, por lo menos para no marearme cuando me levantaba y recuperarme de los puntos (¡ouch!). La siguientes dos semanas el tema central fueron las grietas.
Para quien nunca haya tenido gritas, puedo decirles que es como el mito de aquél dios encadenado a una montaña, al que un águila venía a comerle las entrañas. Sólo que esto en vez de una vez al día es “a demanda” o sea cada hora y media aprox. ¿El remedio? Hacer topless todo el día y toda la noche, y untarse aceite, miel, lanolina o cualquier cosa que regenere la piel en chinga y no le haga daño al bebé. Duraron tres semanas, motivo de gran alegría, porque la vez pasada tuve grietas tres meses enteros. Eso es tener ganas de amamantar.
Antes de que sonaran las doce campanadas del viaje de la abuela, Kalthumy vino a rescatar a la pequeña princesa de las garras de la soledad ¡menos mal! Un fin de semana muy breve, pero una buena transición a la vida sin ayuda las 24 horas.
Como yo estaba muy a gusto en mi casa y no tenía intención de salir, llamamos a Asmae. Una hermanita postiza que ya en otra ocasión había venido a acompañar a Hali. Heroicamente, empecé a levantarme por las mañanas para darle a Halima el desayuno y prepararle para el cole. También me saltaba la siesta del medio día (que Fátima dormía como tres horas seguidas) para recibir a Hali y darle de comer. Entonces llegaba Asmita. Y Hali felizmente se iba con ella al parque, a la biblioteca, a la piscina de bolas, al súper, a la farmacia y a donde hiciera falta. Yo podía ocupar mi tarde en atender a la bebé y descansar.
Fueron días muy felices de tranquilidad, silencio, descanso, paz. Momentos muy largos de contemplar a mi bebé, de olerla, abrazarla, hacerle mimitos, dormir con ella y de estar conmigo misma, alejada del mundanal ruido. No se me antojaba nada el jaleo de la calle, ni tener la cabeza ocupada en cuentas o en compras o en vanalidades callejeras. No se me antojaban charlas forzadas con vecinos ni dependientas. Estaba tan “abierta”, con el corazón tan expuesto y los sentimientos tan a flor de piel, que me vinieron muy bien esos días en el titiriglobo. No hice nada especial, pero fue una auténtica luna de miel con mi bebita. Nos hizo mucho bien a las dos (y creo que a los cuatro, en realidad) darnos ese tiempo.
Ahora estoy feliz de volver a ver mi amigas, de llevar y traer a Hali al cole, de hacer cosas juntas por la tarde con Fatimina colgada de su saquito o montada en su súper carriola.
En conclusión
La primera vez que hablé con mi hermana después del parto le dije: recuérdame que no tenga otro hijo, y si lo tengo, recuérdame que me compre una cesárea. Pensaba con envidia en los hospitales-hotel de Monterrey en los cocteles de anestésicos y otros fármacos felices, en esa ilusión de pasar por un parto como si no hubieras pasado por él, sin dolor, sin cansancio, sin descubrimientos tremendos... No sé si tendré más hijos, pero si llego a tenerlos no sabría parir de otra manera. Ni querría hacerlo.
Con mi primer parto pensaba que la matrona estaba ahí para decirle a embarazada cómo parir. Con mi segundo parto me di cuenta de que ella, y las demás personas que acompañan al parto y el posparto, están ahí para cuidarte mientras lo descubres por ti misma: cómo pares, cómo recibes a tus hijos, en quién te conviertes cuando llegan.
Estoy muuuuy feliz de haberme atrevido a la aventura de parir en casa, muy muy agradecida por toda la ayuda que he tenido, y muy muy muy satisfecha con los resultados que en amor y crecimiento nos ha dejado la experiencia no solo a mí, creo, sino a todos los involucrados. AlhamduliLah wa shukrliLah (bendito sea Dios y gracias a Dios).
¡Y muchas gracias a mis súper lectoras! Por tomarse el tiempo de leerme, por compartir la experiencia conmigo y dejarme esos comentarios tan chidos que hacen que se me ponga la carne de gallina ¡las quiero amigas (y jefazo)!
Thursday, December 10, 2009
Parir en casa (parte 5 de 5)
Mercedes le curó el ombliguito a Fatuma y me la trajeron toda vestidita para amamantarla. Pero yo estaba tan pachucha que no podía trabarme en la pelea de darle la teta a la bebé. Yo pensaba que después de dos largos años de lactancia previa la cosa iba a ir sobre ruedas, pero se me olvidaba que cada bebé es distinto y tiene que aprender a mamar. ¿Y qué iba a hacer entonces?
¿Alguien puede venir a darle teta a tu bebé y prestarte al suyo para que te suba la leche? Y entonces empecé a pensar en la tradición sufi de los hijos de leche que adquieren derechos, responsabilidades, imposibilidades (como casarse entre hermanos de leche) y dije: ¡Esther!
Esther es una amiga genial, bailarina, mamá de Azahar la amiguita de Hali y de Candela que ahora tiene cuatro meses. En el grupo de lactancia y de la escuelita hay varias mamás que dan el pecho, pero yo pensaba: ¿y si Fátima cuando sea mayor quiere casarse con Gabriel, o con Eduardo, o con Olmo? Ya sé, mucha telenovela, pero todo eso se me pasó por la cabeza. Total que llamamos a Esther a esas ocho o nueve de la noche y que se lanza hasta mi casa con todo y su bebita. Candela no quiso mi teta, habrá pensado que wácala, ya tenía babas de otra niña. En cambio Fátima se dio un buen atracón de lechita flamenca. Lo que Esther no sabe es que tendrá que incluir a Fátima en su testamento el día que le toque hacerlo. Bueeeeeeeno, eso si quiere cumplir con la tradición sufi. Y la verdad por una sola toma no creo que sea necesario. Lo que sí, yo le agradeceré toda la vida que le haya servido a mi pequeña su primer alimento, y estaré muy pendiente por si a Fátima le empiezan a atraer los tacones y las castañuelas.
Durante esa noche Fátima se empeño en comer (qué cosas) y a la mañana siguiente yo ya tenía leche y grietas. Así empezó la cuarentena que yo me planteaba como un mes y pico de retiro, de tiempo para asumir mi nueva condición de madre de dos niñas, para recuperarme, recargar las pilas y luego volver al mundo con redoblada alegría. Cuarenta de días sin salir de casa. A algunos les parece una burrada, a otros un ideal difícil de alcanzar, pero yo tenía muchas MUCHAS ganas.
Y este capítulo habrá de dividirse en dos porque es hora de ir por Halima a la escuelita. Así que lo de la cuarentena ¡se lo debo pa’ la próxima!
Friday, December 04, 2009
Parir en casa (parte 4 de 5)
¿Dónde había estado el padre de la niña todo este tiempo? se preguntarán ustedes. Haciendo lo que mejor sabe hacer: rezar. Ya cuando nació Halima nos habíamos puesto de acuerdo. A mí verdaderamente no me hacía falta ni que estuviera pegado a mí durante toda la dilatación, ni que estuviera de protagonista en el expulsivo. Sí, hubiera sido lindo si le hiciera ilusión, pero un marido mareado o desmayado en pleno alumbramiento la verdad es que no me interesaba. Ambos estábamos en paz con eso y amo a mi marido que sabe dónde están sus límites y sabe respetarlos (asignatura aún pendiente para mí) y por eso elegí esas súper compañeras de parto. Porque sabía que son mujeres fuertes, amorosas, entregadas, sensibles, discretas, conectadas, MADRES, y que nos quieren mucho mucho a los cuatro.
En algún momento antes de que Fátima saliera nadando de mi cuerpo, Samia vino con los ojos llorosos a decirme que tenía que hablar conmigo. ¿AHORA? pensé yo. Y me dijo que no estaba sola, que había entrado un momento a la habitación donde Mahmudy se había recluido a rezar y que estaba TOTALMENTE presente, que estaba ahí conmigo, dándome toda su fuerza, aunque físicamente pareciera que no era así y que ella era testigo. Se lo agradecí profundamente porque fue un gesto hermoso de parte de Samia venir a traerme la presencia de mi marido. Pero yo ya sabía que estaba, que no se estaba comiendo los mocos ni picando el ombligo, sino que tenía toda su fuerza, toda su concentración, toda su energía (y es mucha) puesta en el parto. Para mí era como si la pared que divide el salón donde estábamos nosotras y el estudio donde estaba él, no existiese. Yo sentía sin lugar a dudas la presencia de mi amorcito, silenciosa, poderosa, así como es él, cuidando de nosotras y acompañándonos.
Pero en ese momento tuvo que participar de cuerpo presente: Llévate a los niños, le dijo Mercedes. La placenta salió entera y sin dificultad. Y en ese momento todo el mundo se puso a correr. Mariana, me dijo muy seria, tienes que dejar de sangrar.
Marian sacó agujas de acupuntura y mocsas (esos como puros de hierbas que sirven para activar puntos de acupuntura con calor). Las chicas se afanaban en colocar en alto (¿por qué no tendremos en casa lámparas de pie?) las bolsas de suero y Mercedes en administrar los medicamentos. Yo seguía feliz con mi nena en los brazos, ajena al barullo.
Para tranquilidad del amable lector debo decir que había en la puerta de casa una ambulancia (suerte de vivir junto al centro médico del pueblo). Y que el hospital más cercano estaba a 10 minutos, por si hubiera hecho falta un traslado. Entre aquellas carreras Mercedes insistió en darme cuatro puntos que me dolieron más que el parto entero, pero que sólo fueron cuatro de un desgarro chiquitín y no me molestaron más que una semana. Otro día les cuento las historias de terror de las episiotomías hospitalarias.
Seguramente, de no haber tenido la matrona que tengo y la médica que tengo (y toda la ayuda de Arriba y de abajo, claro está), hubiera terminado en el hospital con todos los horrores que esto conllevaría: separarme de mi bebé, ponerla “en observación” no sé cuántos días en un cunero de plástico con no sé cuántos bebés llorones y sin el calor de su madre, estudios, análisis, piquetes, medicinas, agresiones en una palabra. No lo quiero ni pensar porque sufro. Pero gracias a Dios unas horas más tarde me controlaron la hemorragia. Mi santo marido me llevó en brazos hasta la cama, a cuenta de tantas bodas y tantas entradas no cinematográficas a casa. Ja. Las mujeres normalmente se levantan y se van por su propio pie a la ducha, me diría Mercedes semanas después para que me diera cuenta de la magnitud de los hechos. Sí, me doy cuenta y estoy profundamente agradecida.
Pero ahí no terminaba el trabajo. Durante las horas que pasé tendida en el salón estuve trabajando con Marian para detectar qué era lo que causaba la hemorragia. Inspeccioné y “empapé” todos los órganos y zona pélvica hasta que quedó todo reparado. Luego, ya en la cama, Marian me guió en el trabajo sanador más alucinante que he hecho en mi vida. Una de las cosas más impresionantes es que no lo hice sola (y eso que era mi cuerpo, mis emociones, mis telarañas), sino que me ayudaron con su luz, literalmente, ella misma y mi marido. Fue como sacar toneladas de basura que ni siquiera sabía que tenía dentro. Aparecían como monstruos o como carretadas de caca, como ríos negros, como desperdicios y entre los tres lográbamos reducirlos a nada. Así, una vez y otra, hasta que me quedé limpiecita por dentro y encontré mi centro, mi centro de luz. Me metí en él y me quedé tranquila.
Después de montar guardia unas horas más, Mercedes y Marian nos dejaron, ya entrada la noche, con clarísimas instrucciones para Saída y Samia.
En el próximo capítulo: La leche y Una cuarentena polémica
Wednesday, December 02, 2009
Intermedio familiar
Tuesday, December 01, 2009
Parir en casa (parte 3 de 5)
Se acercaba el momento de empujar y las contracciones se volvían cada vez más violentas. Con gran enfado me di cuenta de que iba a tener que gritar para soportar el paso de cada una de ellas. También odio gritar. Me gusta ser ecuánime y discreta. No grito nunca, pero no quedaba más.
Entre aquellas contracciones tremendas Mercedes me obligó a ir a hacer pis. Bendito sea Dios, porque si la vejiga está llena le estorba a la cabeza del bebé y en la pelea sale perdiendo la mamá. Así que corrí al baño y aproveché para darme una ducha que me refrescó el cuerpo y el ánimo.
Fueron nada más tres o cuatro contracciones tremendas en que no cabía ni un bismiLlah, lo único que podía era pedir ayuda a mis Maestros. Con todo y todo alcancé a darle instrucciones a Saída para que se sentara en una silla y yo poder agarrarme a ella y pasar la contracción en cuclillas.
En cuanto empieces a pujar ya no duele nada, me decían todas. Pero a mí casi las únicas que me dolieron fueron las contracciones de empujar. No era propiamente dolor, pero era una sensación tan fuerte, tan incontrolable e incontenible, como cuando te revuelca una ola: lo único que puedes hacer es sobrevivir mientras te arrastra hasta que desaparece, te orientas y logras sacar la cabeza para tomar una bocanada de aire.
En esa posición no pasa la cabeza, dijo Mercedes con toda su experiencia. Y reorganizaron las posiciones para que pudiera estar en semicuclillas pero echada hacia atrás. Halima y Yunus había vuelto del parque y estaban en el cuarto de Hali viendo Jorge el curioso. Samia y Saída contemplaban en silencio, Marian me sujetaba la espalda y Mercedes con su ojo avisor observaba que todo siguiera un buen curso, revisando periódicamente el latido de Fátima. ¡Yo quiero coger la cabeza cuando salga! había dicho Halima, pero no le gustaron los gritos de su mamá y decidió que mejor le avisáramos cuando la bebé ya hubiera nacido.
Entonces un momento de calma. Era como estar flotando. Mi cuerpo me daba un respiro. Samia sacó perfume de Rosa de Medina y ese olor inundó todo el salón. Qué bienestar, qué alegría, parecía que todo el cuarto estaba lleno de ángeles y que sus alas nos acariciaran. De nuevo la ola gigante y luego el espejo. Mercedes me puso enfrente el espejo que Mahmud me regaló el día de nuestra boda en México y vi la cabecita de Fátima a punto de salir ¿YO tengo que sacar ESO de mi cuerpo? ¡Oh Dios! ¿Voy a tener la fuerza? Ahí estaba su coronilla, su pelito negro. Marian con sus manos en mi esplada decía: la bebé está ayudando, se está empujando con sus piernitas. Otra ola tremenda de cerrar los ojos y gritar Huuuuuuuuuuuu y entonces la carita de la bebé.
Eran las tres de la tarde con siete minutos y la cabecita de Fátima había salido ya. Tranquilita, esperaba la siguiente contracción para emerger por completo. Diez minutos después salió su cuerpecito remojado y me la pusieron encima, toda tibia, toda viva. toda pollito indefenso. ¡Oh felicidad! Entonces llamamos a Halima y vino corriendo a abrazar a su hermana.
Luego entró Mahmud, le cantó la Fatiha en la oreja derecha y el Ikamat en la orejita izquierda. Corté el cordón cuando dejó de latir y se anunció la siguiente contracción.
En la próxima entrega: Todos a correr